LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA
Nº3 (13.8.2026)
PARTIDO OFICIAL Nº 3745
JUV. TORREMOLINOS 3-4 REAL ZARAGOZA
0-1,
min. 35: Jardí
0-2,
min. 38: Diego González
1-2,
min 45+9: Dioni, de penalti
1-3,
min. 65: Jardí
1-4,
min. 81: Saidu
2-4:
min. 85: Laca
3-4,
min. 87: Ajegún.
Ficha
técnica
Juventud Torremolinos:
Cuenca: Prevedini, Krug (Ajegún, 83), Grozdanic, Peterson (Diaby, 67); Kaptoum,
Brandes; Njalla (Moubeke, 28), Climent (Dorgu, 67); Cristian Rodríguez; y Dioni
(Laca, 83).
Real Zaragoza: Westerveld;
Sangalli, Iranzo (Tachi, 72), Diego González (H. Barrachina, 60), Pereira;
Ander Herrera (Terrer, 53), Ademo; Jardí, Vadillo (Ureña, 46); Pau Sans (Saidu,
46) y Delgado.
Árbitro: Béjar
Caballero (Comité Murciano). Amonestó a P. Sans (43), Diego González (45+8),
Diaby (72), Delgado (87), Tachi (92) y Ajegún (99).
Goles: 0-1, min. 35: Jardí. 0-2, min. 38: Diego González. 1-2, min 45+9: Dioni, de penalti. 1-3, min. 65: Jardí. 1-4, min. 81: Saidu. 2-4: min. 85: Laca. 3-4, min. 87: Ajegún.
Juv. Torremolinos 3-4 Real
Zaragoza
48 %
Posesión 52 %
6 remates totales 16
5 remates a puerta 7
1 remates fuera 3
5 córneres 5
3 tarjetas amarillas 4
0 tarjetas rojas 0
3 fueras de juego 0
17 tiros libres 16
14 saques de banda 19
16 faltas 17
4 disparos efectuados bloqueados 2
xxxxxx
Un brillante Jardí, con dos
goles y dos asistencias a Diego González y Saidu, fue clave para la primera
victoria fuera de casa. En defensa, las lesiones de Iranzo y Diego dejaron al
equipo en evidencia y estuvo a punto de perder tres goles de ventaja.
Fútbol de barrio. Fútbol de categorías inferiores. Fútbol de barro. Sin
un control claro, nunca, por parte del Real Zaragoza (ni del Torremolinos,
claro). Sin un rigor táctico y de evolución de las cosas a través de las
sustituciones. Fue como un partido de pretemporada, porque el campo de El
Pozuelo ayudaba a considerarlo así, pero con puntos en juego. Y el
descontrol vivido por momentos, en especial en el último tramo, evidenció que
el marcador salió 3-4 como, según hubiesen sido las cosas en fogonazos
puntuales, pudo haber terminado de un modo bien diferente.
El primer tiempo fue una sobredosis de Primera RFEF en toda la regla.
Un atracón de sabores, olores y sensaciones nunca vistas en un partido de liga
del Real Zaragoza. Ese espacio duró 58 minutos, casi una hora, algo muy
propio de la división, como se advirtió desde el verano. Entre la pausa de
hidratación (jugar en la Costa del Sol a las 4 de la tarde en verano solo se le
ocurre al que asó la manteca), un cambio en el cuadro malagueño, un par de
asistencias de jugadores, dos pasos por el VAR barato del árbitro y demás
zarandajas, al murciano Béjar Caballero se le fue la romana.
Y en esa hora de incidencias pasó de todo. De entrada, el Real
Zaragoza entró mal en el partido, despistado en un campo de cuarta o quinta
categoría aún en obras de remodelación. Y pudo ponerse a remolque en el
minuto 6, pues encajó un gol de cabeza, anotado por Dioni, que lo mismo que se
pitó fuera de juego hubiese pasado sin demasiada polémica si se hubiese dado
por válido. Ahí andaba la regla con el cartabón. El linier levanto la bandera y
los árbitros aquí, en este nivel, difícilmente se rectifican a sí mismos. Fue
un alivio, porque Westerveld estaba nervioso, se comió malamente el centro por
arriba y ese 1-0, disuelto finalmente, podría haber generado un terremoto.
El equipo de Ibai Gómez, con la banda derecha totalmente cambiada
(Sangalli y Jardí fueron sus opciones), con Pereira por la izquierda y Ademo
junto a Ander Herrera en la medular, estuvo espeso hasta casi el cuarto de
hora. Solo una acción de Delgado en el minuto 13, que paró Cuenca, el
portero local, sin problemas, había dado señales de vida reales en el área
andaluza. Dioni aún metió miedo en el minuto 17 en una llegada que resolvió
mal, a las manos de Westerveld. El cuadro aragonés dominó siempre, tuvo la
pelota muy al gusto de Gómez, pero sin encontrar finalizaciones potables. En
terrenos estériles.
De un largo rato de querer y no poder, de un fútbol de hojalata y latón,
surgió un arreón zaragocista que se transformó en dos goles seguidos. Del
preocupante 0-0 al 0-2 en una horquilla que fue del minuto 35 al 38. El
marcador lo abrió Jardí, con un buen zurdazo aderezado de fortuna. Dio en
la espalda del central Grozdanic, le hizo la parábola al portero Cuenca, golpeó
en el palo y entró mansamente, a cámara lenta, a las cortas redes de El
Pozuelo. Y cuando los locales aún estaban groguis, el zaguero Diego González
remató con un gran testarazo en el área chica un córner botado por Jardí. Gol y
asistencia del catalán, buen balance en un plisplás.
