sábado, 24 de octubre de 2026

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº9 CE EUROPA 0-1 REAL ZARAGOZA

 

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº9 (23.9.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 37450

 CE EUROPA 0-1 REAL ZARAGOZA 

0-1, min. 79: Álex Cano, en propia puerta

Ficha técnica

CE Europa: Nil Ruiz; Coto (Cadenas, 86), Álex Cano, Sgró, Campeny, Padillo (Tolosa, 78); Morales (Expósito, 86), Gori; Ribeiro, Teto (Mascaró, 62); y Khalid Noureddine (Youssif, 78).

Real Zaragoza: Westerveld; Sangalli, Iranzo, Diego González, Pereira (Tobajas, 78) Ander Herrera (Delgado, 65), Terrer, Saidu (Rubén Díez Jamelli, 55); Jardí (Cuenca, 78), Ureña (P. Sans, 55); y Espiau.

Árbitro: Ortega Herrera (Comité Valenciano). Amonestó a Terrer (72), Tobajas (92) y Tolosa (93).

Goles: 0-1, min. 79: Álex Cano, en propia puerta.

CE Europa 0-1 Real Zaragoza

33 % Posesión 67 %
8 remates totales 9
1 remates a puerta 2
6 remates fuera 5
1 corneres 3
1 tarjetas amarillas 2
 tarjetas rojas
2 fueras de juego 2
10 tiros libres 8
30 saques de banda 27
8 faltas 10
10 disparos efectuados bloqueados 5


 

Tres puntos de oro para el Real Zaragoza en un partido de muy bajo nivel en Barcelona

Un gol en propia puerta del Europa a falta de 11 minutos dio el triunfo a un plomizo Real Zaragoza, sin fútbol ni brillos, que sigue viento en popa por galones y peso específico.

Tres puntos más para el líder Real Zaragoza en Primera RFEF. Los logró en el campo del Europa, en Barcelona, ganando 0-1 dentro de un fútbol lleno de espesura y dificultades, en un terreno de juego singular, que casi se le terminó atragantando.

Un dolor de muelas, mezclado con un cólico renal y coincidente con un golpe en la rodilla contra la esquina de la mesilla de noche. Así se define el ejercicio de aguantar despierto, con interés por ver por dónde rompían (o podían romper) las cosas en este partido de fútbol -o lo que quiera que fuese- entre el Europa y los atribulados muchachos de Ibai Gómez. El tostón fue del tamaño de la cercana Sagrada Familia. Un monumento bizarro al fútbol a granel, sin marca ni empaquetado. A saco. Aseguro al lector que no hay ningún afán de hipérbole, es pura descripción.

Ibai Gómez se equivocó al plantear el partido ante un rival que se sabe inferior y que apostó por defender atrincherado con orden alrededor de su área con un 5-4-1 muy junto, creando una tela de araña tupida. Esto era previsible. Gómez apostó por Saidu como mediapunta y se cargó a Rubén Díez Jamelli. Se parecen como un huevo a una castaña. Y cantó como una cigarra el marro en la elección del técnico.

En vez de abrir el campo (que no es muy ancho, lo de Can Dragó, estadio de atletismo, es un poema para asumir el fútbol), Ibai quiso jugar siempre por el centro. Ander Herrera, que volvió a la titularidad tras muchas semanas, vino atrás a sacar la pelota en corto siempre, peloteando con los centrales Iranzo y Diego González, también con Sangalli, que se quedaba por allí. Dieron mil pases entre los cuatro. ¿Y qué? ¿Para qué? Un tiquitaca en 10 metros, en el círculo central, que parecía a veces una broma al público, una provocación. Luego, los datos de los GPS darán unos números fabulosos para que los ingenieros del neofútbol armen unos relatos fabulosos (de fábula, quiero decir), pero eso no es fútbol de verdad. Es circo. Malabarismo de primero de bolos y pelotas. Inservible. Inútil. Ah, y a cámara lenta, con momentos que destilaron hasta desgana. A esto se debe jugar mucho más deprisa. Si no, es fútbol de laboral, de veteranos, del de almuerzo y chupitos al final de la cita.

Puesto ya el contexto, los datos potentes fueron cristalinos. El Real Zaragoza no tiró a puerta ni una sola vez en los primeros 45 minutos. Se fue al descanso sin pisar el área del Europa en jugada combinada. Sus extremos, Jardí y Ureña, fueron piezas inexistentes. Nadie se fue de un rival en un encare, en un regate, en una acción individual. Y los pases fueron siempre fáciles, sin traspasar líneas, sin inquietar al portero catalán, que hubo que mirar en el intermedio para recordar que se llamaba Nil Ruiz.

Por el contrario, el defensivo Europa, en el que solo destaca algo con la pelota el mediocampista exzaragocista Gori, con la velocidad del extremo Ribeiro como referencia a la contra, sí que fue capaz de pillar cuatro veces las espaldas de la defensa aragonesa y rondar el gol. En el minuto 9, Ribeiro arrancó al espacio desde medio campo, chutó de rosca al llegar al área, fuera por centímetros. Se le pitó fuera de juego pero, si llega a entrar, el litigio hubiese sido de órdago, pues era dudoso. En el minuto 32, Teto rompió casi media hora de tedio absoluto, de somnolencia (por las horas, también) con un cabezazo a placer en el punto de penalti tras un centro de Gori que se le fue pegado al poste derecho por un palmo. El susto para el aburrido Westerveld fue gordo. Como en el 38 lo provocó Padillo, carrilero zurdo que se comió varias veces a Sangalli en velocidad y, en esta, remató cruzado, fuera por medio metro con todo a favor. Había vulnerabilidad en la zaga tomate (de rojo fue el Real Zaragoza).

En el 43, Padillo repitió ocasión, desde el pico del área, con una rosca que salió de nuevo fuera por poco. Era doloroso ver cómo el Real Zaragoza era incapaz de casar el más mínimo provecho a un 80/20 de posesión, sin imaginación, sin iniciativas ofensivas válidas y, en frente, había un equipo modesto que, con cuatro palos y una caña, había montado un engranaje que estaba sujetando sin sufrir a los zaragocistas y, además, no estaba por delante en el marcador de chiripa. Solo en la última acción previa al intermedio Jardí tuva una oportunidad al quedar un balón muerto en el área tras el único córner forzado por los de Ibai. Pero su remate dio en el cuerpo del central Sgró y se marchó fuera del marco. El saque de esquina ya no se botó y el árbitro pitó el final. Fue un alivio para la vista. Dolían los ojos de ver semejante sopicaldo que se había presentado como un apasionante partido de fútbol.

