sábado, 7 de marzo de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº29 (6.3.2026)


LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº29 (6.3.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3729

CADIZ 0-1 REAL ZARAGOZA 

0-1, min.18: K. Kodro.

Ficha Técnica

Cádiz CF: Gil; Isaac, Moreno, Recio, Pereira; Álex Fernández (Kouamé, 80), Sergio Ortuño (Diakité, 46); De la Rosa (Ocampo, 46), Suso, Antoñito (García Pascual, 55); y Dawda (Roger, 71).

Real Zaragoza: Andrada; Aguirregabiria, Insua, Radovanovic (Gomes, 65), Larios; Pinilla (Tasende, 54), Francho, Mawuli (Keidi Bare, 65), Rober; Dani Gómez (Juan Sebastián, 87) y K. Kodro (Cuenca, 54).

Árbitro: Arcediano Monescillo (Comité Castellano-manchego). Amonestó a Radovanovic (14), Moreno (33), Diakité (69), Roger (73), Cuenca (80),

Goles: 0-1, min.18: K. Kodro. 

Cadiz 0-1 Real Zaragoza

67.1 % Posesión 32.9 %
4 remates dentro 3
4 disparos bloqueados 4
4 remates fuera 3
10 disparos recibidos 12
3 tarjetas amarillas 2
0 tarjetas rojas 0
11 faltas recibidas 16
16 faltas cometidas 11
122 perdidas de posesión 129
52 recuperaciones de posesión 45
3 fueras de juego 2
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El Real Zaragoza reacciona y gana en Cádiz

El estreno de David Navarro en el banquillo se saldó este viernes con un triunfo fundamental para no morir prematuramente. Un gol tempranero de Kodro fue bien guardado por los zaragocistas ante un rival gaditano desquiciado y abroncado por su gente.

El Real Zaragoza vive, no muere antes de tiempo. En el partido que ha llegado inmediatamente después de la enésima revolución interna en las entrañas de la SAD, el debut de David Navarro como cuarto entrenador del curso se saldó con un triunfo por 0-1 en Cádiz que sirve como clavo ardiendo al que agarrarse en la caída hacia los infiernos.

Se notó que ha habido un carpetazo en el seno de la parte deportiva del Real Zaragoza. Desde el inicio el equipo aragonés se mostró con más poso que en los últimos siete partidos, los de la segunda vuelta, todos catastróficos o similar. Fue un partido de desesperados. Los del debutante David Navarro, por razones obvias de clasificación y larga distancia con la raya de la salvación. Los del Cádiz, porque su estado de histeria los supera, los atenaza. Son como el Real Zaragoza de hace un año, dos años, tres años, cuatro años a estas mismas alturas, recuérdese: un equipo temeroso de caerse al pozo, en caída libre.

Y en ese contexto de miedos extremos, los zaragocistas sacaron mejor renta global en un primer tiempo de poco valor futbolístico pero con un acierto crucial en un día así: marcar primero un gol y, además, pronto. Viniendo de donde venía el Real Zaragoza, de un desastre tras otro desde tiempos lejanos y con un último giro de timón en el vestuario y en la dirección deportiva en pos de una reacción casi pos mortem, era crucial empezar con la autoestima alta, creyéndoselo. Y así lo logró el equipo que armó Navarro en su estreno, con el joven Pinilla de gran novedad (enterró a su madre hace 48 horas, un matiz de enorme importancia en lo anímico para él y los demás), con dos puntas -Kodro y Dani Gómez-, dos centrales veteranos repescados de los pelos de la enfermería -Insua y Radovanovic-, con Mawuli y Francho en la medular… detalles de intento de metamorfosis con lo poco que tiene a mano el nuevo cuerpo técnico autóctono.

Como el Cádiz era un flan desde el pitido inicial, los zaragocistas jugaron con esa baza a su favor. Avisaron Mawuli y Kodro en los minutos 6 y 8 con sendos disparos lejanos, desde 25 metros, que no cogieron puerta pese a estar en posición favorable, sin marcas. Los amarillos se acercaron por primera vez, en esos minutos de tanteo con los 22 jugadores con más miedo que alma sobre la hierba mojada del viejo Carranza, en el minuto 15. Su ariete Dawda cabeceó en el primer palo un córner cerrado, fuera, alto. A balón parado el ‘pequeño’ Zaragoza iba a sufrir de todas todas.

