domingo, 11 de octubre de 2026

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº7 AT. MADRILEÑO 4-4 REAL ZARAGOZA

 

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº7 (11.9.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3748

 AT. MADRILEÑO 4-4 REAL ZARAGOZA 

1-0, min. 7: Kamate

1-1, min. 23: Espiau

2-1, min. 55: Doménech

2-2, min. 67: Iranzo

3-2, min. 75: Miguel Gil

4-2, min. 87: Muñoz

4-3, min.99: Iranzo

4-4, min. 102: Jardí, de penalti

Ficha Técnica

Atlético Madrileño: Astrálaga; Romeo Hueso, Antal Yaakobishvili (Lis, 53), Miguel Gil, Solá; Thiago Helguera (Álvaro Justo, 72), David García, Alcañiz (Seidu, 79); Kamate (Muñoz, 79), Doménech (Mota, 79); y Cubo.

Real Zaragoza: Westerveld; Sangalli, Iranzo, Diego González, Pereira (Cuenca, 82); Ademo, Terrer (Saidu, 82); Jardí, Rubén Díez Jamelli (P. Sans, 69), Ureña (Barrachina, 46); y Espiau (Delgado, 69).

Árbitro: Aranda Delgado (Comité Andaluz). Amonestó a Alcañiz (32), Ureña (38), Muñoz (80) y Seidu (97).

Goles: 1-0, min. 7: Kamate. 1-1, min. 23: Espiau. 2-1, min. 55: Doménech. 2-2, min. 67: Iranzo. 3-2, min. 75: Miguel Gil. 4-2, min. 87: Muñoz. 4-3, min.99: Iranzo. 4-4, min. 102: Jardí, de penalti.

AT. Madrileño 4-4 Real Zaragoza

35 % Posesión 65 %
15  remates totales 16
7 remates a puerta 8
6 remates fuera 4
3 corneres 6
3 tarjetas amarillas 1
0 tarjetas rojas 0
1 fueras de juego 3
14 tiros libres 18
23 saques de banda 18
18 faltas 14
4 disparos efectuados bloqueados 3

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El Real Zaragoza suma un punto de campeón con dos goles fuera de tiempo en Madrid

Los aragoneses empataron 4-4 en el campo del Atlético Madrileño un partido que perdían 4-2 en el minuto 99. Fue un partido loco, bello, vintage, en el que Jamelli falló un penalti mucho antes del desenlace.

Milagroso, inenarrable, magnífico. El 4-4 que se llevó el Real Zaragoza de Alcalá de Henares, en un partido para el recuerdo por su formato de otros tiempos, es una señal divina. La crónica que sigue aclara la razón.

Bonita de ver resultó la primera parte. Es esto un suceso tan escaso en los últimos tiempos -lo de ver buen fútbol-, que se agradeció una barbaridad. El Atlético Madrileño juega fino y con solera antigua, un 4-3-3 que hace remover los viejos posos del fútbol de verdad. Y el cuadro zaragocista, como se viene comprobando desde hace un mes, tiene un mecanismo que en esta categoría y con los futbolistas que está mezclando poco a poco Ibai Gómez, le da para tener fases de superioridad con el balón y llegadas al área rival, siempre garantía de que pasen cosas.

En esta burbuja global, ciertamente el Real Zaragoza empezó mal. Se le atragantó de entrada el planteamiento de los de Fernando Torres. Y encajó el 1-0 muy pronto, en la primera llegada de los rojiblancos (como en Tarragona en el estreno del curso y como el otro día ante el Teruel, o sea, no es ya accidental). En el minuto 7 ya ganaban los locales con un gran gol del francomarfileño Kamate, que superó por raso y cruzado en el área a Westerveld tras un pase al hueco de Thiago Helguera magnífico a espaldas de un sufridor Pereira. Los dos extremos atléticos, el citado africano por la derecha y Doménech por la zurda, fueron dos puñales, con Cubo como ariete sujetando a los centrales zaragocistas.

Le costó espabilar a los aragoneses. Aturdidos por ese mazazo, de nuevo en obligación de remontar, el medio campo tuvo poca fábrica de fútbol en el eje. Ademo y Terrer debieron imponerse más a un único rival ahí, David García, pues Helguera y Alcañiz, dos interiores volcados a las bandas, no taponaban en fase defensiva. Sin embargo, cuando el balón era colchonero, quienes sufrían eran los laterales zaragocistas. Fue un duelo de desigualdades precioso de ver. Espiau, otra vez titular, probó suerte en el minuto 10 desde la frontal pero detuvo Astrálaga abajo el primer chut que abría la sesión atacante de los de Gómez.

Doménech tuvo el 2-0 en el minuto 16, ganando el velocidad al retroceso a Sangalli tras otro pase al espacio (hizo daño a la zaga aragonesa este método), pero su disparo en la frontal, solo, se le marchó cruzado a metro y medio del poste derecho. Y en el ida y vuelta que se gestó a partir de ahí el que atinó y alivió su situación puntual fue el Zaragoza con el 1-1. Lo hizo otro día más Espiau, que está con cierto duende favorable pese a que su cupo de errores en acciones potables sigue aumentando. El ariete canario, en el 23, remató con la derecha un centro de Rubén Díez Jamelli, tras jugada de Jardí, y el balón entró pegado al poste derecho tras no poder atajar el portero atlético. La igualada llegó pronto, pero igual de pronto pudo disolverse.

