domingo, 5 de abril de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº34 (5.4.2026)

 

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº34 (5.4.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3734

 REAL ZARAGOZA 1-2 MIRANDES

1-0, min. 22: Dani Gómez, de penalti

1-1, min. 45: Unax

1-2, min. 53: Carlos Fernández

Ficha Técnica

Real Zaragoza: Andrada; Aguirregabiria, El Yamiq, Radovanovic, Larios; Keidi Bare, Saidu (Mawuli, 46); Rober González (Tasende, 78), Pinilla (Cuenca, 46); Dani Gómez (Soberón, 73) y Kodro.

CD Mirandés: Juan Palomares; Tamarit (Novoa, 46), Juan Gutiérrez, Cabello, Medrano; Thiago Helguera, Bauzá (Selvi, 82); El Jebari (Siren Diao, 67), Javi Hernández; Carlos Fernández (Aarón Martín, 82) y Unax (Varela, 67).

Árbitro: Orellana Cid (Comité Andaluz). Amonestó a Medrano (20), El Yamiq (21), Bauzá (32), Saidu (36), El Jebary (42), Tasende (53), Juan Gutiérrez (58), Unax (61), Dani Gómez (69), Varela (74), Juan Palomares (86), Keidi Bare (88) y Javi Hernández (97).

Goles: 1-0, min. 22: Dani Gómez, de penalti. 1-1, min. 45: Unax. 1-2, min. 53: Carlos Fernández.

Real Zaragoza 1-2 Mirandes

61.2 % Posesión 38.8 %
4 remates dentro 3
14 disparos bloqueados 7
8 remates fuera 5
15 disparos recibidos 26
5 tarjetas amarillas 8
0 tarjetas rojas 0
21 faltas recibidas 15
16 faltas cometidas 22
127 perdidas de posesión 110
39 recuperaciones de posesión 47
1 fueras de juego 2
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Chasco morrocotudo del Real Zaragoza al caer 1-2 ante el colista Mirandés

Dani Gómez adelantó a los aragoneses de penalti al inicio del partido pero, después de perdonar varias opciones para haber apuntillado a los burgaleses, los goles de Unax antes del descanso y Carlos Fernández en la reanudación voltearon el marcador duramente. El equipo pierde así la opción de quedarse a solo un punto de la raya de la permanencia.

El Real Zaragoza se perdió en el laberinto de la ineficacia en el peor día posible. Los marcadores de la jornada 34 habían sido todos muy favorables para sus intereses, habían perdido todos los rivales o posibles adversarios a futuro inmediato en la pelea por la permanencia. Ganar era quedarse a solo un punto de la vida. Pero se fallaron todas las ocasiones de gol, algunas cristalinas, y hubo agujeros en defensa que penalizaron. Y el chasco final fue de los grandes. Un golpe que deja al zaragocismo aturdido.

El primer tiempo tuvo una trama en forma de montaña rusa, de torbellino de sensaciones, de ducha de contrastes en un balneario. Sin haber un fútbol de calidad, que no lo hubo, el balón se movió con agilidad de lado a lado por ambos equipos, con más minutos de mando e intento de inspiración de los zaragocistas pero con los burgaleses siempre prestos a sacarse un conejo de la chistera a través de sus individualidades en ataque, que las tiene buenas. El 1-1 del descanso hizo justicia en el global de ocasiones, pero dejó al zaragocismo con la sensación de haber perdonado el 2-0 en el rato en el que estuvo en ventaja y pudo hacer más en cuanto a solvencia.

El Mirandés, un bloque de toque lento, buena colocación en el campo y chispazos, empezó algo mejor. Y Juan Gutiérrez estuvo cerca de marcar el 0-1 en el minuto 4 a la salida de un córner mal defendido por la zaga local, un mal que se repitió más tarde varias veces. Su disparo con la derecha pegó en Saidu para evitar que fuese gol, se fue a saque de esquina. Le dio en la brazo y el VAR miró por si era penalti. No lo fue porque lo tenía pegado y no ocupaba espacio extra. Pero a partir de ahí, el Real Zaragoza tuvo media hora de manejo del timón casi siempre. Con Rober González iluminado con el balón, el dúo atacante (recuperado por David Navarro) Dani Gómez-Kodro abriendo espacios y Keidi Bare en labor de fuelle, se hicieron varias llegadas potables.

