sábado, 9 de mayo de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº39 (9.5.2026)

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº39 (9.5.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3739

 REAL VALLADOLID 2-0 REAL ZARAGOZA

1-0, min. 3: Latasa

2-0, min. 86: Ángel Carvajal

Ficha técnica

Valladolid: Aceves; Iván Alejo, Pablo Tomeo, David Torres, Clerc; Juric, Ponceau (Marcos André, 71'), Lachuer (Maroto, 62’); Peter Federico (Sanseviero, 62’), Latasa (Carvajal, 85') y Biuk (Amath, 85').

Real Zaragoza: Adrián Rodríguez; Juan Sebastián, Insua (Pomares, 77), El Yamiq (Alex Gomes, 46’), Larios; Toni Moya, Keidi Bare; Francho (Kodro, 64’), Rober González, Cuenca (Pinilla, 56’); y Dani Gómez (Soberón, 77’).

Goles: 1-0, min. 3: Latasa. 2-0, min. 86: Ángel Carvajal.

Árbitro: Fuentes Molina (Comité Valencian). Mostró amarillas a Insua (14’), Biuk (24’), Torres (40’), El Yamiq (45+), Ponceau (57’), Lachuer (58’), Maroto (67'), Pomares (80') Larios (90’). Expulsó a Soberón con roja directa (81’).

 Real Valladolid 2-0 Real Zaragoza

43.9 % Posesión 56.1 %
3 remates dentro 5
0 disparos bloqueados 0
3 remates fuera 3
 disparos recibidos
5 tarjetas amarillas 4
0 tarjetas rojas 1
18 faltas recibidas 22
22 faltas cometidas 18
99 perdidas de posesión 124
46 recuperaciones de posesión 38
4 fueras de juego 1
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El Real Zaragoza es un alma en pena y cae contra el Valladolid (2-0)

Contra un rival de juego mínimo, el equipo aragonés da un paso casi decisivo hacia el descenso con una nueva derrota, plena de impotencia y desatinos, reflejo de un equipo condenado que puede bajar el próximo domingo.

El Real Zaragoza comenzó a rellenar su certificado de defunción en Valladolid con su mismo puño y letra, porque, aunque aún vive, y por eso sigue cometiendo errores injustificables, es un equipo muerto. La derrota en Pucela le deja ya maquillado para el ataúd, con el reloj de la boda en la muñeca y la foto de los nietos en el bolsillo, por mucho que el Cádiz y las matemáticas alimenten opciones. Pero llegará un día en el que ya será imposible estirar y retorcer la aritmética más allá de lo que tu propio fútbol te permite. Cayó el Zaragoza contra un Valladolid de mínimos, en un partido de nivel pobre de los dos equipos, muy espeso, insípido e igualado a la baja. La derrota fue un buen resumen de la temporada: fallos defensivos evitables, una nefasta protección del balón parado, incapacidad de marcar un gol e imponerse en área contraria… Al Zaragoza no le dio ni le da cuando juega mal, ni tampoco cuando juega algo mejor, como en la segunda mitad. Hace días que es un quiero y no puedo. Si las matemáticas a las que está agarrado desde hace meses se ponen crueles, con el Cádiz a cuatro puntos a falta de nueve por jugarse, el Zaragoza puede consumar su descenso la próxima semana en su estadio contra el Sporting.

David Navarro afrontó la última plaga de bajas con la novedad principal de un doble pivote refundado en los nombres de Keidi Bare y Toni Moya, una elección apoyada en la idea de mejorar las posesiones, darle poso y continuidad al juego, y, de paso, un pie especializado en el balón parado. Juan Sebastián y Cuenca, uno en el lateral derecho y el otro en el extremo izquierdo completaron los cambios principales en el regreso del 4-2-3-1. En el Valladolid, Fran Escribá perdió por lesión de última hora al clarividente Chuky, ausencia que el técnico aprovechó para encofrar su centro del campo con tres mediocampistas puros, sólidos y físicos, como Juric, Lachuer (segundo punta en la presión) y Ponceau, el motor del juego.

Ese triángulo devoró al Zaragoza desde el principio, fase del partido en la que el equipo de David Navarro volvió a dispararse al pie. Un despeje inaceptable de Insua regaló un saque de esquina, acción en la que es ya conocida hasta en los lugares más recónditos del planeta la incapacidad aragonesa para defenderlas. Lo sabía Escribá, cuya alineación estaba afilada de centímetros para la ocasión, en un Valladolid, además, fuerte en estas jugadas que llevan sembrando el pánico en el Zaragoza desde hace meses. Si no se sabe defender los córners, lo mejor es no regalarlos. Y de ahí nació el gol cuando apenas nacía el partido: Latasa, una grúa de ‘Megaconstrucciones’, le pegó un cabezazo portentoso al balón para adelantar a los pucelanos.