Porque Doménech volvió a perdonar, esta vez en un mano a mano flagrante en el minuto 25, el 2-1, casi nada más sacarse de centro. Le volvió a ganar la retaguardia a Sangalli y a un dubitativo Diego González y, tras pensar qué hacer en carrera, eligió tirar por alto y se le marchó la pelota a dos palmos del larguero, por encima. La réplica aragonesa la puso por dos veces Espiau, pero con mucho menos tino que en el tanto anterior. En el 29, a puerta vacía en el segundo palo tras un centro maravilloso del ágil Ureña, cabeceó fuera del marco con todo hecho. Increíble marro. Y en el 32, de nuevo el grancanario, arrancó mano a mano y, ante Astrálaga, no cogió puerta.

La primera mitad, movida y sin dueño claro, concluyó con otra oportunidad del referido Doménech, que se quedó ante Westerveld tras una asistencia precisa de Alcañiz que superó a Sangalli y Diego otra vez. Cuando iba a fusilar el segundo gol, apareció providencialmente viniendo desde atrás Ademo rebañando una pelota salvadora. Era el minuto 43 y el nigeriano solucionó un problema mayúsculo con una acción defensiva de valor gol.

El asunto táctico lo vio claro Ibai Gómez. El 4-3-3 vintage (bendito baúl de los recuerdos abierto por Fernando Torres, por cierto) lo tenía atravesado en la garganta y algo debía mover. Sorprendió la decisión del bilbaíno: retiró al amonestado Ureña, el mejor en ataque, y puso a un tercer central en juego: Barrachina. Pensó que así taparía mejor esos ataques locales donde Kamate, Cubo y Doménech llegaban en tromba, a la antigua usanza, por tres carriles diferentes. Volcó a Diego González en ataque al puesto de lateral izquierdo y subió a Pereira de extremo cuando gobernaba el balón el Real Zaragoza. Una singularidad que presentó interés por ver cómo salía.

La primera opción de gol la tuvo precisamente Pereira, en posición de ‘9’, tras una contra montada en un eslalon brillante de Iranzo, con pase a Jardí en el área. Era el minuto 54. El catalán remató cruzado, rechazó abajo Astrálaga y dejó la pelota muerta en el punto de penalti, a bote, para que Pereira la metiese dentro. Pero en gaditano la echó arriba, no puso el cuerpo en condiciones y falló un tanto imperdonable. Las cosas de que un defensa haga de delantero centro. Zapatero a tus zapatos.

Y la noche estaba para los detalles. El correcalles de lado a lado era un concurso de tiro al plato. El más fino con el gatillo y la mira iba a llevarse el premio gordo. Tras ese perdón del 1-2, en la acción siguiente (minuto 55), Doménech por fin vio puerta y firmó el 2-1 al adelantarse a Sangalli en un centro de Romeo Hueso al palo de atrás. Su derechazo ni lo vio Westerveld.

La tómbola no paró ahí. El mismo Doménech, que pudo haber salido a hombros por la puerta grande, erró el tercer gol madrileño en el 59, en otro mano a mano (jugada más repetida de la velada) que salvó Westerveld con la mano derecha en su salida. Y, el vaivén de sensaciones llevó el guion a otra incidencia importante en la otra área: en el 62 se pitó penalti a favor del Real Zaragoza por derribo de Gil a Jamelli, clarísimo pese a que se revisó por el FVS. La cosa es que el propio Rubén Díez lo falló. No es lo normal en él, pero lo hizo. Se lo paró Astrálaga en el 66, cuando por fin se tiró. Ese asidero al empate desaprovechado por el Real Zaragoza pudo haber sido letal. Pero tuvo reparación enseguida dentro de la montaña rusa de la trama de este duelo.

No bajó los brazos el equipo zaragocista y, en una jugada que de origen vino montada al revés, un centro de Espiau desde la banda (sí, el ariete) lo cabeceó impecablemente a la red el defensa central Iranzo, viniendo como una locomotora desde atrás. En el minuto 67, segundos después del error desde 11 metros de Jamelli, esta rareza arregló el posible bajonazo moral y metió de lleno al Zaragoza en la pugna por el triunfo. Aprovechó Ibai Gómez para cambiar dos piezas y dar entrada arriba a Sans y Delgado por el abatido Jamelli y Espiau.

El mono de los platillos que manejaba desde algún mando a distancia el devenir de este partido tuvo la ocurrencia de que, cuando el Real Zaragoza se venía arriba y los colchoneros andaban groguis, el que iba a marcar era el Atlético Madrileño. En un córner muy mal defendido por tanto central zaragocista, uno de los del filial rojiblanco, Miguel Gil, cabeceó por alto a las mallas el 3-2 en el minuto 75. No había quien controlase este duelo abierto como pocos entran en docena.

Se entró en los últimos minutos con Saidu y Cuenca supliendo a un apagado Terrer y al lesionado Pereira. El Real Zaragoza acabó partido, demasiado alborotado. Y ello derivó en una contra local, con blandura defensiva por el centro, que acabó rematando a gol en el 87 Muñoz tras el rechace del poste de un tiro cruzado de Mota. Fue el 4-2, tras otro paso inacabable por el monitor del VAR de charlotada. Hubo 10 minutos de aumento. Los del milagro mariano. En un estado global de locura, Iranzo, en el 99, volvió a cabecear a gol el 4-3 y metió cicuta hasta el pitido final, tras una falta lateral. Quedaba solo un minuto. Y en ese resquicio, Cuenca entró en el área y fue zancadilleado por Gil. Otro penalti a favor. Esta vez, en el 102, lo tiró Jardí para llevar el delirio a la afición zaragocista con un increíble 4-4 en un alargue descomunal. Un punto con en manto de la Virgen del Pilar. Quedaban minutos para que fuesen las 00.00 y empezara el día grande de esta tierra. Ojalá sea un guiño celestial.

