domingo, 18 de enero de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº22 (17.1.2026)

 

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº22 (17.1.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3722

 REAL ZARAGOZA 1-1 REAL SOCIEDAD B

0-1, min. 73: Carrera

1-1, min. 89: Paul Akoukou

Ficha técnica

Real Zaragoza: Andrada; Gomes (Sebas Moyano, 81’, Insua, Saidu (Tachi, 68’), Tasende; Keidi Bare (Paul Akouokou, 55’), Raúl Guti; Francho, Toni Moya (Sinan Bakis, 68’), Cuenca (Valery, 55’); Kenan Kodro.

Real Sociedad B: Aitor Fraga, Dadie, Beitia, Kita, Balda; Mikel Rodríguez (Peru Rodríguez, 85’), Aguirre (Eceizabarrena 71’), Carbonell, Astiazarán (Oleaga, 84’); Dani Diaz (Gorka Gorosabel, 58’) y Carrera.

Goles: 0-1, min. 73: Carrera. 1-1, min. 89: Paul Akoukou.

Árbitro: Marta Huerta de Aza (Comité Canario). Mostró amarillas a Mikel Rodríguez (31’), Carrera (34’), Gomes (44’), Insua (89’), Tasende (92').

 Real Zaragoza 1-1 Real Sociedad B

56.8 % Posesión 43.2 %
1 remates dentro 7
98 disparos bloqueados
6 remates fuera 12
27 disparos recibidos 16
3 tarjetas amarillas 2
0 tarjetas rojas 0
12 faltas recibidas 8
8 faltas cometidas 15
144 perdidas de posesión 125
50 recuperaciones de posesión 59
4 fueras de juego 1
xxxxxx


 
Resbalón del Real Zaragoza: empate contra la Real Sociedad B (1-1)

El Real Zaragoza, gracias a un gol de Paul, salva un punto con más valor del que parece tras un pobre partido contra la Real Sociedad B. El equipo de Sellés no aprovecha la ocasión de alcanzar la zona de salvación.

Al Real Zaragoza le temblaron las piernas y el fútbol en el día que tantos meses llevaba esperando, con el territorio de la salvación más cerca que nunca y el rival más directo posible enfrente. Pero ese rival fue un problema gordo para Rubén Sellés y los suyos. El atasco sufrido, contra esta Real Sociedad B imberbe, frenética y osada, casi sale muy caro. Un gol de Paul Akouokou en los minutos de la desesperación niveló el resultado y amarró un punto que, al menos, congela las distancias en el fango del descenso tras una tarde de perros y lluvia en la capital aragonesa.

Fue una mal día del Zaragoza, muy incómodo, desactivado por un rival que, como otros, también le va pillando el truco. Además, el equipo aragonés sigue con las mismas piezas. En una plantilla que incluso su entrenador ha hecho más corta porque ha retirado de catálogo, sobre todo, a atacantes, se echó en falta en un día así a delanteros, gente de segunda línea realmente útil y diferencial. Al Zaragoza le falta talento, alguien que rompa el ritmo, que genere caos al adversario, que haga cosas distintas, que rompa la monotonía cartesiana de su plan táctico cuando éste, por sí solo, no es suficiente. Txema Indias sigue viviendo en octubre.

Era el día clave y se falló, como tantas veces en situaciones así y ante filiales como este. Atragantados en un duelo de mucho ritmo, dinamismo y espacios, pero a su vez muy engorroso, intrincado y afilado por la verticalidad, velocidad y agresividad del rival. Al Zaragoza le faltó, ante todo, claridad y profundidad en un partido en el que dejó huellas de inferioridad.

Rubén Sellés conservó, en todas las acepciones de la palabra, la alineación que inició la conquista de Santander, un 4-2-3-1 matizado por Toni Moya en esa posición intermedia entre los centrocampistas y Kenan Kodro. Esta decisión tiene un profundo alcance en el funcionamiento del Zaragoza porque, al fin y al cabo, son los jugadores quienes hacen el equipo. Y Toni Moya no es Soberón, ni tampoco es atacante. Su atribuciones contra el Racing arrojaron un saldo poderoso, pero la Real Sociedad habilitó un tipo de partido diferente. Y claro: un abrigo muy bonito y muy bueno sirve para el invierno, pero no para el verano por mucho que siga siendo lo mismo.