El segundo tiempo se reanudó sin sustituciones en ninguno de los dos equipos. Como si, por un lado, todo fuera según lo programado correctamente y, por otro, los técnicos esperasen (especialmente Gómez) a que el asunto se arreglase por sí solo, en una explosión súbita de fútbol de calidad y llegadas constantes al área barcelonesa. Al encarar la fase definitiva del duelo, se podía colegir un día más que a este Zaragoza, aun en días de tan poca generación, le da de sí para sostener el 0-0 y no verse penalizado gravemente. En estos devaneos propios del aburrimiento, pasaron diez minutos sin nada que llevarse a la boca. Más de lo mismo. Y ahí, Ibai Gómez decidió un doble cambio, por fin: Sans y Jamelli suplieron a Ureña y Saidu en el 55. Era algo así como aquellos golpes que se le daban en un lateral a la televisión cuando fallaba en los años setenta y ochenta y que, a veces, servían para que funcionara mejor.

Se probó a centrar balones aéreos en busca de alguna cabeza salvadora. Terrer tuvo una de esas opciones, sin éxito. Todo seguía haciéndose demasiado pausado, con exceso de parsimonia. El Europa perdió por un problema en un hombro a Teto, uno de sus desahogadores a la hora de salir hacia el marco aragonés, en el minuto 62. Como nada mejoraba, Ibai siguió sacando ingredientes de la caja mágica. Puso al ariete Delgado y retiró a Ander Herrera, o sea, metió dos puntas puros y limó piezas sin provecho por el medio. Alboroto en busca de que los higos cayeran del árbol a golpetazos, ya que era no posible con pericia.

Se entró en los últimos 20 minutos con el Europa mucho más fijado en defender el empate que con esa estimulación que mostró en el primer tiempo para salir al contragolpe de vez en cuando. El punto era oro molido para los catalanes. El Real Zaragoza tardó en asimilar los cambios de Ibai, su juego estaba atragantado desde el inicio de la sesión nocturna en Barcelona. Hasta el minuto 71 no surgió un primer agujero en el hormigón defensivo local y Espiau, a espaldas de los centrales, se fue solo hacia Nil Ruiz, pero el portero local salvó con las manos el remate del canario. Ahí pudo romperse por primera vez a favor de los zaragocistas el partido. Ya se sentía el vértigo en los defensas del Europa.

En el 75, no obstante, replicó el cuadro local tras un córner, con un disparo colocado de Campeny desde 20 metros que rozó el palo derecho. El cansancio hizo también aparición en muchos protagonistas y se abrieron los espacios habituales en las rectas finales de todos los partidos. Ibai buscó el acoso y derribo postrero, al más puro estilo de la competición de tercera: casi todo pasa al final, pocas cosas suceden al inicio y durante largo tiempo. Metió a Cuenca por el apagadísimo Jardí y a Tobajas por Pereira. Más pasos adelante.

Y este Real Zaragoza con el viento de cola desde septiembre encontró al genio de la lámpara en un córner. Otra vez a balón parado. Había una gatera para ganar en la defensa escapulada y era por alto en la estrategia. Un córner lanzado al área chica local lo cabeceó Diego González, ayudado por Álex Cano, para que fuese rumbo a la red en el 79 y ejerció de borrador de pizarra, de aquellos de tela de guata y asidero de madera, que en media docena de brazadas arriba y abajo quitaba ecuaciones, planteamientos de problemas y números en un plisplás. El 0-1, como esto consiste en ganar, era a partir de ese momento lo que regía. Un autogol del rival arregló una noche torcida por mala praxis táctica y por que este tipo de envoltorios, como es natural, al Zaragoza le rechinan.

El final del partido, con 7 minutos de aumento, transcurrieron sin dificultades para sujetar la victoria. El Europa apostó todo al 0-0 y al final la bolita de la ruleta no cayó donde debía. El Real Zaragoza es, por ahora, un jugador afortunado en el azar del casino de Primera RFEF. Claro, también es así porque es que mejor armado va de todos en la cartera, la clase y los modales. En esta noche de viernes asaltó la banca en Barcelona sin ningún brillo. Por rutina.

domingo, 18 de octubre de 2026

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº8 REAL MURCIA 0-0 REAL ZARAGOZA

 

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº8 (18.9.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3749

 REAL MURCIA 0-0 REAL ZARAGOZA 

Ficha técnica

Real Murcia: Dani Jiménez; Jorge Mier (Olmedo, 77’), Alberto González, Héctor, Cristo Romero; Palmberg (Moyita, 77’), Javi Mier, Chema Núñez (Bustos, 68’); Javi Moreno, Flakus (Álvaro Giménez, 68’), Jorquera.

Real Zaragoza: Westerveld; Gabilondo, Iranzo, Diego González, Escudero (Sangalli, 55’); Terrer, Ademo, Rubén Díez (Ander Herrera, 68’); Jardí (Saidu, 85’), Ureña (Barrachina, 85’); Edu Espiau (Pau Sans, 68’).

Árbitro: Gerard Brull Acerete (Comité Catalán). Mostró amarillas a Escudero (12’), Jorge Mier (64’), Ander Herrera (72’), Pau Sans (87’), Héctor (95’). Expulsó a Ademo por doble amarilla (45’ y 81’)

Incidencias: Partido de la jornada 8 del grupo 2 de Primera RFEF jugado en el Enrique Roca de Murcia, ante unos 22.000 espectadores, unos 400 de ellos zaragocistas. El campo estaba pesado e irregular en varias zonas del campo debido a las lluvias caídas durante el fin de semana en la Región de Murcia, aunque durante el domingo apenas cayeron unas gotas a primera hora de la tarde en la capital murciana. Antes del partido se realizó un homenaje al Ejército del Aire y del Espacio, con salto de paracaidistas sobre el césped.

Real Murcia 0-0 Real Zaragoza

51 % Posesión 49 %
9  remates totales 9
1 remates a puerta 3
5 remates fuera 3
3 corneres 4
2 tarjetas amarillas 5
0 tarjetas rojas 1
3 fueras de juego 0
13 tiros libres 26
24 saques de banda 21
26 faltas 13
3 disparos efectuados bloqueados 1

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Un punto baturro: el Real Zaragoza empata contra el Murcia (0-0)

El equipo aragonés sobrevive a un intenso partido, jugado a mil por hora y con presiones encendidas que lo marcaron. Amarra un punto y el coliderato tras resistir también a la expulsión de Ademo.

En un día de más prosa que poesía, el Real Zaragoza amarró un punto y el coliderato contra un envalentonado Murcia gracias a sus propiedades competitivas. A un ejercicio de furia baturra y rasmia aragonesa. De cabezonería y garra. De bravura y determinación. Porque el partido por la cima de la clasificación le exigió un fútbol alejado de su genética, con un notable rival que supo ahogarlo y desactivarlo, obligándolo a sudar sangre y resistir cuando se quedó con uno menos por la doble amarilla a Ademo. El Zaragoza, de algún modo, supo adaptarse a un contexto hostil, a un choque jugado en una ola de intensidad, gobernado por un frenesí salvaje, dominado por las presiones. Muy igualado. Un día, como en Alcalá de Henares, para recordarnos que hay adversarios que también juegan e incomodan el camino.