 


domingo, 4 de octubre de 2026

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº6 REAL ZARAGOZA 4-1 CD TERUEL

 
LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº6 (4.9.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3747

 REAL ZARAGOZA 4-1 CD TERUEL 

0-1, min. 6: Sergio Moreno, de penalti

1-1, min. 45 (+7): Ureña

2-1, min. 47: Edu Espiau

3-1, min. 77: Pau Sans

4-1, min. 85: Jardí

Ficha técnica

Real Zaragoza: Anartz Peña; Sangalli, Iranzo, Diego González, Escudero (Raúl Pererira, 46’); Terrer, Ademo (Delgado, 46’), Rubén Díez (Pinilla, 78'); Ureña Pau Sans (73'), Edu Espiau (Saidu, 59’) y Jaume Jardí.

CD Teruel: Zarco; Borge, Álvaro López, Nicholas, Joserra (Goyo, 61’); Relu, Albisua; Edu Gallardo (Llácer, 61’), Hugo Redón (Romera, 78'), Sesé (Belevonis, 90'); y Sergio Moreno (Moraitis, 61’).

Goles: 0-1, min. 6: Sergio Moreno, de penalti. 1-1, min. 45 (+7): Ureña. 2-1, min. 47: Edu Espiau. 3-1, min. 77: Pau Sans. 4-1, min. 85: Jardí. 

Árbitro: Manuel Camacho Garrote (Comité Andaluz). Mostró amarillas a Sergio Moreno (7’), Joserra (24’), Ademo (35’), Saidu (69'), Sangalli (74'), Llácer (88').

 Real Zaragoza 4-1 CD Teruel

64 % Posesión 36 %
17 remates totales 5
9 remates a puerta 2
7 remates fuera 3
5 corneres 2
3 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 0
4 fueras de juego 4
11 tiros libres 21
23 saques de banda 17
21 faltas 11
1 disparos efectuados bloqueados 5

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                      Paso al líder: el Real Zaragoza somete al Teruel en el derbi aragonés (4-1)

El Real Zaragoza ya manda en la liga gracias a una goleada que tuvo que sudar contra un rebelde Teruel. Muy superiores en fútbol y recursos, los de Ibai se apoderaron del derbi en una imponente segunda parte. 

Sin perder la perspectiva de dónde se está y por qué, el Real Zaragoza tiene razones para celebrar, alegrarse y disfrutar: es líder. El primero. Es lo que se le exige y es lo que, tras seis jornadas, ofrece el sólido, superior e inteligente equipo de Ibai Gómez. Ganó el derbi aragonés a un rebelde y crudo Teruel, un equipo que lo puso difícil de inicio, en un partido al que el Zaragoza le costó encontrarle la partitura. Pero, por puro tonelaje de su fútbol, lo sacó adelante en una segunda mitad en la que dio buena estatura a su juego, poniéndolo a la altura de lo que es, el líder de la Primera RFEF. Ha llegado ya, ahora lo difícil es mantenerse ahí, cumpliendo con las obligaciones y expectativas, con ese examen que todos los domingos tiene que rellenar. Por eso, porque queda mucho y porque se viene de donde se viene, el Zaragoza debe disfrutar del momento y del proceso, celebrar todos los triunfos y todos los días como este, en los que sufre y acaba dándose un homenaje: ganar en el fútbol, sea la categoría que sea, ni es fácil ni debe amargar nunca.

El Teruel, por su parte, dio la cara mientras pudo defender su gol tempranero. En cuanto el partido se le escapó del marcador tras su aguerrida primera parte, el Zaragoza le pasó como un rodillo. El bloque de Ibai es difícil de contener, muy complejo de defender, porque maneja infinitas soluciones y recursos, y se mueve por los partidos como si ya hubiera estado ahí, con un oficio, entendimiento y competitividad que expresan su, cada vez, fútbol más rico y consistente.

Edu Espiau y Óscar Ureña, incendiarios de la victoria de Ibiza, destacaron en la alineación de Ibai Gómez como novedades en un once en el que resaltó también el debut en la portería de Anartz Peña ante la lesión de última hora de Westerveld. También fue baja Vadillo, por lo que el Real Zaragoza transformó el frente ofensivo de su flexible y poliédrico 4-3-3, un 3-4-3 atacando en el que la pincelada de entrenador llegó con las posiciones de Ureña y Escudero en el sector izquierdo. El dominicano se sumó al pasillo intermedio, cerrando así el cuadrado del centro del campo, con Escudero y Jardí abiertos, y con Sangalli como falso central derecho en la construcción del juego aunque con licencia para moverse.

En el Teruel, su técnico, Kiko Ramírez, dibujó en la pizarra un 5-4-1 que marcaría los designios de los acontecimientos. Relu se incrustó en la defensa, línea en la que entró Nicholas. También Hugo Redón se ganó un billete de titular, al igual que el bullicioso Sergio Moreno, protagonista por el ruido de su comportarse y de jugar en la primera mitad, sacando de quicio a los rivales. Hacerle la noche empalagosa, severa y quebrada fue la misión del Teruel, que se encontró con el mejor caramelo para que esas milicianas intenciones se endulzaran: un gol nada más empezar.

Decía el boxeador Mike Tyson que todos tienen un plan hasta que te dan el primer puñetazo en la boca. Al Real Zaragoza la mandíbula se la partió el Teruel en el primer minuto, cuando un desliz en la salida de balón provocó una carrera de Joserra a la que Terrer no puso remedio. Su centro al corazón del área se le encrespó a Anartz Peña, quien llegó tarde al balón, por muy poco, pero tarde, y tocó lo suficiente a Sergio Moreno, futbolista de los que no necesitan muchas palmas para ponerse a bailar. Después de la tediosa revisión, él mismo marcaría el gol de penalti y él mismo quiso tener el momento de gloria que nunca había tenido en el fútbol: en gesto impropio de la elegancia de su equipo, se fue a provocar dos veces a la grada en su celebración. No ha marcado muchos goles en su vida Sergio Moreno y se notó. El árbitro Camacho Garrote le sacó una amarilla, pero el Zaragoza pidió, sin éxito en el vídeo, la segunda porque se entendía que reincidió en los gestos al fondo sur.

Sergio Moreno se quedó en el campo y su fútbol de roce, castigo y polvorín contagió a un Teruel que se encontró con el partido donde quería. Disciplinados, soportados por su muralla mudéjar, le intoxicaron el partido al Zaragoza. Los locales no sabían por dónde encontrar la línea del partido. El gol en contra les llevó a jugar precipitados, como si el choque estuviera ya en el minuto 90. El guion exigía lo contrario: serenidad, calma, concentración. Apenas se cuajaba fútbol. El Zaragoza se encontró con otro problema que su entrenador, Ibai Gómez, no terminaba de detectar: su fútbol moría en la esquina derecha de su ataque, donde se juntaba demasiada gente, componiendo un embudo ante el dique turolense. El Zaragoza no tenía amplitud ni profundidad suficiente, le faltaba también el orden ofensivo de otros días porque, en parte, invertía roles, con Jardí ensanchando y Sangalli y sus piernas doblándose por dentro en lugar de por fuera.

Ibai no supo limar esa aspereza, mientras el Teruel sacaba el balón fácil, con el Zaragoza muy desajustado y separado en la presión: la línea de tres centrales visitantes se le atragantó tanto como una primera mitad en la que apenas amagaba. Escudero, de tiro lejano, lo había probado, hasta que Rubén Díez, intuitivo e indetectable como nadie, comenzó a castigar las espaldas del Teruel. Una buena combinación con Espiau y Ureña no la metió dentro el zaragozano por un pelo. En el Teruel, la amenaza se escribía a campo abierto. Pero Diego González se encargó de apagar posibles fuegos. Los visitantes encontraron un saque de esquina en el que Nicholas estuvo a punto de sacar petróleo.

El Zaragoza no encontraba su ritmo, ni su juego. Tejía el fútbol demasiado lejos del peligro, con las alas cortadas por la banda derecha. El Teruel, con mucha lija, conducía las cosas hacia su terreno. A Espiau le anularon un gol por fuera de juego. Para una vez que acertaba el canario… Después aún fallaría otro mano a mano anulado… Un precioso tiro de Jardí y un cabezazo de Iranzo, ya en la embocadura del descanso, parecieron revivir al Zaragoza… Hasta que, cuando quizá más neutralizados estaban los de Ibai Gómez, una caída a banda de Rubén Díez fue como un claro de luz en la jugada: recibió el pase, lo metió donde había que meterlo, Espiau falló, pero, como en Ibiza, quizá sus fallos sean presagio de goles de otros. De nuevo, Ureña apareció como un hurón para marcar ya al filo del intermedio.

Decíamos que el partido lo había cogido por la riendas ese futbolista luminoso al que un día llamamos Jamelli (y que jugó en el Teruel cuando ya debía hacerlo en el Zaragoza). Su equipo había cambiado piezas al volver al campo, con Pereira por Escudero y Delgado por un tocado y amonestado Ademo. El replanteamiento apuntaba a carga el área con otro delantero y ampliar las opciones de centro con el lateral gaditano. Sonaban ya las sirenas aéreas sobre Zarco, cuando, con otros protagonistas, el Zaragoza golpeó así: centró Diego González, y esta vez sí, esta vez rematando con las luces encendidas, Espiau dio ventaja a los suyos. Los dos goles del Zaragoza, en su remontada, llegaron en momentos fatales para el Teruel, que se vio abajo sin apenas darse cuenta. Su ejercicio defensivo ya no tenía mucho más recorrido. Relu subió entonces al mediocentro.

A los de Kiko Ramírez les empezaron a salir agujeros en la tela, y Rubén Díez, una altura más abajo en el mediocampo, comenzó a explorarlos y dominarlos. Él se encargó de decir con sus pies y sus ojos cómo había que jugar ese partido ahora. Delgado, Ureña… El Zaragoza pudo marcar el tercero, mientras se inflamaba, en sus mejores minutos, los más clarividentes y fluidos de su noche. Ibai Gómez metió a Saidu, poco antes de que Jardí, con su bazuca, empalmara al larguero una falta servida de lejos. El Teruel movió el banquillo: Llácer, Goyo y Moraitis intentaron ser solución. Pero el Zaragoza ya tenía el mando claro de las operaciones, se jugaba a su ritmo, donde quería, con el fútbol que más le identifica… Sometía, corría, se comprimía y se extendía como un acordeón… A Joaquín Delgado le anularon un gol después de varios remates fallidos…

Ibai dio un respiro a Ureña, y salió Pau Sans, mientras el Teruel no encontraba más caminos hacia el deshabitada área de Peña que alguna falta colgada. Con Pau Sans en el campo, el Zaragoza ganaba velocidad, vértigo y colmillo ante un rival cada vez más expuesto. Y así llegó el tercero: Jardí, de fútbol brillante pero también empecinado, luchó un balón dividido y sacó un pase exacto y profundo para que el canterano ganara la carrera hacia el tercer gol local. Fue el momento en el que Rubén Díez guardó su brújula y salió Hugo Pinilla al césped, debutando en la temporada. Jardí acabaría por redondear la noche, porque su zurda siempre ofrece una última bala. Este Zaragoza que siempre mira hacia delante ya manda en la categoría: si tienes varios de los mejores jugadores y uno de los mejores entrenadores hasta ahora es muy difícil que este momento se demorase mucho más. Ha llegado, como llega la felicidad.

viernes, 25 de septiembre de 2026

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº5 UD IBIZA 0-2 REAL ZARAGOZA

 

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº5 (25.8.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3746

 UD IBIZA 0-2 REAL ZARAGOZA 

0-1, min. 57: Ureña.

0-2, min. 62: Ureña.

Ficha técnica

Ibiza: Prieto; Busto, J. Blasco, Curbelo, Víctor García; Genaro (Ismael Fadel, 39’), Pedro Ortiz (Íker Varela, 67’); Astalls, Theo Valls (Nsukula, 79'), Lazo (Yoldi, 46’); y Manu Justo (Eslava, 67’).

Real Zaragoza: Westerveld; Sangalli, R. Iranzo, Diego G., Escudero (Ureña, 56’); Ademo, Terrer (Saidu, 46’), Rubén Díez (Monzón, 70’); J. Jardí (Cuenca, 85'), Raúl Pereira; y Vadillo (Edu Espiau, 56’) .

Goles: 0-1, min. 57: Ureña. 0-2, min. 62: Ureña.

Árbitro: Juan Francisco Roca Robles (Comité Murciano). Mostró amarillas a Terrer (22’), Rubén Díez (35’), Fadel (40’), Jardí (48’), Ademo (50’), Saidu (60’), Monzón (76'), Varela (96').

 UD Ibiza 0-2 Real Zaragoza

44 % Posesión 56 %
8 remates totales 8
2 remates a puerta 6
2 remates fuera 1
2 corneres 5
2 tarjetas amarillas 6
 tarjetas rojas
 fueras de juego
13 tiros libres 15
20 saques de banda 18
15 faltas 13
4 disparos efectuados bloqueados 11

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El Real Zaragoza va viento en popa: gran victoria en Ibiza (0-2)

El Real Zaragoza, en un partido de plan y desarrollo impecable, abrocha en Ibiza con doblete de Ureña un triunfo de prestigio y crédito, el cuarto consecutivo, que le pone ya en situación destacada en la tabla.

El Zaragoza aún no es líder, pero ya tiene cuerpo de líder, de gerifalte de la categoría. Su victoria sólida, de calidad, prestigiosa y valiosa, con un fútbol incontestable, maduro e inteligente, en Ibiza, le pone ya batiendo las alas en Primera RFEF, confirma su expansión competitiva y su evolución futbolística, y pone luz sobre la figura de su entrenador, Ibai Gómez, cuyo sello en el triunfo no lo imprimió en Can Misses, sino unas horas antes en Zaragoza: el partido fue el partido que imaginó, intuyó y preparó Ibai. El partido que pintó en la previa que sucedería: un primer tiempo riguroso y táctico contra un rival de presión incandescente, y una segunda parte para meterle el veneno al rival. Dos partidos en uno debía jugar el Zaragoza para ganar, y los jugó, tal y como entrevió su entrenador. Ureña fue su bala de plata para tumbar al Ibiza con dos goles en una ráfaga de fútbol y elevar a cuatro en raya -de triunfos- su dinámica esplendorosa. Fue una victoria bordada, hilada con suficiencia, muestra de un equipo con muchos recursos: los tiene individuales, pero también tácticos. No hay mejor prueba de ello de que el Zaragoza jugara el partido que su entrenador pronosticó.

Ibai Gómez ya ha demostrado que es entrenador con un catálogo flexible y diverso, un técnico que observa cada partido como una batalla nueva que hay que afrontar, luchar y ganar, y elige, más que los soldados, la estrategia que, según su criterio, mejor se adapta a las circunstancias del partido y las debilidades -o fortalezas- del adversario. Siempre dentro de unos principios inalterados que reflejan la esencia de su modelo: jugar hacia adelante, construir desde atrás, tocar para fabricar ventajas, dominar, atacar... En Ibiza, el entrenador no tocó más tecla que Escudero por Ureña, pero sí modificó las alturas y la organización del equipo con balón. Aparcó la base de tres jugadores y el 3-4-3 ofensivo sobre el que edificó la victoria contra el Cartagena, y armó un inicio de juego más precavido y prudente, con los laterales más bajos y contenidos (también para controlar las transiciones rivales), y una clara línea de cuatro atrás. Un 4-3-3 en el que Pereira, lateral, ejerció esta vez de extremo, pegado a la banda izquierda.

Más que una pincelada reservona del entrenador, la razón cabe buscarla en las características del Ibiza, cuya fisonomía y comportamiento estuvo muy presente en el plan del Zaragoza. Es un equipo que también dobla lateral en la derecha, con Astalls (lateral ubicado en el extremo por delante de Busto) pisando, encima, zonas interiores. Es un equipo que, además, acumula gente en esas zonas intermedias desde su 4-3-3 de partida en el que Lazo opera con libertad desde la izquierda. Y es un equipo, el de Raúl Llona, que presiona a todo campo, al hombre, a pares, tal y como advirtió Ibai en la previa.

Estos rasgos del Ibiza, sobre todo esos emparejamientos defensivos, obligaban a tener pies vivos en el campo, jugadores ligeros, ágiles, rápidos y técnicos, de ahí la apuesta por Pereira más arriba o la pervivencia de Vadillo en punta.

La presión del Ibiza marcó las pautas de los primeros minutos. El Zaragoza tenía delante un espejo exacto, con parecidas intenciones y mecanismos tácticos. Esto llevó el pulso a una partida de ajedrez, en la que, como siempre, el control del centro resultaría elemental. El Ibiza lo tenía bloqueado. El Zaragoza, con más posesión, trataba de atraer sobre sus cuatro defensas esos emparejamientos del rival para abrirlo en canal, dividirlo y conquistarle los espacios medios. Pero el Ibiza no entró ahí al trapo. No así en el centro, donde el Zaragoza apenas respiraba gracias a la exuberancia de Ademo y su implacable manera de enfrentarse a los duelos. Sus rivales chocaban contra él como quien se choca con un camión.

Ortiz, con un zurdazo, avisó de peligro, pero respondió bien Westerveld. El Zaragoza contestó con una incursión de Terrer y un disparo de Vadillo. Ambos equipos buscaban mandar, hacerse señores del juego, pero sus defensas se imponían. La del Zaragoza estaba bien sujeta por Iranzo y el frenesí de Diego González. La del Ibiza con superioridad de número, porque Vadillo quedaba muy aislado. El Zaragoza no estaba incómodo pero tampoco cómodo. Pero fue abriendo el apetito gracias a su buen nivel defensivo en campo rival. Convirtió el robo en su principal arma. Poco a poco, fue emboscando esos pases iniciales del Ibiza y abriéndose camino hacia Prieto, quizá no con mucho remate, pero sí con aproximaciones cargadas de picante: una contra canalizada por Ademo concluyó mal entre Rubén Díez y Vadillo; una buena combinación con Terrer de protagonista se perdió en los metros finales; Jardí tiró rasó y flojo; Vadillo no llegó por un pelo a un centro de Pereira; y Jardí dejó solo a Vadillo en una acción que pudo parecer penalti pero que el Zaragoza no quiso revisar… Vadillo estaba para hacer gol… El Zaragoza no gastaba muchos cartuchos en forma de disparo ni subía su contador de tiros en las estadísticas, pero sí enseñaba los colmillos.

El partido se había agitado tras su rigidez inicial y todo parecía ser cuestión de no equivocarse más que el rival. Pasó de ser un choque de peones a ser un duelo de alfiles. El Ibiza también dejó alguna nota de peligro, como un tiro de Lazo muy débil y sobre todo un centro de Ortiz al que no llegó Manu Justo. Pero, a peso, el Zaragoza pisaba más zona de remate. Llona se vio obligado a meter Ismael Fadel, zaragozano y canterano de la Ciudad Deportiva, al lesionarse Genaro, su ancla. Central, con pasado de pivote, esa fue su demarcación. Al descanso, se llegó, de este modo, en paz.

A la vuelta, el Zaragoza presentó a Saidu en el campo en lugar de Terrer. Y el Ibiza también movió la reserva con la entrada de Yoldi por Lazo. Pero el cambio gordo, el gran truco que cambió los acontecimientos, el movimiento que hizo saltar la banca, fue el doble cambio que, al poco, metió Ibai: Ureña por Escudero y punta por punta, Espiau por Vadillo. Pereira pasó así al lateral. Este relevo modificó por completo las reglas del partido, su guion, sus protagonistas, sus estructuras, su naturaleza. El Ibiza tuvo un código nuevo que descifrar. Y cuando supo, ya era tarde.

El Zaragoza sacó su nueva piel de camaleón, porque esa es una de sus virtudes, su variedad y amplitud de registros, y con Ureña, su chispa y su revolución, todo fue distinto, sobre todo, para el Ibiza, al que, sin darse cuenta, le habían cambiado los dados de la partida. En su primer contacto con el balón, Ureña recogió un balón metido al área por Jardí con un toque de exterior magistral y lo subió a gol. Una ventaja que no se quedó ahí: una mala entrega atrás del Ibiza, le dejó a Espiau la carretera del segundo asfaltada. Falló el mano a mano, pero Ureña, un relámpago en la noche ibicenca, fue al quite y colocó otro gol en el partido.

El Real Zaragoza le había asestado la puñalada definitiva, mientras a Ibai le salía la sonrisa del que se ha sacado un as de la manga. La renta permitió la entrada de Monzón por Rubén Díez. El Ibiza trató de ir para arriba, vio anulado un gol en fuera de juego, y rozó otro con Yoldi.

El partido se metió más en campo visitante, pero el Zaragoza resistió, concedió poco. Y tuvo ocasiones para más, como otro mano a mano que se le atragantó a Espiau. Allí se le fue la sentencia, pero no el control de la situación. El Zaragoza estaba jugando como un grande de la categoría contra uno de sus rivales directos, anulado y reducido. Ibiza era suya, tras una navegación perfecta e Ibai como timonel. De momento, el velero va viento en popa.

domingo, 20 de septiembre de 2026

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº4 REAL ZARAGOZA 1-0 FC CARTAGENA

 

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº4 (20.8.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3746

 REAL ZARAGOZA 1-0 FC CARTAGENA 

1-0, min. 50: Jardí.

Ficha Técnica

Real Zaragoza: Westerveld; Sangalli, Iranzo, Diego González, Pereira (Escudero, 58); Ademo, Terrer; Jardí (Cuenca, 82), Rubén Díez Jamelli (Delgado, 58), Ureña (P. Sans, 65); y Vadillo (Gabilondo. 82).

FC Cartagena: Lucho García; Jurado (Perejón, 61), Lohr, Baz, Corral; De Blasis, Mvondo, Ajenjo; Toni Villa (Álex Guti, 61), Dacosta (Richarte, 90); y Ribeiro (Moreno, 76).

Árbitro: López Jiménez (Comité Catalán). Expulsó con roja directa a Mvondo (48) por una entrada violenta a Vadillo. Amonestó a Jurado (9), Baz (17), Iranzo (39), Rubén Díez Jamelli (55) y Lohr (92).

Goles: 1-0, min. 50: Jardí.

Incidencias: Noche veraniega, con 31 grados a la hora del inicio del partido, las 20.30. El césped presentó un buen estado. En las gradas hubo alrededor de 15.000 espectadores. Se hizo un discreto homenaje al baloncestista internacional aragonés Pepe Arcega en la zona del palco, donde estuvieron los exjugadores campeones de Europa Poyet, Cedrún y Solana, junto al medalla olímpica Fernando Arcega.

Real Zaragoza 1-0 FC Cartagena

62 % Posesión 38 %
17 remates totales 8
2 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 1
19 faltas recibidas 16
 faltas cometidas
 perdidas de posesión
 recuperaciones de posesión
0 fueras de juego 4
7 remates dentro 2
6 remates fuera 4
2 disparos efectuados bloqueados 6

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 Tercer triunfo en cadena del Real Zaragoza, por la mínima diferencia ante el Cartagena

Un gol de Jardí de cabeza al inicio del segundo tiempo le dio el triunfo a los aragoneses en un trabajado y desigual partido frente al rival murciano. La expulsión del jugador visitante Mvondo junto antes del tanto decisivo, que dejó en inferioridad a su equipo medio partido, resultó decisiva.

Tercera victoria consecutiva del Real Zaragoza, que suma 9 puntos de 12 puntos disputados tras la cuarta jornada y se ubica así por primera vez en este mes inicial de la liga de Primera RFEF en los puestos nobles, entre los cinco primeros (5º), donde se dirimirán las plazas de ascenso al final del torneo. Esta vez, de nuevo sin holguras en el tanteador y con claroscuros en su fútbol, superó por la mínima diferencia, 1-0, al FC Cartagena.

El juego transcurrió en la primera parte en un tono bajo por parte zaragocista y, en la mayor parte de los 47 minutos que duró, bajísimo por el bando cartagenero, un equipo flojo, falto de combinaciones y demasiado lento de reflejos. Los blanquiazules dispusieron de largas posesiones, robaron enseguida cuando erraron -que fueron demasiadas veces- y debieron sacar más provecho de estas circunstancias, pero no supieron. Lo que ocurre es que, en el global del análisis del ecuador del duelo, el empate (aunque fuese a cero, sin goles por la horrible puntería de todos) era justo. Porque si el Real Zaragoza perdonó al Cartagena varias veces a bocajarro, los murcianos fueron capaces de generar hasta tres ocasiones nítidas que también acabaron en indulto para Westerveld. Lo uno por lo otro.

Los primeros 25 minutos fueron totalmente de poder zaragocista. En un sistema táctico de Ibai Gómez raro, sin delanteros en su once (dejó fuera a Delgado, a Sans y a Espiau) pues hizo bailar a falsos nueves como Vadillo y Ureña por la punta de la ofensiva, no hubo manera de certificar un gol en las llegadas por las bandas e, incluso, por el centro con la presencia novedosa de Rubén Díez Jamelli, ante la ausencia de Ander Herrera, sin convocar con problemas físicos. Jardí, en una noche de plomo contrapuesta a la dorada de Torremolinos, probó al portero Lucho en el minuto 2 desde la frontal, sin éxito. En el 11, Jamelli erro su primera oportunidad cristalina, en una conducción que lo dejó mano a mano ante el guardameta, que rechazó su retardado disparo final (se entretuvo, vaya).

En el 16 fue Pereira, de nuevo lateral zurdo, el que remató de cabeza en el área chica un centro de Terrer, en una posición antinatural, alto, mal. No es lo suyo. Quizá un delantero centro hubiese hecho algo más potable. La más clara de los locales la tuvo de nuevo Rubén Díez, en el minuto 23, al rematar al poste, a placer, un pase de la muerte de Sangalli que habían punteado antes sin conectar el acelerado Vadillo y el apagado Ureña.

El dominio total de los de Ibai decayó en el minuto 25, cuando el Cartagena, de repente, empezó a perder menos balones, a conectar cuatro o cinco pases con sentido y dio vida al veterano Toni Villa, al deslavazado extremo Dacosta y llegó al área zaragozana con algo de criterio. Tras un aviso de Villa en el rechace de un córner, con un chut deficiente que paró Westerveld, llegó en el 26 una acción que pudo ser el 0-1. Ajenjo remató a bocajarro un centro de Dacosta y Westerveld paró con el cuerpo abajo, con algo de fortuna. Y en plena fase de descomposición puntual, en el minuto 27, el árbitro perdonó un posible penalti de Ademo a Dacosta en una jugada de desborde de este sobre Sangalli. Lo revisó el VAR barato de la categoría y no hubo autorrectificación del colegiado, como es normal. Fue un alivio para Ibai y los suyos, porque bien pudo haberse pitado sin poder apelar demasiado.

Perdió el norte el Real Zaragoza por un largo trecho. En otro saque de esquina mal defendido por la zaga aragonesa, el central alemán Lohr cabeceó en el área chica, solo, fuera, cruzado, con todo a favor en el minuto 35. De este bajonazo salieron los zaragocistas en el 37 con una contra veloz de Rubén Díez, que asistió por raso al espacio dejando solo a Vadillo ante el portero Lucho. Lo regateó y cuando todo el mundo se preparaba para cantar el 1-0, el canterano se trastabilló, perdió la pelota él solo y no acabó empujándola a la red, de modo lamentable. El Cartagena, que ya había encontrado el modo de arañar la defensa local, con Diego González sumando un par de errores impropios, Iranzo algo blando en el repliegue y los laterales sin cerrar bien las cremalleras, insistió nuevamente en el 41. En un robo de Toni Villa en la salida de Westerveld hacia Diego, su centro lo cabeceó solo, a puerta semivacía Dacosta, fuera, pues puso mal la frente. Esto sí fue un indulto en toda la regla. Era un gol hecho.

Y el primer pasaje del duelo acabó con otra opción de gol malograda por Jamelli en el 42, tras error de Mvondo en la salida. Disparó en la frontal, suelto, y el balón se marchó cruzado, fuera por un metro. Como el Real Zaragoza no supo abrir la lata a tiempo, o sea, pronto, el discurrir de la trama se le hizo bola. Y, en ese atragantamiento, entre el minuto 25 y el 41 bien pudo haber recibido un rejonazo sangrante de un Cartagena que nunca dio muestras, libra a libra, de ser mejor.