En el minuto 8, Rober González empalmó un centro de Aguirregabiria y el balón dio en un zaguero rojinegro antes de irse a córner por muy poco. En el 13 fue Kodro que que culminó una buena contra de Pinilla y Rober, con un chut raso que dio en el trasero de Cabello y no fue a portería con todo a favor. Así, con el Real Zaragoza de crecida, llegó el 1-0 mediante un penalti clarísimo de Medrano a Rober González, que se metía solo al espacio en el lateral del área. Lo convirtió en tanto Dani Gómez, raso a la izquierda de Juan Palomares, y el Ibercaja Estadio estalló de alegría. Los resultados de la jornada, los de los rivales por la salvación, habían salido redondos.

Desde ese minuto 22 hasta los últimos 15 del primer periodo debió sentenciar el Real Zaragoza. Pudo. Pero le sigue penalizando su falta de destreza ante las porterías rivales. Mal endémico. En el 27, de nuevo Kodro, torpe en la decisión, debió marcar en un pase de Dani Gómez a placer tras otro contragolpe certero de Rober González, el mejor de ese tramo del choque. Pero el hispano-bosnio disparó al muñeco, al pie de Juan Gutiérrez, y perdonó el 2-0. Ahí se apagó la luz del equipo de Navarro. Y revivió desde la oscuridad el Mirandés.

El Jabary, extremo zurdo velocísimo, hizo una incursión individual de lujo en el 30 y su mano a mano lo salvó Andrada por encima del larguero con gran acierto. Fue el aviso de lo que venía. En el 44, a la salida de otro córner sin buena defensa zaragozana, Juan Gutiérrez cabeceó al larguero y el balón botó cerca de la raya de gol. El equipo blanquillo estaba increíblemente apagado. Fue como un apagón general. Y ahí se vio la verdadera dimensión de la osadía mirandesa, equipo muy desinhibido, un colista osado. En el minuto 45, con la retaguarda blanquilla hecha un flan, vino el 1-1. Lo marcó el chaval Unax, de semichilena en el área pequeña, solo como la una, tras un centro de Hernández que él mismo debió materializar antes, pero le dio al aire. Se veía venir desde mucho tiempo antes este golpe al hígado de los locales.

Y hubo que dar gracias porque el problema pudo ser de órdago a la grande en el intermedio. Porque en el tiempo de aumento, Carlos Fernández se fue hacia el área tras una pifia en la salida de la pelota de un irregular Saidu y su remate se le fue alto rozando la escuadra izquierda por dos palmos. Otro perdón del Mirandés en un plis plas. Y hubo otro más: Javi Hernández, un gran futbolista técnicamente, hizo tres regates en carrera dentro del área aragonesa y su disparo final tocó en El Yamiq y salió fuera rozando el poste. El pitido final de Orellana Cid, un pistolero con las tarjetas, fue agua bendita para un Zaragoza grogui.

David Navarro movió fichas en la caseta. Dejó fuera a los desdibujadosPinilla y Saidu, este realmente alocado en varias jugadas de riesgo, y metió a Cuenca y Mawuli. El equipo zaragocista salió del vestuario espoleado, hubo filípica. Pero Kodro erró dos ocasiones seguidas nada más reanudarse el juego. No fue la noche del ariete. En la primera, minuto 46, chutó con la zurda en un centro atrás de Rober González, alto por un metro. En la siguiente, en el 49, tras dudar en la conducción en otra asistencia de Rober, acabó enviando el balón al poste derecho, raso. Mala fortuna, sin duda.

Y se repitió el proceso del primer tiempo. Errar dos veces el posible 2-1 dio paso a que, en la primera llegada del Mirandés, lo que subiese al marcador fuera el 1-2. Un mazazo terrible que silenció el graderío. Lo marcó el delantero Carlos Fernández, de espuela, remate de categoría, en una acción iniciada por el lateral Medrano, con centro final de Javi Hernández al primer palo. Era el minuto 53 y el vuelco que había dado el guion del partido era terrible para el Real Zaragoza. Se estaba escapando ya la mayor oportunidad de toda la liga para ponerse a tiro de salir de la zona de descenso en breve tiempo.