Esta pieza titubeó en los engranajes del planteamiento de Sellés ante un rival que ofrecía muchas situaciones de mano a mano entre atacantes y defensas. Una Real Sociedad que salió a jugar con piel de cordero, pero con la dentellada de un lobo. Un equipo de estas características, típicas de filial: desenfadado, brioso, atrevido y enérgico que complicó mucho la progresión del Zaragoza en el campo. A Sellés, su colega Ansotegui le cambió las casillas de la partida. Sobre un 4-4-2 muy vertical, directo y rápido, los donostiarras comenzaron a apoderarse del choque. Primero, estirando las costuras defensivas aragonesas, generando ocasiones desde el primer minuto, con un tiro de Carrera que tapó Tasende, un remate alto del vibrante Mikel Rodríguez tras un saque de esquina, y con otra intentona de Astiazarán. Pero, además de esas intenciones peligrosas, la Real Sociedad torpedeó la salida de pelota del Zaragoza, ese mecanismo lanzado por Andrada y su arriesgada figura. Aquello que fue una fortaleza hace unas semanas ahora es un foco conflictivo. Porque el fútbol cambia muy rápido, porque los rivales analizan, descubren, ajustan y neutralizan. La Real Sociedad B hizo esto perfecto. Tenía bien identificado al Zaragoza de Sellés, incapaz de saltar líneas de presión, darle continuidad a sus posesiones, avanzar entre las trincheras e intimidar a Aitor Fraga.

La estructura defensiva donostiarras se imponía. De cómo idee Sellés nuevas fórmulas ante las respuestas rivales dependerá la evolución de su equipo. Con Moya en la mediapunta, el Zaragoza perdía una bala con la que atacar y se empachaba de centrocampistas -hasta cuatro en el once-, con su fútbol demasiado monolítico, rígido y cortocircuitado. Su oportunidad estaba en los duelos ofensivos, prácticamente, tres contra tres a campo abierto, que permitía la agresiva presión de los visitantes. Así, Cuenca comenzó a enseñar algunas llaves del partido. El canterano, además, se duplicó, porque Sellés, como hiciera en Santander, lo arrastró de lateral izquierdo, con Tasende de comodín, hundiéndose así el Zaragoza en exceso con cinco hombres atrás. Eso provocó que atacara desde muy lejos cuando recuperaba, y con pocos hombres. Apenas Cuenca y Francho intimidaban. Eran todo voluntad, pero no son futbolistas que suelan concretar o finalizar sus jugadas. 

Una carrera de Cuenca, más reprís que motor, contra Beitia fue el primer signo atacante del Zaragoza. Una chilena suya mereció una anotación en el parte de guerra. Aunque la más clara, en esa fase en la que los de Sellés intentaban soltarse las amarras rivales, fue un balón de Tasende ante el que Kodro no atinó. Se la pusieron en el pie, pero… Mikel Rodríguez y, sobre todo, Aguirre de un cabezazo claro, limpio y envenenado, también pudieron marcar. Estaban pasando cosas.

El choque se jugaba a un ritmo importante, con pulsaciones altas y largos recorridos. Un ida y vuelta que impidió que el Zaragoza se serenara y controlara los acontecimientos, aunque, poco a poco, se fue liberando de las cadenas. Toni Moya en una falta y Keidi Bare en un barullo avisaron de gol y dejaron el partido algo más equilibrado camino del descanso.

El partido resurgió con un paisaje similar: una Real Sociedad B amenazante y desmelenada y un Real Zaragoza pusilánime e impreciso. Dani Díaz estrelló un disparo en el lateral de la red de un Andrada que jugó un rato con una bomba de relojería atada al tobillo. Los visitantes dominaban. El Zaragoza seguía igual: atacando desde demasiado lejos. Cuenca, muy forzado, puso algo de picante antes de irse relevado por Valery. También salió Paul Akouokou, en sus primeros minutos con Sellés.

La Real Sociedad no levantó el pie. Insua, que se pegó toda la tarde a medio camino de todo y cerca de nada, dudó y la jugada la remató Mikel Rodríguez con carne de gol, pues Carrera estuvo a punto de rozarla para dentro. Había problemas en el Zaragoza, muy precipitado e inconexo. Tampoco Sellés elevaba los recursos ofensivos desde el banquillo.