Pero el Zaragoza sacó genio, esa capacidad para jugar como toca en su momento, gestionando adversidades y moviéndose según el partido. Ya se sabe: si no se puede ganar, no hay que perder. En este aspecto, el equipo es maduro y rocoso. Tiene madera de líder. Por eso, por la severa tipología del encuentro, por el tamaño del rival, su clasificación y el estadio, el punto es de los que ahora suman uno, pero en mayo puede pesar un buen tonelaje. Fue el Zaragoza más apagado a nivel ofensivo del curso, pero fue el Zaragoza. Nunca deja de serlo.

Siguiendo la senda de la continuidad de las últimas semanas, con un bloque cada vez más estable de nombres y patrones de juego, Ibai Gómez conservó las líneas maestras de sus últimas alineaciones, a excepción hecha de la rotación ya establecida también en los códigos del entrenador en la posición de lateral izquierdo, donde la amenaza del rival por ese carril aconsejaba oficio, fundamentos defensivos y temple. Atributos que encarna Escudero, que volvía a su cuna futbolística tras una vida de fútbol. Fue Raúl Pereira el sacrificado. Además, ante un Murcia de abundante juego exterior, el técnico le dio también una pincelada al lateral derecho, con la suplencia de Sangalli y la entrada de Gabilondo. Así pues, con los flancos defensivos como novedad, salió al campo el Real Zaragoza, en esta ocasión, con un 4-3-3 más posicional y fijo, con los laterales más atados a sus puestos y Jardí y Ureña vigilando mucho cuándo abandonar y cuándo no sus zonas.

Por su parte, en el Real Murcia, a las órdenes de Sergi Guilló, la principal novedad, en su 4-3-3, fue la baja de última hora de Óscar Gil, lesionado en la rodilla en el último entrenamiento previo al choque. Chema Núñez, un mediapunta, fue la apuesta por elevar el tono creativo en el centro del campo de un conjunto que no varió más piezas.

El partido comenzó como la erupción de un volcán, con un ritmo, una asfixia, un vértigo y una velocidad de otras ligas o categorías. La temperatura del juego se disparó. Desde un principio, se vio claro el nudo principal de la trama: las presiones. Ambos equipo se lanzaron a por el otro, embistiéndose -más de lo que habían embestido a Morante de la Puebla un día antes en Zaragoza-, peleándose por cada palmo de terreno, en una guerrilla de duelos, enfrentamientos individuales y persecuciones que convirtió el choque en un choque de trenes, de mucha lija, contactos y caídas. El Murcia iba con todo arriba espoleado por el fervor de su grada, un estadio que vivió una de las tardes más lujosas de la última década. El Zaragoza, con menos ímpetu y más cálculo, también torpedeaba la construcción del rival. El Murcia cosió defensores a cada jugador de Ibai, emparejándolos en esas presiones que marcaron el tipo de fútbol que se vio, muy inconexo, desbocado y directo.

Ambos delanteros, talados en parecido bosque, Flakus y Espiau, se convirtieron en protagonistas clave de sus respectivos equipos, como respiraderos, como vías de evacuación. La presión a chorro del Murcia, en cualquier modo, le ofrecía al Zaragoza oportunidades en largo. Fue así, como casa por casa, como en una batalla urbana, el equipo de Ibai comenzó a imponerse. Lo hizo gracias a su buena presión y una aseada circulación que le acercó al gol. Primero, en una contra lanzada por esa bestia parda llamada Peter Ademo, impresionante en esa primera mitad. La pelota la cogió Ureña pero su tiro salió sencillo para Dani Jiménez. El Zaragoza comenzó a tocar rápido, alumbrando su juego con Rubén Díez y Jardí, las dos bombillas que más luz dan cuando la habitación se pone oscura. Otra buena combinación, pausada, digerida y trenzada en una larga secuencia de pases, la finalizó, demasiado generoso, Espiau en un intento de pase de cabeza, en lugar de buscar el remate.

El Zaragoza conseguía producir si se instalaba en campo rival. Pero le costaba. Y le fue costando más porque el Murcia fue creciendo en el partido, frenando a los aragoneses con su brío defensivo. Ya había avisado con un remate alto de cabeza de Flakus, cuando Jorquera casi adelanta a los suyos tras un buen robo en la presión. Luego Westerveld, en un día de mucho trabajo con los pies, también sacó una mano con valor de gol a remate de Jorge Mier.

Ese lado derecho del Murcia generaba complicaciones, porque Ureña no volvía y Escudero sufría con Javi Moreno. Los de Guill salían sobre una línea de tres, y eso soltaba a Moreno a zonas interiores, donde dio problemas. Afortunadamente para el Zaragoza, Ademo desactivaba bombas como un fino artificiero, recuperándolo todo y llenando de aplomo el medio.

El Zaragoza, esta vez construyendo más sobre el portero y los centrales, con sus cuatro defensas más contenidos, en un intento de atraer y estirar al Murcia, abrir espacios y atacarlos, no encontraba soluciones ni continuidad. El partido estaba muy parejo, pero el Murcia lo llevó mejor a los terrenos del descanso gracias a su incansable modo de correr por todo el campo, a su desgaste defensivo y a su buen planteamiento para neutralizar al Zaragoza, atado de pies y manos en el centro por los marcajes rivales.

A la vuelta del intermedio, el encuentro permaneció con el mismo encuadre. Ibai no tocó el banquillo, pero sí le dio más libertad a Ureña. Era un movimiento con sentido. El dominicano tiene cintura viva para girar y escapar de presiones. Era jornada para el desequilibrio. Empezó a pisar más zonas del campo. El Zaragoza intentaba mandar, pero el día era de dispositivos defensivos. El Murcia seguía con el motor a tope. Ibai metió a Sangalli en el lateral izquierdo, una prueba más del carácter polifuncional de este jugador, antes de que, ya, ambos entrenadores desplegaras los mapas: Ander Herrera y Pau Sans entraron por Rubén Díez y Espiau, mientras en los locales Bustos y Álvaro Giménez relevaron a Chema Núñez y Flakus. El Murcia seguía castigando la derecha con las subidas de Jorge Mier y el juego dúctil de Moreno. Pero poco a poco el Zaragoza fue encajonando al Murcia, ya con menos piernas, cada vez con más dificultades para defenderle en campo rival.

