domingo, 17 de mayo de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº40 (17.5.2026)

 

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº40 (17.5.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3740

 REAL ZARAGOZA 1-3 REAL SPORTING

1-0, min. 22: Saidu.

1-1, min.29: Perrin.

 1-2, min. 40: Corredera, de penalti.

1-3, min. 94: Amadou

Ficha técnica

Real Zaragoza: Adrián Rodríguez; Juan Sebastián (Gomes, 73), El Yamiq, Radovanovic (Kodro, 46), Tasende (Larios, 73); Saidu, Keidi Bare, Moya; Cuenca (Moyano, 46), Pinilla (Tobajas, 77); y Dani Gómez.

Sporting de Gijón: Yáñez; Rosas (Kevin Vázquez, 53), Cuenca, Pablo Vázquez, Perrin, Pablo García (Diego Sánchez, 85); Justin Smith (Bernal, 69), Corredera, Manu Rodríguez; Gelabert (Amadou, 69) y Gaspar Campos.

Árbitro: González Esteban (Comité Vasco). Amonestó a Adrián Rodríguez (38), Yáñez (64) y Bernal (79).

Goles: 1-0, min: 22: Saidu. 1-1, min. 29: Perrin. 1-2, min. 40: Corredera, de penalti. 1-3, min. 94: Amadou.

  Real Zaragoza 1-3 Real Sporting

55.6 % Posesión 44.4 %
2 remates dentro 7
6 disparos bloqueados 0
8 remates fuera 3
10 disparos recibidos 16
1 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 0
18 faltas recibidas 8
10 faltas cometidas 19
129 perdidas de posesión 114
42 recuperaciones de posesión 52
0 fueras de juego 2
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 El Real Zaragoza se inmola con otra vergonzosa derrota en casa con el Sporting de Gijón (1-3)

En el enésimo espectáculo indigno de los aragoneses en esta terrible temporada que los lleva a Primera RFEF, el equipo desperdició el gol inicial de Saidu y fue remontado por un rival que vino de vacaciones y sin ningún aliciente.

En una nueva dosis de incapacidad y falta de nivel de sus futbolistas, el Real Zaragoza dijo prácticamente adiós a la Segunda División este domingo tras caer en casa ante el Sporting de Gijón por 1-3 en un partido insoportable, indigno que resume la trágica temporada que va a hundir al viejo club aragonés en la tercera categoría.

El nivel de vergüenza que provoca en el fútbol del Real Zaragoza hace días que sobrepasó lo que cualquier aficionado medio puede aguantar. Este partido de la antepenúltima jornada de liga, la 40, un día más con las últimas opciones de salvación en juego, resultó de nuevo intolerable como elemento de análisis frío y sintético. Así no se disputa una final, así no se afronta un duelo a vida o muerte. Y, así, se mancha la historia de un legendario club del fútbol español y europeo.

Tras 25 minutos de ciertas intenciones, favorecidas porque el Sporting de Gijón (como semanas antes el Granada o el Ceuta) vino a Zaragoza de campo y playa, sin alicientes ni riesgos, ya de vacaciones mentales, sin delanteros sobre el césped, el equipo que dirige David Navarro perpetró otros 25, los del final del primer tiempo, dignos de un grupo de Regional, sin alma ni calidad en los toques, movimientos y conceptos básicos del fútbol profesional. Una tragedia que, por más que es repetida desde hace largo tiempo, no deja de doler a los ojos y al corazón del zaragocismo.

Porque, como hace mes y pico ante el Mirandés, el Real Zaragoza aprovechó ese flujo del principio del partido, donde todo está virgen y los futbolistas empiezan a romper a sudar y a pensar, para adelantarse en el marcador. Antes del 1-0, ya habían tenido oportunidades más o menos claras un desorientado Cuenca, en el minuto 5, el espeso Moya en el 8, el verde Pinilla en el 10 y el aturullado El Yamiq en el 21. Todo ello sin que el relajado Sporting diera señales de vida por el área de Adrián Rodríguez. O sea, en un partido de calidad infumable, no apto para el consumo humano, no potable para ser ingerido por cualquiera que ame y estime mínimamente el viejo balompié de siempre, resulta que los zaragocistas estaban haciendo algo más que un pésimo adversario.

Cuenca disparó mal dentro del área. Moya intentó una vaselina desde 40 metros tras un fallo en la salida del portero Yáñez pero se le marchó muy alta. Pinilla, solo en el área pequeña, acabó con el balón muy alto por precipitación. Y el cabezazo de El Yamiq a centro de Moya lo sacó Yáñez en una palomita de mérito. Estas opciones ofensivas tomaron valor cuando llegó, en el minuto 22, el tanto que adelantó al Real Zaragoza, un chut con la zurda de un alborotado Saidu que entró cruzado ante la pasividad del guardameta gijonés, ahí un amigo.