El gol fue un mazazo para este Zaragoza muerto en vida, caminando a paso de zombie durante buena parte de la primera mitad. Cada control, cada toque, cada pase, cada despeje eran una pesadilla. El Zaragoza temblaba como un flan, obtuso, bloqueado, frente a un rival acomodado en la ventaja pero con fisuras que no se sabían interpretar, sobre todo, en el flanco derecho. El juego posicional fue un naufragio.

La solución era balones a Rober, convertido por sí mismo, en un sistema de juego, cargándose el fútbol de su equipo en su espalda. Pero no es Michael Jordan. Demasiado poco apoyado, no terminaba de producir nada, mientras el partido se adentraba en un páramo desértico, pobre e inhóspito. Un duelo de bajo calibre, entre dos equipos con más problemas que virtudes.

Una falta a la que no llegó Keidi Bare fue la primera aproximación del Zaragoza, un equipo incapaz de conectar tres secuencias, de abrirse camino en el campo, de generar ventajas, superioridades, amenazas… El Valladolid solo tenía dos cosas que hacer: no perder el orden y atacarle la profundidad a su rival con juego directo a sus extremos o al imán que supone tener un delantero como Latasa, castigo insoportable para unos desbordados Insua y El Yamiq.

El Zaragoza no fluía y se perdía en cada duelo. El Valladolid era muy superior en lo físico: resistencia, velocidad, fuerza… Su centro del campo borraba cualquier trazo que pudieran dar los jugadores de David Navarro. Cada duelo, era un barco hundido en esa marea ácida en la que operaban los aragoneses, cuyo dominio plano, denso e improductivo no terminaba de ofrecer soluciones. Desde ese cuerpo a cuerpo, los pucelanos controlaban la situación. En ataque, la superioridad física de sus extremos, Peter Federico y Biuk, era su gran argumento.

Pasaban pocas cosas, más allá de alguna escaramuza local -un Valladolid de apreciable pobreza creativa también-. Dani Gómez se topó con Aceves en un tiro muy centrado. En esa recta final el acto inicial, el Zaragoza mejoró sensaciones, se pudo asentar más en campo rival, abrir el campo después de una tarde jugando en un embudo, y, al menos, ofrecer algo que llevarse a la boca. Dani Gómez no aprovechó un balón perdido en un envío de Toni Moya, justo antes de un descanso que le llegó al Zaragoza cuando menos mal estaba.

Al regreso al ruedo, el Zaragoza salió en la misma línea. Había tonificado su fútbol, no fortalecido, y eso le permitió encajonar cada vez más al Valladolid en su tercio defensivo. En el vestuario se había quedado El Yamiq, relevado por Álex Gomes. Por arriba, volvió a amenazar Juric, justo cuando el partido comenzó a inclinarse hacia la banda derecha del Zaragoza, territorio en el que las finuras de Rober González ofrecieron a su equipo una ventana de oportunidad. No era un dominio consistente pero sí geográfico, y el Zaragoza comenzó a generarse ventajas en esa zona. Insua la tuvo en un saque de esquina. Al campo salió Pinilla, mientras Toni Moya empezaba a carburar fútbol. Tuvo un tiro lejano que exigió a Aceves tras una cristalina jugada de Rober.

Escribá movió piezas con Maroto y Sanseviero. Y Navarro, aprovechando esa inercia ofensiva de su equipo, metió a Kenan Kodro por un Francho al que el físico apenas le permite competir. Y Francho sin físico no es Francho, es un corazón que no puede llenar de latidos a su equipo.

El Valladolid, empequeñecido, apenas sujetaba el balón. Aun con todo, Biuk probó a Adrián. El Zaragoza lo rozó poco después: Kenan Kodro chutó un pase al palo. Ese golpe a la madera dolió a todo el Zaragoza. El equipo aragonés sigue negado, ni marca cuando juega mal, ni marca cuando juega algo mejor.

Escribá metió a Marcos André, un punta, por Ponceau para cazar a un cada vez más abierto Zaragoza a la contra. Lo pudo hacer primero el delantero brasileño y luego Latasa, pero estuvo bien Adrián. Insua no pudo más, le sustituyó Pomares y, aprovechando la última ventana, Soberón entró por Dani Gómez.

El Zaragoza ya era completo dueño de los acontecimientos. Merecía el gol, pero los goles hace tiempo que este equipo no hay que merecerlos, hay que marcarlos. Pudieron hacerlo Kodro y Pinilla pero no se pusieron de acuerdo: fue un tira tú que yo no tiro. Luego, Soberón disparó a las manos de Aceves. El Zaragoza esta bien, sujetado atrás por Alejandro Gomez. Y así, Soberón, excedido de vueltas, pisó a Latasa y el árbitro le colgó una roja encima.

Fue una acción decisiva que le cortó el cable de la corriente al Zaragoza. Entraron Amath y Carvajal, máximo goleador del filial del Valladolid, debutante en el primer equipo. Apenas llevaba un minuto en el campo, y aprovechó un fallo de Gomes para ajusticiar al equipo de David Navarro, abatido, impotente, derrotado, condenado. No había manera: la afición del Zaragoza estalló contra todos, mientras Pucela entera les aplaudía su fe, su suerte y su destino. Un gesto de adiós.

 

viernes, 1 de mayo de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº38 (1.5.2026)

 

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº38 (1.5.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3738

 REAL ZARAGOZA 0-1 GRANADA

0-1, min. 98: Sola

Ficha Técnica

Real Zaragoza: Adrián Rodríguez; Aguirregabiria, Insua, El Yamiq, Larios; Saidu (Mawuli, 70), Francho (Pinilla, 86), Rober González, Moyano (Guti, 70); K. Kodro (Cuenca, 70) y Dani Gómez.

Granada CF: Astralaga; Lemos (Casadesús, 64), Diaby, Loic Williams, Diallo; Alcaraz, Trigueros (Izan González, 64), Alemañ (Sergio Ruiz, 89); Pablo Sáenz, Jorge Pascual y Arnáiz (Sola, 75).

Árbitro: Pérez Hernández (Comité Madrileño). Expulsó a Jorge Pascual (94), con roja directa. Amonestó a Trigueros (15), Aguirregabiria (31), Loic Williams (45+2), Alcaraz (57), Saidu (58), Lemos (61), Insua (84) y Sola (90).

Goles: 0-1, min. 98: Sola.

 Real Zaragoza 0-1 Granada

45.1 % Posesión 54.9 %
2 remates dentro 4
3 disparos bloqueados 3
2 remates fuera 4
11 disparos recibidos 7
3 tarjetas amarillas 5
0 tarjetas rojas 1
16 faltas recibidas 15
16 faltas cometidas 17
140 perdidas de posesión 112
38 recuperaciones de posesión 35
0 fueras de juego 2
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El Real Zaragoza firma su defunción ante el Granada por incapacidad manifiesta

Tras un partido impropio de tanto como había en juego, donde solo servía ganar para salir del descenso a Primera RFEF, el equipo aragonés encajó el tanto de la derrota en el minuto 98 y cayó abatido definitivamente.

Ni trenes que pasan seis veces sin que el Real Zaragoza se suba, ni esperas del Cádiz para que el Real Zaragoza lo alcance… No hay nada que hacer. El Real Zaragoza no puede seguir en Segunda División. Se cae del fútbol profesional porque es muy malo. Porque no tiene remedio al carecer de materia prima en todos los rincones de su SAD. La derrota ante el Granada, por lo que supone y por el formato de lo visto, es mortal de necesidad. Un disparo al corazón. Una cornada en la femoral.

La primera jugada del partido fue un engaño mayúsculo, esa fruta madura y dulce que se pone de cebo en la caja que esconde decenas de piezas pasadas de fecha y pansidas que, si un comprador no ve ni toca, acaba llevándose a casa bajo el trampantojo de la vista en el escaparate. Porque el tiro desde 20 metros de El Yamiq, un voleón potente al rechace de un centro al área del Granada cuando no se llevaban aún 40 segundo de juego y que echó a córner en un paradón Astralaga fue durante más de tres cuartos de hora de primer tiempo lo único potable de un Real Zaragoza flojo, nervioso, sin chispa. En ningún momento pareció estar jugándose la vida. Esa sensación que en el fútbol de siempre nunca faltó en los equipos que están al borde de un precipicio y mueren con todo.

No. El Real Zaragoza lleva ya varios partidos sin esa imagen de casta, de implicación mínima, que siempre se solicita en casos así. Seguro que David Navarro piensa lo mismo. Pero quizá no pueda hacer nada más de lo que se ve. El reactivo en el carácter de la gente, o se lleva en la sangre o no se lleva. Eso no se compra en grandes almacenes ni en tiendas de ultramarinos. Porque no se vende. Va en los cromosomas de cada ser humano. O no va. Eso que eufemísticamente se nombra como bemoles se echó a faltar un día más. Es lo que hay, desde agosto.

El 0-0 del descanso estuvo muy bien. Lamentablemente bien en una noche donde solo servía ganar desde los preámbulos. Porque la vida se está yendo por falta de cintura y margen de maniobra. Y estuvo fenomenal porque en el minuto 40 el Granada marcó lo que durante cinco minutos de revisión de VAR supuso en el marcador el 0-1. Fue una falta lateral, sacada por raso por Pablo Sáenz, que se paseó por toda el área zaragocista sin que nadie la restase, con hasta tres delanteros rojiblancos entrando al remate y Alcaraz, en el segundo palo, empujando a la red a puerta vacía. Increíble pasividad y falta de intuición de todo el sistema defensivo… algo gemelo a aquello del 2-2 letal del día del Ceuta en esa misma portería. Pero hubo fuera de juego posicional de Trigueros, que les costó ver a los de la cibernética, aunque era palmario. Se anuló ese tanto y eso evitó que la imagen final en el intermedio fuera patética.

Entre ese disparo citado de El Yamiq nada más empezar y el pitido de la mitad del duelo, el Real Zaragoza solo tiró con peligro otra vez más: en el aumento, en el 45+3, Dani Gómez falló uno de esos goles que no se deben fallar ni en Regional. Un cabezazo a placer en el área pequeña en una falta botada por Moyano que cruzó en demasía, fuera por un metro. Y, entremedias, hubo un larguísimo trecho de la más absoluta nada zaragocista. Ni una jugada ligada. Ni una. Todo improvisación y pérdidas constantes. Kodro, que fue titular junto a Gómez en punta, no se enteró de la fiesta. Moyano, novedad en vez de Cuenca en una banda, fue un cohete de toro de fuego, de esos que dan vueltas sin rumbo fijo y acaban apagándose al rato. En la media, Francho y Saidu compusieron un doble pivote ciego de balón e ideas. Rober no tuvo su día, alborotado. Los laterales, Aguirregabiria y Larios, nulos en misiones creativas u ofensivas. O sea, un equipo desvanecido y, lo peor, sin rasmia.

 De esa quietud zaragocista, el Granada pudo aprovecharse hasta en tres ocasiones, más allá de la que fue gol y se anuló ya citada. En el minuto 14, Trigueros voleó desde la frontal, solo, y Adrián Rodríguez, que volvía a la fuerza por la expulsión de Andrada, sacó una mano salvadora arriba cuando iba dentro. En el 27, Diaby cabeceó un córner (siempre igual, qué pecado defensivo siempre), alto por fortuna. Y en el 34, Arnáiz entró en el área, disparó de rosca y el balón se le fue un metro fuera por el palo lejano. Un equipo, el granadino, sin apenas iniciativas, muy pasota y a verlas venir desde el mismo inicio de todo. Pero que, aun así, fue capaz de ser mejor en ataque que el necesitado Real Zaragoza. Fue todo bastante decepcionante.

No se puede contar nada más de los blanquiazules. No se escamotea ni un átomo de información si se deja así lo ocurrido en la primera mitad. La presumible actitud de ir a muerte por parte de los zaragocistas no asomó por casi ningún lado. Predominó la imprecisión y la parsimonia. Esto no es lo que habitualmente se entendió siempre como acosar, rascar, comerse la hierba… Tal vez en el neofútbol alguien salga a explicarnos que sí, que los parámetros del GPS dicen que sí que hubo de esa materia, aunque no la viéramos a flote.

El segundo tiempo empezó con susto

En el refrigerio, David Navarro y Pacheta, los entrenadores, no hicieron cambios. O confiaban en reparar los muchos defectos o las piezas de recambio no eran para echar cohetes. El segundo tiempo empezó con otro susto mayúsculo para el Real Zaragoza. Otro córner pésimamente defendido, botado por Pablo Sáenz muy cerrado, se lo comió Adrián Rodríguez y, por fortuna, ninguno de los dos granadinistas que había en el segundo palo lograron conectar a gol la pelota muerta. Era el minuto 49. Fue un aviso ya muy claro de que, o espabilaba el cuadro zaragozano o iba a salir triturado de este partido.

El público se calentó, con el equipo, cuando el árbitro madrileño Pérez Hernández le perdonó la segunda amarilla y, por ello, la roja, a Loic Williams en el minuto 53 por un agarrón continuado a Rober González. Un criterio inentendible. Fue flagrante. En otros campos, es roja de libro. En Zaragoza, solo falta. A partir de ahí, al menos, subieron los decibelios en el ambiente. No así el nivel del fútbol. El primero que movió fichas, dos, fue Pacheta en el Granada, poniendo en juego a Izan González y Casadesús a falta de 25 minutos. Navarro esperó algo más y metió un triple cambio: Guti, Mawuli y Cuenca al campo en vez de Moyano, Saidu y Kodro en el minuto 70. Una mutación muy visible en busca de ese arreón final, a la desesperada, en día obtusos o llenos de imperfecciones. Y este lo era una vez más.

Faltaban 20 minutos para el final y el Real Zaragoza no había hecho una sola oportunidad de gol, ni un disparo a portería. Terrible. Inaceptable en un día tan culminante. El primer efecto de la medicina aplicada por Navarro fue una incursión de Cuenca por la izquierda que acabó en el área con un chut raso a las manos de Astralaga. Era el 72 y eso levantó el ánimo de la grada. Hacía falta apretar mucho más. El reloj iba a toda velocidad. Y, como en toda la noche, la sensación de insuficiencia del equipo zaragocista era tenebrosa, daba miedo. Dolía, más bien. Daba pena. Si surgía el gol de la victoria, ese 1-0 que en el fondo de cada cerebro zaragocista se soñaba en esta recta final del partido, iba a ser en algún arrebato esporádico, en algún milagro silvestre.