Tocaba revivir como fuese. Los de Navarro lo hicieron con corazón, más que con cerebro. Y Radovanovic cabeceó en el 62 un centro de Larios al área chica pero no le dio dirección ladeada y el balón fue a las manos del portero rival. En el 63, en un rato de acoso constante local, de nuevo Kodro marró un gol cantado, solo en el segundo palo en un centro raso de Aguirregabiria. El remate lo sacó Juan Palomares en una estirada magnífica y estropeó el 2-2. Muneta, el técnico visitante, decidió apuntalar su buenísima posición y calmar la reacción zaragocista. Antes ya había entrado Novoa por Tamarit. Y a falta de 23 minutos lo hicieron Diao y Varela, sangre nueva para el ataque y sus desahogos desde atrás.

El primer efecto positivo para el Mirandés estuvo cerca de regalárselo Andrada, en otra de sus frivolidades con los pies en el área (la pequeña, en concreto). A Carlos Fernández, que le acosó en firme, le faltó un dedo para robarle el balón y marcar a puerta vacía en el minuto 68. Todo acabó en córner y en el runrún propio del caso. Navarro se vio forzado a hacer dos cambios seguidos por agotamiento de dos piezas importantes: Dani Gómez dejó su puesto a Soberón a falta de 17 minutos y Rober González a Tasende (que salió amonestado del banquillo por protestar) a falta de 12.

Los últimos 10 minutos fueron de constante acoso al área mirandesa. Pero sin una mínima dosis o noción de tino ante el gol. Mucha precipitación, demasiada falta de calidad. Soberón tiró una falta al borde del área sobre la barrera. Larios disparó fatal con buen ángulo. Tasende chutó en el área sobre la masa humana rojinegra ya en tiempo extra. Soberón no supo cómo empujar un balón suelto en el área pequeña. No hubo manera. La ceguera goleadora reapareció en el peor de los momentos. Una enfermedad letal que ya asomó la patita el jueves en Leganés impidiendo una victoria que se mereció. Ante el Mirandés, solo entró un balón… de penalti.

El partido acabó entre la honda decepción del zaragocismo. Es el primer varapalo serio en la corta era de David Navarro. Un tiro en el pie dado por el propio equipo sobre su propia reactivación nacida a primeros de marzo. Toca volver al diván. Y seguir rezando. Mucho.

El Zaragoza frena su remontada

El Mirandés le dio la vuelta al gol de penalti de Dani Gómez y tampoco se rinde en su pelea por eludir el descenso. El equipo aragonés las tuvo de todos los colores, especialmente Kenan Kodro, que lo falló todo.

Frenazo del Real Zaragoza en su pelea desesperada por lograr la permanencia y golpe de mano en el Ibercaja Estadio del Mirandés, que, visto lo visto, va a vender muy cara su suerte hasta el final del campeonato. El equipo de David Navarro, que tuvo ocasiones de todos los colores, se adelantó con un gol de penalti de Dani Gómez, pero los visitantes le dieron la vuelta al resultado con un gol de Unax al filo del descanso y otro de Carlos Fernández al inicio de la segunda parte. La jornada pudo salirle redonda al Zaragoza, porque perdieron el Cádiz, el Valladolid y el Leganés, pero esta derrota le mantiene a cuatro puntos de la salvación cuando quedan ocho finales por delante. Sin duda, una gran ocasión perdida.

El Zaragoza salió a la carrera y enseguida dispuso de dos ocasiones en las botas de Rober y de Kenan Kodro, que, restablecido de su sobrecarga muscular, volvió a formar pareja de ataque con Dani Gómez. El partido, sin embargo, no tardó en abrirse e igualarse, creciendo en ritmo y vértigo, porque el Mirandés no renunció al ida y vuelta y también dio sus primeros avisos. Pero a la tercera el Zaragoza ya no perdonó: Aguirregabiria envió un espléndido pase en profundidad a Rober, que le ganó la posición a Medrano antes de que el defensa lo derribara de un agarrón dentro del área. Penalti claro, de libro, que ejecutó con precisión Dani Gómez.

El gol disparó al equipo aragonés, que intenso, vertical y con dos laterales muy profundos, puso en otra notable ráfaga de juego en aprietos al Mirandés y pudo encarrilar el encuentro antes de la media hora en una jugada entre Dani Gómez y Kenan Kodro mal resulta por el bosnio con todo a su favor.

El Mirandés acabó animándose y suyo fue el cuarto de hora final de la primera parte, con fáciles y continuas llegadas. Después de dos claras oportunidades de El Jebari y de Cabello, con un cabezazo al larguero, el conjunto jabato empató por medio de Unax, al aprovecharse con una media chilena de un deficiente despeje de Larios y luego de un rebote en El Yamiq.