Pero a este equipo zaragocista las neuronas no le deben de dar para más. Se apagó repentinamente. Como el día del Mirandés, patrocinó él solo, por sus barbaridades tácticas y técnicas en serie, el volteo del marcador desde ahí hasta el intermedio. Empezó una espiral de pifias mayúsculas que acabaron con el 1-2 en el tanteador. Justin Smith avisó en el minuto 28, en un mano a mano a espaldas de los centrales (Radovanovic y El Yamiq, horrorosos) que salvó bien en su salida Adrián. Pero en el 29, a la salida de ese córner (otra vez un saque de esquina), el central Perrin cabeceó a quemarropa un balón vuelto por Pablo García en el segundo palo. No defiende nadie. La zaga es una verbena, de fútbol laboral .

En el colapso mental que experimentó el Real Zaragoza en lo sucesivo, llegó enseguida el 1-2. Fue otro mano a mano, de Corredera, en otro agujero letal por el eje de la defensa local. Esta vez, Adrián llegó tarde y derribó con el pie al rojiblanco. El VAR tardó cuatro minutos en decidir con González Esteban que era pena máxima y amarilla para el portero, pues de entrada no se había considerado así y el linier indicó un fuera de juego que no era tal. El penalti lo tiró el propio Corredera, dos veces. En la primera, minuto 39, se lo rechazó Adrián, pero adelantándose sin pisar la raya, como dice el reglamento. Hubo que repetir y, en el 40, sí que engañó bien al cancerbero zaragocista. El chandrío estaba ya hecho una noche más.

El ambiente del Ibercaja Estadio, frío, lleno de desazón, con protestas repetidas pero sin demasiados decibelios, con más silencios y actitudes calladas que arrebatos de ira manifiestos entre la derrengada afición zaragocista, denotó en ese ínterin que llevó hasta la segunda mitad que la suerte está echada desde hace larguísimo tiempo. Lo de creer en la salvación ha sido más una pose que una convicción. Con este equipo es imposible tener una advocación. Es nulo en valores. De todo tipo, además.

David Navarro hizo dos cambios en la reanudación. Quitó a Radovanovic, que ya había amagado con una lesión a la media hora (la mil doscientas treinta y dos de la temporada en su cuerpo, entiéndase la ironía) y a Cuenca y metió a Kodro y Moyano, retrasando como central a Saidu. Este tipo de movimientos hace días que perdieron valor de divisa porque, realmente, suelen dar igual. Tanto monta, monta tanto… Y el balón echó a rodar a ver si de semejante galimatías futbolístico que es el Real Zaragoza surgía alguna casualidad. Porque, por méritos y aptitud, es imposible la mayor parte del tiempo que asome algo de enjundia. Este es un equipo muerto al que el destino de la liga guarda embalsamado hasta que el Cádiz quiera.

Empezó dominando la pelota el Real Zaragoza, como al inicio. Pero sin llegada. Sin combinaciones con ideas válidas, sin chispa en ninguna de sus piezas, sin encares, sin unos contra uno, sin desmarques a los espacios, sin pases que rompan líneas… Todo es mover el balón al tuntún, de patio de recreo, de reunión de solteros contra casados. Baja estofa. Impropio del fútbol profesional. Bare y Moya parecen dos retirados. El Yamiq cuenta los días para irse y para que empiece el Mundial con Marruecos. Los jóvenes, andan todos con el estigma de su insuficiencia permanente para dar la talla. Entre pitos de la grada, que se negaba a tragarse tanto aceite de ricino, Gelabert rozó el 1-3 en el minuto 58, tras quebrar a un frágil Tasende en el área chica y rematar alto rozando la escuadra izquierda.

Dani Gómez tocó ocho balones en tierra de nadie y protestó ocho veces al perderla. Le tienen tomada la matrícula los árbitros. Y también sus muchos puntos flacos todos los rivales. Así no sirve. Kodro empezó a bajar a tres cuartos para sujetar balones. Tasende se empeñó en centrar pelotas que siempre sacaban los centrales astures o se iban al limbo. Juan Sebastián no tenía una sola iniciativa válida. Se llegó al minuto 20 de la segunda parte sin nada que anotar en el apartado de acciones de gol del Real Zaragoza. Esto, perdiendo en casa en un día clave (el enésimo), es pecado mortal, claro está.

Si los córneres en contra son siempre mortales para este patético Real Zaragoza, ya puede tirar 20 a favor que es incapaz de hacer cosquillas a ningún contrincante. Este partido fue una nueva muestra de la candidez de esta plantilla en el balón parado y la estrategia. A falta de un cuarto de hora, una faltita lanzada por Tasende que detuvo sin moverse Yáñez en el 66 era el único bagaje atacante del cadavérico Real Zaragoza. Tocaba y tocaba en medio campo, también atrás con Adrián sin saber nadie que hacer con ese elemento tan extraño para ellos como es el balón, pero no pisaba jamás el área gijonesa.