Era un momento crítico del partido. Había que andarse con ojo. Medir el pulso, leer las entrelíneas del choque. El Zaragoza tenía el control, el Murcia se oxigenó con la entrada de Moyita y Olmedo. Pero el cálculo de riesgos no debía descuidarse, por mucho que los locales apenas ganaran metros e inquietaran a Westerveld. Ander comenzó a intentar gobernar el juego, pero el Zaragoza apenas encontraba un sentido en ese circuito del juego. Su posesión pasó a ser menos incisiva.

Entonces, Ademo, que llevaba toda la segunda mitad con amarilla -demasiado tiempo en un partido tan rocero- metió un pie que le costó la roja, por mucho que se revisara. Faltaban diez minutos, con todo lo que es eso en esta categoría. Ibai lo vio claro: había que proteger el punto. Sacó a Barrachina y Saidu para correrle las cortinas al partido. Ureña y Jardí se fueron a descansar. Tres centrales, carrileros, Ander, Saidu y Terrer, y Pau Sans como único puntas dieron forma al Zaragoza en inferioridad de los minutos decisivos. 

El Murcia se fue a por el triunfo. Lo tocó con las manos, en un cabezazo de Moyita que fue al larguero. Pero el Zaragoza había decidido no perder: le puso valor al asunto, coraje y orgullo. Demostró que es un equipo al que hay que coger en un día muy malo para poder ganarle. Una señal de líder.

domingo, 11 de octubre de 2026

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº7 AT. MADRILEÑO 4-4 REAL ZARAGOZA

 

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº7 (11.9.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3748

 AT. MADRILEÑO 4-4 REAL ZARAGOZA 

1-0, min. 7: Kamate

1-1, min. 23: Espiau

2-1, min. 55: Doménech

2-2, min. 67: Iranzo

3-2, min. 75: Miguel Gil

4-2, min. 87: Muñoz

4-3, min.99: Iranzo

4-4, min. 102: Jardí, de penalti

Ficha Técnica

Atlético Madrileño: Astrálaga; Romeo Hueso, Antal Yaakobishvili (Lis, 53), Miguel Gil, Solá; Thiago Helguera (Álvaro Justo, 72), David García, Alcañiz (Seidu, 79); Kamate (Muñoz, 79), Doménech (Mota, 79); y Cubo.

Real Zaragoza: Westerveld; Sangalli, Iranzo, Diego González, Pereira (Cuenca, 82); Ademo, Terrer (Saidu, 82); Jardí, Rubén Díez Jamelli (P. Sans, 69), Ureña (Barrachina, 46); y Espiau (Delgado, 69).

Árbitro: Aranda Delgado (Comité Andaluz). Amonestó a Alcañiz (32), Ureña (38), Muñoz (80) y Seidu (97).

Goles: 1-0, min. 7: Kamate. 1-1, min. 23: Espiau. 2-1, min. 55: Doménech. 2-2, min. 67: Iranzo. 3-2, min. 75: Miguel Gil. 4-2, min. 87: Muñoz. 4-3, min.99: Iranzo. 4-4, min. 102: Jardí, de penalti.

AT. Madrileño 4-4 Real Zaragoza

35 % Posesión 65 %
15  remates totales 16
7 remates a puerta 8
6 remates fuera 4
3 corneres 6
3 tarjetas amarillas 1
0 tarjetas rojas 0
1 fueras de juego 3
14 tiros libres 18
23 saques de banda 18
18 faltas 14
4 disparos efectuados bloqueados 3

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El Real Zaragoza suma un punto de campeón con dos goles fuera de tiempo en Madrid

Los aragoneses empataron 4-4 en el campo del Atlético Madrileño un partido que perdían 4-2 en el minuto 99. Fue un partido loco, bello, vintage, en el que Jamelli falló un penalti mucho antes del desenlace.

Milagroso, inenarrable, magnífico. El 4-4 que se llevó el Real Zaragoza de Alcalá de Henares, en un partido para el recuerdo por su formato de otros tiempos, es una señal divina. La crónica que sigue aclara la razón.

Bonita de ver resultó la primera parte. Es esto un suceso tan escaso en los últimos tiempos -lo de ver buen fútbol-, que se agradeció una barbaridad. El Atlético Madrileño juega fino y con solera antigua, un 4-3-3 que hace remover los viejos posos del fútbol de verdad. Y el cuadro zaragocista, como se viene comprobando desde hace un mes, tiene un mecanismo que en esta categoría y con los futbolistas que está mezclando poco a poco Ibai Gómez, le da para tener fases de superioridad con el balón y llegadas al área rival, siempre garantía de que pasen cosas.

En esta burbuja global, ciertamente el Real Zaragoza empezó mal. Se le atragantó de entrada el planteamiento de los de Fernando Torres. Y encajó el 1-0 muy pronto, en la primera llegada de los rojiblancos (como en Tarragona en el estreno del curso y como el otro día ante el Teruel, o sea, no es ya accidental). En el minuto 7 ya ganaban los locales con un gran gol del francomarfileño Kamate, que superó por raso y cruzado en el área a Westerveld tras un pase al hueco de Thiago Helguera magnífico a espaldas de un sufridor Pereira. Los dos extremos atléticos, el citado africano por la derecha y Doménech por la zurda, fueron dos puñales, con Cubo como ariete sujetando a los centrales zaragocistas.

Le costó espabilar a los aragoneses. Aturdidos por ese mazazo, de nuevo en obligación de remontar, el medio campo tuvo poca fábrica de fútbol en el eje. Ademo y Terrer debieron imponerse más a un único rival ahí, David García, pues Helguera y Alcañiz, dos interiores volcados a las bandas, no taponaban en fase defensiva. Sin embargo, cuando el balón era colchonero, quienes sufrían eran los laterales zaragocistas. Fue un duelo de desigualdades precioso de ver. Espiau, otra vez titular, probó suerte en el minuto 10 desde la frontal pero detuvo Astrálaga abajo el primer chut que abría la sesión atacante de los de Gómez.

Doménech tuvo el 2-0 en el minuto 16, ganando el velocidad al retroceso a Sangalli tras otro pase al espacio (hizo daño a la zaga aragonesa este método), pero su disparo en la frontal, solo, se le marchó cruzado a metro y medio del poste derecho. Y en el ida y vuelta que se gestó a partir de ahí el que atinó y alivió su situación puntual fue el Zaragoza con el 1-1. Lo hizo otro día más Espiau, que está con cierto duende favorable pese a que su cupo de errores en acciones potables sigue aumentando. El ariete canario, en el 23, remató con la derecha un centro de Rubén Díez Jamelli, tras jugada de Jardí, y el balón entró pegado al poste derecho tras no poder atajar el portero atlético. La igualada llegó pronto, pero igual de pronto pudo disolverse.