David Navarro movió el banquillo en el descanso y dio entrada a Mawuli y Cuenca por Saidu, acelerado y con una tarjeta, y Pinilla, mientras Muneta reemplazó a Tamarit por Novoa. El Zaragoza volvió de la caseta al galope y Kenan Kodro estrelló un disparo en el poste en el minuto 49, pero fue el Mirandés el que golpeó de nuevo con un golazo de Carlos Fernández, tras una gran jugada entre Medrano y Javi Hernández que descosieron a la banda derecha aragonesa.

El Zaragoza reaccionó con furia al 1-2 y se lanzó en tromba contra la portería de Juanpa, pero todo su empuje y méritos se los llevó por delante el desacierto de Kenan Kodro, que lo falló todo. El equipo aragonés, superando su cansancio, lo intentó hasta el final, pero no pudo ni rescatar un punto en una segunda mitad que dominó por completo.

 

viernes, 3 de abril de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº33 (2.4.2026)

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº33 (2.4.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3733

 LEGANES 1-1 REAL ZARAGOZA

1-0, min. 18: Óscar Plano

1-1, min. 34: Moyano.

Ficha Técnica 

CD Leganés: Soriano; Leiva, Ignasi Miquel, Marvel, Franquesa; Diawara, Guirao (Cissé, 46); Duk, Óscar Plano (Dani Rodríguez, 77), Juan Cruz (Asué, 82); y Millán (Diego García, 68).

Real Zaragoza: Andrada; Juan Sebastián (Gomes, 77), El Yamiq, Radovanovic, Larios; Keidi Bare (Mawuli, 68), Saidu; Cuenca (Cumic, 68), Rober González, Moyano (Tasende, 68); y Dani Gómez (Kodro, 84).

Árbitro: Fuente Molina (Comité Valenciano). Amonestó a Guirao (36) e Ignasi Miquel (78).

Goles: 1-0, min. 18: Óscar Plano. 1-1, min. 34: Moyano.

 

Leganés 1-1 Real Zaragoza

53.7 % Posesión 46.3 %
5 remates dentro 8
0 disparos bloqueados 8
3 remates fuera 6
22 disparos recibidos 8
2 tarjetas amarillas 0
0 tarjetas rojas 0
9 faltas recibidas 16
16 faltas cometidas 9
134 perdidas de posesión 134
46 recuperaciones de posesión 47
1 fueras de juego 0
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El Real Zaragoza paga caros sus errores y deja vivo al Leganés con un empate escaso

Larios regaló el 1-0 a los madrileños al inicio y Moyano hizo el 1-1 antes del descanso, tiempo en el que los zaragocistas ya debían haber sentenciado con varios goles claros a los madrileños. El buen juego de los de Navarro no obtuvo el botín suficiente y merecido.

El Real Zaragoza dejó marcharse vivo al Leganés en un partido en el que fue superior, a veces muy superior, a los locales. Perdonó una gran cantidad de goles meridianamente claros ante el portal albiazul y, sobre todo, donó gratis el tanto leganense en una jugada terrible que se pagó carísima al final.

El equipo aragonés ya dejó con vida en la primera parte a los madrileños después de haber podido liquidarlos con varios tantos durante varias fases de buenas llegadas al área leganense. Hubo al menos seis jugadas claras de gol que marraron los pupilos de David Navarro en inmejorables condiciones para haber anotado. Y, singularmente, al final hubo que sentirse incluso satisfecho porque semejante indulto no se plasmara en el marcador con una derrota parcial gracias a un gol de Moyano ya bien avanzado el reloj rumbo al descanso. Un gravísimo error de Larios donó un gol tragicómico a los rivales del sur de Madrid en los primeros trasteos del duelo y originó una herida sangrante al equipo que costó taponar.

El 1-1 del intermedio fue un pobre botín para un Real Zaragoza ágil de mente, con futbolistas desinhibidos y atrevidos que volvían al equipo mucho tiempo después, como el goleador citado, Juan Sebastián o Cuenca. El dominio de la pelota fue abrumador a favor de los aragoneses. El Leganés apenas asomó por el área de Andrada más que en tres o cuatro ataques esporádicos y sin pólvora y en los saques de esquina que siempre solventó bien la zaga zaragocista. Por todos estos condicionantes, cuesta contar cómo el Real Zaragoza no fue capaz de tumbar en la lona al Leganés y lo dejó vivo para la segunda parte en una noche tan decisiva.

