domingo, 22 de febrero de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº27 (22.2.2026)

 

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº27 (22.2.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3727

 FC ANDORRA 2-1 REAL ZARAGOZA

1-0, min. 7: Cerdá

2-0, min. 23: Cerdá

2-1, min. 52: Dani Gómez

Ficha Técnica:

FC Andorra: Owono; Petxarroman, Gael Alonso, Alende, Molina, Imanol; Villahermosa (Theo Le Normand, 89), Yeray (Olabarrieta, 60); Min Su Kim, Cerdá (Jastin, 74); y Lautaro (Domenech, 74).

Real Zaragoza: Andrada; Aguirregabiria, Insua, El Yamiq, Larios; P. Akouokou (Moyano, 82), Francho; Rober González (Terrer, 74), Valery (Gomes, 60); Soberón (Cuenca, 60) y Dani Gómez (Agada, 74).

Árbitro: Mallo Fernández (Comité Castellano-leonés). Expulsó a Insua por doble amarilla (28 y 50). Amonestó a Lautaro (17), Aguirregabiria (25), Cerdá (49), Alende (92) y Agada (94).

Goles: 1-0, min. 7: Cerdá. 2-0, min. 23: Cerdá. 2-1, min. 52: Dani Gómez.

FC Andorra 2-1 Real Zaragoza

61.4 % Posesión 38.6 %
6 remates dentro 2
5 disparos bloqueados 0
6 remates fuera 4
6 disparos recibidos 17
3 tarjetas amarillas 2
0 tarjetas rojas 1
18 faltas recibidas 20
20 faltas cometidas 18
112 perdidas de posesión 115
52 recuperaciones de posesión 54
2 fueras de juego 0
xxxxxx


 
 Lamentable partido del Real Zaragoza, que pierde la final de Andorra 2-1 y colapsa

El primer tiempo de los de Sellés fue inconcebible, vergonzante tratándose de un partido culminante. Tras el tempranero 2-0, el gol aislado de Dani Gómez en la segunda parte no supo ser aprovechado como impulso. El equipo aragonés jugó con 10 medio partido por expulsión de Insua.

Es terrible vivir, sobrevivir, a este Real Zaragoza. La salida al partido de este domingo en Andorra, donde te estás jugando la vida, fue de despido colectivo inmediato. Sin sangre. Sin rasmia. Sin ganas. Así es imposible que nadie sueñe con la permanencia. Y Sellés, el entrenador, está inerme, en medio de la palestra viendo a la muchedumbre alrededor preparada para la lapidación. Los romanos ya manejaban estos registros, aunque el fútbol no estuviera aún en los cálculos de la humanidad. El primer tiempo fue deplorable. Marcado a fuego por ese insoportable modo de actuar de los jugadores zaragocistas, que en el minuto 7 ya perdían 1-0 y en el 23 capotaban por 2-0. Y pudieron ser varios más hasta el intermedio.

Realmente, la tarde ya empezó rara porque, se empeñe Agamenón o su porquero, el Real Zaragoza no viste de rosa. Y menos, de este rosa camisón con el que, si ya es difícil hacerlo en términos deportivos y societarios en los últimos tiempos, es imposible reconocer a tu equipo para la mayoría de los zaragocistas. El neofútbol está empeñado en arrancarle las entrañas a los viejos clubes de fútbol. En vender constantemente ideales alrededor del modernismo que, en verdad, lo que acaban cometiendo es un adanismo mortal a corto plazo para las viejas y tradicionales instituciones. Y el Real Zaragoza, en Aragón, en el fútbol español, lo es. Ojalá no haya que cambiar el tiempo verbal al pretérito.

Los rosa camisón ya fueron avisados por el ágil Andorra en el minuto 3 con un disparo de Petxarromán, solo al borde del área, que detuvo Andrada abajo. Los chicos del Principado salieron avasallando a un rival muerto desde el principio. En el minuto 7, Cerdá recogió un balón en el lateral del área tras una jugada larga que venía avisando gol desde un minuto antes ante la permisividad defensiva de los de Sellés, tumbó (literal) a Aguirregabiria, regateó en carrera a El Yamiq y golpeó al contrapié de Andrada, al poste cercano. Fue un gol de calidad, pero patrocinado por una defensa de Regional.

No daban dos pases seguidos los zaragocistas. El toque del balón de los andorranos era vistoso, con tempo, con salero. En el minuto 23, tras media docena de avances peligrosos sin buen final de los Yeray, Lautaro, Min Su Kim, Petxarromán, Villahermosa y compañía, fue de nuevo Cerdá el que firmó el 2-0. Fue de cabeza, a la salida de un córner botado por Yeray que los defensas rosas y el portero (verde) defendieron con la mirada. Lamentabilísimo. Intolerable conducta.