Porque Doménech volvió a perdonar, esta vez en un mano a mano flagrante en el minuto 25, el 2-1, casi nada más sacarse de centro. Le volvió a ganar la retaguardia a Sangalli y a un dubitativo Diego González y, tras pensar qué hacer en carrera, eligió tirar por alto y se le marchó la pelota a dos palmos del larguero, por encima. La réplica aragonesa la puso por dos veces Espiau, pero con mucho menos tino que en el tanto anterior. En el 29, a puerta vacía en el segundo palo tras un centro maravilloso del ágil Ureña, cabeceó fuera del marco con todo hecho. Increíble marro. Y en el 32, de nuevo el grancanario, arrancó mano a mano y, ante Astrálaga, no cogió puerta.

La primera mitad, movida y sin dueño claro, concluyó con otra oportunidad del referido Doménech, que se quedó ante Westerveld tras una asistencia precisa de Alcañiz que superó a Sangalli y Diego otra vez. Cuando iba a fusilar el segundo gol, apareció providencialmente viniendo desde atrás Ademo rebañando una pelota salvadora. Era el minuto 43 y el nigeriano solucionó un problema mayúsculo con una acción defensiva de valor gol.

El asunto táctico lo vio claro Ibai Gómez. El 4-3-3 vintage (bendito baúl de los recuerdos abierto por Fernando Torres, por cierto) lo tenía atravesado en la garganta y algo debía mover. Sorprendió la decisión del bilbaíno: retiró al amonestado Ureña, el mejor en ataque, y puso a un tercer central en juego: Barrachina. Pensó que así taparía mejor esos ataques locales donde Kamate, Cubo y Doménech llegaban en tromba, a la antigua usanza, por tres carriles diferentes. Volcó a Diego González en ataque al puesto de lateral izquierdo y subió a Pereira de extremo cuando gobernaba el balón el Real Zaragoza. Una singularidad que presentó interés por ver cómo salía.

La primera opción de gol la tuvo precisamente Pereira, en posición de ‘9’, tras una contra montada en un eslalon brillante de Iranzo, con pase a Jardí en el área. Era el minuto 54. El catalán remató cruzado, rechazó abajo Astrálaga y dejó la pelota muerta en el punto de penalti, a bote, para que Pereira la metiese dentro. Pero en gaditano la echó arriba, no puso el cuerpo en condiciones y falló un tanto imperdonable. Las cosas de que un defensa haga de delantero centro. Zapatero a tus zapatos.

Y la noche estaba para los detalles. El correcalles de lado a lado era un concurso de tiro al plato. El más fino con el gatillo y la mira iba a llevarse el premio gordo. Tras ese perdón del 1-2, en la acción siguiente (minuto 55), Doménech por fin vio puerta y firmó el 2-1 al adelantarse a Sangalli en un centro de Romeo Hueso al palo de atrás. Su derechazo ni lo vio Westerveld.

La tómbola no paró ahí. El mismo Doménech, que pudo haber salido a hombros por la puerta grande, erró el tercer gol madrileño en el 59, en otro mano a mano (jugada más repetida de la velada) que salvó Westerveld con la mano derecha en su salida. Y, el vaivén de sensaciones llevó el guion a otra incidencia importante en la otra área: en el 62 se pitó penalti a favor del Real Zaragoza por derribo de Gil a Jamelli, clarísimo pese a que se revisó por el FVS. La cosa es que el propio Rubén Díez lo falló. No es lo normal en él, pero lo hizo. Se lo paró Astrálaga en el 66, cuando por fin se tiró. Ese asidero al empate desaprovechado por el Real Zaragoza pudo haber sido letal. Pero tuvo reparación enseguida dentro de la montaña rusa de la trama de este duelo.

No bajó los brazos el equipo zaragocista y, en una jugada que de origen vino montada al revés, un centro de Espiau desde la banda (sí, el ariete) lo cabeceó impecablemente a la red el defensa central Iranzo, viniendo como una locomotora desde atrás. En el minuto 67, segundos después del error desde 11 metros de Jamelli, esta rareza arregló el posible bajonazo moral y metió de lleno al Zaragoza en la pugna por el triunfo. Aprovechó Ibai Gómez para cambiar dos piezas y dar entrada arriba a Sans y Delgado por el abatido Jamelli y Espiau.

El mono de los platillos que manejaba desde algún mando a distancia el devenir de este partido tuvo la ocurrencia de que, cuando el Real Zaragoza se venía arriba y los colchoneros andaban groguis, el que iba a marcar era el Atlético Madrileño. En un córner muy mal defendido por tanto central zaragocista, uno de los del filial rojiblanco, Miguel Gil, cabeceó por alto a las mallas el 3-2 en el minuto 75. No había quien controlase este duelo abierto como pocos entran en docena.

Se entró en los últimos minutos con Saidu y Cuenca supliendo a un apagado Terrer y al lesionado Pereira. El Real Zaragoza acabó partido, demasiado alborotado. Y ello derivó en una contra local, con blandura defensiva por el centro, que acabó rematando a gol en el 87 Muñoz tras el rechace del poste de un tiro cruzado de Mota. Fue el 4-2, tras otro paso inacabable por el monitor del VAR de charlotada. Hubo 10 minutos de aumento. Los del milagro mariano. En un estado global de locura, Iranzo, en el 99, volvió a cabecear a gol el 4-3 y metió cicuta hasta el pitido final, tras una falta lateral. Quedaba solo un minuto. Y en ese resquicio, Cuenca entró en el área y fue zancadilleado por Gil. Otro penalti a favor. Esta vez, en el 102, lo tiró Jardí para llevar el delirio a la afición zaragocista con un increíble 4-4 en un alargue descomunal. Un punto con en manto de la Virgen del Pilar. Quedaban minutos para que fuesen las 00.00 y empezara el día grande de esta tierra. Ojalá sea un guiño celestial.

 


domingo, 4 de octubre de 2026

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº6 REAL ZARAGOZA 4-1 CD TERUEL

 
LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº6 (4.9.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3747

 REAL ZARAGOZA 4-1 CD TERUEL 

0-1, min. 6: Sergio Moreno, de penalti

1-1, min. 45 (+7): Ureña

2-1, min. 47: Edu Espiau

3-1, min. 77: Pau Sans

4-1, min. 85: Jardí

Ficha técnica

Real Zaragoza: Anartz Peña; Sangalli, Iranzo, Diego González, Escudero (Raúl Pererira, 46’); Terrer, Ademo (Delgado, 46’), Rubén Díez (Pinilla, 78'); Ureña Pau Sans (73'), Edu Espiau (Saidu, 59’) y Jaume Jardí.

CD Teruel: Zarco; Borge, Álvaro López, Nicholas, Joserra (Goyo, 61’); Relu, Albisua; Edu Gallardo (Llácer, 61’), Hugo Redón (Romera, 78'), Sesé (Belevonis, 90'); y Sergio Moreno (Moraitis, 61’).

