LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA
Nº7 (11.9.2026)
PARTIDO OFICIAL Nº 3748
AT. MADRILEÑO 4-4 REAL ZARAGOZA
1-0, min. 7: Kamate
1-1, min. 23: Espiau
2-1, min. 55: Doménech
2-2, min. 67: Iranzo
3-2, min. 75: Miguel Gil
4-2, min. 87: Muñoz
4-3, min.99: Iranzo
4-4, min. 102: Jardí, de
penalti
Ficha Técnica
Atlético Madrileño: Astrálaga; Romeo Hueso, Antal Yaakobishvili
(Lis, 53), Miguel Gil, Solá; Thiago Helguera (Álvaro Justo, 72), David García,
Alcañiz (Seidu, 79); Kamate (Muñoz, 79), Doménech (Mota, 79); y Cubo.
Real Zaragoza: Westerveld; Sangalli, Iranzo, Diego González,
Pereira (Cuenca, 82); Ademo, Terrer (Saidu, 82); Jardí, Rubén Díez Jamelli (P.
Sans, 69), Ureña (Barrachina, 46); y Espiau (Delgado, 69).
Árbitro: Aranda Delgado (Comité Andaluz). Amonestó a Alcañiz (32), Ureña (38),
Muñoz (80) y Seidu (97).
Goles: 1-0, min. 7: Kamate. 1-1, min. 23: Espiau. 2-1, min. 55: Doménech.
2-2, min. 67: Iranzo. 3-2, min. 75: Miguel Gil. 4-2, min. 87: Muñoz. 4-3,
min.99: Iranzo. 4-4, min. 102: Jardí, de penalti.
AT. Madrileño 4-4 Real Zaragoza
35 %
Posesión 65 %
15 remates totales 16
7 remates a puerta 8
6 remates fuera 4
3 corneres 6
3 tarjetas amarillas 1
0 tarjetas rojas 0
1 fueras de juego 3
14 tiros libres 18
23 saques de banda 18
18 faltas 14
4 disparos efectuados bloqueados 3
xxxxxx
El Real Zaragoza suma un punto de campeón con dos goles fuera de tiempo en Madrid
Los aragoneses empataron 4-4
en el campo del Atlético Madrileño un partido que perdían 4-2 en el minuto 99.
Fue un partido loco, bello, vintage, en el que Jamelli falló un penalti
mucho antes del desenlace.
Milagroso, inenarrable, magnífico. El 4-4 que se llevó el Real Zaragoza
de Alcalá de Henares, en un partido para el recuerdo por su formato de otros
tiempos, es una señal divina. La crónica que sigue aclara la razón.
Bonita de ver resultó la primera parte. Es esto un suceso tan escaso en
los últimos tiempos -lo de ver buen fútbol-, que se agradeció una barbaridad.
El Atlético Madrileño juega fino y con solera antigua, un 4-3-3 que hace
remover los viejos posos del fútbol de verdad. Y el cuadro zaragocista, como se
viene comprobando desde hace un mes, tiene un mecanismo que en esta categoría y
con los futbolistas que está mezclando poco a poco Ibai Gómez, le da para tener
fases de superioridad con el balón y llegadas al área rival, siempre garantía
de que pasen cosas.
En esta burbuja global, ciertamente el Real Zaragoza empezó mal. Se le
atragantó de entrada el planteamiento de los de Fernando Torres. Y encajó el
1-0 muy pronto, en la primera llegada de los rojiblancos (como en Tarragona en
el estreno del curso y como el otro día ante el Teruel, o sea, no es ya
accidental). En el minuto 7 ya ganaban los locales con un gran gol del
francomarfileño Kamate, que superó por raso y cruzado en el área a Westerveld
tras un pase al hueco de Thiago Helguera magnífico a espaldas de un sufridor
Pereira. Los dos extremos atléticos, el citado africano por la derecha y
Doménech por la zurda, fueron dos puñales, con Cubo como ariete sujetando a los
centrales zaragocistas.
Le costó espabilar a los aragoneses. Aturdidos por ese mazazo, de nuevo
en obligación de remontar, el medio campo tuvo poca fábrica de fútbol en el
eje. Ademo y Terrer debieron imponerse más a un único rival ahí, David García,
pues Helguera y Alcañiz, dos interiores volcados a las bandas, no taponaban en
fase defensiva. Sin embargo, cuando el balón era colchonero, quienes sufrían
eran los laterales zaragocistas. Fue un duelo de desigualdades precioso de ver.
Espiau, otra vez titular, probó suerte en el minuto 10 desde la frontal pero
detuvo Astrálaga abajo el primer chut que abría la sesión atacante de los de
Gómez.
Doménech tuvo el 2-0 en el minuto 16, ganando el velocidad al retroceso
a Sangalli tras otro pase al espacio (hizo daño a la zaga aragonesa este
método), pero su disparo en la frontal, solo, se le marchó cruzado a metro y
medio del poste derecho. Y en el ida y vuelta que se gestó a partir de ahí el
que atinó y alivió su situación puntual fue el Zaragoza con el 1-1. Lo hizo
otro día más Espiau, que está con cierto duende favorable pese a que su cupo de
errores en acciones potables sigue aumentando. El ariete canario, en el 23,
remató con la derecha un centro de Rubén Díez Jamelli, tras jugada de Jardí, y
el balón entró pegado al poste derecho tras no poder atajar el portero
atlético. La igualada llegó pronto, pero igual de pronto pudo disolverse.