Y el Sporting, pasota por definición, viendo que iba a ganar simplemente dejándose llevar como un surfista, sin mover un músculo, cada vez que salía de atrás con algún ansia, creaba una gran ocasión de gol. La tuvo para el 1-3 el recién salido Amadou, delantero tanque africano que cabeceó solo como la una en el área pequeña un centro de Gaspar y Adrián salvó en un paradón bajo palos, con redundancia, pues el mismo ariete acabó la jugada con un segundo remate sin éxito. David Navarro, inerme, había movido el árbol con Gomes y Larios saliendo del banquillo a los laterales (que perdiendo una final el técnico haga estos movimientos denuncia la descomposición de la plantilla y la falta de herramientas útiles que tiene) y más tarde dándole la alternativa a otro canterano, el mediocampista Tobajas. Nada sustancial. Esto es lo que hay. Se te ha roto el motor y has pinchado tres ruedas pero solo puedes cambiar los embellecedores de las puertas. Desolador. Denunciable. Históricamente intolerable.

La recaída muscular de El Yamiq en el minuto 86, con los cinco cambios hechos, fue la guinda a este pastel de miserias que es el Real Zaragoza de los últimos años. El partido acabó sin una sola opción de empatarlo jamás. Con Gaspar Campos perdonando a bocajarro otro gol y con el 1-3 lacerante de Amadou, corriendo a puerta vacía desde campo propio tras una falta botada por Moya sobre el único de la barrera rojiblanca cuando el portero Adrián había subido al remate. Impotencia superlativa. Repelente todo.

El Sporting cierra el ataúd del Zaragoza

El equipo aragonés desaprovechó su última oportunidad de engancharse a la vida y ya está virtualmente en Primera Federación.

El Real Zaragoza ya está virtualmente en Primera Federación. Envuelto en la fatalidad e incapaz de ganarle a nadie, desaprovechó su última oportunidad de engancharse a la vida y el Sporting le cerró la tapa de su ataúd. El descenso todavía no es efectivo, pero no tiene vuelta atrás y supone la culminación de la etapa más negra de la historia del club aragonés. Llevaba cuatro años jugando con fuego y al final se ha quemado y cae fuera del fútbol profesional. Lo nunca imaginado está a punto de suceder.

El Zaragoza empezó el partido en el fondo del fondo de la tabla y a cinco puntos del Cádiz, una situación absolutamente desesperada, pero salió a jugar encendido, como un cohete, y encerró al Sporting a base de nervio, empuje y rápidas combinaciones. Primero avisó Cuenca con un disparo cruzado, después El Yamiq con un cabezazo y a la tercera, Saidu enganchó un derechazo desde fuera del área que sorprendió a Yáñez. Corría el minuto 23 y el encuentro se le ponía de cara al equipo aragonés. Pero su alegría le duró muy poco. En el primer contragolpe asturiano Adrián Rodríguez tuvo que mandar a córner un mano a mano con Justin y en la acción siguiente llegó el empate. El Zaragoza, ya se sabe, es un completa ruina en la defensa de los saques de esquina y encajó el 1-1 al cabecear Perrin a bocajarro una pelota que había prolongado Pablo Vázquez.

Al Zaragoza se lo comieron entonces los nervios y, en otro error fatal de toda su organización defensiva, Adrián derribó dentro del área a Corredera y, aunque inicialmente el juez de línea levantó la bandera por fuera de juego de Gelabert, el árbitro acabó corrigiendo la decisión tras comprobar en el monitor que no había ‘orsay’. El portero detuvo el lanzamiento desde los once metros de Corredera, pero el colegiado ordenó su repetición al avisarle desde el VAR que Adrián no estaba pisando con ningún pie la línea de meta y Corredera ya no falló a la segunda. Conclusión: el Zaragoza pasó de ir ganando a perder con un córner absurdo y un penalti que había parado Adrián a la primera. La fatalidad completa.

David Navarro movió el banquillo en el descanso e introdujo un doble cambio: Sebas Moyano y Kenan Kodro por Cuenca y Radovanovic, éste con molestias musculares, pasando de un dibujo 4-1-4-1 a un 4-4-2, con Saidu ahora como central. Pero el intento de agitación resultó baldío, porque el Sporting, pese a estar también plagado de bajas, se defendió con orden y oficio y porque el Zaragoza fue siempre muy predecible. Ni tiene fútbol ni futbolistas. Con el reloj corriendo a toda velocidad, lo intentó a base de corazón y de centros laterales de Tasende, pero nada le salió. Y pudo ser peor, porque Adrián le negó dos cabezazos consecutivos de gol a Amadou, antes de que el delantero gijonés firmara en la prolongación el definitivo 1-3.

Debutó en los últimos minutos Jaime Tobajas, un juvenil con desparpajo, en la única nota de esperanza de otra noche negra para el Zaragoza y el zaragocismo.

