domingo, 29 de marzo de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº32 (29.3.2026)

 

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº32 (29.3.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3732

 REAL ZARAGOZA 2-0 REAL RACING

1-0, min. 73: Dani Gómez

2-0, min. 87: Sangalli, en propia puerta

Ficha técnica

Real Zaragoza: Andrada; Aguirregabiria, Insua, El Yamiq, Larios; Saidu (Mawuli, 82'), Keidi Bare; Francho (Tasende, 74’), Rober González (Toni Moya, 85’), Pinilla (Cuenca 74’); Dani Gómez (Kenan Kodro, 85’).

Racing: Ezkieta; Castro (Sangalli, 82’), Manu Hernando, Facu, Mario García; Damián (Diego Fuentes, 74’), Iñigo (Maguette, 46’), Aldasoro (Sergio Martínez, 46’); Andrés Martín, Íñigo Vicente; Santi Franco (Villalibre, 63’).

Goles: 1-0, min. 73: Dani Gómez. 2-0, min. 87: Sangalli, en propia puerta.

Árbitro: Jon Ander González Esteban(Comité Vasco). Mostró amarillas a Javi Castro (20’), Keidi Bare (20’), Íñigo Vicente (43’), Santi Franco (44’), Insua (83’), Aguirregabiria (91').

 

Real Zaragoza 2-0 Real Racing

38.7 % Posesión 61.3 %
7 remates dentro 2
4 disparos bloqueados 2
3 remates fuera 3
7 disparos recibidos 15
3 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 0
12 faltas recibidas 14
14 faltas cometidas 13
135 perdidas de posesión 145
55 recuperaciones de posesión 47
2 fueras de juego 6
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 Un puñetazo sobre la mesa: el Real Zaragoza tumba al Racing

Sobresaliente partido del equipo aragonés, superior al líder, al que castigó en la segunda mitad con goles de Dani Gómez y Sangalli en propia puerta. El Zaragoza gana un puesto y ya divisa la salvación a tres puntos.

Hay equipo, hay fútbol, hay estadio y hay vida. El Real Zaragoza le cantó a la vida una melodía preciosa y esperanzadora porque, señoras y señores, puede salvarse. De equipo en descenso queda la clasificación, que es lo que manda, pero todo lo demás es otra cosa. El Zaragoza tumbó al líder, un rival que había marcado 62 goles ni anotó ni dejó señales claras de poder hacerlo. Un Racing maniatado y congestionado por un plan de partido impecable del Zaragoza. Primero, se quitó el dominio de encima. Después, colapsó al rival. Y luego lo ahorcó. Fueron tres partidos en uno que el Zaragoza jugó como debía. No fue, en todo caso, un paseo de rosas. El partido hubo que madurarlo antes de ganarlo. Pero el Zaragoza se ha fortificado por completo: las victorias son el mejor psicólogo, el mejor preparador físico y el mejor entrenador. Todo fluye y todo esto explica una dinámica de 9 puntos de 12 en un tramo criminal, con tres rivales de ascenso directo. Esta musculatura competitiva pone en muy buen plano a David Navarro. A tres puntos queda ahora la salvación. Casi se toca con las manos.

El partido lo fue volcando a su terreno con mucha confianza y carácter el Zaragoza, con un fútbol estoico,  explosivo y vertical. Supo cómo dañar a un Racing mutilado por las bajas, pero que danzó en los primeros minutos. Ya en la segunda parte, Dani Gómez abrió el camino que completó Sangalli en propia puerta: dos goles para confirmar el crecimiento colectivo del Zaragoza, sus variables tácticas y estratégicas, y, sobre todo, para marcar un punto de inflexión.

Ante las fortalezas y condiciones del adversario, David Navarro reformó la arquitectura del equipo, aparcando el 4-4-2 de sus primeros partidos y, guiado también por la meritoria segunda parte de Riazor, fortaleciendo las zonas interiores con un 4-2-3-1 en el que Saidu y Keidi Bare ejercieron de perros guardianes en el doble pivote. El Yamiq regresó como centinela defensivo en un esquema en el que Francho cayó al extremo derecho para que su velocidad abriera puertas en ese sector. Rober González fue el nódulo central, una pieza clave para que el Zaragoza hilara el juego cuando el Racing perdía la pelota. El líder llegó con nueve bajas. Es un equipo en el que la ausencia de músicos se nota, pero cuyo secreto está en la partitura, más aún si sus dos mejores violines sí están sobre el escenario: Íñigo Vicente y Andrés Martín, su extremos que no lo son, porque son versos libres y poéticos.