Porque Doménech volvió a perdonar, esta vez en un mano a mano flagrante
en el minuto 25, el 2-1, casi nada más sacarse de centro. Le volvió a ganar la
retaguardia a Sangalli y a un dubitativo Diego González y, tras pensar qué
hacer en carrera, eligió tirar por alto y se le marchó la pelota a dos palmos
del larguero, por encima. La réplica aragonesa la puso por dos veces Espiau,
pero con mucho menos tino que en el tanto anterior. En el 29, a puerta vacía en
el segundo palo tras un centro maravilloso del ágil Ureña, cabeceó fuera del
marco con todo hecho. Increíble marro. Y en el 32, de nuevo el grancanario,
arrancó mano a mano y, ante Astrálaga, no cogió puerta.
La primera mitad, movida y sin dueño claro, concluyó con otra
oportunidad del referido Doménech, que se quedó ante Westerveld tras una
asistencia precisa de Alcañiz que superó a Sangalli y Diego otra vez. Cuando
iba a fusilar el segundo gol, apareció providencialmente viniendo desde atrás
Ademo rebañando una pelota salvadora. Era el minuto 43 y el nigeriano solucionó
un problema mayúsculo con una acción defensiva de valor gol.
El asunto táctico lo vio claro Ibai Gómez. El 4-3-3 vintage
(bendito baúl de los recuerdos abierto por Fernando Torres, por cierto) lo
tenía atravesado en la garganta y algo debía mover. Sorprendió la decisión del
bilbaíno: retiró al amonestado Ureña, el mejor en ataque, y puso a un tercer
central en juego: Barrachina. Pensó que así taparía mejor esos ataques locales
donde Kamate, Cubo y Doménech llegaban en tromba, a la antigua usanza, por tres
carriles diferentes. Volcó a Diego González en ataque al puesto de lateral
izquierdo y subió a Pereira de extremo cuando gobernaba el balón el Real
Zaragoza. Una singularidad que presentó interés por ver cómo salía.
La primera opción de gol la tuvo precisamente Pereira, en posición de
‘9’, tras una contra montada en un eslalon brillante de Iranzo, con pase a
Jardí en el área. Era el minuto 54. El catalán remató cruzado, rechazó abajo
Astrálaga y dejó la pelota muerta en el punto de penalti, a bote, para que
Pereira la metiese dentro. Pero en gaditano la echó arriba, no puso el cuerpo
en condiciones y falló un tanto imperdonable. Las cosas de que un defensa haga
de delantero centro. Zapatero a tus zapatos.
Y la noche estaba para los detalles. El correcalles de lado a lado era
un concurso de tiro al plato. El más fino con el gatillo y la mira iba a
llevarse el premio gordo. Tras ese perdón del 1-2, en la acción siguiente
(minuto 55), Doménech por fin vio puerta y firmó el 2-1 al adelantarse a
Sangalli en un centro de Romeo Hueso al palo de atrás. Su derechazo ni lo vio
Westerveld.
La tómbola no paró ahí. El mismo Doménech, que pudo haber salido a
hombros por la puerta grande, erró el tercer gol madrileño en el 59, en otro
mano a mano (jugada más repetida de la velada) que salvó Westerveld con la mano
derecha en su salida. Y, el vaivén de sensaciones llevó el guion a otra
incidencia importante en la otra área: en el 62 se pitó penalti a favor del
Real Zaragoza por derribo de Gil a Jamelli, clarísimo pese a que se revisó por
el FVS. La cosa es que el propio Rubén Díez lo falló. No es lo normal en él,
pero lo hizo. Se lo paró Astrálaga en el 66, cuando por fin se tiró. Ese
asidero al empate desaprovechado por el Real Zaragoza pudo haber sido letal.
Pero tuvo reparación enseguida dentro de la montaña rusa de la trama de este
duelo.
No bajó los brazos el equipo zaragocista y, en una jugada que de origen
vino montada al revés, un centro de Espiau desde la banda (sí, el ariete) lo
cabeceó impecablemente a la red el defensa central Iranzo, viniendo como una
locomotora desde atrás. En el minuto 67, segundos después del error desde 11
metros de Jamelli, esta rareza arregló el posible bajonazo moral y metió de
lleno al Zaragoza en la pugna por el triunfo. Aprovechó Ibai Gómez para cambiar
dos piezas y dar entrada arriba a Sans y Delgado por el abatido Jamelli y
Espiau.
El mono de los platillos que manejaba desde algún mando a distancia el
devenir de este partido tuvo la ocurrencia de que, cuando el Real Zaragoza se
venía arriba y los colchoneros andaban groguis, el que iba a marcar era el
Atlético Madrileño. En un córner muy mal defendido por tanto central
zaragocista, uno de los del filial rojiblanco, Miguel Gil, cabeceó por alto a
las mallas el 3-2 en el minuto 75. No había quien controlase este duelo abierto
como pocos entran en docena.
Se entró en los últimos minutos con Saidu y Cuenca supliendo a un
apagado Terrer y al lesionado Pereira. El Real Zaragoza acabó partido,
demasiado alborotado. Y ello derivó en una contra local, con blandura defensiva
por el centro, que acabó rematando a gol en el 87 Muñoz tras el rechace del
poste de un tiro cruzado de Mota. Fue el 4-2, tras otro paso inacabable por el
monitor del VAR de charlotada. Hubo 10 minutos de aumento. Los del milagro
mariano. En un estado global de locura, Iranzo, en el 99, volvió a cabecear a
gol el 4-3 y metió cicuta hasta el pitido final, tras una falta lateral. Quedaba
solo un minuto. Y en ese resquicio, Cuenca entró en el área y fue zancadilleado
por Gil. Otro penalti a favor. Esta vez, en el 102, lo tiró Jardí para llevar
el delirio a la afición zaragocista con un increíble 4-4 en un alargue
descomunal. Un punto con en manto de la Virgen del Pilar. Quedaban minutos para
que fuesen las 00.00 y empezara el día grande de esta tierra. Ojalá sea un
guiño celestial.