 

sábado, 9 de mayo de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº39 (9.5.2026)

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº39 (9.5.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3739

 REAL VALLADOLID 2-0 REAL ZARAGOZA

1-0, min. 3: Latasa

2-0, min. 86: Ángel Carvajal

Ficha técnica

Valladolid: Aceves; Iván Alejo, Pablo Tomeo, David Torres, Clerc; Juric, Ponceau (Marcos André, 71'), Lachuer (Maroto, 62’); Peter Federico (Sanseviero, 62’), Latasa (Carvajal, 85') y Biuk (Amath, 85').

Real Zaragoza: Adrián Rodríguez; Juan Sebastián, Insua (Pomares, 77), El Yamiq (Alex Gomes, 46’), Larios; Toni Moya, Keidi Bare; Francho (Kodro, 64’), Rober González, Cuenca (Pinilla, 56’); y Dani Gómez (Soberón, 77’).

Goles: 1-0, min. 3: Latasa. 2-0, min. 86: Ángel Carvajal.

Árbitro: Fuentes Molina (Comité Valencian). Mostró amarillas a Insua (14’), Biuk (24’), Torres (40’), El Yamiq (45+), Ponceau (57’), Lachuer (58’), Maroto (67'), Pomares (80') Larios (90’). Expulsó a Soberón con roja directa (81’).

 Real Valladolid 2-0 Real Zaragoza

43.9 % Posesión 56.1 %
3 remates dentro 5
0 disparos bloqueados 0
3 remates fuera 3
 disparos recibidos
5 tarjetas amarillas 4
0 tarjetas rojas 1
18 faltas recibidas 22
22 faltas cometidas 18
99 perdidas de posesión 124
46 recuperaciones de posesión 38
4 fueras de juego 1
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El Real Zaragoza es un alma en pena y cae contra el Valladolid (2-0)

Contra un rival de juego mínimo, el equipo aragonés da un paso casi decisivo hacia el descenso con una nueva derrota, plena de impotencia y desatinos, reflejo de un equipo condenado que puede bajar el próximo domingo.

El Real Zaragoza comenzó a rellenar su certificado de defunción en Valladolid con su mismo puño y letra, porque, aunque aún vive, y por eso sigue cometiendo errores injustificables, es un equipo muerto. La derrota en Pucela le deja ya maquillado para el ataúd, con el reloj de la boda en la muñeca y la foto de los nietos en el bolsillo, por mucho que el Cádiz y las matemáticas alimenten opciones. Pero llegará un día en el que ya será imposible estirar y retorcer la aritmética más allá de lo que tu propio fútbol te permite. Cayó el Zaragoza contra un Valladolid de mínimos, en un partido de nivel pobre de los dos equipos, muy espeso, insípido e igualado a la baja. La derrota fue un buen resumen de la temporada: fallos defensivos evitables, una nefasta protección del balón parado, incapacidad de marcar un gol e imponerse en área contraria… Al Zaragoza no le dio ni le da cuando juega mal, ni tampoco cuando juega algo mejor, como en la segunda mitad. Hace días que es un quiero y no puedo. Si las matemáticas a las que está agarrado desde hace meses se ponen crueles, con el Cádiz a cuatro puntos a falta de nueve por jugarse, el Zaragoza puede consumar su descenso la próxima semana en su estadio contra el Sporting.

David Navarro afrontó la última plaga de bajas con la novedad principal de un doble pivote refundado en los nombres de Keidi Bare y Toni Moya, una elección apoyada en la idea de mejorar las posesiones, darle poso y continuidad al juego, y, de paso, un pie especializado en el balón parado. Juan Sebastián y Cuenca, uno en el lateral derecho y el otro en el extremo izquierdo completaron los cambios principales en el regreso del 4-2-3-1. En el Valladolid, Fran Escribá perdió por lesión de última hora al clarividente Chuky, ausencia que el técnico aprovechó para encofrar su centro del campo con tres mediocampistas puros, sólidos y físicos, como Juric, Lachuer (segundo punta en la presión) y Ponceau, el motor del juego.

Ese triángulo devoró al Zaragoza desde el principio, fase del partido en la que el equipo de David Navarro volvió a dispararse al pie. Un despeje inaceptable de Insua regaló un saque de esquina, acción en la que es ya conocida hasta en los lugares más recónditos del planeta la incapacidad aragonesa para defenderlas. Lo sabía Escribá, cuya alineación estaba afilada de centímetros para la ocasión, en un Valladolid, además, fuerte en estas jugadas que llevan sembrando el pánico en el Zaragoza desde hace meses. Si no se sabe defender los córners, lo mejor es no regalarlos. Y de ahí nació el gol cuando apenas nacía el partido: Latasa, una grúa de ‘Megaconstrucciones’, le pegó un cabezazo portentoso al balón para adelantar a los pucelanos.

El gol fue un mazazo para este Zaragoza muerto en vida, caminando a paso de zombie durante buena parte de la primera mitad. Cada control, cada toque, cada pase, cada despeje eran una pesadilla. El Zaragoza temblaba como un flan, obtuso, bloqueado, frente a un rival acomodado en la ventaja pero con fisuras que no se sabían interpretar, sobre todo, en el flanco derecho. El juego posicional fue un naufragio.

