PRETEMPORADA 2026/27 8º AMISTOSO (21.8.2025)
REAL ZARAGOZA 3-1 BILBAO ATHLETIC
1-0, min. 69: P. Sans
1-1, min. 77: Korkut
2-1, min. 82: Delgado
3-1, min. 91: Hansson
Ficha técnica
Real Zaragoza: Westerveld; Gabilondo, Tachi (Saidu, 83), Diego González (H. Barrachina, 28), Escudero (Pereira, 71); Ander Herrera (Rubén Díez Jamelli, 71), Terrer; Jardí (Delgado, 46), Ademo (Vadillo, 46), Cuenca (Hansson, 83); y P. Sans (Tobajas, 71).
Bilbao Athletic: Santos; Zarandona, Izagirre, León (Unax Urzaiz, 85), Ilyas (Barandalla, 39); Sola (Pablo Martínez, 85),Adrián Pérez (Korkut, 73); Oyono (Selton, 65), Beñat García (Lete, 73), Huestamendia (Olabarrieta, 65); y Vizcay (Peciña, 65).
Árbitro: Alfredo Ramo Andrés (Comité Aragonés). No mostró tarjetas.
Goles: 1-0, min. 69: P. Sans. 1-1, min. 77: Korkut. 2-1, min. 82: Delgado. 3-1, min. 91: Hansson.
Victoria del Real Zaragoza por 3-1 ante el filial del Athletic en un final de partido inspirado
Todo lo sustancial ocurrió en los últimos 20 minutos, tras haber llegado hasta ahí con el 0-0 y un juego malo y preocupante. Sans, el debutante Delgado y Hansson marcaron los tantos zaragocistas.
Dos partidos en uno. Uno de 70 minutos, malo de solemnidad. Y otro de 20, los finales, donde las condiciones del juego dieron de sí para ver cuatro goles y un triunfo por 3-1 del Real Zaragoza sobre el Bilbao Athletic en el penúltimo amistoso de pretemporada. Demasiado premio para tan poca propuesta, pero ciertamente el equipo está mostrando buena pegada en los ensayos estivales pese a su poca creatividad.
Preocupante la imagen y las maneras de los zaragocistas en una primera parte infumable. Nada de nada dejó en el saco de lo potable el cuadro que dirige Ibai Gómez. No es una crítica ácida ni una exageración sostenida en una frase hecha. No. Es literal. El Bilbao Athletic, un filial con aspecto muy juvenil del otro grupo de Primera RFEF, con chicos que desde el mismo inicio mostraron carencias técnicas en cuestiones básicas, fue mejor desde muy pronto. Y eso se convirtió enseguida en un lastre para cualquier observador que buscase una mejora en el fútbol del renovado plantel aragonés.
Se repitieron, como una letanía constante y sin fin, todas las máculas y errores ya reseñados en otros partidos precedentes de esta pretemporada pos descenso. No hay fábrica de fútbol en la medular. En defensa existen demasiados síntomas de blandura, igual por los laterales (lo de Gabilondo ya cabe subrayarlo) que por el centro. Y de medio campo hacia arriba la imaginación y la clase no es la dote más extendida en las piezas que por ahí se mueven. Lo de “ser un equipo proactivo y dominador” que prometió Ibai Gómez en su presentación, a escasos días del inicio de la liga es un tiro al aire, un holograma, un sueño de poca realidad hasta hoy. Y eso que en el campo estaba Ander Herrera, llamado a ser el líder en estas lides.
El equipo B bilbaíno dominó más la pelota, mucho más por momentos. Fue el único que dio -o lo intentó- cuatro o cinco pases seguidos. El Real Zaragoza jamás lo logró. No hubo una jugada de cierta continuidad o enjundia en campo contrario, otro epígrafe del libreto de Ibai que no asoma por ningún sitio. Todo se basa en pelotazos largos de 40 metros en busca de las carreras, en esta ocasión, del desafortunado Pau Sans, del abrumado Cuenca o del poco ágil Jardí. Eso es muy fácil de defender por los adversarios. El 0-0 del descanso, como suele ser siempre explicación para definir un mal día, fue lo mejor para los aturullados zaragocistas.
Si en el minuto 24 el Bilbao Athletic hubiera estado 0-2 por encima a nadie le hubiera extrañado. Ilyas, lateral zurdo de largo recorrido que se marchó lesionado antes del intermedio, se quedó mano a mano ante Westerveld en el minuto 13 y estrelló su remate contra el cuerpo del guardameta zaragocista en su salida. En el 17, Huestamendía, extremo izquierdo que superó con facilidad varias veces al referido Gabilondo, lanzó un centro-chut cerrado que dio en el larguero y se marchó fuera. Y en el 24, el ariete Vizcay metió la puntera en el segundo palo adelantándose a un pasivo Gabilondo, tras haber dejado botar peligrosamente el balón en el área chica Tachi, y la pelota se iba dentro de no ser por un paradón de Werterveld retrocediendo en una estirada inverosimil para sacar la pelota en la misma raya.