Esos dos jugadores comenzaron a dictar las leyes del partido, en un arranque en el que al Zaragoza le costó reconocer los mecanismos y patrones en el juego corto del Racing. En cuanto lo hizo, dejó de perseguir sombras y a controlar los acontecimientos. La tarde, antes de entrar en el desarrollo de la trama, estuvo muy condicionada por el cierzo que sopló desde el costado oeste del estadio. Las operaciones, especialmente la aéreas, fueron muy complejas: los despejes, los cambios de orientación, los pases largos…

Decíamos que el Racing salió gobernando, fiel a su particular idioma de jugar: concentrando gente en las zonas de balón, vaciando las bandas, jugando en escalera, tejiendo maniobras diagonales, agrupándose por dentro… Tocaban con exquisitez creativa, con excelencia técnica, con toques dúctiles, veloces, intencionados… Un juego repleto de química, de memoria colectiva. Pero es un equipo que arriesga, que despeja zonas, que se expone, con su línea defensiva instalada en el centro del campo y sus laterales tan agresivos. O roba rápido gracias a que acumula mucha gente en la zona de la pérdida, o sufre. Y el Zaragoza comenzó a ejecutar así su plan, atacando profundo, explotando los espacios grandes gracias a la persistente intimidación de Dani Gómez, la endiablada rapidez de Francho y el cerebro gestor de Rober.

El Zaragoza comenzó a dar sensación, dentro de la complejidad general del duelo, de amenaza. El robo se convirtió así en la base de su juego, orientándolo hacia el lado débil del Racing, sobre todo, a la franja derecha, a la teórica espalda de Íñigo Vicente. También saliendo rápido al galope con el objetivo de aprovechar los instantes de desorden rival.

El líder había avisado con tiros lejanos de Mario y Castro y con Andrés disparando al lateral de la red, cuando el Zaragoza comenzó a ganar terreno. Manu Hernando casi se la mete en propia puerta, obligando a Ezkieta a una buena parada. Más clara la tuvo Francho, a pase raseado de Rober, pero su tiro fue centrado, lo sacó el portero cuando ya entraba. Una mala salida de Andrada permitió a Castro tener una ocasión clara que tiró muy arriba.

Mientras tanto, el Zaragoza cada vez conseguía contener mejor al Racing, apenas le permitió progresar -la base de su fútbol- y rematar en el área , y hurgaba sus fisuras en los costado, con un Dani Gómez al que le faltaba temple para matar. Le taparon un disparo que había cogido trayectoria de gol, y Francho también lo tuvo a las puertas del descanso. El Zaragoza había jugado un partido muy inteligente y completo hasta aquí, con madurez, concentración y claridad de plan. Solo le faltó decidir y precisar un poco mejor en las zonas de peligro. Pero el partido lo tuvo todo lo controlado que un adversario de esta calidad permite.

El Zaragoza había neutralizado al Racing y José Alberto López intervino en su sala de máquinas, relevando a Íñigo y Aldasoro, por Maguette y el joven Sergio Martínez. El duelo varió poco, igualado aún en fuerzas, abierto. Una buena acción colectiva comandada por Pinilla lo completó Rober, cuya comba con la izquierda cogió demasiado ángulo. Rober representaba la ventana del Zaragoza hacia todas las oportunidades. Dominó el arte de enlazar y encauzar los ataques, pero también se dejó la piel en labores más oscuras. Al Zaragoza, en este sentido, se le comenzaron a apreciar signos prometedores de sociedad y compenetración entre jugadores como Rober, Pinilla o Dani Gómez.

Poco a poco, el duelo se fue emboscando. Se adentraba en el terreno en el que la grada juega y en el que los errores menos convenientes son. Había que jugar con templanza, clarividencia y cautela. El Racing no inquietaba, su caudal productivo estaba embalsado por la presa defensiva del Zaragoza y su compacto bloque medio. Pero metió a Villalibre para hacerlo. David Navarro aguardaba para mover piezas. Su equipo estaba bien dentro de los niveles lógicos de fatiga a esas alturas del choque, a veinte minutos para el final.

Tuvo la mencionada templanza y la serenidad Navarro del mismo modo que, en el momento justo, la tuvo Francho. Pinilla había roto los guantes de Ezkieta, pero el rechace lo cogió el capitán. Levantó la cabeza, bajó pulsaciones, y le entregó el gol a Dani Gómez, de nuevo, artillero. La explosión de alegría fue mayúscula. El Zaragoza había ido poco a poco desarticulando al líder y el gol ponía en valor ese trabajo y ese esfuerzo.

David Navarro movió en el tablero, con el doble lateral Larios-Tasende, y con Cuenca refrescando a Francho, con la rodilla castigada. El Racing apretó, pero el Zaragoza comenzó a jugar con las manecillas del reloj. Mawuli entró por Saidu sin que el equipo perdiera tonelaje muscular. Han crecido las alternativas en muchas zonas del campo y eso ensancha el equipo.