En ese punto, parecía que el duelo estaba totalmente encarado por el
Real Zaragoza, ante un Torremolinos siempre agazapado, a la espera de
contragolpes que no encontró más allá de cuatro o cinco veces. Pero esa recta
final del primer periodo, enorme, se le acabó atragantando a los aragoneses. En
el minuto 50, una incursión del local Brandes, en pugna con Diego González,
acabó con un toque del balón en el brazo derecho de este. Y los andaluces
pidieron VAR. Tras tres minutos de disquisiciones, los árbitros sí que variaron
su primer criterio y pitaron penalti. La pena máxima se acabó lanzando 9
minutos más allá del 45. Dioni engañó a Westerveld y, por arriba, hizo el 1-2 y
metió a los del Juventud en un guion de partido que habían extraviado.
Al intermedio se fue pidiendo una tarjeta roja a Brandes por un
plantillazo a Sans. El Real Zaragoza perdió una tarjeta azul de las dos que tiene para el
VAR. Y la gente se marchó exhausta por el calor rumbo a los vestuarios, con la
impresión entre los zaragocistas de haberse metido, quizá, en un lío serio con
ese gol postrero encajado sin saber bien cómo. Ahí, Ibai Gómez tenía programado
un doble cambio: metió a Saidu y Ureña y retiró a Sans y Vadillo. O sea, quitó
al mediapunta y colocó por primera vez un trivote en medio campo para meter
cemento a costa de perder mordiente.
El segundo tiempo comenzó como el primero, con el Real Zaragoza de nuevo
ido de órbita. No piso el campo rival con la asiduidad de la primera mitad. Enseguida
pareció que lo del cambio táctico no daba resultados. Aun así, en una contra
rápida de Jardí, su centro lo cabeceó en carrera Delgado, fuera rozando el
poste derecho en el minuto 50. Ahí se pudo volver a ganar terreno claro hacia
el triunfo, pero no tuvo tino el ariete sevillano. Y, pronto, llegaron dos
desgracias en forma de lesiones musculares. La primera, de Ander Herrera en el
minuto 52. Se fue al suelo y denunció la enésima reedición de sus males en un
muslo. Y la segunda, tras un despeje forzado, la de Diego González en el 54.
Aguantó un rato y acabó pidiendo la sustitución. Entraron Terrer y Barrachina
y, de este modo, la propuesta del Real Zaragoza para la última media hora
-larga- era bien distinta a la inicial.
El envite alcanzó el minuto 65 sin que hubiese nada que anotar. Poca
chicha. Los del Torremolinos se fueron más arriba, pero en ningún momento
lograron armar una sola jugada de peligro serio para Westerveld. Y ahí apareció
el mismo protagonista que desatascó la cosa con el 0-0 en momentos de cierta
zozobra. O sea, Jardí. Hubo una falta a casi 30 metros cometida sobre Saidu y
el extremo no dudó ni un segundo. Una de sus especialidades son las faltas. Ya
era hora, por cierto, tener alguien así. Jaume la colocó en la escuadra
derecha con una rosca perfecta que pilló oxidado a Cuenca bajo palos. Fue el
1-3 a falta de 25 minutos, un bálsamo, mano de santo.
Mucho más porque el asunto muscular, las lesiones del demonio, volvieron
a golpear en zona sensible: Iranzo, otro central, tuvo un problema en un
muslo y acabó también sustituido por fuerza en el minuto 72, en su caso por
Tachi, por lo que la tarde acabó con la misma defensa que padeció el primer día
en Tarragona. De una fase que incluso causó sopor, llegó el 1-4 que pareció
apuntillar al Torremolinos. En una buena jugada gestada por Ureña en el
minuto 81, con un pase al espacio a Jardí excelente, el centro de este lo
cabeceó picado Saidu y superó cruzado a Cuenca.
Pero la Primera RFEF, en una tarde tan pedagógica, reservaba más
peripecias para el Real Zaragoza. A falta de 9 para el tiempo reglamentado el
marcador era 1-4. A falta de 3 para ese minuto 90, la cosa se puso 3-4.
Increíble desconexión de la zaga zaragocista, con Tachi y Barrachina de nuevo
señalados (entre otros). Laca marcó el 2-4 a puerta vacía en el 85 tras
ganarle la espalda a los centrales su colega Ajegún en una pelota larga. Y
el mismo Ajegún, en el 87, cabeceó el 3-4 a centro de Moukele en una acción que
se revisó en el VAR pidiendo fuera de juego preliminar. En las protestas del
banquillo aragonés acabó expulsado el delegado Alberto Belsué. Y el aumento se
fue a los 8 minutos. Otra barbaridad.
Los últimos minutos fueron un padecimiento tremendo para los
zaragocistas. El Torremolinos achuchó sin cesar y los de Gómez se acularon sin rubor.
Fue un epílogo propio del global de este inusual e inédito partido en El
Pozuelo, fútbol de barrio, balompié de ambigú, público de pie tras la valla,
una pareja de espectadores bajo una sombrilla de playa naranja que montaron en
un córner y goles a gogó. Fútbol de serie C.
Lo más importante, sin duda, el triunfo. Este año, en Primera RFEF, al Real Zaragoza solo le sirve esto. Ganar y ganar y ganar y ganar… Da igual cómo. Este partido de Torremolinos será utilizado sin duda como paradigma de esta tesis durante cualquier momento del curso. Fue una cátedra de las hechuras de esta categoría.





