Cuenten, rememoren quienes lo vieron: Dani Gómez -muy desacertado esta noche- disparó en el minuto 3 desde la frontal, con todo a favor, y Soriano sacó a córner el balón como pudo. De nuevo Dani, en el minuto 4, remató al aire, sin portero, ante el portal, un centro raso de Juan Sebastián en una gran incursión del lateral canterano hasta la línea de fondo. En el 11, Rober González, pura chispa y toque, acabó con la puntera en carrera, ya en el área pequeña, una acción de nuevo de Juan Sebastián y Soriano sacó con el pecho el balón que se colaba. Ahí, tan pronto, el Real Zaragoza ya debió haber puesto a soplar al Leganés sobre el césped, mirando al cielo.

En estas llegó la pifia suicida de Larios. En el minuto 19, en una salida jugando desde atrás, el lateral zurdo retrasó la pelota desde su banda hacia el centro como dándosela a Radovanovic o El Yamiq… pero no estaban ellos donde fue el balón. Allí volvía despistado el mediapunta local Óscar Plano, que agarro el balón y encaró mano a mano a Andrada superándolo por raso. Ni las gracias dio el pepinero. El 1-0 fue una puñalada en el corazón zaragocista. Larios se quedó de piedra. Y los demás, estupefactos. Al fútbol no se juega de oído. Hay que saber solfeo futbolístico. Se debe mirar cada nota que se toca y ser preciso. Y Larios cometió un yerro de Regional. Gravísimo.

Trató el Real Zaragoza de levantarse pronto. Y lo logró poco a poco. Moyano ya avisó de sus ganas en el minuto 21, entrando en velocidad a pase de un veloz Cuenca, pero su chut a placer fue malo, tocó en Ignasi Miquel y se fue a córner junto al palo derecho. En el 23, Cuenca lanzó desde 25 metros rozando el larguero tras rozar en Guirao. En el 27, El Yamiq cabeceó un córner solo en el segundo palo y el balón fue al lateral de la red pegadito al poste. Alguno cantó gol, efecto visual falso, lamentablemente. Y en el 33, de nuevo Dani Gómez falló un gol sencillo, a un metro y medio de la raya tras una melé provocada por otra penetración venenosa de Cuenca. No había manera. Parecía una pesadilla.

Pero a base de insistir, el Real Zaragoza logró el 1-1. Fue Moyano, a puerta vacía, el que empujó un nuevo centro raso de Cuenca tras un jugadón del extremo de Las Fuentes, taconazo previo incluido. Era el minuto 34 y el roto se zurcía en cierto modo. Antes del ínterin, aún hubo otra ocasión de lujo para los zaragocistas. Rober González vio adelantado al portero tras un mal despeje de este con el pie y chutó desde el centro mismo del campo. La vaselina se fue larga, por encima del larguero, por dos palmos. Una pena. Hubiese sido un tanto de bandera.

El descanso dejó contentos a los del Leganés, que cogieron resuello y se pellizcaron por no estar aniquilados ya, y dejó con caras de incredulidad a los zaragocistas. Tanto para tan poco. El gafe de Butarque, donde no había ganado nunca el Real Zaragoza en sus siete visitas anteriores, seguía vigente. Oca, el técnico local, metió al internacional guineano Cissé, recién llegado, en busca de un reactivo. Navarro no tocó nada. El equipo, con sus retoques iniciales forzosos (Insua y Aguirregabiria sancionados y Francho lesionado así lo provocaron), estaba jugando bien. El problema era el acierto, la clarividencia en el área rival. Todos llevaban un orzuelo en al menos un ojo.

El segundo tiempo empezó con el mismo fario. Rober González tuvo el 1-2 en el 47, en la primera aproximación. Disparó a quemarropa dentro del área y cuando todos cantaban el gol Soriano sacó una mano dura abajo, tremenda, que evitó el éxito de Rober. Los minutos fueron pasando con el Real Zaragoza inmutable en su rol de gobernante del partido. Keidi Bare, por fin titular tras las dudas previas, y Saidu condujeron en volante con buen tino. Cuenca, Rober y Moyano dieron llegada al equipo arriba. El reaparecido Juan Sebastián se sumó arriba con soltura. Hubo piezas muy útiles y enchufadas. Lástima de la ceguera de Dani Gómez y, sobre todo, de la burrada de decisión de Larios que costó el 1-0 tempranero. Si esta aberración, otro gallo hubiese cantado, sin duda, en la trama del duelo.