Y de ese cuarto de hora de miradas timoratas de todos los protagonistas se salió felizmente con el 0-1. Lo marcó el mejor delantero del pésimo curso zaragocista, Kenan Kodro. Con la zurda, en segunda instancia tras un primer remate fallido en el área chica, cruzó raso un balón que había centrado Francho con picardía. Era una pieza clave del guion de cualquier partido victorioso en esta noche de viernes en c campo gaditano: adelantarse en el tanteador. En efecto, el poco público que acudió a los graderíos empezó a silbar con fuerza a los suyos, que en todos sitios cuecen habas. Y a pedir la dimisión de su presidente, del consejo, de todo lo que se moviera. Excelente noticia para el agónico Real Zaragoza. Había logrado lo más importante, traer el partido a su fajo, montar un escenario a su gusto y condición.

El Cádiz trató de rehacerse tras encajar el tanto zaragocista, pero no supo ni pudo. Suso, internacional español en otro tiempo, manejó la pelota en tres cuartos con gusto, pero nadie le acompañó. Antoñito, volcado a la banda de un blando Larios, fue el percutor más peligroso, ayudado a veces por el exzaragocista Isaac en sus incorporaciones. Pero los centros al área los sacaron bien por arriba Insua y Radovanovic y también los solventó sin sufrir el portero Andrada. El citado Antoñito empalmó de primeras un centro por la otra banda de Pereira pero la pelota golpeó en Insua y no llegó a puerta, en la que fue la jugada con más veneno de los andaluces, en el minuto 25.

En el 30, Pereira empalmó en el área un nuevo pase de Antoñito, pero su chut se marchó alto, mal, para alivio de la zaga zaragozana, que ahí tuvo un agujero que pudo penalizar. Después de ese arreón rápido e inerte del Cádiz, los de Navarro retomaron las riendas de la diligencia y el grado de sufrimiento bajó ostensiblemente. Toque de balón en la zona media, buenos apoyos, búsqueda de espacios arriba… interesante el final de la primera parte en la que, por desgracia, Francho desperdició la gran oportunidad de haber apuntillado al frenético rival sureño. El capitán blanquillo remató a quemarropa una asitencia de Pinilla, tras jugada de Rober, pero le dio al muñeco, al pie de Gil, que salvó el 0-2 por colocación y fortuna. Una pena.

Fue el típico día donde no quieres que llegue el intermedio. Todo estaba tranquilamente discurriendo en un buen camino. Como era de natura, Garitano hizo un doble cambio y metió en danza a Ocampo y Diakité, dos titulares habituales en los días de mejores vibraciones por Cádiz. Los locales salieron con el esperado efecto de las banderillas negras. Espoleados. Sus primeros avances al área de Andrada fueron fuegos de artificio. Pero algo había cambiado. El Real Zaragoza notó en los primeros minutos de la reanudación que había perdido el norte. Peligrosa sensación.

Enseguida, David Navarro movió el banquillo. Hizo doble lateral por la zurda, metiendo a Tasende por delante (más adelante los permutó), supliendo a Pinilla, cuya titularidad cargada de sentimiento tras haber enterrado a su madre 48 horas antes estuvo impregnada de mucho trabajo pero con dificultades en el retroceso. Y puso arriba a Cuenca, en vez del goleador Kodro, que no está para más minutos tras su paso por la enfermería de más de un mes. En esa fase de ruptura de los planes iniciales de ambos técnicos, Ocampo tuvo la primera gran oportunidad para el empate, en el minuto 58, al rematar solo en el area un centro raso de Isaac que nadie restó. Contactó mal con la pelota y el tiro raso lo atrapó bien Andrada. Menos mal.

El Real Zaragoza alcanzó el minuto 20 de la reanudación con la vieja imagen de ser incapaz de tener el balón más allá de dos o tres pases. Debió recular en exceso sus líneas ante tanta imprecisión. Y el Cádiz espabiló por pura inercia. Una falta lateral botada mal por Rober en el 63 fue la primera aproximación zaragocista al marco de Gil. Navarro tuvo que acometer otro doble cambio porque a Radovanovic se le acabó la gasolina y Mawuli andaba extraviado. Gomes y Keidi Bare fueron los sustitutos para la media hora final.