Tardó en salir Bakis, aunque el decorado con espacios quizá demandaba a Dani Gómez. Tachi relevó a Saidu y entonces, el Real Zaragoza se ató el ancla al cuello y se tiró al mar: Kodro y Sinan Bakis no se aclararon, quizá se confundieron al espejo, y dejaron vía libre a que Dadie se escurriera como un conejo sin que nadie lo parara, sin que nadie hiciera nada, sin que nadie evitara que se la pasara a Carrera y éste ajusticiara a Andrada.

El gatillazo del Real Zaragoza era importante. Por primera vez en cuatro meses se vio a Sellés cabreado de verdad. El partido entró en el todo o nada. Moyano salió por Gomes. Tocaba pecho descubierto. Francho dejó a Bakis solo ante el gol, pero el germanoturco no definió rápido. Lo probó Valery, pero fue Kodro, de un cabezazo, quien saboreó la miel encontrando el palo. Por un pelo, después, Bakis no llegó a un centro de Tasende, convertido en ese momento en la piedra filosofal del equipo. De esas botas salió el pase del gol de Paul Akouokou, quien raspó un balón haciendo equilibrios con la línea del fuera de juego. Empatado el duelo, con cinco minutos en los que hizo más peligro que en todo el partido, el Zaragoza se fue a por más, aunque también, ha de afirmarse, casi sale trasquilado. Los de Sellés querían hacerlo todo y todo muy deprisa, ahogándose en su propio fútbol desmadejado. Al menos, considerando el rival, el Zaragoza salvó un punto, pero, sobre todo, evitó que la Real Sociedad B sumara dos adicionales. Todo sigue más o menos igual. Incluso en la plantilla de Sellés.

 Akouokou salva un punto en una noche fatal del Zaragoza

Un gol del costamarfileño en el minuto 88 evita la tercera derrota consecutiva en casa del equipo de Sellés, que estuvo casi todo el partido a merced de la Real Sociedad B.

Un gol de Akouokou a dos minutos del final supuso el mal menor en una noche fatal del Real Zaragoza frente a un rival directísimo en la pelea por la permanencia. El equipo de Sellés, inferior en juego e intención a la Real Sociedad B durante casi todo el pleito, evitó por los pelos su tercera derrota consecutiva en el Ibercaja Estadio y perdió una ocasión inmejorable para haber escapado, incluso, de posiciones de descenso. El empate le mantiene penúltimo y le vuelve a alejar de la salvación.

Si alguien esperaba que la cita iba a ser fácil para el Zaragoza se equivocó por completo. La primera parte se jugó a un ritmo vertiginoso, impuesto por el filial realista, que salió al partido como un cohete y le dio enseguida un par de sustos serios a Andrada. Tras este pasaje inicial, la verticalidad de Cuenca metió tímidamente en el duelo a un dubitativo Zaragoza, pero el equipo de Sellés nunca se sintió cómodo. No tuvo ni capacidad de asociación ni de sorpresa por sus continuas pérdidas, perdió casi todas las disputas y sufrió en exceso por el lateral de Gomes. Salvo en los minutos finales de este periodo, donde despertó algo el Zaragoza, la Real B hizo bastantes más méritos y pudo irse al descanso con ventaja en un cabezazo de Carbonell a la salida de un córner que salió rozando un poste.

El intermedio no mejoró al Zaragoza, que tuvo un inicio fallido de la segunda mitad, otra vez con Keidi Bare y Raúl Guti a merced de los mediocentros guipuzcoanos Carbonell y Aguirre, que le dieron mando, velocidad e intención al fútbol del equipo visitante, que desbordó con facilidad por los costados y tuvo dos ocasiones inmejorables en un disparo de Díaz desde fuera del área y en una penetración con disparo final cruzado de Mikel Rodríguez.

En vista de que el encuentro se complicaba en exceso, Sellés relevó a Keidi Bare y a Cuenca por Akouokou y Valery, pero el Zaragoza continuó a la deriva, incapaz de sacudirse el dominio y de crear una oportunidad de peligro. A veinte minutos del final, también entraron Tachi y Bakis por Saidu, con molestias en la parte posterior de su muslo izquierdo, y Toni Moya, en un intento ya desesperado por frenar al menos al la Real B. Pero tanto fue el cántaro a la fuente que una pérdida absurda de Valery propició una conducción de Dadíe ante la pasividad general del Zaragoza que desembocó en un remate certero de Carrera ante Andrada. Lo cierto es que los cambios de Sellés empeoraron al Zaragoza, incapaz de dar respuesta a un rival superior en calidad, en velocidad y en propuesta

No hay comentarios: