PRETEMPORADA
2026/27 7º AMISTOSO (15.8.2025)
VILLARREAL B 0-2 REAL ZARAGOZA
0-1, min. 32: P. Sans
0-2, min. 71: Cuenca
Ficha
técnica
Villarreal B: Kinareykin (Quevedo,
68); Arnau Forés (Jan, 57), Diallo (Palomares, 57), Álvaro
García (Alcaide, 57), Ortiz (Luque,
73)); Pascual (Valen, 68); Nizar, Baratucci (Manfa,
57), Bonafé (Fofana, 57), Gaitán (Barry, 68); y Albert
García (Ayman, 68).
Real Zaragoza: Westerveld;
Gabilondo, Tachi (Saidu, 42), H. Barrachina, Escudero (Lalo Arantegui, 79);
Ander Herrera (Tobajas, 59), Monzón (David García. 79); Jardí, Ademo (P. Sans,
21), Hansson; y Cuenca (Laken Torres, 79).
Árbitro: Tárraga Lájara
(Comité Valenciano). Amonestó a Ander Herrera (25), Jardí (29), Baratucci (48),
Gaitán (66) y Manfa (80).
Goles: 0-1, min. 32: P. Sans.
0-2, min. 71: Cuenca.
Otra victoria del Real Zaragoza basada en fogonazos aislados: 0-2 en Villarreal
Sans en la primera parte y
Cuenca en la segunda marcaron los goles de un equipo con más empaque que el del
día anterior en Logroño, con el portero Westerveld en modo salvador, evitando
tres goles de los locales en sus momentos de dominio claro. Tachi y Barrachina
también sacaron dos balones en la raya.
La
victoria del Real Zaragoza por 0-2 en el campo del Villarreal B tiene
su punto de amarre ilusionante, si así se quiere ver, pero deja a la vista (y
escondidos, que es lo más peligroso) diversos problemas de concepción
futbolística de la actual plantilla. Fue otro triunfo basado en fogonazos, sin
prestancia en el fútbol desarrollado y con el flotador del portero Westerveld en
tres intervenciones salvadoras, a las que se añadieron dos balones sacados bajo
palos por Tachi y Barrachina.
El nuevo once inicial de Ibai
Gómez, totalmente distinto al de un día antes en Logroño, presentó en líneas
generales los mismos trazos que su predecesor en el tiempo. Dificultades para
salir desde atrás con el balón jugado desde el portero, esta vez Westerveld,
con hilvanes constantes con los centrales (Tachi y Barrachina), con el medio
centro que viene a buscar la pelota (Ander Herrera) y los laterales, esta vez
Gabilondo y Escudero. La presión del Villarreal B impidió una evacuación
rápida de los muchos saques de fondo zaragocistas, teniendo que recurrir como
remedio último al pelotazo del agobiado de turno. Esto va a requerir muchas
horas de ensayo, como una orquesta sinfónica para una ópera, solo que aquí
cabe la duda de si los músicos están para tal encomienda o no.
En la medular, con el citado
Ander y el joven Monzón, apenas un par de gambeteos del primero sin conclusión
feliz al inicio del duelo y un buen pase al espacio del segundo hacia Cuenca
que no llegó a su destino ideal fueron la fábrica futbolística de lo que se
entiende como sala de máquinas. En la bandas, fallón Jardí e inexistente, hasta
bien avanzado el partido, Hansson, al que no hay manera de encontrarle la
gracia desde julio. En punta, el referido Cuenca no anduvo fino y, como
enganche tras él, Ademo no tuvo tiempo de nada al caer lesionado en el minuto
20 y pedir el cambio. Su relevo, Pau Sans, acabó siendo el autor del único gol
antes del descanso, o sea, con ese duende que casi siempre tuvo el zaragozano
desde hace cuatro años largos.
El
extracto de la primera parte fue parecido al de Logroño 24 horas antes. Mejor
combinación y llegada del rival, el Villarreal B, que metió muchos minutos
atrás del todo a la zaga zaragocista que blandeó por lo laterales, Gabilondo y
Escudero, sufridores ante un gran Gaitán y Nizar El Jmili. Eso se
tradujo en un carrusel de opciones de gol que, como otros rivales este verano,
los castellonenses fueron errando una tras otras, con la buena actuación de
Westerveld en dos paradones por alto de categoría.
El primer cuarto de hora fue
de tanteo, con iniciativa local y repliegue aragonés en un correcalles sin
control favorecido por el viento de tormenta que hizo un conejo del balón. La
lluvia, recia por momentos, deslució muchas fases de ese periodo inicial. Hasta
el minuto 16 nadie se movió en ataque con firmeza. Ademo lanzó desde 25 metros
un disparo flojo, malo, y paró el portero ucraniano Kinareykin sin problemas.
La respuesta amarilla tuvo dos disparos seguidos en el 17 y el 19 que
Westerveld solventó para bien zaragocista. El primero, de Pascual desde la
frontal del área, un voleón que echó a córner por encima del larguero en gran
estirada. Y el segundo a cabezazo de Bonafé, en un centro de Nizar, que el
holandés detuvo en dos veces.