Entre las broncas del público gaditano a los suyos, cada vez más sonoras y lacerantes (ojo con este dato), el Real Zaragoza se creció con los cambios. Pero falló como escopetas de feria la puntilla del 0-2. Primero fue Rober, solo mano a mano tras entrar en el área a placer en el minuto 66, pero su disparo raso, mal dirigido, fue al sitio del central Recio, que evitó el tanto. Y de seguido, Larios recogió la pelota en un avance profundo, entró en el área solo, no se atrevió a disparar él -era lo suyo- y su asistencia lateral a Rober fue penosa. Se evaporó una opción excelente nuevamente.

El técnico del Cádiz fue quemando sus balas. Introdujo a García Pascual, a otro exblanquillo, Roger… todo lo que tenía en la canana. El fútbol entró en el último cuarto de hora en un pulso de despropósitos. El cuadro local porque se estaba ahogando entre las broncas de su gente y su incapacidad. Y el aragonés, porque le empezaron a temblar las piernas por el temor a perder el botín imprescindible para salir con algo de vida del Nuevo Mirandilla.

Es lo que le sucedió a Cuenca en el minuto 85 cuando, solo ante Gil, tuvo tiempo de controlar ante de golpear con la derecha lo que era un gol cantado, el que hubiera aniquilado a los locales. La tiró fuera, pegada al poste derecho, ante la incredulidad de todo el mundo, que cantó bingo antes de tiempo. No se pueden fallar goles así. Navarro hizo el último cambio a la defensiva a ultranza: el defensor Juan Sebastián entró por el punta Dani Gómez. Todo el mundo atrás desde el minuto 87, con despejes al gorrazo, tipo Regional, como el de Tasende poco después. Esto es lo que se viene reclamando: ganar como sea. Dan igual las formas. Es la vida lo que hay en juego.

El choque acabó en medio de las inmensas protestas del público de Cádiz por la actitud de su equipo, con el Real Zaragoza empeñado en sufrir. Cuenca falló otro gol en una contra en la que llegó a regatear al portero sin saber resolver después, aunque se le pitase fuera de juego. Los zaragocistas se abrazaron con fuerza sobre el césped, celebraron con los pocos seguidores desplazados en una noche tan a contrapelo y se marcharon a dormir a Jerez de la Frontera… más cerca de la frontera de la vida.

sábado, 28 de febrero de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº28 (28.2.2026)

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº28 (28.2.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3728

REAL ZARAGOZA 0-1 BURGOS CF

0-1, min. 65: Appin

Ficha técnica

Real Zaragoza: Andrada; Martin Aguirregabiria, El Yamiq, Álex Gomes (Barrachina, 56’) Larios (Kenan Kodro, 77’); Mawuli, Terrer (Soberón, 71); Francho, Rober González (Cumic, 56’), Cuenca (Tasende, 56’); y Dani Gómez

Burgos: Cantero; Lizancos, Sergio González, Del Cerro, Miguel; Atienza, Morante (Galdames, 74’); David González (Oier Luengo, 82’), Curro (Fermín, 68’), Íñigo Córdoba (Mollejo, 74’); Appin (Mario González, 68’).

Goles: 0-1, min. 65: Appin.

Árbitro: Alejandro Morilla Turrión (Comité Navarro). Mostró amarillas a Alejandro Gomes (14’), Sergio González (24’), Larios (67'), Morante (70'), Mawuli (83’).

 Real Zaragoza 0-1 Burgos CF

46.4 % Posesión 53.6 %
7 remates dentro 3
3 disparos bloqueados 1
6 remates fuera 4
8 disparos recibidos 16
3 tarjetas amarillas 2
0 tarjetas rojas 0
13 faltas recibidas 10
10 faltas cometidas 14
137 perdidas de posesión 134
49 recuperaciones de posesión 57
0 fueras de juego 3
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 El Real Zaragoza no da de sí: derrota contra el Burgos (0-1)

Un Zaragoza impotente, y con una alineación en manos de chavales y secundarios, acelera su condena al descenso tras caer contra el Burgos. El gol de Appin castiga a los aragoneses, con la grada rebelada contra el palco

Más que no saber, más que no querer, el Zaragoza lo que es, es que no puede. No le da. Ni le dio, ni le da, ni parece que le vaya a dar para salvarse de la mayor deshonra de su historia. No le llega ni cuando juega mal, ni cuando lo hace un poco mejor, ni cuando el rival le somete, ni cuando se levanta sobre ellos… Si este Zaragoza debió salir mejorado del enero de Txema Indias, Mariano Aguilar y Fernando López, aquí están los resultados: una nueva derrota, contra un Burgos que parece menos de lo que es, después de un partido indigesto, poblado de impotencia, pobre de calidad (pases, controles, tomas de decisiones…) y, sobre todo, deprimente. No fue peor el Zaragoza que el Burgos, pero el Burgos jugó mejor de acuerdo a sus códigos. La derrota horada más la sepultura del equipo aragonés, hasta a nueve puntos puede crecer la desventaja a la salvación, y deja a Sellés muy tocado. El entrenador demostró en su día su validez, su capacidad para hacer del Zaragoza un equipo competitivo y hasta ganador. Lo condujo vivo a enero, pero el club y las lesiones clave le asestaron una puñalada mortal. De aquel Zaragoza apenas queda nada. La crisis puede llevarse todo y a todos por delante, pero, desde luego, el desfile de salidas, esta vez, no debería empezar por abajo, sino por arriba. Por el palco que tanto señaló un zaragocismo indignado y abatido.

La realidad de este Zaragoza es que su entrenador alineó a Lucas Terrer y Mawuli como doble timonel, dejó en el banquillo a los dos teóricos refuerzos ofensivos del mercado invernal de Txema Indias (Cumic y Agada) y ubicó en la delantera a un futbolista al que se empujó a salir hace solo unas semanas (Dani Gómez). El once de Sellés -con notas de medidas desesperadas tan propias de entrenadores en apuros- tuvo, además de Cuenca, a cuatro jugadores con licencia de canterano: sobran comentarios al respecto de la precariedad de la plantilla con la que debe lidiar el técnico después de enero. Fue Rober González el encargado de enlazar por dentro el juego, con Francho también, desde la derecha, pisando terreno interior, pues Martin Aguirregabiria volvió a su versión más atacante y proyectada en el carril derecho.

En el Burgos, Del Cerro suturó la baja de Grego Sierra como central izquierdo, con los pulmones de Appin como delantero centro. Es un mediocentro de cuna, pero su poderío atlético, su vigor y su vitalidad complicaron mucho las incertidumbres defensivas del Zaragoza. El Burgos, desde su 4-2-3-1, orbitaba sobre Curro, su sol, mientras planteaba el partido en el idioma de la velocidad. Disciplina defensiva, hermetismo táctico y manejo de lo tiempos, de los momentos y oportunidades.

El Zaragoza salió al campo con su presión más avanzada, menos contemplativo y con una buena actitud general. Eran evidentes la desconfianza y las dudas propias de su gravedad, pero el equipo trató de llevar el partido a su terreno. Ocurrió que el Burgos juega precisamente a eso, a responder todas las preguntas del juego del adversario. Gracias a su calidad defensiva y su ventaja física, le taponó todas las vías de respiración a un Zaragoza débil en los duelos, con el brío de Terrer y Mawuli como argumento principal para superar líneas. Pero al equipo de Sellés los minutos le agujereaban la vida: fue deshinchándose porque no terminaba casi nada. La falta de remates le fue quitando oxígeno, en un tramo inicial en el que Andrada salvó un centro de gol, Mawuli contestó con un tiro lejano y desviado e Íñigo Córdoba desaprovechaba una mala salida del portero argentino.

Fueron las primeras ocasiones apreciables del envite. El Burgos parecía no estar pero estaba, y fue, pasito a pasito, segundo a segundo, conduciendo la trama a sus intereses. Su incesante gama de desmarques (con Appin en la cima del ataque y David González y Córdoba desde la segunda línea) y su inteligencia en la gestión de los contragolpes le dieron el control. Fútbol sencillo, pero astuto. Un equipo que conoce sus límites pero que exprime sus fortalezas.