Una de las claves fue esa: el Racing empeoró a cada minuto que pasaba. El Zaragoza, al contrario. Su fondo de armario se apreció para dominar esa fase caliente en la que e conjunto aragonés remató al líder: mezcló juego en la banda derecha, la pelota la cogió Keidi Bare, pasó al corazón del área, donde tanto duelen esos balones botados, y Sangalli, de la inercia, se la metió en su puerta. Parecía de Tasende, pero puso rápidamente cara de que a él no le abrazara nadie. Al igual que contra el Almería, el Zaragoza se impuso en ese tramo final decisivo. Tiene también su explicación: su grada ha entrado en las alineaciones, es uno más, y el zaragocismo sabe cómo jugar esos raticos.

Entre unas cosas y otras, el partido languideció, pero el colegiado González Esteban decretó diez minutos más. Casi podía haber ordenado un duelo de vuelta. El segundo entrenador, Néstor Pérez, se fue expulsado por protestarlo. En ese tiempo, Toni Moya, que había entrado por un aclamado e imperial Rober González, probó fortuna con un tiro colocado. Había entrado también Kenan Kodro, importante en la estrategia defensiva. También él tuvo un cabezazo en ese periodo en el que el Racing apenas generó preocupaciones, en parte, porque El Yamiq fundó su califato en defensa. En diez minutos, contra todo un Racing, ni se padeció. Algo ha cambiado. Algo nos ha vuelto a remover por dentro: se llama esperanza.

 

sábado, 21 de marzo de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº31 (21.3.2026)

 

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº31 (21.3.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3731

 R.C. DEPORTIVO 2-1 REAL ZARAGOZA

0-1, min. 6: Dani Gómez

1-1     min. 20: Stoichkov

2-1 min. 88: Mulattieri

Ficha Técnica

Real Club Deportivo de La Coruña: Álvaro Fernández; Ximo Navarro, Noubi, Comas, Quagliata (Escudero, 81); Villares, Mario Soriano; Altimira (Cristian Herrera, 64), Luismi Cruz (Eddahchouri, 81); Stoichkov (Mulattieri, 71) y Nsongo (Yeremay, 71).

Real Zaragoza: Andrada; Aguirregabiria, Insua, Radovanovic, Tasende; Francho, Mawuli (Moya, 81); Rober González (Soberón, 81), Pinilla (Cumic, 46); Kodro (Saidu, 46) y Dani Gómez.

Árbitro: Ais Reig (Comité Valenciano). Amonestó a Stoichkov (3), Comas (60), Quagliata (68), Insua (78), Andrada (87) y Radovanovic (91).

Goles: 0-1, min. 6: Dani Gómez. 1-1, min. 20: Stoichkov. 2-1, min. 88: Mulattieri.

 R.C. Deportivo Coruña 2-1 Real Zaragoza

55.1 % Posesión 44.9 %
4 remates dentro 4
2 disparos bloqueados 1
9 remates fuera 5
10 disparos recibidos 15
3 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 0
6 faltas recibidas 10
12 faltas cometidas 6
114 perdidas de posesión 98
46 recuperaciones de posesión 40
1 fueras de juego 0
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 El Real Zaragoza cae en La Coruña en el minuto 88 y las probabilidades de salvación se reducen

Dani Gómez adelantó a los aragoneses al poco de empezar el partido. Stoichkov empató pronto y, al final, Mulattieri dio el triunfo a los gallegos, que optan al ascenso a Primera División. Esta vez, las buenas acciones del equipo no tuvieron premio.

Se acabó la racha en La Coruña. Era previsible. El Real Zaragoza cayó por 2-1 en un partido en el que mereció más, sobre todo por la buena segunda parte. Pero el gol que lo tumbó, muy al final, castiga duramente la reacción vivida desde la llegada de David Navarro.

La velada empezó bien para el cuadro zaragocista, que mostró en los primeros minutos esos ademanes del que se sabe crecido desde las catacumbas, del que es consciente de que vive un momento de repunte en un año horrible. Salieron los aragoneses tratando de tú al Deportivo, yendo al golpe a golpe durante muchos minutos. Demasiado osado parecía, pero enseguida tomó cuerpo en positivo ese ir y venir del balón de área a área: en el minuto 6 Dani Gómez marcó el 0-1 y puso en órbita de nuevo la ilusión de todo el zaragocismo. Y, de paso, le dio la razón a la valentía de la pizarra inicial de David Navarro.

Fue una subida por la banda de Aguirregabiria, con claroscuros en su aportación posterior, que tuvo continuidad con un pase al lateral del área a Pinilla, en un buen desmarque al espacio del chaval. El centro atrás, pase de la muerte de siempre, lo remató con suavidad Dani Gómez cruzando la pelota al palo lejano. Dio en la base del poste y fue a la red. Magnífico arranque del Real Zaragoza, que calló a un estadio casi lleno, el envolvente Riazor, que vivía aire de fiesta, con recibimiento masivo previo al equipo gallego, pues huelen el retorno a Primera División tras un manojo de años de miserias, cuatro en Primera RFEF.