Goles: 0-1, min. 6: Sergio Moreno, de penalti. 1-1, min. 45 (+7): Ureña. 2-1, min. 47: Edu Espiau. 3-1, min. 77: Pau Sans. 4-1, min. 85: Jardí. 

Árbitro: Manuel Camacho Garrote (Comité Andaluz). Mostró amarillas a Sergio Moreno (7’), Joserra (24’), Ademo (35’), Saidu (69'), Sangalli (74'), Llácer (88').

 Real Zaragoza 4-1 CD Teruel

64 % Posesión 36 %
17 remates totales 5
9 remates a puerta 2
7 remates fuera 3
5 corneres 2
3 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 0
4 fueras de juego 4
11 tiros libres 21
23 saques de banda 17
21 faltas 11
1 disparos efectuados bloqueados 5

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                      Paso al líder: el Real Zaragoza somete al Teruel en el derbi aragonés (4-1)

El Real Zaragoza ya manda en la liga gracias a una goleada que tuvo que sudar contra un rebelde Teruel. Muy superiores en fútbol y recursos, los de Ibai se apoderaron del derbi en una imponente segunda parte. 

Sin perder la perspectiva de dónde se está y por qué, el Real Zaragoza tiene razones para celebrar, alegrarse y disfrutar: es líder. El primero. Es lo que se le exige y es lo que, tras seis jornadas, ofrece el sólido, superior e inteligente equipo de Ibai Gómez. Ganó el derbi aragonés a un rebelde y crudo Teruel, un equipo que lo puso difícil de inicio, en un partido al que el Zaragoza le costó encontrarle la partitura. Pero, por puro tonelaje de su fútbol, lo sacó adelante en una segunda mitad en la que dio buena estatura a su juego, poniéndolo a la altura de lo que es, el líder de la Primera RFEF. Ha llegado ya, ahora lo difícil es mantenerse ahí, cumpliendo con las obligaciones y expectativas, con ese examen que todos los domingos tiene que rellenar. Por eso, porque queda mucho y porque se viene de donde se viene, el Zaragoza debe disfrutar del momento y del proceso, celebrar todos los triunfos y todos los días como este, en los que sufre y acaba dándose un homenaje: ganar en el fútbol, sea la categoría que sea, ni es fácil ni debe amargar nunca.

El Teruel, por su parte, dio la cara mientras pudo defender su gol tempranero. En cuanto el partido se le escapó del marcador tras su aguerrida primera parte, el Zaragoza le pasó como un rodillo. El bloque de Ibai es difícil de contener, muy complejo de defender, porque maneja infinitas soluciones y recursos, y se mueve por los partidos como si ya hubiera estado ahí, con un oficio, entendimiento y competitividad que expresan su, cada vez, fútbol más rico y consistente.

Edu Espiau y Óscar Ureña, incendiarios de la victoria de Ibiza, destacaron en la alineación de Ibai Gómez como novedades en un once en el que resaltó también el debut en la portería de Anartz Peña ante la lesión de última hora de Westerveld. También fue baja Vadillo, por lo que el Real Zaragoza transformó el frente ofensivo de su flexible y poliédrico 4-3-3, un 3-4-3 atacando en el que la pincelada de entrenador llegó con las posiciones de Ureña y Escudero en el sector izquierdo. El dominicano se sumó al pasillo intermedio, cerrando así el cuadrado del centro del campo, con Escudero y Jardí abiertos, y con Sangalli como falso central derecho en la construcción del juego aunque con licencia para moverse.

En el Teruel, su técnico, Kiko Ramírez, dibujó en la pizarra un 5-4-1 que marcaría los designios de los acontecimientos. Relu se incrustó en la defensa, línea en la que entró Nicholas. También Hugo Redón se ganó un billete de titular, al igual que el bullicioso Sergio Moreno, protagonista por el ruido de su comportarse y de jugar en la primera mitad, sacando de quicio a los rivales. Hacerle la noche empalagosa, severa y quebrada fue la misión del Teruel, que se encontró con el mejor caramelo para que esas milicianas intenciones se endulzaran: un gol nada más empezar.

Decía el boxeador Mike Tyson que todos tienen un plan hasta que te dan el primer puñetazo en la boca. Al Real Zaragoza la mandíbula se la partió el Teruel en el primer minuto, cuando un desliz en la salida de balón provocó una carrera de Joserra a la que Terrer no puso remedio. Su centro al corazón del área se le encrespó a Anartz Peña, quien llegó tarde al balón, por muy poco, pero tarde, y tocó lo suficiente a Sergio Moreno, futbolista de los que no necesitan muchas palmas para ponerse a bailar. Después de la tediosa revisión, él mismo marcaría el gol de penalti y él mismo quiso tener el momento de gloria que nunca había tenido en el fútbol: en gesto impropio de la elegancia de su equipo, se fue a provocar dos veces a la grada en su celebración. No ha marcado muchos goles en su vida Sergio Moreno y se notó. El árbitro Camacho Garrote le sacó una amarilla, pero el Zaragoza pidió, sin éxito en el vídeo, la segunda porque se entendía que reincidió en los gestos al fondo sur.

Sergio Moreno se quedó en el campo y su fútbol de roce, castigo y polvorín contagió a un Teruel que se encontró con el partido donde quería. Disciplinados, soportados por su muralla mudéjar, le intoxicaron el partido al Zaragoza. Los locales no sabían por dónde encontrar la línea del partido. El gol en contra les llevó a jugar precipitados, como si el choque estuviera ya en el minuto 90. El guion exigía lo contrario: serenidad, calma, concentración. Apenas se cuajaba fútbol. El Zaragoza se encontró con otro problema que su entrenador, Ibai Gómez, no terminaba de detectar: su fútbol moría en la esquina derecha de su ataque, donde se juntaba demasiada gente, componiendo un embudo ante el dique turolense. El Zaragoza no tenía amplitud ni profundidad suficiente, le faltaba también el orden ofensivo de otros días porque, en parte, invertía roles, con Jardí ensanchando y Sangalli y sus piernas doblándose por dentro en lugar de por fuera.

Ibai no supo limar esa aspereza, mientras el Teruel sacaba el balón fácil, con el Zaragoza muy desajustado y separado en la presión: la línea de tres centrales visitantes se le atragantó tanto como una primera mitad en la que apenas amagaba. Escudero, de tiro lejano, lo había probado, hasta que Rubén Díez, intuitivo e indetectable como nadie, comenzó a castigar las espaldas del Teruel. Una buena combinación con Espiau y Ureña no la metió dentro el zaragozano por un pelo. En el Teruel, la amenaza se escribía a campo abierto. Pero Diego González se encargó de apagar posibles fuegos. Los visitantes encontraron un saque de esquina en el que Nicholas estuvo a punto de sacar petróleo.