Pudo llegar en el minuto 83, cuando Francho, solo en el área tras un pase de Dani Gómez, se lo pensó demasiado y, cuando tiró a puerta, ya estaba Diaby delante para taponarle el presunto gol. Mal resuelto un balón que en otro ámbito hubiese ido dentro. Tiemblan las piernas. El miedo atenaza los músculos… y el cerebro. Fue lo último que hizo antes de ser suplido por Pinilla. La última bala. En la recta final del duelo, con el equipo atrancado, costó al Real Zaragoza hasta meter balones al área del Granada, lo más básico, lo elemental. No se vivió nunca un ambiente ni un fútbol de presión máxima, de pelea con sangre hasta la úlima gota. Se vio a un equipo muy entregado, asumiendo su inferioridad, como en el boxeo cuando en el rincón tiran la toalla.

En el minuto 95, recién expulsado por piar el delantero granadinista Jorge Pascual, el Zaragoza metió una pelota en profundidad, le cayó a Pinilla que regateó al portero, se escoró en el área y, de nuevo con tembleque, remató al lateral de la red, fuera. Ahí pudo estar el famoso clic que nadie tiene ni encuentra hace mes y medio en el Real Zaragoza. El mismo mal de timidez e incapacidad que sufrieron los zaragocistas con una falta a favor en la medular en el minuto 98 que… ¡nadie volcó al área del Granada! Ni Guti, ni Mawuli, ni Pinilla. Un mal pase a Dani Gómez lo cortó la zaga visitante y montó una contra de tres para uno, el portero Adrián, vendido. Sáenz le regaló el 0-1 a puerta vacía a Sola. Y ahí acabó todo.

Una forma definitoria de morir. Una metáfora de este disparate que es el Real Zaragoza especialmente en los últimos cuatro años de esta propiedad. Seis partidos seguidos sin ganar cuando la liga ha puesto en bandeja la salvación al peor Zaragoza de la historia. Increíble. Inolvidable. Trágico. Letal. Nada que no esté escrito aquí desde agosto, con la evolución progresiva de las cosas.

El Zaragoza es carne de Primera Federación

Un gol dramático de Álex Sola en el minuto 98′ sella la salvación del Granada y deja sentenciado a un impotente equipo aragonés.

El Real Zaragoza es carne de Primera Federación. El equipo aragonés desaprovechó una nueva oportunidad de engancharse a la vida y dormir, al menos una noche, fuera del descenso y en la última acción de un largo descuento encajó un gol dramático que le deja ya sentenciado. Lo cierto es que prácticamente todo el partido fue un ejercicio de nervios y de impotencia del Zaragoza frente a un Granada que vino casi de vacaciones, dio mil facilidades y deja con esta victoria abrochada su permanencia en Segunda.

Adrián Rodríguez, sustituto del castigado Andrada, Sebas Moyano y Kenan Kodro fueron las tres novedades en el once de David Navarro, que aparcó el rombo y recuperó la doble punta, mientras Pacheta introdujo hasta cinco cambios en su alineación: Astralaga, Diaby, Trigueros, Pablo Sáenz y Jorge Pascual relevaron a Luca Zidane, recién operado, Hormigo, Oscar Naasei, Sergio Ruiz y Petit.

El Zaragoza entró bien al partido, con un rapidísimo obús de El Yamiq desde fuera del área y tres saques de esquina en los diez primeros minutos, pero el Granada no tardó en despertar y Adrián tuvo que atajar a una mano un gran disparo de Manu Trigueros. El partido entró entonces en una larga fase de equilibrio, sin ocasiones en ambas porterías, pero con la sensación permanente de inseguridad y de dudas defensivas en los dos equipos, hasta que, a tres minutos del descanso y tras revisión en el monitor del VAR, el árbitro le acabó anulando un gol a Rubén Alcaraz por fuera de juego previo de dos jugadores del Granada. Y como en el fútbol todo es imprevisible, casi acto seguido el Zaragoza pudo adelantarse en el marcador con un cabezazo picado de Dani Gómez en una falta templada de Sebas Moyano, demasiado poco para lo que estaba en juego para el conjunto aragonés, al que el gas inicial se le acabó enseguida.

La polémica no tardó en aparecer en la segunda parte, cuando en el minuto 51 Pérez Hernández, con el que no conoce la victoria el Zaragoza, le perdonó la segunda tarjeta amarilla a Loïc Williams por una falta sobre Rober, que se marchaba contra el portal de un nervioso Astralaga. Esa acción le metió más nervios y tensión al encuentro y desconectó al Zaragoza frente a un Granada que no dejó de crear peligro a balón parado.