La solución era balones a Rober, convertido por sí mismo, en un sistema de juego, cargándose el fútbol de su equipo en su espalda. Pero no es Michael Jordan. Demasiado poco apoyado, no terminaba de producir nada, mientras el partido se adentraba en un páramo desértico, pobre e inhóspito. Un duelo de bajo calibre, entre dos equipos con más problemas que virtudes.

Una falta a la que no llegó Keidi Bare fue la primera aproximación del Zaragoza, un equipo incapaz de conectar tres secuencias, de abrirse camino en el campo, de generar ventajas, superioridades, amenazas… El Valladolid solo tenía dos cosas que hacer: no perder el orden y atacarle la profundidad a su rival con juego directo a sus extremos o al imán que supone tener un delantero como Latasa, castigo insoportable para unos desbordados Insua y El Yamiq.

El Zaragoza no fluía y se perdía en cada duelo. El Valladolid era muy superior en lo físico: resistencia, velocidad, fuerza… Su centro del campo borraba cualquier trazo que pudieran dar los jugadores de David Navarro. Cada duelo, era un barco hundido en esa marea ácida en la que operaban los aragoneses, cuyo dominio plano, denso e improductivo no terminaba de ofrecer soluciones. Desde ese cuerpo a cuerpo, los pucelanos controlaban la situación. En ataque, la superioridad física de sus extremos, Peter Federico y Biuk, era su gran argumento.

Pasaban pocas cosas, más allá de alguna escaramuza local -un Valladolid de apreciable pobreza creativa también-. Dani Gómez se topó con Aceves en un tiro muy centrado. En esa recta final el acto inicial, el Zaragoza mejoró sensaciones, se pudo asentar más en campo rival, abrir el campo después de una tarde jugando en un embudo, y, al menos, ofrecer algo que llevarse a la boca. Dani Gómez no aprovechó un balón perdido en un envío de Toni Moya, justo antes de un descanso que le llegó al Zaragoza cuando menos mal estaba.

Al regreso al ruedo, el Zaragoza salió en la misma línea. Había tonificado su fútbol, no fortalecido, y eso le permitió encajonar cada vez más al Valladolid en su tercio defensivo. En el vestuario se había quedado El Yamiq, relevado por Álex Gomes. Por arriba, volvió a amenazar Juric, justo cuando el partido comenzó a inclinarse hacia la banda derecha del Zaragoza, territorio en el que las finuras de Rober González ofrecieron a su equipo una ventana de oportunidad. No era un dominio consistente pero sí geográfico, y el Zaragoza comenzó a generarse ventajas en esa zona. Insua la tuvo en un saque de esquina. Al campo salió Pinilla, mientras Toni Moya empezaba a carburar fútbol. Tuvo un tiro lejano que exigió a Aceves tras una cristalina jugada de Rober.

Escribá movió piezas con Maroto y Sanseviero. Y Navarro, aprovechando esa inercia ofensiva de su equipo, metió a Kenan Kodro por un Francho al que el físico apenas le permite competir. Y Francho sin físico no es Francho, es un corazón que no puede llenar de latidos a su equipo.

El Valladolid, empequeñecido, apenas sujetaba el balón. Aun con todo, Biuk probó a Adrián. El Zaragoza lo rozó poco después: Kenan Kodro chutó un pase al palo. Ese golpe a la madera dolió a todo el Zaragoza. El equipo aragonés sigue negado, ni marca cuando juega mal, ni marca cuando juega algo mejor.

Escribá metió a Marcos André, un punta, por Ponceau para cazar a un cada vez más abierto Zaragoza a la contra. Lo pudo hacer primero el delantero brasileño y luego Latasa, pero estuvo bien Adrián. Insua no pudo más, le sustituyó Pomares y, aprovechando la última ventana, Soberón entró por Dani Gómez.

El Zaragoza ya era completo dueño de los acontecimientos. Merecía el gol, pero los goles hace tiempo que este equipo no hay que merecerlos, hay que marcarlos. Pudieron hacerlo Kodro y Pinilla pero no se pusieron de acuerdo: fue un tira tú que yo no tiro. Luego, Soberón disparó a las manos de Aceves. El Zaragoza esta bien, sujetado atrás por Alejandro Gomez. Y así, Soberón, excedido de vueltas, pisó a Latasa y el árbitro le colgó una roja encima.

Fue una acción decisiva que le cortó el cable de la corriente al Zaragoza. Entraron Amath y Carvajal, máximo goleador del filial del Valladolid, debutante en el primer equipo. Apenas llevaba un minuto en el campo, y aprovechó un fallo de Gomes para ajusticiar al equipo de David Navarro, abatido, impotente, derrotado, condenado. No había manera: la afición del Zaragoza estalló contra todos, mientras Pucela entera les aplaudía su fe, su suerte y su destino. Un gesto de adiós.