El Zaragoza no encontraba su ritmo, ni su juego. Tejía el fútbol demasiado lejos del peligro, con las alas cortadas por la banda derecha. El Teruel, con mucha lija, conducía las cosas hacia su terreno. A Espiau le anularon un gol por fuera de juego. Para una vez que acertaba el canario… Después aún fallaría otro mano a mano anulado… Un precioso tiro de Jardí y un cabezazo de Iranzo, ya en la embocadura del descanso, parecieron revivir al Zaragoza… Hasta que, cuando quizá más neutralizados estaban los de Ibai Gómez, una caída a banda de Rubén Díez fue como un claro de luz en la jugada: recibió el pase, lo metió donde había que meterlo, Espiau falló, pero, como en Ibiza, quizá sus fallos sean presagio de goles de otros. De nuevo, Ureña apareció como un hurón para marcar ya al filo del intermedio.

Decíamos que el partido lo había cogido por la riendas ese futbolista luminoso al que un día llamamos Jamelli (y que jugó en el Teruel cuando ya debía hacerlo en el Zaragoza). Su equipo había cambiado piezas al volver al campo, con Pereira por Escudero y Delgado por un tocado y amonestado Ademo. El replanteamiento apuntaba a carga el área con otro delantero y ampliar las opciones de centro con el lateral gaditano. Sonaban ya las sirenas aéreas sobre Zarco, cuando, con otros protagonistas, el Zaragoza golpeó así: centró Diego González, y esta vez sí, esta vez rematando con las luces encendidas, Espiau dio ventaja a los suyos. Los dos goles del Zaragoza, en su remontada, llegaron en momentos fatales para el Teruel, que se vio abajo sin apenas darse cuenta. Su ejercicio defensivo ya no tenía mucho más recorrido. Relu subió entonces al mediocentro.

A los de Kiko Ramírez les empezaron a salir agujeros en la tela, y Rubén Díez, una altura más abajo en el mediocampo, comenzó a explorarlos y dominarlos. Él se encargó de decir con sus pies y sus ojos cómo había que jugar ese partido ahora. Delgado, Ureña… El Zaragoza pudo marcar el tercero, mientras se inflamaba, en sus mejores minutos, los más clarividentes y fluidos de su noche. Ibai Gómez metió a Saidu, poco antes de que Jardí, con su bazuca, empalmara al larguero una falta servida de lejos. El Teruel movió el banquillo: Llácer, Goyo y Moraitis intentaron ser solución. Pero el Zaragoza ya tenía el mando claro de las operaciones, se jugaba a su ritmo, donde quería, con el fútbol que más le identifica… Sometía, corría, se comprimía y se extendía como un acordeón… A Joaquín Delgado le anularon un gol después de varios remates fallidos…

Ibai dio un respiro a Ureña, y salió Pau Sans, mientras el Teruel no encontraba más caminos hacia el deshabitada área de Peña que alguna falta colgada. Con Pau Sans en el campo, el Zaragoza ganaba velocidad, vértigo y colmillo ante un rival cada vez más expuesto. Y así llegó el tercero: Jardí, de fútbol brillante pero también empecinado, luchó un balón dividido y sacó un pase exacto y profundo para que el canterano ganara la carrera hacia el tercer gol local. Fue el momento en el que Rubén Díez guardó su brújula y salió Hugo Pinilla al césped, debutando en la temporada. Jardí acabaría por redondear la noche, porque su zurda siempre ofrece una última bala. Este Zaragoza que siempre mira hacia delante ya manda en la categoría: si tienes varios de los mejores jugadores y uno de los mejores entrenadores hasta ahora es muy difícil que este momento se demorase mucho más. Ha llegado, como llega la felicidad.

viernes, 25 de septiembre de 2026

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº5 UD IBIZA 0-2 REAL ZARAGOZA

 

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº5 (25.8.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3746

 UD IBIZA 0-2 REAL ZARAGOZA 

0-1, min. 57: Ureña.

0-2, min. 62: Ureña.

Ficha técnica

Ibiza: Prieto; Busto, J. Blasco, Curbelo, Víctor García; Genaro (Ismael Fadel, 39’), Pedro Ortiz (Íker Varela, 67’); Astalls, Theo Valls (Nsukula, 79'), Lazo (Yoldi, 46’); y Manu Justo (Eslava, 67’).

Real Zaragoza: Westerveld; Sangalli, R. Iranzo, Diego G., Escudero (Ureña, 56’); Ademo, Terrer (Saidu, 46’), Rubén Díez (Monzón, 70’); J. Jardí (Cuenca, 85'), Raúl Pereira; y Vadillo (Edu Espiau, 56’) .

Goles: 0-1, min. 57: Ureña. 0-2, min. 62: Ureña.

Árbitro: Juan Francisco Roca Robles (Comité Murciano). Mostró amarillas a Terrer (22’), Rubén Díez (35’), Fadel (40’), Jardí (48’), Ademo (50’), Saidu (60’), Monzón (76'), Varela (96').

 UD Ibiza 0-2 Real Zaragoza

44 % Posesión 56 %
8 remates totales 8
2 remates a puerta 6
2 remates fuera 1
2 corneres 5
2 tarjetas amarillas 6
 tarjetas rojas
 fueras de juego
13 tiros libres 15
20 saques de banda 18
15 faltas 13
4 disparos efectuados bloqueados 11

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El Real Zaragoza va viento en popa: gran victoria en Ibiza (0-2)

El Real Zaragoza, en un partido de plan y desarrollo impecable, abrocha en Ibiza con doblete de Ureña un triunfo de prestigio y crédito, el cuarto consecutivo, que le pone ya en situación destacada en la tabla.

El Zaragoza aún no es líder, pero ya tiene cuerpo de líder, de gerifalte de la categoría. Su victoria sólida, de calidad, prestigiosa y valiosa, con un fútbol incontestable, maduro e inteligente, en Ibiza, le pone ya batiendo las alas en Primera RFEF, confirma su expansión competitiva y su evolución futbolística, y pone luz sobre la figura de su entrenador, Ibai Gómez, cuyo sello en el triunfo no lo imprimió en Can Misses, sino unas horas antes en Zaragoza: el partido fue el partido que imaginó, intuyó y preparó Ibai. El partido que pintó en la previa que sucedería: un primer tiempo riguroso y táctico contra un rival de presión incandescente, y una segunda parte para meterle el veneno al rival. Dos partidos en uno debía jugar el Zaragoza para ganar, y los jugó, tal y como entrevió su entrenador. Ureña fue su bala de plata para tumbar al Ibiza con dos goles en una ráfaga de fútbol y elevar a cuatro en raya -de triunfos- su dinámica esplendorosa. Fue una victoria bordada, hilada con suficiencia, muestra de un equipo con muchos recursos: los tiene individuales, pero también tácticos. No hay mejor prueba de ello de que el Zaragoza jugara el partido que su entrenador pronosticó.