El Leganés se desperezó a partir del cuarto de hora de la reanudación. El ariete zaragozano Millán tuvo dos ocasiones nítidas en el minuto 63 y en su inmediatamente seguido. Primero cabeceó solo un centro de Duk, un dolor de cabeza para Larios, y Andrada echó a córner en una vistosa palomita por encima del travesaño. Y a la salida del mismo, le cayó un balón muerto a quemarropa y su derechazo cayéndose lo salvó el portero argentino abierto de brazos a la desesperada. Pidieron penalti los locales por mano de Radovanovic en el rechace, el VAR lo miró, pero no vio tal cosa.

A falta de 22 minutos, David Navarro decidió una triple sustitución. Keidi Bare no podía más, Moyano y Cuenca, parecidos. Así que metió savia nueva con Mawuli, Tasende y Cumic, El Leganés seguía creciendo en fe y llegadas al área zaragocista. Por primera vez en toda la noche, los madrileños se sentían mandones con el balón. O sea, un equipo que debía estar finiquitado por el Real Zaragoza desde una hora antes, aún veía resquicios para ganarle el partido. En verdad que era una sensación rara. Enfadaba. Fastidiaba.

Entre la incertidumbre generalizada se encararon los últimos 10 minutos más el aumento. Con Gomes relevando al agotado Juan Sebastián. Con el público local pitando a los suyos por inacción, por inferioridad manifiesta. En el 80, Cumic tuvo la victoria en su cabeza, pero remató fuera en el área chica un córner que había tocado también con la testa El Yamiq. El choque concluyó con la petición de penalti sobre Rober González por un derribo ya en tiempo de aumento. No lo contemplaron los árbitros.

Y la noche de Jueves Santo fue noche de perdón del Real Zaragoza para con el Leganés. Y no están las cosas para que el cuadro aragonés vaya perdonando estos puntos, mucho menos ante rivales potencialmente directos en un mes. Agridulce sabor. Mas agrio que dulce. Sin duda.

 

domingo, 29 de marzo de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº32 (29.3.2026)

 

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº32 (29.3.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3732

 REAL ZARAGOZA 2-0 REAL RACING

1-0, min. 73: Dani Gómez

2-0, min. 87: Sangalli, en propia puerta

Ficha técnica

Real Zaragoza: Andrada; Aguirregabiria, Insua, El Yamiq, Larios; Saidu (Mawuli, 82'), Keidi Bare; Francho (Tasende, 74’), Rober González (Toni Moya, 85’), Pinilla (Cuenca 74’); Dani Gómez (Kenan Kodro, 85’).

Racing: Ezkieta; Castro (Sangalli, 82’), Manu Hernando, Facu, Mario García; Damián (Diego Fuentes, 74’), Iñigo (Maguette, 46’), Aldasoro (Sergio Martínez, 46’); Andrés Martín, Íñigo Vicente; Santi Franco (Villalibre, 63’).

Goles: 1-0, min. 73: Dani Gómez. 2-0, min. 87: Sangalli, en propia puerta.

Árbitro: Jon Ander González Esteban(Comité Vasco). Mostró amarillas a Javi Castro (20’), Keidi Bare (20’), Íñigo Vicente (43’), Santi Franco (44’), Insua (83’), Aguirregabiria (91').

 

Real Zaragoza 2-0 Real Racing

38.7 % Posesión 61.3 %
7 remates dentro 2
4 disparos bloqueados 2
3 remates fuera 3
7 disparos recibidos 15
3 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 0
12 faltas recibidas 14
14 faltas cometidas 13
135 perdidas de posesión 145
55 recuperaciones de posesión 47
2 fueras de juego 6
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 Un puñetazo sobre la mesa: el Real Zaragoza tumba al Racing

Sobresaliente partido del equipo aragonés, superior al líder, al que castigó en la segunda mitad con goles de Dani Gómez y Sangalli en propia puerta. El Zaragoza gana un puesto y ya divisa la salvación a tres puntos.