El Zaragoza, muy desajustado en las pérdidas de balón y la defensa interior, comenzó a sufrir a la espalda, en el sector de un tierno Alejandro Gomes y en el patio trasero de Larios. Sobre esos espacios profundos, lanzó el Burgos sus cargas de caballería, con verticalidad, rapidez y agilidad. Curro cruzó demasiado un disparo, antes de que Mawuli, providencial, tapara un tiro de Atienza. Andrada debió emplearse ante Córdoba, y David González elevó demasiado tras ganar metros desde el desmarque. La defensa adelantada del Zaragoza se resquebrajaba, con El Yamiq insuficiente en velocidad como guardaespaldas de Larios. 

El Burgos estaba avisando, y la grada estalló, ante la evidencia de lo que veía. El palco del Ibercaja Estadio se convirtió en una diana (“Directiva, dimisión”, se cantó). Y así, los castellanos, en silencio, agazapados, como un lobo con piel de cordero, marcaron. Appin remató un centro con las coordenadas precisas de Curro, metiéndose solo entre las filas aragonesas. Fue gol, pero el VAR lo tiró abajo: Miguel estaba en fuera de juego en el pase e intervino en la acción.

Esa acción marcó un punto de inflexión, pues el Zaragoza comenzó a crecer. Lo hizo por su sector derecho, allá donde mejor fútbol ha cocinado este año, con Aguirregabiria, Francho y el apoyo de Rober Gónzález. También desde una de sus armas de pobre: los saques de banda. Cualquier charco calma la sed del sediento. El Yamiq peinó uno, pero Terrer no le dio la fuerza necesaria al cabezazo. Una buena acción en la derecha, con centro de Francho y dejada de Dani Gómez, no se atrevió a coronarla Aguirregabiria. Un remate de El Yamiq en un córner y otro intento de Francho consolidaron ese paso adelante del Zaragoza. En cuanto el equipo de Sellés aseguró sus posesiones, comenzó a finalizar jugadas y el Burgos no pudo correr, todo mejoró.

El descanso le había llegado al Zaragoza inoportunamente. Volvió al campo bien, con mando, metiendo al Burgos en su campo. Eso no siempre es buena señal ante un rival que exige no equivocarse. El Burgos se alimenta de los errores ajenos, como no tardaría en verificar el Zaragoza. Antes, un fallo de Cantero y un cabezazo de El Yamiq dieron sustancia a los aragoneses. También un centro de Francho que no encontró rematador. Sellés agitó el equipo, con un triple cambio que puso en el terreno de juego a Barrachina, Tasende y Cumic por el amonestado Alejandro Gomes, Rober González y Cuenca. Tasende ejerció de extremo.

El Zaragoza quería, pero no podía. Es su tónica habitual. En esas, el Burgos pudo hacer su maniobra ganadora. Appin estaba en el partido para atacar la espalda en los achiques de los centrales aragoneses. Y allí se fue: se metió entre los zagueros, esperó el pase y aprovechó, además, la salida en falso de Andrada. Le batió desde lejos, con un tiro raso y lánguido. El Burgos no marcaba gol fuera de casa desde mitad de diciembre, cuatro partidos, pero visitaba el sitio ideal para volver a hacerlo.

Al Zaragoza le explotó así el partido en las manos. El zarpazo fue irreversible. Sellés sobrecargó de delanteros al equipo con las entradas de Soberón y Kodro. El mensaje era claro. Pero el Burgos se maneja bien defendiendo en pocos metros, en su área, soportando asedios.

A la desesperada, Kodro no atinó por unos centímetros, Cantero le hizo un paradón a Soberón en un barullo en el área pequeña… La grada estaba en silencio, acallada por la pesadilla, y porque sabía que, aunque su equipo estuviera jugando hasta la próxima semana, no iba a levantar el partido. Ramis incrementó las defensas con Oier Luengo, y a Fermín aún le anularían el segundo burgalés, mientras la gente estallaba, miraba al palco, lo intentaba asaltar y señalaba a los culpables, ahí arriba sentados, los pocos que había, más que en el césped.

El Burgos sentencia al Zaragoza y a Sellés

Un gol de Appin le pone un nuevo clavo al ataúd del equipo aragonés y dispara a los de El Plantío hasta la sexta plaza. El zaragocismo explota contra el palco.