Mawuli suplió a Keidi Bare y Tasende a Larios, las bajas por sanción de Navarro para esta dura cita. Sufrieron los dos. Como todos los demás en labores defensivas. Porque el Dépor es un aluvión cuando contraataca a campo abierto. Tienen estudiados los pasos del baile y los ejecutan de memoria. Y eso que sin Mella (lesionado para todo lo que queda de liga) y sin su gran estrella Yeremay, son como un tiburón blanco al que se le han arrancado todos los dientes menos uno. Aparentan más que muerden. Pero te pueden matar por presión de mandíbulas, por un simple golpe de testuz. Son un equipo de nivel alto en la categoría. A años luz, por ejemplo, del carente y abollado Zaragoza actual. Mario Soriano, esta vez en el papel de medio centro cerebro, no tiene réplica en el elenco zaragocista.

El 0-1 solo le duró a los de Navarro 14 minutos. En el 20, Stoichkov, la gran novedad de Antonio Hidalgo en el once inicial, marcó desde fuera del área con un derechazo que se tragó Andrada, más inseguro que nunca en un ambiente difícil y frente a unos rivales que se le echaban al cogote enseguida. Ese 1-1 dolió a los zaragocistas, que ya habían padecido antes de consumarse. Luismi Cruz se había metido al inicio de todo hasta el palo y Andrada había tenido que echar a córner su disparo forzado. En el 9, el joven ariete Nsongo falló un gol infallable, de cabeza, solo, a placer, en el área pequeña tras centro de Altimira, la picó demasiado y se le marchó rozando el palo derecho, con Andrada haciendo la estatua vencido. Y Luismi Cruz lanzó un córner directo (de los muchos que tiró el Dépor) que casi se le coló al portero argentino por arriba, en el segundo palo. Lo salvó por milímetros en e lminuto 14.

Después del empate, con el Real Zaragoza desaparecido en ataque por completo durante media hora larga, todo fue un constante golpeo del Deportivo sobre la defensa cerrada de los de Navarro, agazapados atrás, en las cuerdas, en los rincones del ring. Recibían y recibían ataques sin cesar. Con paredes, apoyos y una rapidez de los coruñeses imparable para los de negro. Hubo suerte pues nadie atinó a voltear el marcador. Se precipitó demasiado el cuadro local. Las más claras opciones llegaron antes del intermedio. En el 44, Altimira, solo tras un centro largo de Luismi Cruz, disparó alto con todo a su favor. Y en el aumento, Ximo Navarro subió su banda hasta el final y, a placer, empalmó también por encima del portal.

El descanso vino de perlas a los zaragozanos. Oxígeno puro. Hubo demasiados desaparecidos en combate. Sin el balón, es difícil brillar en el fútbol. Imposible. Y eso le pasó al equipo en la mayor parte del tiempo jugado en el primer periodo. Por eso, David Navarro hizo una metamorfosis urgente en la caseta. Dejó en la ducha a Kodro y a Pinilla y metió a Saidu y Cumic. Eliminó el 4-4-2, que no servía y era la muerte a corto plazo. Y puso un 4-2-3-1, tirando a la banda a Francho y dando el timón a los dos africanos, Saidu y Mawuli, en el medio, dejando solo a Dani Gómez en punta. Había que limar las diferencias ostensibles entre la velocidad de movimientos y desplazamiento de balón del Dépor, con un motor de cuatro cilindros y seis velocidades, frente a la lentitud de reflejos de un Real Zaragoza diesel, con motorización agrícola, sin más desarrollo mayor que una cuarta muy limitada en la palanca de cambios.

El efecto primero de la restauración táctica de Navarro se notó para bien. El cuadro gallego salió despistado de la caseta. Le vino mal el parón y no supo interpretar con celeridad la mutación que le presentaba el Real Zaragoza con el doble cambio de piezas. Se consumió el primer cuarto de hora sin sufrimientos para Andrada (cosa nueva, buena cosa) e, incluso, los zaragocistas pasaron de medio campo con el balón controlado varias veces, algo no visto en el primer tiempo casi nunca. Mawuli entró más en contacto con el balón, pues en la primera fase había abusado del toque corto y sin riesgo, una nadería como ancla atrás del todo. Rober González, por dentro, ayudó a abrir líneas de pase. La mejora era evidente.