A veinte minutos del final y con el reloj corriendo ya a toda velocidad, David Navarro metió un triple cambio y modificó el dibujo, pasando a un 4-2-3-1. Entraron Mawuli, Raúl Guti y Cuenca y se fueron a la ducha Saidu, Sebas Moyano y Kenan Kodro en un intento desesperado por inclinar el duelo. Con más corazón que cabeza, el Zaragoza se jugó el todo por el todo en el tramo final, pero ni Francho ni Pinilla acertaron con todo a su favor. Todo lo contrario que Álex Sola, que culminó en el 97′ un contragolpe definitivo del Granada, que llevaba tres minutos con un jugador menos por expulsión de Jorge Pascual.

 

domingo, 26 de abril de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº37 (26.4.2026)


 LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº37 (26.4.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3737

 SD HUESCA 1-0 REAL ZARAGOZA

1-0, min. 65: Óscar Sielva, de penalti

Ficha técnica

SD Huesca: Dani Jiménez; Toni Abad (Carrillo, 70’), Íñigo Piña (Agbekpornu, 77’), Pulido, Ro Abajas (Liberto, 80’); Sielva (Jordi Martín, 70’), Javi Mier, Jesús Álvarez; Luna, Sergi Enrich (Enol Rodríguez, 70’), Portillo.

Real Zaragoza: Andrada; Martín Aguirregabiria, Insua, El Yamiq, Larios (Tasende, 76’); Saidu (Toni Moya, 84’) , Mawuli (Raúl Guti, 76’); Francho, Rober González; Cuenca (Kodro, 59’) y Dani Gómez (Pinilla, 84’).

Goles: 1-0, min. 65: Óscar Sielva, de penalti.

Árbitro: Arcediano Monescillo (Comité Castellano-Manchego). Mostró amarillas a Insua (43’), Larios (61’). Andrada (62’), Toni Abadia (66’), Tasende (97’), Expulsó a Andrada (98’), Tasende (100’) y Dani Jiménez (100’).

SD Huesca 1-0 Real Zaragoza

39.1 % Posesión 60.9 %
5 remates dentro 2
3 disparos bloqueados 3
4 remates fuera 2
7 disparos recibidos 12
2 tarjetas amarillas 3
1 tarjetas rojas 2
17 faltas recibidas 14
15 faltas cometidas 20
113 perdidas de posesión 142
40 recuperaciones de posesión 44
3 fueras de juego 2
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 La SD Huesca desahucia al Real Zaragoza en un derbi aragonés con un final lamentable

En un partido que merecieron perder los dos equipo, la SD Huesca se lleva la victoria gracias al gol de penalti de Sielva, a quien Andrada ya le había parado uno. El portero protagonizó un vergonzoso puñetazo a Pulido tras caer en las provocaciones del central.

Empezaremos por el final, porque fútbol hubo poco, muy poco, entre dos equipos muy pobres, fieles a lo que son, dos almas condenadas. El Huesca ganó gracias al acierto en el segundo penalti que tiró en el partido, porque el primero lo había parado Andrada, protagonista del partido por más cosas que esta. El argentino, en una acción vergonzosa, indigna de un futbolista del Real Zaragoza, entró al trapo de Pulido, quien se pegó el tramo final buscando las cosquillas a quien podía. Tiene antecedentes y experiencia en ello, y esta vez el asunto fue demasiado lejos. Andrada le pegó un puñetazo histórico que dinamitó el derbi en una tángana lamentable, estropeando por el lado extradeportivo un derbi que acabó con Jordi Martín y Francho de porteros. Porque también se fue al vestuario Dani Jiménez, también Tasende… Un despropósito de desenlace, impropio de este y de cualquier deporte.

Fútbol hubo poco. Ganó el Huesca, porque quizá en la segunda mitad se lo creyó más y puso más energía, pero es un equipo con muchas flaquezas. Veremos para qué le da. De momento, tiene tres puntos más. Algo que el Zaragoza, no. Los de David Navarro se han caído en el peor momento. No dio sensación de poder ganar. Su fútbol ni tuvo chispa, ni organización, ni calidad. Las burbujas emocionales que acompañaron la llegada de Navarro se han diluido, con el equipo frenado, incapaz de evolucionar y adaptarse al cosmos de la categoría, a los diferentes rivales, a las distintas situaciones… ¿Por qué el Zaragoza se levantó contra los grandes y está poniéndose la tapa del ataúd contra los rivales de abajo?. Cuando casi todo se fía a lo emocional, el fútbol encuentra maneras de descubrir la realidad. Su técnico, además, se ha puesto a experimentar en un punto crítico de la temporada: si el Zaragoza encontró el fútbol desde la sensatez y la naturalidad, esos valores los abandonó en Huesca.