El Zaragoza perdió la brújula
por completo y estuvo a merced de las individualidades villarrealenses. La
lesión prematura de Ademo, en el minuto 20 con un problema con pinta muscular,
ayudó al desconcierto. Fue suplido por Sans. En eso, Gaitán dribló por enésima
vez a Gabilondo, entró en el área en el minuto 24 y su remate colocado que iba
dentro lo sacó con el cuerpo Tachi casi en la raya cuando todos cantaban el
1-0. En el 27, el argentino Baratucci lanzó con intención desde la corona
y Westerveld evitó el tanto por encima del travesaño otra vez.
Cuando la lógica hacía pensar
que, si alguien marcaba, iba a ser el Villarreal B, el fútbol demostró que es
un deporte insondable, que no atiende al sentido común muchas veces. El
que hizo el 0-1 fue el Real Zaragoza en una llegada aislada a balón parado. Una
falta lejana, centrada, a 35 metros del portal local, la bombeó Ander Herrera,
fue rechazada mal y en corto por la zaga filial y la pelota muerta en el punto
de penalti la introdujo en la malla Pau Sans a la primera, a media altura
pegada al palo derecho. Era el minuto 32 y se puso por delante el que
menos méritos había adquirido y menos había propuesto.
De ahí al descanso, el
Villarreal notó el mazazo pero aún tuvo en la pierna derecha de Bonafé el
empate en el minuto 35, solo, con Westerveld fuera del marco tras un pase atrás
de Nizar desde el fondo, remató a placer y el cruce de Barrachina con el cuerpo
resultó providencial para abortar otro gol hecho. La desgracia en forma de
lesión tuvo repetición en el minuto 40 cuando Tachi, al despejar por
arriba un balón peligroso en una melé en el área zaragocista, recibió un
punterazo de Albert García en la cara (sin querer) y sangró de manera
aparatosa hasta que se le paró la hemorragia. Fue sustituido por Saidu en
el 42. Sí, Saidu, que se fue lesionado un día antes en Logroño, fue el único
que repitió viaje a instancias del área futbolística y, como se ve, para repetir
minutos por fuerza.
En el intermedio no hubo
relevos en ningún equipo. Y el segundo tiempo se reanudó con, otro día más, las
mismas hechuras con las que se desarrolló el primero. No logra Ibai Gómez por
ahora modificar e intervenir visiblemente en los tiempos de pausa. Todo es
demasiado plano y previsible, reiterativo. La primera ocasión cristalina de gol
la tuvo el Villarreal B, por medio de su ariete Albert García, a quemarropa en
el área pequeña tras centro de Nizar en el minuto 51, pero se topó con
otro paradón salvador de Westerveld en la raya, abajo del todo, que parecía un
imposible por la cercanía del remate.
El Real Zaragoza intentó un
par de jugadas de esas que tiene idealizadas Gómez, rápidas, verticales, con
llegada en cuatro pases del área propia a la del rival. Pero la culminación de
esos unicornios azules, obras casi imposibles en estos niveles, no la
definieron bien Jardí y Cuenca, respectivamente. Eso sí, sirvieron para
que quedase el poso de que, de vez en cuando, sí es posible ver una combinación
decente que haga tilín al ojo del observador. Algo es algo, aunque no rente por
ahora.
Se encaró la media hora final,
bajo el agua tormentosa incesante, con cinco cambios en los locales y el
descanso a Herrera, difuminado hacía rato, dando entrada a Tobajas. En esta
fase de transición del guion general, en el minuto 62 el Villarreal rondó de
nuevo el gol por medio de su mejor hombre, Gaitán, que condujo hasta la frontal
ante una pasiva defensa zaragocista y remató raso rozando el poste derecho,
fuera. Ahí acabó la iniciativa castellonense porque Albelda hizo otra
tacada de cinco cambios más en el 68 y desmontó su chiringuito por completo.
Enseguida, en ese barullo
amarillo, el Real Zaragoza encontró el 0-2. Lo hizo Cuenca en el
minuto 71, tras recibir un pase al espacio de Hansson, que por fin apareció a
gotitas en este segundo tiempo del séptimo amistoso del verano. Encaró al
portero Quevedo, lo regateó en el área y chutó mordido, raso, muy lentamente,
haciendo sin querer el contrapié al defensa Palomares que corría para tratar de
evitar el tanto.
Este gol dejó la moraleja del
día, que recoge todo lo visto en lo que ya va de pretemporada: el Real
Zaragoza tiene muy poco fútbol, no gobierna los partidos, permite mucho a los
rivales, sufre atrás, pero no encaja demasiado y, cuando llega arriba, está
mostrando pegada con un porcentaje mayor a lo vivido en años precedentes. Esto,
en amistosos de agosto. En la liga será otro cantar. Conviene no dejarse
engañar por esta tendencia, que tiene cimientos de margarina de no mejorarse
notablemente cuestiones nucleares.