Ibai Gómez ya ha demostrado que es entrenador con un catálogo flexible y diverso, un técnico que observa cada partido como una batalla nueva que hay que afrontar, luchar y ganar, y elige, más que los soldados, la estrategia que, según su criterio, mejor se adapta a las circunstancias del partido y las debilidades -o fortalezas- del adversario. Siempre dentro de unos principios inalterados que reflejan la esencia de su modelo: jugar hacia adelante, construir desde atrás, tocar para fabricar ventajas, dominar, atacar... En Ibiza, el entrenador no tocó más tecla que Escudero por Ureña, pero sí modificó las alturas y la organización del equipo con balón. Aparcó la base de tres jugadores y el 3-4-3 ofensivo sobre el que edificó la victoria contra el Cartagena, y armó un inicio de juego más precavido y prudente, con los laterales más bajos y contenidos (también para controlar las transiciones rivales), y una clara línea de cuatro atrás. Un 4-3-3 en el que Pereira, lateral, ejerció esta vez de extremo, pegado a la banda izquierda.

Más que una pincelada reservona del entrenador, la razón cabe buscarla en las características del Ibiza, cuya fisonomía y comportamiento estuvo muy presente en el plan del Zaragoza. Es un equipo que también dobla lateral en la derecha, con Astalls (lateral ubicado en el extremo por delante de Busto) pisando, encima, zonas interiores. Es un equipo que, además, acumula gente en esas zonas intermedias desde su 4-3-3 de partida en el que Lazo opera con libertad desde la izquierda. Y es un equipo, el de Raúl Llona, que presiona a todo campo, al hombre, a pares, tal y como advirtió Ibai en la previa.

Estos rasgos del Ibiza, sobre todo esos emparejamientos defensivos, obligaban a tener pies vivos en el campo, jugadores ligeros, ágiles, rápidos y técnicos, de ahí la apuesta por Pereira más arriba o la pervivencia de Vadillo en punta.

La presión del Ibiza marcó las pautas de los primeros minutos. El Zaragoza tenía delante un espejo exacto, con parecidas intenciones y mecanismos tácticos. Esto llevó el pulso a una partida de ajedrez, en la que, como siempre, el control del centro resultaría elemental. El Ibiza lo tenía bloqueado. El Zaragoza, con más posesión, trataba de atraer sobre sus cuatro defensas esos emparejamientos del rival para abrirlo en canal, dividirlo y conquistarle los espacios medios. Pero el Ibiza no entró ahí al trapo. No así en el centro, donde el Zaragoza apenas respiraba gracias a la exuberancia de Ademo y su implacable manera de enfrentarse a los duelos. Sus rivales chocaban contra él como quien se choca con un camión.

Ortiz, con un zurdazo, avisó de peligro, pero respondió bien Westerveld. El Zaragoza contestó con una incursión de Terrer y un disparo de Vadillo. Ambos equipos buscaban mandar, hacerse señores del juego, pero sus defensas se imponían. La del Zaragoza estaba bien sujeta por Iranzo y el frenesí de Diego González. La del Ibiza con superioridad de número, porque Vadillo quedaba muy aislado. El Zaragoza no estaba incómodo pero tampoco cómodo. Pero fue abriendo el apetito gracias a su buen nivel defensivo en campo rival. Convirtió el robo en su principal arma. Poco a poco, fue emboscando esos pases iniciales del Ibiza y abriéndose camino hacia Prieto, quizá no con mucho remate, pero sí con aproximaciones cargadas de picante: una contra canalizada por Ademo concluyó mal entre Rubén Díez y Vadillo; una buena combinación con Terrer de protagonista se perdió en los metros finales; Jardí tiró rasó y flojo; Vadillo no llegó por un pelo a un centro de Pereira; y Jardí dejó solo a Vadillo en una acción que pudo parecer penalti pero que el Zaragoza no quiso revisar… Vadillo estaba para hacer gol… El Zaragoza no gastaba muchos cartuchos en forma de disparo ni subía su contador de tiros en las estadísticas, pero sí enseñaba los colmillos.

El partido se había agitado tras su rigidez inicial y todo parecía ser cuestión de no equivocarse más que el rival. Pasó de ser un choque de peones a ser un duelo de alfiles. El Ibiza también dejó alguna nota de peligro, como un tiro de Lazo muy débil y sobre todo un centro de Ortiz al que no llegó Manu Justo. Pero, a peso, el Zaragoza pisaba más zona de remate. Llona se vio obligado a meter Ismael Fadel, zaragozano y canterano de la Ciudad Deportiva, al lesionarse Genaro, su ancla. Central, con pasado de pivote, esa fue su demarcación. Al descanso, se llegó, de este modo, en paz.

A la vuelta, el Zaragoza presentó a Saidu en el campo en lugar de Terrer. Y el Ibiza también movió la reserva con la entrada de Yoldi por Lazo. Pero el cambio gordo, el gran truco que cambió los acontecimientos, el movimiento que hizo saltar la banca, fue el doble cambio que, al poco, metió Ibai: Ureña por Escudero y punta por punta, Espiau por Vadillo. Pereira pasó así al lateral. Este relevo modificó por completo las reglas del partido, su guion, sus protagonistas, sus estructuras, su naturaleza. El Ibiza tuvo un código nuevo que descifrar. Y cuando supo, ya era tarde.

El Zaragoza sacó su nueva piel de camaleón, porque esa es una de sus virtudes, su variedad y amplitud de registros, y con Ureña, su chispa y su revolución, todo fue distinto, sobre todo, para el Ibiza, al que, sin darse cuenta, le habían cambiado los dados de la partida. En su primer contacto con el balón, Ureña recogió un balón metido al área por Jardí con un toque de exterior magistral y lo subió a gol. Una ventaja que no se quedó ahí: una mala entrega atrás del Ibiza, le dejó a Espiau la carretera del segundo asfaltada. Falló el mano a mano, pero Ureña, un relámpago en la noche ibicenca, fue al quite y colocó otro gol en el partido.

El Real Zaragoza le había asestado la puñalada definitiva, mientras a Ibai le salía la sonrisa del que se ha sacado un as de la manga. La renta permitió la entrada de Monzón por Rubén Díez. El Ibiza trató de ir para arriba, vio anulado un gol en fuera de juego, y rozó otro con Yoldi.

El partido se metió más en campo visitante, pero el Zaragoza resistió, concedió poco. Y tuvo ocasiones para más, como otro mano a mano que se le atragantó a Espiau. Allí se le fue la sentencia, pero no el control de la situación. El Zaragoza estaba jugando como un grande de la categoría contra uno de sus rivales directos, anulado y reducido. Ibiza era suya, tras una navegación perfecta e Ibai como timonel. De momento, el velero va viento en popa.