El Burgos le puso un nuevo clavo al ataúd del Real Zaragoza. Acaso el definitivo, aunque queden todavía tres meses de competición. Su suerte está echada. Y es la peor. El equipo aragonés recuperó la aplicación y la actitud que no tuvo en Andorra, pero no le alcanzó frente a un rival con cara y ojos, estrecho y compacto, al que le resultó sencillo contener las desesperadas intentonas de un Zaragoza sin calidad y rebajado a la mínima expresión por su situación clasificatoria y su montaña de urgencias. El partido era una última bala para Rubén Sellés y la derrota le deja ya sentenciado, en una situación absolutamente indefendible, con una serie de 18 puntos de 54 posibles y hundido en el fondo de la tabla. Todo lo contrario que el Burgos de Ramis, que va a dormir en la sexta plaza y refuerza su candidatura a la promoción.

Sellés, ya sin margen, volvió a mover el árbol: prescindió de los más señalados en el oprobio de Andorra, como Akouokou, Valery -éste ni siquiera entró en la convocatoria- y Soberón, y presentó una alineación con cuatro novedades: Gomes, relevo del sancionado Insua, Mawuli, Terrer, en su primera titularidad del campeonato, y Cuenca. Ramis, por su parte, introdujo dos cambios en el once del Burgos: Del Cerro y Appin suplieron a Grego Sierra y Mateo Mejía.

En medio de un clima de máxima tensión social, el partido comenzó después de una protesta mayúscula al palco presidencial, con gritos de “¡fuera, fuera!”, gestos airados a los ‘principales del club’ y hasta alguna pancarta –“Mas, go home”-, en alusión al presidente representativo, que no pisa Zaragoza desde hace seis meses, pese a la crítica situación del equipo aragonés.

El Burgos se hizo enseguida con el control del juego y dio varios avisos serios, especialmente en un centro de Íñigo Córdoba que salvó bajos palos El Yamiq y en un disparo ajustado del mismo jugador que mandó Andrada a córner. El Zaragoza, agarrotado por sus circunstancias, por un plan de partido reservón y por su propia falta de recursos y soluciones, anduvo a remolque durante casi toda la primera parte y sólo el VAR le salvó de irse al descanso por detrás del marcador, al anular un gol de Appin a la media hora por fuera de juego posicional de Florian Miguel.

En un duelo de ritmo bajo, el equipo de Sellés tuvo sus mejores minutos en el tramo previo al intermedio, pero únicamente amenazó de verdad en un cabezazo de Terrer, que conjuró el portero del Burgos, después de un saque de banda largo que prolongó El Yamiq. Demasiado poco, y todo a balón parado, para un equipo que se juega la vida en cada encuentro.

El Zaragoza intentó dar un paso adelante en la segunda mitad, pero no le alcanzó ni para llevarse un punto. Se desordenó en un repliegue y el Burgos le castigó por medio de Appin a media hora del final, aprovechando una salida precipitada de Andrada, hasta entonces impecable.

Lo demás ya fue un quiero y no puedo de un equipo sentenciado, carne ya de Primera Federación y con su afición en pie de guerra y pidiendo a coro dimisiones al más alto nivel.

 

domingo, 22 de febrero de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº27 (22.2.2026)

 

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº27 (22.2.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3727

 FC ANDORRA 2-1 REAL ZARAGOZA

1-0, min. 7: Cerdá

2-0, min. 23: Cerdá

2-1, min. 52: Dani Gómez

Ficha Técnica:

FC Andorra: Owono; Petxarroman, Gael Alonso, Alende, Molina, Imanol; Villahermosa (Theo Le Normand, 89), Yeray (Olabarrieta, 60); Min Su Kim, Cerdá (Jastin, 74); y Lautaro (Domenech, 74).

Real Zaragoza: Andrada; Aguirregabiria, Insua, El Yamiq, Larios; P. Akouokou (Moyano, 82), Francho; Rober González (Terrer, 74), Valery (Gomes, 60); Soberón (Cuenca, 60) y Dani Gómez (Agada, 74).

Árbitro: Mallo Fernández (Comité Castellano-leonés). Expulsó a Insua por doble amarilla (28 y 50). Amonestó a Lautaro (17), Aguirregabiria (25), Cerdá (49), Alende (92) y Agada (94).