De acuerdo a lo previsto, el Zaragoza salió con Mawuli y Cuenca, aunque David Navarro le agregó un matiz a su planteamiento: articuló su equipo con un 4-4-2 en rombo, con Rober en la mediapunta, y Cuenca compartiendo espacio en la delantera con Dani Gómez. Al equipo le costó asimilar esa propuesta, desorganizado en varias fases y con pocas conexiones de calidad. Por su parte, José Luis Oltra sí agitó el mapa de su equipo, apostando un por 4-5-1 y reuniendo a Sielva (algo por delante), con Javi Mier y Jesús Álvarez, con Piña en la zaga y Enrich en la punta, y Ro Abajas en el lateral izquierdo. Quizá aquí estaba la pieza azulgrana más vulnerable en el tablero, y hacía allí lanzó el Zaragoza toda su caballería.

Al campo le podían haber quitado una banda. El Zaragoza sobrecargaba la derecha, la saturaba de gente, pues Cuenca se pisaba con Francho, Francho con Rober, Rober con Aguirregabiría. Parecía tener claro David Navarro dónde quería ganar el partido, pero no tanto cómo. Pero, mucho antes, de que el juego se desplegara, llegó el penalti que pudo cambiarlo todo. Saidu, en una de sus desatenciones propias de quien aún está aprendiendo a jugar al fútbol, cometió un penalti que pudo venir precedido de faltas a El Yamiq. Pero lo que se pitó fue lo primero.

Estaba Andrada bajo palos, porque David Navarro confió en él tras pensar el cambio en la portería. Con el argentino todo puede pasar, pero, frente a un Huesca poderoso en el balón parado y los antecedentes del Zaragoza en las últimas semanas, casi era preferible que le tiraran un penalti que un córner. Fue Sielva a ejecutarlo, un afinado tirado, un martillo en la derecha, pero Andrada se le estiró como un chicle, imponente, majestuoso, reivindicativo. Le puso una mano de oro a su equipo.

Era el minuto 6, y esa acción tuvo valor de gol para el Zaragoza. Poco a poco, los visitantes fueron ganando terreno. La SD Huesca venía sufriendo en transiciones defensivas y corriendo detrás del balón, y Oltra trató de corregirlo con una propuesta más contemplativa, cediendo el balón, guardando gente detrás de esa línea de la pelota y consolidándose en campo propio con sus tres centrocampistas, una zona en la que Rober González, el eslabón clave del Zaragoza, no se imponía.

Después de unos minutos encendidos tras el penalti, con el partido descosido, los blanquillos empezaron a dominar, enfocando todo su caudal y energías al sector de Portillo y Ro Abajas. Por ahí, comenzó a pisar fuerte el Zaragoza, con más intención que calidad, pero con la zona señalada en rojo. Cuenca la tuvo, pero sin acierto. Había imprecisiones en los dos equipos, por lo que el duelo se entrecortaba, sin continuidad ni fluidez. Había nervios, miedo a fallar, exceso de responsabilidad… El derbi era tenso, afeado, más emocionante que convincente.

En un buen desmarque de Cuenca, su envío se paseó por el área, justo antes de que El Yamiq, en un saque de esquina, se elevara al segundo balón, lo rematara hacia gol… Pero… Ahí voló Dani Jiménez, portentoso, volando alto como un águila. Un paradón de póster.

Al Zaragoza le costaba mirar en largo para poner a correr a sus puntas, pero sobre todo se atascaba a la hora de ordenarse y atacar mejor el lado débil, donde apenas Larios se intuía. En la derecha, acumulaba jugadores y tráfico, pero su juego era denso, inconexo. Navarro sacó a Cuenca de ese sector en el minuto 35 y lo pasó a la izquierda, y ahí tuvo una ocasión el canterano zaragocista a la que no le dio tino, golpeando alto tras una buena combinación de Larios y Dani Gómez. Luna había tirado mal y lejos y Enrich, algo mejor, aunque con un disparo cruzado que le dio algo de vida a un Huesca que no terminaba de entenderse, de ponerle dirección y mando a su partido. Portillo era su respiradero en la tarde, siempre iluminando las pocas luces que tiene en la habitación. La última antes del descanso fue para el Zaragoza, con un balonazo alto de El Yamiq en un saque de esquina. El equipo de David Navarro se apreció mejorado en esta faceta.

La SD Huesca salió con fuerza de los vestuarios. Dani Luna, de muy buena segunda parte, avisó con tiro antes de que Andrada, con una manopla providencial, le tapara el gol. El rechace lo mandó fuera Sergi Enrich con toda la puerta para él. Los locales había mejorado, con un fútbol más atrevido, más incisivo. Al Zaragoza se le empezó a hacer bola el derbi, cada vez más espeso, con poco cuajo colectivo. Kodro salió por Cuenca.