 

viernes, 1 de mayo de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº38 (1.5.2026)

 

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº38 (1.5.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3738

 REAL ZARAGOZA 0-1 GRANADA

0-1, min. 98: Sola

Ficha Técnica

Real Zaragoza: Adrián Rodríguez; Aguirregabiria, Insua, El Yamiq, Larios; Saidu (Mawuli, 70), Francho (Pinilla, 86), Rober González, Moyano (Guti, 70); K. Kodro (Cuenca, 70) y Dani Gómez.

Granada CF: Astralaga; Lemos (Casadesús, 64), Diaby, Loic Williams, Diallo; Alcaraz, Trigueros (Izan González, 64), Alemañ (Sergio Ruiz, 89); Pablo Sáenz, Jorge Pascual y Arnáiz (Sola, 75).

Árbitro: Pérez Hernández (Comité Madrileño). Expulsó a Jorge Pascual (94), con roja directa. Amonestó a Trigueros (15), Aguirregabiria (31), Loic Williams (45+2), Alcaraz (57), Saidu (58), Lemos (61), Insua (84) y Sola (90).

Goles: 0-1, min. 98: Sola.

 Real Zaragoza 0-1 Granada

45.1 % Posesión 54.9 %
2 remates dentro 4
3 disparos bloqueados 3
2 remates fuera 4
11 disparos recibidos 7
3 tarjetas amarillas 5
0 tarjetas rojas 1
16 faltas recibidas 15
16 faltas cometidas 17
140 perdidas de posesión 112
38 recuperaciones de posesión 35
0 fueras de juego 2
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El Real Zaragoza firma su defunción ante el Granada por incapacidad manifiesta

Tras un partido impropio de tanto como había en juego, donde solo servía ganar para salir del descenso a Primera RFEF, el equipo aragonés encajó el tanto de la derrota en el minuto 98 y cayó abatido definitivamente.

Ni trenes que pasan seis veces sin que el Real Zaragoza se suba, ni esperas del Cádiz para que el Real Zaragoza lo alcance… No hay nada que hacer. El Real Zaragoza no puede seguir en Segunda División. Se cae del fútbol profesional porque es muy malo. Porque no tiene remedio al carecer de materia prima en todos los rincones de su SAD. La derrota ante el Granada, por lo que supone y por el formato de lo visto, es mortal de necesidad. Un disparo al corazón. Una cornada en la femoral.

La primera jugada del partido fue un engaño mayúsculo, esa fruta madura y dulce que se pone de cebo en la caja que esconde decenas de piezas pasadas de fecha y pansidas que, si un comprador no ve ni toca, acaba llevándose a casa bajo el trampantojo de la vista en el escaparate. Porque el tiro desde 20 metros de El Yamiq, un voleón potente al rechace de un centro al área del Granada cuando no se llevaban aún 40 segundo de juego y que echó a córner en un paradón Astralaga fue durante más de tres cuartos de hora de primer tiempo lo único potable de un Real Zaragoza flojo, nervioso, sin chispa. En ningún momento pareció estar jugándose la vida. Esa sensación que en el fútbol de siempre nunca faltó en los equipos que están al borde de un precipicio y mueren con todo.

No. El Real Zaragoza lleva ya varios partidos sin esa imagen de casta, de implicación mínima, que siempre se solicita en casos así. Seguro que David Navarro piensa lo mismo. Pero quizá no pueda hacer nada más de lo que se ve. El reactivo en el carácter de la gente, o se lleva en la sangre o no se lleva. Eso no se compra en grandes almacenes ni en tiendas de ultramarinos. Porque no se vende. Va en los cromosomas de cada ser humano. O no va. Eso que eufemísticamente se nombra como bemoles se echó a faltar un día más. Es lo que hay, desde agosto.

El 0-0 del descanso estuvo muy bien. Lamentablemente bien en una noche donde solo servía ganar desde los preámbulos. Porque la vida se está yendo por falta de cintura y margen de maniobra. Y estuvo fenomenal porque en el minuto 40 el Granada marcó lo que durante cinco minutos de revisión de VAR supuso en el marcador el 0-1. Fue una falta lateral, sacada por raso por Pablo Sáenz, que se paseó por toda el área zaragocista sin que nadie la restase, con hasta tres delanteros rojiblancos entrando al remate y Alcaraz, en el segundo palo, empujando a la red a puerta vacía. Increíble pasividad y falta de intuición de todo el sistema defensivo… algo gemelo a aquello del 2-2 letal del día del Ceuta en esa misma portería. Pero hubo fuera de juego posicional de Trigueros, que les costó ver a los de la cibernética, aunque era palmario. Se anuló ese tanto y eso evitó que la imagen final en el intermedio fuera patética.