Goles: 1-0, min. 7: Cerdá. 2-0, min. 23: Cerdá. 2-1, min. 52: Dani Gómez.

FC Andorra 2-1 Real Zaragoza

61.4 % Posesión 38.6 %
6 remates dentro 2
5 disparos bloqueados 0
6 remates fuera 4
6 disparos recibidos 17
3 tarjetas amarillas 2
0 tarjetas rojas 1
18 faltas recibidas 20
20 faltas cometidas 18
112 perdidas de posesión 115
52 recuperaciones de posesión 54
2 fueras de juego 0
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 Lamentable partido del Real Zaragoza, que pierde la final de Andorra 2-1 y colapsa

El primer tiempo de los de Sellés fue inconcebible, vergonzante tratándose de un partido culminante. Tras el tempranero 2-0, el gol aislado de Dani Gómez en la segunda parte no supo ser aprovechado como impulso. El equipo aragonés jugó con 10 medio partido por expulsión de Insua.

Es terrible vivir, sobrevivir, a este Real Zaragoza. La salida al partido de este domingo en Andorra, donde te estás jugando la vida, fue de despido colectivo inmediato. Sin sangre. Sin rasmia. Sin ganas. Así es imposible que nadie sueñe con la permanencia. Y Sellés, el entrenador, está inerme, en medio de la palestra viendo a la muchedumbre alrededor preparada para la lapidación. Los romanos ya manejaban estos registros, aunque el fútbol no estuviera aún en los cálculos de la humanidad. El primer tiempo fue deplorable. Marcado a fuego por ese insoportable modo de actuar de los jugadores zaragocistas, que en el minuto 7 ya perdían 1-0 y en el 23 capotaban por 2-0. Y pudieron ser varios más hasta el intermedio.

Realmente, la tarde ya empezó rara porque, se empeñe Agamenón o su porquero, el Real Zaragoza no viste de rosa. Y menos, de este rosa camisón con el que, si ya es difícil hacerlo en términos deportivos y societarios en los últimos tiempos, es imposible reconocer a tu equipo para la mayoría de los zaragocistas. El neofútbol está empeñado en arrancarle las entrañas a los viejos clubes de fútbol. En vender constantemente ideales alrededor del modernismo que, en verdad, lo que acaban cometiendo es un adanismo mortal a corto plazo para las viejas y tradicionales instituciones. Y el Real Zaragoza, en Aragón, en el fútbol español, lo es. Ojalá no haya que cambiar el tiempo verbal al pretérito.

Los rosa camisón ya fueron avisados por el ágil Andorra en el minuto 3 con un disparo de Petxarromán, solo al borde del área, que detuvo Andrada abajo. Los chicos del Principado salieron avasallando a un rival muerto desde el principio. En el minuto 7, Cerdá recogió un balón en el lateral del área tras una jugada larga que venía avisando gol desde un minuto antes ante la permisividad defensiva de los de Sellés, tumbó (literal) a Aguirregabiria, regateó en carrera a El Yamiq y golpeó al contrapié de Andrada, al poste cercano. Fue un gol de calidad, pero patrocinado por una defensa de Regional.

No daban dos pases seguidos los zaragocistas. El toque del balón de los andorranos era vistoso, con tempo, con salero. En el minuto 23, tras media docena de avances peligrosos sin buen final de los Yeray, Lautaro, Min Su Kim, Petxarromán, Villahermosa y compañía, fue de nuevo Cerdá el que firmó el 2-0. Fue de cabeza, a la salida de un córner botado por Yeray que los defensas rosas y el portero (verde) defendieron con la mirada. Lamentabilísimo. Intolerable conducta.

En el 34, Lautaro encaró la portería de Andrada desde medio campo, solo, y tuvo que llegar El Yamiq desde atrás al galope para anticiparse por detrás y evitar otro tanto cantado. En el 35, Petxarroman, un lateral carrilero muy profundo, cabeceó solo, a placer, un centro al área, pero se le fue la pelota alta. Y en el 37, Yeray chutó duro desde la frontal, tocó en Insua y la pelota se fue a saque de esquina rozando el larguero. En el 44, Molina aún tendría otra más, solo en el interior del área, voleando duro, cruzado fuera por un metro. Lo dicho, un aluvión de ataques del Andorra y… nada de nada por parte zaragocista. Pero nada es nada.