Cada vez más cerca de Andrada, el Huesca le sacó una falta infantil a Larios, y del rechace, salió un penalti de esos justitos, de los que son cuando te los pitan a favor y no son cuando te los pitan en contra. Kodro midió mal, llegó tarde, y tocó a Jesús Álvarez. El penalti, esta vez sí, lo aseguró arriba Óscar Sielva. El partido estaba para esto, para un marca y gana, y el Huesca hizo valer su ventaja, pasando a dominar la trama contra un Zaragoza marchito, sin respuestas dentro y fuera del campo. Salió Tasende de la mano de Guti, de vuelta, pero el Zaragoza se empeñaba en hacer todo con mucho caos y sin pensar las cosas.

Mientras tanto el Huesca, con Peña lesionado, se echaba a lomos de Pulido, que empezó a ganar duelos como un poseso, jugando también su habitual partido psicológico, con alguna provocación antes de que el asunt0 llegara donde tenía haber llegado. Al Zaragoza se le atragantó el gol, se fue del duelo, mientras los locales protegían y defendían su área en ese asalto final, con Pinilla y Moya en filas visitantes. El duelo se calentó, y el Zaragoza optó por colgar a Insua de delantero, atacar directo… Pero ahí el Huesca se imponía, superior en el juego aéreo cerca de su portería. Con más ganas que acierto, el Zaragoza no supo cómo, un equipo que veía la vida marchar, condenado, mientras el Huesca ataba un triunfo que le da esperanzas.

El Huesca se agarra a la vida y condena al Zaragoza

Un penaltito con el que Arcediano Monescillo castigó al equipo de David Navarro a media hora del final decidió el derbi aragonés más dramático de la historia. Final de escándalo, con expulsiones de Andrada, que tumbó a Pulido de un derechazo, Tasende y Dani Jiménez.

El derbi aragonés más dramático de la historia acabó siendo el de la vergüenza y se resolvió a favor de la Sociedad Deportiva Huesca gracias a un penaltito, un máximo castigo que no lo pareció con el que Arcediano Monescillo penalizó al Real Zaragoza a media hora del final y del que el equipo de David Navarro ya no se repuso. El triunfo permite dormir al Huesca a dos puntos de la salvación, a la espera de lo que haga mañana el Cádiz, y deja al Zaragoza derrumbado en la penúltima posición y prácticamente sentenciado. El partido, rebosante de tensión, acabó con escándalo mayúsculo, tras la expulsión de Andrada y un rifirrafe en el tiempo de prolongación entre Pulido y el argentino, que acabó con un derechazo del portero al capitán del Huesca. El lío fue de época y acabaron también expulsados Tasende y Dani Jiménez.

El partido tuvo un comienzo vertiginoso, con un penalti del siempre acelerado Saidu sobre Toni Abad que permitió a Andrada redimirse de sus últimos pecados. En una intervención espléndida, el portero argentino rechazó a córner el lanzamiento desde los once metros de Sielva y salvó al Zaragoza de tener que ir a remolque desde el minuto seis, lo que hubiera encaminado el duelo para el Huesca demasiado rápido.

Después de la agitación inicial y de una fase de igualdad y máxima atención, el Real Zaragoza, ordenado en un 4-4-2 en rombo, fue poco a poco haciéndose con el mando del encuentro y, después de un par de avisos, tuvo su mejor ocasión en un cabezazo a bocajarro de El Yamiq que Dani Jiménez salvó con un paradón inverosímil. Una acción extraordinaria del guardameta del Huesca que también marcó la primera parte y que está por derecho propio entre las mejores de todo el campeonato en Segunda.

El Huesca se rehízo en el tramo final aprovechando cierta desidia de Mawuli en las disputas y el repliegue, pero fue el Zaragoza el que llevó casi siempre el peso del juego y el que más peligro llevó al área contraria tanto en combinaciones como en el balón parado.

El equipo de Oltra dio un paso adelante tras el descanso y en su segunda llegada pudo inaugurar el marcador en un doble remate de Luna y Sergi Enrich ante la salida de Andrada. El susto reactivó al Zaragoza, que renovó su apuesta ofensiva con la entrada de Kenan Kodro por Cuenca, pero un nuevo penalti, o más bien un penaltito precisamente de Kodro sobre Jesús Álvarez, permitió a Sielva aprovechar su segundo máximo castigo de la tarde, lo nunca visto en un derbi aragonés

Quedaba menos de media hora y el encuentro se le ponía definitivamente de cara al Huesca y cuesta arriba al Zaragoza, que queda malparado en la tabla y casi sentenciado a falta de cinco jornadas para el final, mientras el Huesca renueva sus esperanzas de salvación.