
LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA
Nº9 (23.9.2026)
PARTIDO OFICIAL Nº 37450
CE EUROPA 0-1 REAL ZARAGOZA
0-1, min. 79:
Álex Cano, en propia puerta
Ficha técnica
CE Europa: Nil Ruiz; Coto (Cadenas, 86), Álex Cano,
Sgró, Campeny, Padillo (Tolosa, 78); Morales (Expósito, 86), Gori; Ribeiro,
Teto (Mascaró, 62); y Khalid Noureddine (Youssif, 78).
Real Zaragoza: Westerveld; Sangalli, Iranzo, Diego
González, Pereira (Tobajas, 78) Ander Herrera (Delgado, 65), Terrer, Saidu
(Rubén Díez Jamelli, 55); Jardí (Cuenca, 78), Ureña (P. Sans, 55); y Espiau.
Árbitro: Ortega Herrera (Comité Valenciano). Amonestó a
Terrer (72), Tobajas (92) y Tolosa (93).
Goles: 0-1, min. 79: Álex Cano, en propia puerta.
CE Europa 0-1 Real Zaragoza
33 %
Posesión 67 %
8 remates totales 9
1 remates a puerta 2
6 remates fuera 5
1 corneres 3
1 tarjetas amarillas 2
tarjetas rojas
2 fueras de juego 2
10 tiros libres 8
30 saques de banda 27
8 faltas 10
10 disparos efectuados bloqueados 5

Tres puntos de oro para el Real Zaragoza en un partido de muy bajo nivel en Barcelona
Un gol en propia puerta del
Europa a falta de 11 minutos dio el triunfo a un plomizo Real Zaragoza, sin
fútbol ni brillos, que sigue viento en popa por galones y peso específico.
Tres puntos más para el líder Real Zaragoza en Primera RFEF. Los logró
en el campo del Europa, en Barcelona, ganando 0-1 dentro de un fútbol lleno de
espesura y dificultades, en un terreno de juego singular, que casi se le
terminó atragantando.
Un dolor de muelas, mezclado con un cólico renal y coincidente con un
golpe en la rodilla contra la esquina de la mesilla de noche. Así se define el
ejercicio de aguantar despierto, con interés por ver por dónde rompían (o
podían romper) las cosas en este partido de fútbol -o lo que quiera que fuese-
entre el Europa y los atribulados muchachos de Ibai Gómez. El tostón fue del
tamaño de la cercana Sagrada Familia. Un monumento bizarro al fútbol a granel,
sin marca ni empaquetado. A saco. Aseguro al lector que no hay ningún afán de
hipérbole, es pura descripción.
Ibai Gómez se equivocó al plantear el partido ante un rival que se sabe
inferior y que apostó por defender atrincherado con orden alrededor de su área
con un 5-4-1 muy junto, creando una tela de araña tupida. Esto era previsible. Gómez
apostó por Saidu como mediapunta y se cargó a Rubén Díez Jamelli. Se parecen
como un huevo a una castaña. Y cantó como una cigarra el marro en la elección
del técnico.
En vez de abrir el campo (que no es muy ancho, lo de Can Dragó, estadio
de atletismo, es un poema para asumir el fútbol), Ibai quiso jugar siempre por
el centro. Ander Herrera, que volvió a la titularidad tras muchas semanas, vino
atrás a sacar la pelota en corto siempre, peloteando con los centrales Iranzo y
Diego González, también con Sangalli, que se quedaba por allí. Dieron mil pases
entre los cuatro. ¿Y qué? ¿Para qué? Un tiquitaca en 10 metros, en el círculo
central, que parecía a veces una broma al público, una provocación. Luego, los
datos de los GPS darán unos números fabulosos para que los ingenieros del
neofútbol armen unos relatos fabulosos (de fábula, quiero decir), pero eso no
es fútbol de verdad. Es circo. Malabarismo de primero de bolos y pelotas.
Inservible. Inútil. Ah, y a cámara lenta, con momentos que destilaron hasta
desgana. A esto se debe jugar mucho más deprisa. Si no, es fútbol de laboral,
de veteranos, del de almuerzo y chupitos al final de la cita.
Puesto ya el contexto, los datos potentes fueron cristalinos. El Real
Zaragoza no tiró a puerta ni una sola vez en los primeros 45 minutos. Se fue al
descanso sin pisar el área del Europa en jugada combinada. Sus extremos, Jardí
y Ureña, fueron piezas inexistentes. Nadie se fue de un rival en un encare, en
un regate, en una acción individual. Y los pases fueron siempre fáciles, sin
traspasar líneas, sin inquietar al portero catalán, que hubo que mirar en el
intermedio para recordar que se llamaba Nil Ruiz.
Por el contrario, el defensivo Europa, en el que solo destaca algo con
la pelota el mediocampista exzaragocista Gori, con la velocidad del extremo
Ribeiro como referencia a la contra, sí que fue capaz de pillar cuatro veces
las espaldas de la defensa aragonesa y rondar el gol. En el minuto 9, Ribeiro
arrancó al espacio desde medio campo, chutó de rosca al llegar al área, fuera
por centímetros. Se le pitó fuera de juego pero, si llega a entrar, el litigio
hubiese sido de órdago, pues era dudoso. En el minuto 32, Teto rompió casi
media hora de tedio absoluto, de somnolencia (por las horas, también) con un
cabezazo a placer en el punto de penalti tras un centro de Gori que se le fue
pegado al poste derecho por un palmo. El susto para el aburrido Westerveld fue
gordo. Como en el 38 lo provocó Padillo, carrilero zurdo que se comió varias
veces a Sangalli en velocidad y, en esta, remató cruzado, fuera por medio metro
con todo a favor. Había vulnerabilidad en la zaga tomate (de rojo fue el Real
Zaragoza).