Hay equipo, hay fútbol, hay estadio y hay vida. El Real Zaragoza le cantó a la vida una melodía preciosa y esperanzadora porque, señoras y señores, puede salvarse. De equipo en descenso queda la clasificación, que es lo que manda, pero todo lo demás es otra cosa. El Zaragoza tumbó al líder, un rival que había marcado 62 goles ni anotó ni dejó señales claras de poder hacerlo. Un Racing maniatado y congestionado por un plan de partido impecable del Zaragoza. Primero, se quitó el dominio de encima. Después, colapsó al rival. Y luego lo ahorcó. Fueron tres partidos en uno que el Zaragoza jugó como debía. No fue, en todo caso, un paseo de rosas. El partido hubo que madurarlo antes de ganarlo. Pero el Zaragoza se ha fortificado por completo: las victorias son el mejor psicólogo, el mejor preparador físico y el mejor entrenador. Todo fluye y todo esto explica una dinámica de 9 puntos de 12 en un tramo criminal, con tres rivales de ascenso directo. Esta musculatura competitiva pone en muy buen plano a David Navarro. A tres puntos queda ahora la salvación. Casi se toca con las manos.

El partido lo fue volcando a su terreno con mucha confianza y carácter el Zaragoza, con un fútbol estoico,  explosivo y vertical. Supo cómo dañar a un Racing mutilado por las bajas, pero que danzó en los primeros minutos. Ya en la segunda parte, Dani Gómez abrió el camino que completó Sangalli en propia puerta: dos goles para confirmar el crecimiento colectivo del Zaragoza, sus variables tácticas y estratégicas, y, sobre todo, para marcar un punto de inflexión.

Ante las fortalezas y condiciones del adversario, David Navarro reformó la arquitectura del equipo, aparcando el 4-4-2 de sus primeros partidos y, guiado también por la meritoria segunda parte de Riazor, fortaleciendo las zonas interiores con un 4-2-3-1 en el que Saidu y Keidi Bare ejercieron de perros guardianes en el doble pivote. El Yamiq regresó como centinela defensivo en un esquema en el que Francho cayó al extremo derecho para que su velocidad abriera puertas en ese sector. Rober González fue el nódulo central, una pieza clave para que el Zaragoza hilara el juego cuando el Racing perdía la pelota. El líder llegó con nueve bajas. Es un equipo en el que la ausencia de músicos se nota, pero cuyo secreto está en la partitura, más aún si sus dos mejores violines sí están sobre el escenario: Íñigo Vicente y Andrés Martín, su extremos que no lo son, porque son versos libres y poéticos.

Esos dos jugadores comenzaron a dictar las leyes del partido, en un arranque en el que al Zaragoza le costó reconocer los mecanismos y patrones en el juego corto del Racing. En cuanto lo hizo, dejó de perseguir sombras y a controlar los acontecimientos. La tarde, antes de entrar en el desarrollo de la trama, estuvo muy condicionada por el cierzo que sopló desde el costado oeste del estadio. Las operaciones, especialmente la aéreas, fueron muy complejas: los despejes, los cambios de orientación, los pases largos…

Decíamos que el Racing salió gobernando, fiel a su particular idioma de jugar: concentrando gente en las zonas de balón, vaciando las bandas, jugando en escalera, tejiendo maniobras diagonales, agrupándose por dentro… Tocaban con exquisitez creativa, con excelencia técnica, con toques dúctiles, veloces, intencionados… Un juego repleto de química, de memoria colectiva. Pero es un equipo que arriesga, que despeja zonas, que se expone, con su línea defensiva instalada en el centro del campo y sus laterales tan agresivos. O roba rápido gracias a que acumula mucha gente en la zona de la pérdida, o sufre. Y el Zaragoza comenzó a ejecutar así su plan, atacando profundo, explotando los espacios grandes gracias a la persistente intimidación de Dani Gómez, la endiablada rapidez de Francho y el cerebro gestor de Rober.

El Zaragoza comenzó a dar sensación, dentro de la complejidad general del duelo, de amenaza. El robo se convirtió así en la base de su juego, orientándolo hacia el lado débil del Racing, sobre todo, a la franja derecha, a la teórica espalda de Íñigo Vicente. También saliendo rápido al galope con el objetivo de aprovechar los instantes de desorden rival.

El líder había avisado con tiros lejanos de Mario y Castro y con Andrés disparando al lateral de la red, cuando el Zaragoza comenzó a ganar terreno. Manu Hernando casi se la mete en propia puerta, obligando a Ezkieta a una buena parada. Más clara la tuvo Francho, a pase raseado de Rober, pero su tiro fue centrado, lo sacó el portero cuando ya entraba. Una mala salida de Andrada permitió a Castro tener una ocasión clara que tiró muy arriba.