Entre ese disparo citado de El Yamiq nada más empezar y el pitido de la mitad del duelo, el Real Zaragoza solo tiró con peligro otra vez más: en el aumento, en el 45+3, Dani Gómez falló uno de esos goles que no se deben fallar ni en Regional. Un cabezazo a placer en el área pequeña en una falta botada por Moyano que cruzó en demasía, fuera por un metro. Y, entremedias, hubo un larguísimo trecho de la más absoluta nada zaragocista. Ni una jugada ligada. Ni una. Todo improvisación y pérdidas constantes. Kodro, que fue titular junto a Gómez en punta, no se enteró de la fiesta. Moyano, novedad en vez de Cuenca en una banda, fue un cohete de toro de fuego, de esos que dan vueltas sin rumbo fijo y acaban apagándose al rato. En la media, Francho y Saidu compusieron un doble pivote ciego de balón e ideas. Rober no tuvo su día, alborotado. Los laterales, Aguirregabiria y Larios, nulos en misiones creativas u ofensivas. O sea, un equipo desvanecido y, lo peor, sin rasmia.

 De esa quietud zaragocista, el Granada pudo aprovecharse hasta en tres ocasiones, más allá de la que fue gol y se anuló ya citada. En el minuto 14, Trigueros voleó desde la frontal, solo, y Adrián Rodríguez, que volvía a la fuerza por la expulsión de Andrada, sacó una mano salvadora arriba cuando iba dentro. En el 27, Diaby cabeceó un córner (siempre igual, qué pecado defensivo siempre), alto por fortuna. Y en el 34, Arnáiz entró en el área, disparó de rosca y el balón se le fue un metro fuera por el palo lejano. Un equipo, el granadino, sin apenas iniciativas, muy pasota y a verlas venir desde el mismo inicio de todo. Pero que, aun así, fue capaz de ser mejor en ataque que el necesitado Real Zaragoza. Fue todo bastante decepcionante.

No se puede contar nada más de los blanquiazules. No se escamotea ni un átomo de información si se deja así lo ocurrido en la primera mitad. La presumible actitud de ir a muerte por parte de los zaragocistas no asomó por casi ningún lado. Predominó la imprecisión y la parsimonia. Esto no es lo que habitualmente se entendió siempre como acosar, rascar, comerse la hierba… Tal vez en el neofútbol alguien salga a explicarnos que sí, que los parámetros del GPS dicen que sí que hubo de esa materia, aunque no la viéramos a flote.

El segundo tiempo empezó con susto

En el refrigerio, David Navarro y Pacheta, los entrenadores, no hicieron cambios. O confiaban en reparar los muchos defectos o las piezas de recambio no eran para echar cohetes. El segundo tiempo empezó con otro susto mayúsculo para el Real Zaragoza. Otro córner pésimamente defendido, botado por Pablo Sáenz muy cerrado, se lo comió Adrián Rodríguez y, por fortuna, ninguno de los dos granadinistas que había en el segundo palo lograron conectar a gol la pelota muerta. Era el minuto 49. Fue un aviso ya muy claro de que, o espabilaba el cuadro zaragozano o iba a salir triturado de este partido.

El público se calentó, con el equipo, cuando el árbitro madrileño Pérez Hernández le perdonó la segunda amarilla y, por ello, la roja, a Loic Williams en el minuto 53 por un agarrón continuado a Rober González. Un criterio inentendible. Fue flagrante. En otros campos, es roja de libro. En Zaragoza, solo falta. A partir de ahí, al menos, subieron los decibelios en el ambiente. No así el nivel del fútbol. El primero que movió fichas, dos, fue Pacheta en el Granada, poniendo en juego a Izan González y Casadesús a falta de 25 minutos. Navarro esperó algo más y metió un triple cambio: Guti, Mawuli y Cuenca al campo en vez de Moyano, Saidu y Kodro en el minuto 70. Una mutación muy visible en busca de ese arreón final, a la desesperada, en día obtusos o llenos de imperfecciones. Y este lo era una vez más.

Faltaban 20 minutos para el final y el Real Zaragoza no había hecho una sola oportunidad de gol, ni un disparo a portería. Terrible. Inaceptable en un día tan culminante. El primer efecto de la medicina aplicada por Navarro fue una incursión de Cuenca por la izquierda que acabó en el área con un chut raso a las manos de Astralaga. Era el 72 y eso levantó el ánimo de la grada. Hacía falta apretar mucho más. El reloj iba a toda velocidad. Y, como en toda la noche, la sensación de insuficiencia del equipo zaragocista era tenebrosa, daba miedo. Dolía, más bien. Daba pena. Si surgía el gol de la victoria, ese 1-0 que en el fondo de cada cerebro zaragocista se soñaba en esta recta final del partido, iba a ser en algún arrebato esporádico, en algún milagro silvestre.