En el 43, Padillo repitió ocasión, desde el pico del área, con una rosca
que salió de nuevo fuera por poco. Era doloroso ver cómo el Real Zaragoza era
incapaz de casar el más mínimo provecho a un 80/20 de posesión, sin
imaginación, sin iniciativas ofensivas válidas y, en frente, había un equipo
modesto que, con cuatro palos y una caña, había montado un engranaje que estaba
sujetando sin sufrir a los zaragocistas y, además, no estaba por delante en el
marcador de chiripa. Solo en la última acción previa al intermedio Jardí tuva
una oportunidad al quedar un balón muerto en el área tras el único córner
forzado por los de Ibai. Pero su remate dio en el cuerpo del central Sgró y se
marchó fuera del marco. El saque de esquina ya no se botó y el árbitro pitó el
final. Fue un alivio para la vista. Dolían los ojos de ver semejante sopicaldo
que se había presentado como un apasionante partido de fútbol.
El segundo tiempo se reanudó sin sustituciones en ninguno de los dos
equipos. Como si, por un lado, todo fuera según lo programado correctamente y,
por otro, los técnicos esperasen (especialmente Gómez) a que el asunto se
arreglase por sí solo, en una explosión súbita de fútbol de calidad y llegadas
constantes al área barcelonesa. Al encarar la fase definitiva del duelo, se
podía colegir un día más que a este Zaragoza, aun en días de tan poca
generación, le da de sí para sostener el 0-0 y no verse penalizado gravemente. En
estos devaneos propios del aburrimiento, pasaron diez minutos sin nada que
llevarse a la boca. Más de lo mismo. Y ahí, Ibai Gómez decidió un doble cambio,
por fin: Sans y Jamelli suplieron a Ureña y Saidu en el 55. Era algo así como
aquellos golpes que se le daban en un lateral a la televisión cuando fallaba en
los años setenta y ochenta y que, a veces, servían para que funcionara mejor.
Se probó a centrar balones aéreos en busca de alguna cabeza salvadora.
Terrer tuvo una de esas opciones, sin éxito. Todo seguía haciéndose demasiado
pausado, con exceso de parsimonia. El Europa perdió por un problema en un
hombro a Teto, uno de sus desahogadores a la hora de salir hacia el marco
aragonés, en el minuto 62. Como nada mejoraba, Ibai siguió sacando ingredientes
de la caja mágica. Puso al ariete Delgado y retiró a Ander Herrera, o sea,
metió dos puntas puros y limó piezas sin provecho por el medio. Alboroto en
busca de que los higos cayeran del árbol a golpetazos, ya que era no posible
con pericia.
Se entró en los últimos 20 minutos con el Europa mucho más fijado en
defender el empate que con esa estimulación que mostró en el primer tiempo para
salir al contragolpe de vez en cuando. El punto era oro molido para los
catalanes. El Real Zaragoza tardó en asimilar los cambios de Ibai, su juego
estaba atragantado desde el inicio de la sesión nocturna en Barcelona. Hasta el
minuto 71 no surgió un primer agujero en el hormigón defensivo local y Espiau,
a espaldas de los centrales, se fue solo hacia Nil Ruiz, pero el portero local
salvó con las manos el remate del canario. Ahí pudo romperse por primera vez a
favor de los zaragocistas el partido. Ya se sentía el vértigo en los defensas
del Europa.
En el 75, no obstante, replicó el cuadro local tras un córner, con un
disparo colocado de Campeny desde 20 metros que rozó el palo derecho. El
cansancio hizo también aparición en muchos protagonistas y se abrieron los
espacios habituales en las rectas finales de todos los partidos. Ibai buscó el
acoso y derribo postrero, al más puro estilo de la competición de tercera: casi
todo pasa al final, pocas cosas suceden al inicio y durante largo tiempo. Metió
a Cuenca por el apagadísimo Jardí y a Tobajas por Pereira. Más pasos adelante.
Y este Real Zaragoza con el viento de cola desde septiembre encontró al
genio de la lámpara en un córner. Otra vez a balón parado. Había una gatera
para ganar en la defensa escapulada y era por alto en la estrategia. Un córner
lanzado al área chica local lo cabeceó Diego González, ayudado por Álex Cano,
para que fuese rumbo a la red en el 79 y ejerció de borrador de pizarra, de
aquellos de tela de guata y asidero de madera, que en media docena de brazadas
arriba y abajo quitaba ecuaciones, planteamientos de problemas y números en un
plisplás. El 0-1, como esto consiste en ganar, era a partir de ese momento lo
que regía. Un autogol del rival arregló una noche torcida por mala praxis
táctica y por que este tipo de envoltorios, como es natural, al Zaragoza le
rechinan.
El final del partido, con 7 minutos de aumento, transcurrieron sin dificultades para sujetar la victoria. El Europa apostó todo al 0-0 y al final la bolita de la ruleta no cayó donde debía. El Real Zaragoza es, por ahora, un jugador afortunado en el azar del casino de Primera RFEF. Claro, también es así porque es que mejor armado va de todos en la cartera, la clase y los modales. En esta noche de viernes asaltó la banca en Barcelona sin ningún brillo. Por rutina.