No merece la pena ni desgranar puesto por puesto o línea por línea la actuación de los elegidos por Sellés. Que no se enfade nadie, porque esto es argot del de siempre, no neo: el Real Zaragoza fue una banda. Y Sellés, su director, batuta en mano, desgañitándose en la banda de Encamp sin efecto de ningún tipo en sus pupilos. Es tan duro lo visto, es tan lacerante el año que están dando los protagonistas de este esperpento continuo, que también duele ver cómo se está tratando semejante tragedia con paños calientes y un buenismo impropio de la historia de un grande como es el Real Zaragoza. Ya vale.

Rubén Sellés no cambió nada en el intermedio. Siguió con su 4-4-2 llamativo de entrada, con dos de los nuevos, Mawuli y Cumic, fuera del carril, en el banquillo. Eso era bien un acto de fe, bien un acto de bajada de brazos. El Andorra, que había apostado por un 5-2-3 que sorprendió incluso a sus habituales seguidores, también continuó con la misma pauta (como para no hacerlo, visto el éxito). El segundo tiempo empezó con los aragoneses algo más activos, con las líneas más adelantadas. Qué menos. Pero las noticias, de entrada, no solo no fueron mejores sino que empeoraron. En el minuto 50, el árbitro expulsó a Insua. Singularmente, en una acción de ataque. En un regate del central a un rival en campo contrario en el que cayó al suelo y exageró. El juez consideró que era piscinazo, simulación, y le sacó la amarilla, que era la segunda. Roja y a la ducha. Medio tiempo con uno menos.

Cuando pintaban bastos a todas caras, de repente, el Real Zaragoza fue capaz de coger la flauta del suelo y hacerla sonar. El desaparecido Dani Gómez marcó el 2-1 tras una contra de Francho, tras un control y un chut cerca de la escuadra desde el borde del área. Era el minuto 52 y, de la nada, había surgido un enganche con el partido. Tardó 10 minutos Sellés en recomponer el bloque. Jugó mientras con Akouokou como central, hasta que en el 60 metió a Gomes y retiró a un inexistente Valery. A la vez, Cuenca relevó a Soberón, mustio, apagado.

El Andorra replicó con dos llegadas buenas del coreano Min Su Kim, que desbarató Andrada en los minutos 58 y 63. La primera, a bocajarro, con el pecho. La segunda, por raso, abajo, a córner. El Real Zaragoza no pudo darle continuidad de veras a su gol. Tan solo un córner en el minuto 65 generó algo de desasosiego al portero Owono. No había ideas. Rober González, el refuerzo invernal con más chispa hasta ahora, no encontró la onda en toda la tarde. Solo Francho y sus cabalgadas, con definición no siempre adecuada, era el arma zaragocista de vez en cuando. Poca cosa. Casi nada.

A falta de un cuarto de hora, Sellés apostó por Agada y dio entrada a Terrer. El dominio era del Andorra, primero porque esa fue la tónica del duelo y, segundo, porque aprovechó su superioridad numérica. Las aspiraciones al empate, al 2-2, eran más un deseo en silencio que una deducción por el fútbol del equipo zaragocista. El paso de los minutos fue dejando en evidencia que el gol de Dani Gómez había sido un oasis en el Sahara. Ni fruto de ningún manantial de fútbol, ni derivada de una mejora desde el banquillo. Y así se llegó a los últimos 10 minutos. En busca de otra flauta. Porque el Andorra, miedoso porque también se jugaba mucho de su permanencia en esta final directa, jugó mucho a contemporizar en la segunda fase.

Moyano en vez de Akouokou fue la última bala de Sellés a falta de 8 minutos. Una falta sin remate, un córner mal sacado… por ahí fueron los tiros del deficiente plan zaragocista. Todo impulsos sin cabeza ni razón. De rebote en rebote. Sin un patron a seguir. Agada tiró un balón fuera, mal. El Andorra estuvo cerca del 3-1 ya en el aumento por medio del asiático Min. Y el pitido final dejó al Real Zaragoza desnudo de cualquier argumento. Así no se juega una final. Así no se disputa un partido decisivo. Así no ha remedio. Este equipo se le ha muerto a Sellés