La primera gran ocasión, de hecho, la tuvo el Real Zaragoza. Ya en el minuto 63, Dani Gómez estuvo en un tris del doblete. Remató a bocajarro, en carrera, un centro de Francho tras una gran apertura de Tasende. Pero se topó con un paradón de Álvaro Fernández sacando el balón a córner con reflejos. Incluso a la salida del saque de esquina, tras el lío inicial en el área chica, Mawuli voleó en la corona y la pelota salió fuera por un metro. El segundo periodo había embocado hacía tiempo por una senda bien diferente a la parte inicial del duelo. El Dépor empezó a ponerse nervioso, el runrún de las gradas se dejaba notar en demasía. Y los de Navarro empezaban a olisquear la posibilidad del triunfo… como el día del Almería.

Como lo vería Hidalgo que a falta de 19 minutos decidió devolver a Yeremay al prado después de casi un mes de baja por pubalgia. No está la estrella local al cien por cien. Lo citó por si acaso. Y el por si acaso sucedió gracias a la buena reacción zaragocista tras el descanso. El canario entró del a mano del delantero italiano Mulattieri, modificación total del ataque deportivista, pues antes había entrado el veterano Cristian Herrera. En el 75, a falta de un cuarto de hora y con el Dépor sin haber tirado a puerta ni una sola vez en todo el segundo tiempo, fue de nuevo el Real Zaragoza el que anduvo rondando el gol. Francho tiró desde 20 metros, de rosca, fuera por un trecho. Otro aviso de los aragoneses. En el 79 repitió Rober González, acabando mal una buena jugada de Cumic con Francho, alto.

A falta de 9 minutos, Moya y Soberón relevaron a los tocados físicamente Mawuli y Rober. Quería sangre fresca Navarro. Llegaba la hora de la verdad. El punto no era malo, pero la vida no está para especular con esto ahora. Hay que ganar todo a ser posible, mucho más sabiendo que el Leganés había vencido al Ceuta horas antes. Puñeteras matemáticas. Puñetero déficit. Pero esta vez salió cruz. Como tantas veces durante el año. Las apariencias de tantos minutos engañaron.

En la primera jugada con cierto tino del Dépor en los segundos 45 minutos, el recién aparecido Mulattieri fusiló a placer a Andrada en el 88 tras un balón muerto en el punto de penalti cabeceado por Eddahchouri, que pudo empujar a Insua en esa acción. De eso se quejó el Zaragoza y eso tuvo que mirar el VAR durante dos minutos. El gol fue considerado válido. A ahí murió el equipo zaragocista. Como un gazapillo. Sin remedio. No quedaba tiempo para nada. Insua lo intentó de cabeza poco después. Saidu desde lejos en el tiempo extra. No hubo fortuna.

Esta vez se cumplió la lógica, mal que pese. La combinatoria deja al Real Zaragoza muy mal parado en esta jornada, aún por concluir y con marcadores muy importantes por saberse. El margen de maniobra es ya mínimo para obrar la salvación.

Derrotado, pero no vencido

Un gol a cuatro minutos del tiempo reglamentario privó al Real Zaragoza de un empate en Riazor que mereció con creces.

Un gol a cuatro minutos del tiempo reglamentario privó al Real Zaragoza de un empate en Riazor que mereció con creces, después de una notable segunda parte en la que, con un Saidu excelente, tuvo al Deportivo contra las cuerdas durante muchos minutos. El equipo aragonés peleó hasta el final por un punto que hubiera sido de oro antes de recibir al Racing de Santander, pero encajó el 2-1 en el único disparo de los coruñeses tras el descanso. David Navarro suma su primera derrota, pero el Zaragoza está lejos de ser un equipo resignado o vencido.

El Zaragoza se encontró con el partido de cara, gracias a un gol rapidísimo de Dani Gómez, que culminó una jugada primorosa de Aguirregabiria, Rober y Pinilla que nació de un pase largo marca de la casa de Andrada. Un gol de bandera que neutralizaría el Deportivo al aprovecharse de un error del portero del Zaragoza a disparo de Stoichkov desde fuera del área. La pelota le botó delante a Andrada y acabó en la red cuando el chut no era ni mucho menos imparable. Y desde el empate, el Dépor se hizo claro dominador y, aunque no volvió a disparar entre los tres palos, obligó al Zaragoza a perseguir sombras durante casi todo el resto de la primera parte.

David Navarro dejó en el descanso a Pinilla y Kenan Kodro, al que se volvió a ver mermado físicamente, y dio entrada a Saidu y Cumic, reforzando el centro del campo con energía y piernas frescas y pasando a ordenar al equipo en 4-2-3-1, con Francho tirado a la derecha. Y los cambios le sentaron de perlas al equipo aragonés, que se ajustó mucho mejor, le discutió la pelota al Deportivo y volvió a mirar la portería rival con toda la intención, como en un remate de Dani Gómez que salvó milagrosamente el meta local, en la que fue la mejor ocasión de toda la segunda mitad, un periodo en el que se vio a un equipo que, otra vez ante un rival muy poderoso, cree en la permanencia y va a pelear su suerte hasta el final

 

domingo, 15 de marzo de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº30 (14.3.2026)

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº30 (14.3.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3730

 REAL ZARAGOZA 2-0 UD ALMERIA

1-0, min. 80: Rober González

2-0, min. 95: Dani Gómez

Ficha Técnica

Real Zaragoza: Andrada; Aguirregabiria, Insua, Radovanovic, Larios; Francho, Keidi Bare (Mawuli, 66); Rober González (Saidu, 87), Pinilla (Tasende, 72); Dani Gómez y Kodro (Cuenca, 66).