En el 34, Lautaro encaró la portería de Andrada desde medio campo, solo, y tuvo que llegar El Yamiq desde atrás al galope para anticiparse por detrás y evitar otro tanto cantado. En el 35, Petxarroman, un lateral carrilero muy profundo, cabeceó solo, a placer, un centro al área, pero se le fue la pelota alta. Y en el 37, Yeray chutó duro desde la frontal, tocó en Insua y la pelota se fue a saque de esquina rozando el larguero. En el 44, Molina aún tendría otra más, solo en el interior del área, voleando duro, cruzado fuera por un metro. Lo dicho, un aluvión de ataques del Andorra y… nada de nada por parte zaragocista. Pero nada es nada.

No merece la pena ni desgranar puesto por puesto o línea por línea la actuación de los elegidos por Sellés. Que no se enfade nadie, porque esto es argot del de siempre, no neo: el Real Zaragoza fue una banda. Y Sellés, su director, batuta en mano, desgañitándose en la banda de Encamp sin efecto de ningún tipo en sus pupilos. Es tan duro lo visto, es tan lacerante el año que están dando los protagonistas de este esperpento continuo, que también duele ver cómo se está tratando semejante tragedia con paños calientes y un buenismo impropio de la historia de un grande como es el Real Zaragoza. Ya vale.

Rubén Sellés no cambió nada en el intermedio. Siguió con su 4-4-2 llamativo de entrada, con dos de los nuevos, Mawuli y Cumic, fuera del carril, en el banquillo. Eso era bien un acto de fe, bien un acto de bajada de brazos. El Andorra, que había apostado por un 5-2-3 que sorprendió incluso a sus habituales seguidores, también continuó con la misma pauta (como para no hacerlo, visto el éxito). El segundo tiempo empezó con los aragoneses algo más activos, con las líneas más adelantadas. Qué menos. Pero las noticias, de entrada, no solo no fueron mejores sino que empeoraron. En el minuto 50, el árbitro expulsó a Insua. Singularmente, en una acción de ataque. En un regate del central a un rival en campo contrario en el que cayó al suelo y exageró. El juez consideró que era piscinazo, simulación, y le sacó la amarilla, que era la segunda. Roja y a la ducha. Medio tiempo con uno menos.

Cuando pintaban bastos a todas caras, de repente, el Real Zaragoza fue capaz de coger la flauta del suelo y hacerla sonar. El desaparecido Dani Gómez marcó el 2-1 tras una contra de Francho, tras un control y un chut cerca de la escuadra desde el borde del área. Era el minuto 52 y, de la nada, había surgido un enganche con el partido. Tardó 10 minutos Sellés en recomponer el bloque. Jugó mientras con Akouokou como central, hasta que en el 60 metió a Gomes y retiró a un inexistente Valery. A la vez, Cuenca relevó a Soberón, mustio, apagado.

El Andorra replicó con dos llegadas buenas del coreano Min Su Kim, que desbarató Andrada en los minutos 58 y 63. La primera, a bocajarro, con el pecho. La segunda, por raso, abajo, a córner. El Real Zaragoza no pudo darle continuidad de veras a su gol. Tan solo un córner en el minuto 65 generó algo de desasosiego al portero Owono. No había ideas. Rober González, el refuerzo invernal con más chispa hasta ahora, no encontró la onda en toda la tarde. Solo Francho y sus cabalgadas, con definición no siempre adecuada, era el arma zaragocista de vez en cuando. Poca cosa. Casi nada.

A falta de un cuarto de hora, Sellés apostó por Agada y dio entrada a Terrer. El dominio era del Andorra, primero porque esa fue la tónica del duelo y, segundo, porque aprovechó su superioridad numérica. Las aspiraciones al empate, al 2-2, eran más un deseo en silencio que una deducción por el fútbol del equipo zaragocista. El paso de los minutos fue dejando en evidencia que el gol de Dani Gómez había sido un oasis en el Sahara. Ni fruto de ningún manantial de fútbol, ni derivada de una mejora desde el banquillo. Y así se llegó a los últimos 10 minutos. En busca de otra flauta. Porque el Andorra, miedoso porque también se jugaba mucho de su permanencia en esta final directa, jugó mucho a contemporizar en la segunda fase.

Moyano en vez de Akouokou fue la última bala de Sellés a falta de 8 minutos. Una falta sin remate, un córner mal sacado… por ahí fueron los tiros del deficiente plan zaragocista. Todo impulsos sin cabeza ni razón. De rebote en rebote. Sin un patron a seguir. Agada tiró un balón fuera, mal. El Andorra estuvo cerca del 3-1 ya en el aumento por medio del asiático Min. Y el pitido final dejó al Real Zaragoza desnudo de cualquier argumento. Así no se juega una final. Así no se disputa un partido decisivo. Así no ha remedio. Este equipo se le ha muerto a Sellés

 

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