Pudo llegar en el minuto 83, cuando Francho, solo en el área tras un pase de Dani Gómez, se lo pensó demasiado y, cuando tiró a puerta, ya estaba Diaby delante para taponarle el presunto gol. Mal resuelto un balón que en otro ámbito hubiese ido dentro. Tiemblan las piernas. El miedo atenaza los músculos… y el cerebro. Fue lo último que hizo antes de ser suplido por Pinilla. La última bala. En la recta final del duelo, con el equipo atrancado, costó al Real Zaragoza hasta meter balones al área del Granada, lo más básico, lo elemental. No se vivió nunca un ambiente ni un fútbol de presión máxima, de pelea con sangre hasta la úlima gota. Se vio a un equipo muy entregado, asumiendo su inferioridad, como en el boxeo cuando en el rincón tiran la toalla.

En el minuto 95, recién expulsado por piar el delantero granadinista Jorge Pascual, el Zaragoza metió una pelota en profundidad, le cayó a Pinilla que regateó al portero, se escoró en el área y, de nuevo con tembleque, remató al lateral de la red, fuera. Ahí pudo estar el famoso clic que nadie tiene ni encuentra hace mes y medio en el Real Zaragoza. El mismo mal de timidez e incapacidad que sufrieron los zaragocistas con una falta a favor en la medular en el minuto 98 que… ¡nadie volcó al área del Granada! Ni Guti, ni Mawuli, ni Pinilla. Un mal pase a Dani Gómez lo cortó la zaga visitante y montó una contra de tres para uno, el portero Adrián, vendido. Sáenz le regaló el 0-1 a puerta vacía a Sola. Y ahí acabó todo.

Una forma definitoria de morir. Una metáfora de este disparate que es el Real Zaragoza especialmente en los últimos cuatro años de esta propiedad. Seis partidos seguidos sin ganar cuando la liga ha puesto en bandeja la salvación al peor Zaragoza de la historia. Increíble. Inolvidable. Trágico. Letal. Nada que no esté escrito aquí desde agosto, con la evolución progresiva de las cosas.

El Zaragoza es carne de Primera Federación

Un gol dramático de Álex Sola en el minuto 98′ sella la salvación del Granada y deja sentenciado a un impotente equipo aragonés.

El Real Zaragoza es carne de Primera Federación. El equipo aragonés desaprovechó una nueva oportunidad de engancharse a la vida y dormir, al menos una noche, fuera del descenso y en la última acción de un largo descuento encajó un gol dramático que le deja ya sentenciado. Lo cierto es que prácticamente todo el partido fue un ejercicio de nervios y de impotencia del Zaragoza frente a un Granada que vino casi de vacaciones, dio mil facilidades y deja con esta victoria abrochada su permanencia en Segunda.

Adrián Rodríguez, sustituto del castigado Andrada, Sebas Moyano y Kenan Kodro fueron las tres novedades en el once de David Navarro, que aparcó el rombo y recuperó la doble punta, mientras Pacheta introdujo hasta cinco cambios en su alineación: Astralaga, Diaby, Trigueros, Pablo Sáenz y Jorge Pascual relevaron a Luca Zidane, recién operado, Hormigo, Oscar Naasei, Sergio Ruiz y Petit.

El Zaragoza entró bien al partido, con un rapidísimo obús de El Yamiq desde fuera del área y tres saques de esquina en los diez primeros minutos, pero el Granada no tardó en despertar y Adrián tuvo que atajar a una mano un gran disparo de Manu Trigueros. El partido entró entonces en una larga fase de equilibrio, sin ocasiones en ambas porterías, pero con la sensación permanente de inseguridad y de dudas defensivas en los dos equipos, hasta que, a tres minutos del descanso y tras revisión en el monitor del VAR, el árbitro le acabó anulando un gol a Rubén Alcaraz por fuera de juego previo de dos jugadores del Granada. Y como en el fútbol todo es imprevisible, casi acto seguido el Zaragoza pudo adelantarse en el marcador con un cabezazo picado de Dani Gómez en una falta templada de Sebas Moyano, demasiado poco para lo que estaba en juego para el conjunto aragonés, al que el gas inicial se le acabó enseguida.

La polémica no tardó en aparecer en la segunda parte, cuando en el minuto 51 Pérez Hernández, con el que no conoce la victoria el Zaragoza, le perdonó la segunda tarjeta amarilla a Loïc Williams por una falta sobre Rober, que se marchaba contra el portal de un nervioso Astralaga. Esa acción le metió más nervios y tensión al encuentro y desconectó al Zaragoza frente a un Granada que no dejó de crear peligro a balón parado.

A veinte minutos del final y con el reloj corriendo ya a toda velocidad, David Navarro metió un triple cambio y modificó el dibujo, pasando a un 4-2-3-1. Entraron Mawuli, Raúl Guti y Cuenca y se fueron a la ducha Saidu, Sebas Moyano y Kenan Kodro en un intento desesperado por inclinar el duelo. Con más corazón que cabeza, el Zaragoza se jugó el todo por el todo en el tramo final, pero ni Francho ni Pinilla acertaron con todo a su favor. Todo lo contrario que Álex Sola, que culminó en el 97′ un contragolpe definitivo del Granada, que llevaba tres minutos con un jugador menos por expulsión de Jorge Pascual.