UD Almería: Andrés Fernández; Chirino (Luna, 78), Nelson Monte, Bonini, Álex Muñoz (Centelles, 58); Lopy, Baba; Leo Baptistao (Embarba, 58), Arribas (Melamed, 78), Morcillo (Arnau Puigmal, 69); y Miguel de la Fuente.

Árbitro: Palencia Caballero (Comité Vasco). Amonestó a Chirino (3), Álex Muñoz (27), Keidi Bare (52), Insua (71), Larios (73), Embarba (74), Arnau Puigmal (86), Mawuli (93) y Dani Gómez (96).

Goles: 1-0, min. 80: Rober González. 2-0, min. 95: Dani Gómez.

 Real Zaragoza 2-0 UD Almeria

37.9 % Posesión 62.1 %
4 remates dentro 1
4 disparos bloqueados 5
2 remates fuera 5
11 disparos recibidos 10
5 tarjetas amarillas 4
0 tarjetas rojas 0
13 faltas recibidas 10
11 faltas cometidas 13
120 perdidas de posesión 117
37 recuperaciones de posesión 46
3 fueras de juego 2
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 El Real Zaragoza gana 2-0 al Almería en una brillante resurrección de la mano de David Navarro

Dos goles postreros de Rober González y Dani Gómez en los minutos 80 y 95, el primero con el suspense del VAR, dieron a los aragoneses un triunfo crucial para sostener las opciones de evitar el descenso a Primera RFEF. 

Hay vida ahí dentro. El Real Zaragoza, segundo por la cola, tumbó con poderío y rasmia al segundo por arriba, el Almería, al que derrotó 2-0 en el mejor partido de la temporada, justo cuando más lo necesitaba para huir a medio plazo de la zona de descenso a Primera RFEF. El cambio de cuerpo técnico, con David Navarro abanderando este principio de milagro (que aún requiere mucha más continuidad), está resultado decisivo para creer en que es posible sobrevivir a un desastre de gestión de la SAD que no tiene precedentes.

Una hora, accidentada a más no poder, duró el espeso primer tiempo, 59 minutos para ser exactos. Una emergencia médica que paró el partido, según el protocolo del neofútbol, desde el minuto 34 hasta el 44, fue el núcleo de tal circunstancia. Pero es que también hubo un gol anulado al Almería en el minuto 7 que fue analizado un rato por los jueces cibernéticos y, además, en el 45, se produjo una jugada polémica en la que el árbitro (el vasco Palencia Caballero, una ruleta rusa en cada decisión seria) pitó penalti contra el Real Zaragoza por mano de Keidi Bare y, después de más de tres minutos de escrutinio de moviola en el VAR, donde mandaba el canario González Francés, fue llamado al monitor para que reconsiderase su visión inicial. Total, un alboroto de primera parte.

Entremedias, el fútbol interruptus dejó un partido con poco mando por parte de ambos equipos. Con ratos de ida y vuelta, con otros muchos de falta de control en las respectivas líneas medulares y, otros, en los que el Almería quiso imponer sus galones superiores (que los tiene) pero se encontró con un Real Zaragoza ordenado, mentalizado, estimulado por el debutante David Navarro en el banquillo como local en el Ibercaja Estadio, tras el triunfo esperanzador de una semana antes en Cádiz por 0-1. Tanto que, incluso, en los fogonazos de lucidez atacante, que los tuvo el cuadro zaragocista, generó dos ocasiones de gol clarísimas que malograron Pinilla y Francho.

Cronológicamente, lo primero fue el gol anulado a Morcillo, que remató a placer un pase de Miguel de la Fuente en una contra que había nacido en fuera de juego milimétrico. Andrada cantó en esta acción, debió salir a restar la pelota en tres cuartos y se echó atrás, no midió bien, tuvo miedo. Y el fuera de juego le salvó el suspenso. A continuación replicó el Real Zaragoza en un jugadón personal del chaval Pinilla, elegido por la confluencia astral como piedra angular de este intento de reparación de la temporada zaragocista bajo la batuta de los nuevos ejecutivos del área deportiva llegados tras la revolución vivida en el club hace 13 días. Hugo, que había vuelto a homenajear a su joven madre fallecida antes del inicio del duelo en un minuto de silencio emocionante, se fue de dos rivales en regates ágiles, entró en el área y su chut lo sacó por encima del larguero por centímetros Andrés Fernández, en un paradón. Era el minuto 10 y ahí se pudo adelantar en equipo blanquiazul. Fue una pena. Hubiese sido de lágrima por todo lo que acarreaba ese tanto frustrado.