En el 25, seguido de esta ocasión cristalina de los bilbaínos, Diego González dio el susto de la tarde. Cayó sin sentido, conmocionado, tras un golpe en la cabeza con un rival en una pugna. Hubo segundos de miedos y los médicos y servicios sanitarios entraron a toda velocidad al césped. Se lo llevaron al hospital en camilla, ambulancia (ya consciente) y el alivio anímico de todo el mundo fue notable. Lo suplió Barrachina. El partido, tras ese parón, se deslució. Hubo incluso algún brote de dureza y discusiones. Los cachorros vizcaínos acabaron regalando dos pelotas de gol al Real Zaragoza en la recta final que ni Cuenca ni Jardí supieron aprovechar en los minutos 44 y 45, solos ante Santos. Hasta en este tipo de acciones falta destreza, un punto de clase y definición.
En el descanso, Ibai Gómez sentó al desaparecido Ademo y a un flojo Jardí e hizo debutar al delantero centro Joaquín Delgado, recién llegado, y dio más minutos al canterano Vadillo, goleador en Logroño la semana anterior. El técnico del filial de Lezama, Bittor Llopis, no tocó nada. Las consignas de Ibai debieron tocar la fibra de sus pupilos, porque el Real Zaragoza salió con otro aire distinto de la caseta. Desde el minuto 1 del segundo periodo sí que dominó al rival y jugó en campo contrario mayormente. Pau Sans pudo adelantar al equipo en el tanteador hasta dos veces, una en el 48 y otra en el 52, fruto de esa mejoría en la combinación y el adelantamiento de las líneas. En la primera, tras pase al hueco de Cuenca, punteó con la derecha alto, rozando la escuadra. Y en la segunda opción, en una jugada individual, voleó a media altura y Santos sacó a córner en una gran parada.
Faltaba saber si era un arrebato o algo serio. Y a partir del paso del cuarto de hora, quedó en evidencia que había más de lo primero que de lo segundo. Los vascos reaccionaron, el Zaragoza se volvió a recular y favoreció su decaimiento de nuevo. El rubio Adrián Pérez avisó del gol en el minuto 63, con un chut duro en la corona del área que se fue por encima del larguero por centímetros. Los de Ibai ya llevaban un rato otra vez perdidos en el limbo. Como si lo de hacer fútbol fuera para ellos una quimera, una tarea de titanes, a desmano.
De esos momentos de dudas surgió un fogonazo, como esos que sirvieron para ganar la semana pasada en Logroño y, sobre todo, en Villarreal. Y vino el 1-0 como una flor en el desierto. Una combinación notable de Cuenca y Terrer en la frontal del área en el minuto 69 acabó en un pase al espacio para la entrada de Gabilondo hasta el fondo y su pase atrás lo acabo de primeras Pau Sans a la red con un buen derechazo a media altura. Era otra vez fruto excesivo para tan poca propuesta. Pero el fútbol tiene esto, no atiende a méritos.
Quedaban 20 minutos, el Bilbao Athletic se había metido ya en un carrusel de cambios excesivo y todo parecía encarado ya. Pero los vascos lograron rehacerse y empataron pronto. Primero, en el 74, Olabarrieta (el año pasado en el FC Andorra) avisó después de una pifia de los centrales y, solo en el área remató cruzado, fuera por un metro. Y en el 77, el recién entrado Korkut ganó las espaldas de Tachi y Barrachina en un balón largo y definió con una preciosa vaselina desde la frontal sobre el adelantado Westerveld. El 1-1 equilibraba otra vez la meritocracia.
Pero el Real Zaragoza, en esos ya patentados fogonazos, se guardó otro para el minuto 82 que gestó Vadillo con un taconazo en la banda a la altura de la medular para favorecer la incursión de Pereira (mejor lateral ofensivo que hacia atrás), cuyo centro patrocinó el estreno goleador de Delgado, a bocajarro, gol de ‘9’ puro. El 2-1 se celebró con fuerza porque, además, es por fin un buen augurio con un ariete nuevo: marcar el primer día es algo inusual en Zaragoza en la última década. Buen sabor de boca, sin duda, este final de partido, sobre todo porque aún hubo un tercer tanto, el del estreno del noruego-sueco Hansson como zaragocista. En el minuto 91, un saque largo de Westerveld (sí, el portero), cruzó todo el campo ante el abatimiento ya de los rojiblancos y el extremo nórdico se quedó solo ante Santos, al que superó por raso con un buen toque.
El partido pasó del 0-0 aburrido, feo y sin material evaluable con sustancia en los primeros 70 minutos a unos 20 finales en los que, entre el cansancio de unos, la falta de ritmo de los recién entrados desde los banquillos y la inspiración de unos pocos atomizada en ese tramo postrero, tuvieron lugar cuatro goles, varias ocasiones y algunas gotas de eso que da sentido al fútbol. Que pasen cosas. Por ahora, más allá de este marcador que, visto sin contexto, parece contundente, a este Zaragoza de Ibai le faltan bastantes cosas. No reconocerlo puede ser contraproducente.
