Mientras tanto, el Zaragoza cada vez conseguía contener mejor al Racing, apenas le permitió progresar -la base de su fútbol- y rematar en el área , y hurgaba sus fisuras en los costado, con un Dani Gómez al que le faltaba temple para matar. Le taparon un disparo que había cogido trayectoria de gol, y Francho también lo tuvo a las puertas del descanso. El Zaragoza había jugado un partido muy inteligente y completo hasta aquí, con madurez, concentración y claridad de plan. Solo le faltó decidir y precisar un poco mejor en las zonas de peligro. Pero el partido lo tuvo todo lo controlado que un adversario de esta calidad permite.

El Zaragoza había neutralizado al Racing y José Alberto López intervino en su sala de máquinas, relevando a Íñigo y Aldasoro, por Maguette y el joven Sergio Martínez. El duelo varió poco, igualado aún en fuerzas, abierto. Una buena acción colectiva comandada por Pinilla lo completó Rober, cuya comba con la izquierda cogió demasiado ángulo. Rober representaba la ventana del Zaragoza hacia todas las oportunidades. Dominó el arte de enlazar y encauzar los ataques, pero también se dejó la piel en labores más oscuras. Al Zaragoza, en este sentido, se le comenzaron a apreciar signos prometedores de sociedad y compenetración entre jugadores como Rober, Pinilla o Dani Gómez.

Poco a poco, el duelo se fue emboscando. Se adentraba en el terreno en el que la grada juega y en el que los errores menos convenientes son. Había que jugar con templanza, clarividencia y cautela. El Racing no inquietaba, su caudal productivo estaba embalsado por la presa defensiva del Zaragoza y su compacto bloque medio. Pero metió a Villalibre para hacerlo. David Navarro aguardaba para mover piezas. Su equipo estaba bien dentro de los niveles lógicos de fatiga a esas alturas del choque, a veinte minutos para el final.

Tuvo la mencionada templanza y la serenidad Navarro del mismo modo que, en el momento justo, la tuvo Francho. Pinilla había roto los guantes de Ezkieta, pero el rechace lo cogió el capitán. Levantó la cabeza, bajó pulsaciones, y le entregó el gol a Dani Gómez, de nuevo, artillero. La explosión de alegría fue mayúscula. El Zaragoza había ido poco a poco desarticulando al líder y el gol ponía en valor ese trabajo y ese esfuerzo.

David Navarro movió en el tablero, con el doble lateral Larios-Tasende, y con Cuenca refrescando a Francho, con la rodilla castigada. El Racing apretó, pero el Zaragoza comenzó a jugar con las manecillas del reloj. Mawuli entró por Saidu sin que el equipo perdiera tonelaje muscular. Han crecido las alternativas en muchas zonas del campo y eso ensancha el equipo.

Una de las claves fue esa: el Racing empeoró a cada minuto que pasaba. El Zaragoza, al contrario. Su fondo de armario se apreció para dominar esa fase caliente en la que e conjunto aragonés remató al líder: mezcló juego en la banda derecha, la pelota la cogió Keidi Bare, pasó al corazón del área, donde tanto duelen esos balones botados, y Sangalli, de la inercia, se la metió en su puerta. Parecía de Tasende, pero puso rápidamente cara de que a él no le abrazara nadie. Al igual que contra el Almería, el Zaragoza se impuso en ese tramo final decisivo. Tiene también su explicación: su grada ha entrado en las alineaciones, es uno más, y el zaragocismo sabe cómo jugar esos raticos.

Entre unas cosas y otras, el partido languideció, pero el colegiado González Esteban decretó diez minutos más. Casi podía haber ordenado un duelo de vuelta. El segundo entrenador, Néstor Pérez, se fue expulsado por protestarlo. En ese tiempo, Toni Moya, que había entrado por un aclamado e imperial Rober González, probó fortuna con un tiro colocado. Había entrado también Kenan Kodro, importante en la estrategia defensiva. También él tuvo un cabezazo en ese periodo en el que el Racing apenas generó preocupaciones, en parte, porque El Yamiq fundó su califato en defensa. En diez minutos, contra todo un Racing, ni se padeció. Algo ha cambiado. Algo nos ha vuelto a remover por dentro: se llama esperanza.