El Almería entró en su fase más activa en ataque. Miguel de la Fuente (este sí es un gran fichaje de invierno) le hizo un roto a Radovanovic en el área, se quedó ante Andrada y su voleón potente lo echó a saque de esquina el argentino en otra parada de categoría superlativa en el minuto 26. Poco después, en el 31, Lopy, un tanque con enorme clase en el timón andaluz, disparó solo en la corona del área, raso, fuera por medio metro. Y en el 45 llegó la citada jugada el penalti anulado por el VAR por error de interpretación del árbitro. El chut de Leo Baptistao -que hizo un ovillo de Larios varias veces, sufre mucho este lateral en defensa- le dio en el brazo a Keidi Bare, sí, pero estaba en el suelo, venía de tener la articulación sobre la hierba sujetando su cuerpo… una jugada gris, difícil de interpretar. Pareció involuntario, accidental. Y así quedó. Menos mal para los zaragocistas. Irse al descanso perdiendo, en un primer periodo tan anómalo y fuera de lo común, no hubiese sido justo ni fácilmente digerible.

Del mismo modo que podrían pensar los almerienses si Francho llega a marcar el 1-0 en el minuto 52, en el alargue. El capitán zaragocista cabeceó solo un centro preciso de Larios (el ataque lo hace brillar), a placer, pero midió mal, contactó con la pelota a destiempo y se le fue por encima del travesaño. Otra de esas oportunidades que no se pueden fallar jamás. Se llegó al intermedio con la sensación de que la tarde-noche tenía un no sé qué que dejaba abierta la puerta a la necesaria y soñada victoria ante un coco de la división. No estuvo mal el equipo de Navarro. Tuvo orden. Descaro en varias acciones. La gente no se escondió como antes, se vieron gestos de implicación y osadía.

El segundo tiempo arrancó sin cambios en ningún equipo. Y el balón echó a rodar con mayor iniciativa zaragocista, según esos indicios ya citados. El Almería no dio señales de vida en el área de Andrada en los primeros 15 minutos de la reanudación, lo cual era una magnífica noticia a esas alturas del guion. El 4-4-2 de David Navarro, un fuelle, una acordeón con todas piezas muy cercanas, se le estaba atragantando a los sureños. En la ofensiva, el Zaragoza se resintió de esto, llegó poco y con escaso acierto cerca del área andaluza. Una vez, en el 48, lo hizo Dani Gómez con veneno, pero todo estaba abolido por un orsay previo. O sea, nada.

Se embocó la última media hora en un duelo de miradas a los ojos de todo el mundo. La cosa se había puesto para no errar, un fallo costaba el botín de un punto que, para el Real Zaragoza sobre todo, era de oro. Rubi movió enseguida fichas. Embarba y Centelles al campo. Sangre fresca, agitación. David Navarro no quiso precipitarse. El once inicial estaba sujetando la situación con solvencia. Sin sufrir y viendo algún resquicio por donde adelantarse en el marcador si la fortuna y el acierto confluían en algún momento clave.

Hasta el minuto 62 no asomó el Almería por los dominios de Andrada. El pichichi Arribas, perdido todo el tiempo hasta ahí, cabeceó un córner fuera por un metro, en el primer palo. Este fue el despertador de los visitantes. Dos minutos después, el propio Arribas falló el gol más claro de la tarde, entrando en carrera solo tras un pase de Embarba en el 64, pero con una definición errónea, pues disparó alto con todo a su favor. Indultó al Real Zaragoza. Navarro decidió ahí empezar a remover el equipo. Keidi Bare, ya sin gasolina, dejó su sitio a Mawuli. Y Kodro, vacío de contenido en un sistema muy defensivo, dio paso a Cuenca por si había espacios para correr. Era el minuto 66.

Como en Cádiz, Navarro montó doble lateral por la banda izquierda al introducir a Tasende por un agotado Pinilla a falta de 18 minutos. Falta le hacía la ayuda a Larios, amonestado en una entrada que era también susceptible de roja si el árbitro se hubiera puesto estupendo. Mejor así. Mientras, Rubi apuró balas en ataque, con Melamed, antes Arnau Puigmal o los laterales profundos Centelles y Luna. Pero el que encontró al genio de la lámpara fue el Real Zaragoza, en el minuto 80. Rober González encaró a Nelson Monte en la frontal, lo rebasó en un regate que tuvo un rebote antes de marcar raso ante Andrés. Era el 1-0… la locura. Pero el árbitro estaba por enredar como en la primera parte. Vaya diíta el de Palencia Caballero. Lo anuló por una mano que no fue. Y tuvo que ser el VAR el que lo volviera a rectificar.

El estallido de la grada, del equipo, del banquillo… fue como en los viejos tiempos. Nunca visto en el Ibercaja Estadio. El efecto Navarro-Néstor es una evidencia ahí dentro. Hay sangre. Esencia. Frutas de la tierra, nada importado. Quedaban algo más de 10 minutos y la luz de milagro ganó unos watios de potencia. La resurrección bajo el nuevo cuerpo técnico empezaba ahí a tener visos de electroshock. Y todo quedó confirmado cuando, tras un susto (el único) del Almería, en un chut alto de Miguel en el 90, fue Dani Gómez el que concluyó con el 2-0 una jugada de Tasende hasta línea de fondo con pase atrás. Era el 95, todo ya se apagaba y el Real Zaragoza rozó el cielo. La afición lloró 15 días después… pero esta vez de alegría, no de impotencia.

Fue el final épico de un equipo renacido con la mutación experimentada en el vestuario. La SAD, patosa y torpe siempre, lo ha hecho tarde. Ahora, el milagro es de dimensiones bíblicas. Pero el dúo Navarro-Néstor ha dejado en evidencia a los mandamases. Esto sí es un cuerpo técnico sensible. Lo demás, neofútbol experimental. Y los experimentos, con gaseosa… y a ser posible en tu casa, no en la de otros.

El Zaragoza cree en la salvación

Rober y Dani Gómez le ponen firma a un triunfo fundamental del equipo aragonés, por fin en manos de un entrenador de verdad: David Navarro. El Almería sale frenado del Ibercaja Estadio.

Un gol de Rober a siete minutos del tiempo reglamentario, mediante revisión del VAR, y otro de Dani Gómez en la prolongación le dieron al Real Zaragoza otra victoria imprescindible y de valor superlativo en su carrera desesperada por la permanencia. El Almería llegó lanzado al Ibercaja Estadio, donde el equipo aragonés sólo había ganado dos partidos, pero se encontró con un rival muy vivo que va a pelear, ahora sí, hasta el final por conseguir su salvación. Después de muchos meses contando penas, el equipo aragonés, hay que decirlo alto y claro, está, por fin, en manos de un entrenador de verdad: David Navarro. Y eso le otorga un vuelo y unas posibilidades con la que no ha contado en toda esta infortunada temporada. El Zaragoza sube un puesto en la tabla y recorta dos puntos con la frontera del descenso.

Al Almería le sobran los recursos en esta categoría, pero el Zaragoza no le dio en ningún momento la espalda al partido y contuvo a su rival con sufrimiento, pero con solvencia. El equipo indálico intentó imponer desde el principio su fútbol de posesiones largas y amenaza constante, mientras al Zaragoza, con una presión alta y valiente, lo agitó en ataque en la primera parte el desparpajo y las conducciones del joven canterano Hugo Pinilla, que en una maniobra espléndida dentro del área, puso por primera vez en aprietos a Andrés Fernández, inmediatamente después de que se le anulase un gol por fuera de juego a Miguel de la Fuente. El ariete visitante, un incordio permanente para un dubitativo Radovanovic, disfrutaría a la media hora de una clara ocasión, pero su derechazo lo mandó a córner Andrada.

El juego estuvo interrumpido diez minutos por una emergencia médica con un espectador, que fue evacuando por mareos, y se reanudó prácticamente con un penalti por mano de Keidi Bare, única novedad en el once de David Navarro, cuando el albanés estaba caído, una decisión que rectificó el árbitro tras acudir al monitor del VAR y que terminó por encender al graderío y al propio Zaragoza, que tuvo el 1-0 en un cabezazo alto de Francho con todo a su favor en el segundo palo.

El Zaragoza, afilado por el mejor Rober, volvió del descanso con una marcha más y redobló su amenaza sobre el portal del segundo clasificado, lo que obligó a Rubi a mover el banquillo con un doble cambio, dando entrada a Centelles y Embarba. El duelo se abrió un largo pasaje y Arribas marró en el minuto 64 la oportunidad más clara de la noche, tras una gran jugada colectiva del Almería.

También David Navarro recurrió a los cambios y reemplazó a un mermado Kenan Kodro y a un Keidi Bare con una tarjeta, que le privará de poder jugar en Riazor, por Cuenca y Mawuli.

El Real Zaragoza se encendió de nuevo en los minutos finales hasta que Rober, en la jugada del partido, firmó un golazo de bandera, que subió al marcador tras revisión del VAR, porque Palencia Caballero lo había anulado inicialmente por una mano previa del extremo que sólo existió en su imaginación. Y ya en tiempo de prolongación, Dani Gómez firmó un segundo gol que la da al equipo de David Navarro un impulso mayúsculo y una victoria extraordinaria.