Tras el intermedio y pese a que el sistema nuevo de Ibai Gómez no había dado buenos resultados ni en calidad ni en solvencia en el marcador, el vasco insistió con los mismos. El rival murciano, Íñigo Vélez, también. Y los primeros 5 minutos de la reanudación fueron pura dinamita para el diseño del partido. En la primera acción, el Cartagena volvió a perdonar el 0-1 en un remate defectuoso, solo ante el portero Westerveld, del ariete Ribeiro, que voleó en carrera en el área un centro sobre los centrales de Dacosta. Cuando todo el mundo estaba nuevamente en guardia entre el zaragocismo por este nuevo boquete atrás, el mediocentro visitante Mvondo hizo una entrada brutal por detrás a Vadillo (pudo haberlo lesionado de gravedad) y fue expulsado con roja directa en el 48. Quiso cortar un contragolpe del aragonés tras un nuevo fallo grueso suyo y se le fue la cabeza.

Tras el parón para atender a Vadillo y el lío posterior a la roja, el Cartagena quedó un rato grogui y el Real Zaragoza aprovechó la guardia baja para golpearle metafóricamente en el mentón. El 1-0 lo marcó Jardí en el minuto 50, esta vez de cabeza, al acabar en el segundo palo una acción preciosa de Ureña, vertical en el lateral del área rebasando a dos defensores y dando un centro templado que el extremo catalán colocó cerca de la escuadra izquierda. Excelente noticia en un momento crucial del choque, con el adversario descompuesto y en inferioridad.

Ibai Gómez decidió mover el banquillo ahí. Escudero y Delgado relevaron a Pereira y Jamelli, en busca de oxígeno fresco y mayor fijación de la defensa rival atrás. El marcador ya estaba a favor y venía un partido distinto. El Cartagena también movió piezas, pero sin arriesgar en exceso. Y el fútbol se pausó en velocidad y ganó control por parte zaragocista. Jardí en el minuto 66 estuvo cerca de sorprender por arriba a Lucho con un tiro de rosca desde 25 metros que se envenenó y tuvo que despejar el portero por encima de larguero muy justito. Lo más importante, mientras lo minutos se desgranaban, Pau Sans suplía a Ureña y los nervios habían amainado, era que los cartageneros no daban señales de vida, de reacción. El huracán del inicio del segundo tiempo los había devastado con un simple gol.

El único problema del guion es que el Real Zaragoza no había ido en firme a por el segundo tanto, a apuntillar a un contrincante. Jugaron los de Ibai más a contemporizar que a remachar. Pau Sans tuvo el segundo en su pie derecho, tras una dejada en el área de Jardí en el 73, pero remató al centro de la portería y detuvo Lucho. El Cartagena metió en el último cuarto de hora al delantero Moreno, en el primer momento en el que dio muestras de poder llegar al área de Westerveld tras media hora de aturdimiento absoluto. Entretanto, el cuadro zaragocista merodeaba el área rival pero con errores fijos en el último pase, como una letanía. No fue una noche de agilidad mental de los blanquillos, como se vio en una contra de tres para dos que Pau Sans culminó penosamente en el 80.

Ibai Gómez paró con dos cambios los coletazos de muerte que el Cartagena empezó a dar en los últimos 10 minutos. Cuenca dio relevo a un ovacionado Jardí, decisivo en los dos últimos partidos, y retiró al esta vez ariete Vadillo por Gabilondo. Esto supuso que este se fuera a su puesto de lateral derecho y Sangalli se adelantase a su puesto de infancia y juventud, el extremo diestro. Así, eran nuevas al final las dos bandas completas y toda la delantera, además del sistema, un 4-4-2 de catón.

El partido acabó sin apenas sufrimientos en un Real Zaragoza que poco a poco va cogiéndole el gesto a la Primera RFEF, a base de tres victorias consecutivas, todas por la mínima y con todavía muchos grumos en su caldo. Pero su potencial, sus modales, le están dando de sí para ser mejor que equipos que, al poco de verlos desempeñarse por el césped, enseguida se colige que son de tercera división. Cumplir con el mandato de ascender pasa por esto: no fallar en casa, sumar mucho y a menudo y ganar partidos aunque el fútbol no sea de grandes quilates. Para eso, mejor acudir a las joyerías.


domingo, 13 de septiembre de 2026

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº3 JUV. TORREMOLINOS 3-4 REAL ZARAGOZA

 

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº3 (13.8.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3745

 JUV. TORREMOLINOS 3-4 REAL ZARAGOZA 

0-1, min. 35: Jardí

0-2, min. 38: Diego González

1-2, min 45+9: Dioni, de penalti

1-3, min. 65: Jardí

1-4, min. 81: Saidu

2-4: min. 85: Laca

3-4, min. 87: Ajegún.

Ficha técnica

Juventud Torremolinos: Cuenca: Prevedini, Krug (Ajegún, 83), Grozdanic, Peterson (Diaby, 67); Kaptoum, Brandes; Njalla (Moubeke, 28), Climent (Dorgu, 67); Cristian Rodríguez; y Dioni (Laca, 83).

Real Zaragoza: Westerveld; Sangalli, Iranzo (Tachi, 72), Diego González (H. Barrachina, 60), Pereira; Ander Herrera (Terrer, 53), Ademo; Jardí, Vadillo (Ureña, 46); Pau Sans (Saidu, 46) y Delgado.

Árbitro: Béjar Caballero (Comité Murciano). Amonestó a P. Sans (43), Diego González (45+8), Diaby (72), Delgado (87), Tachi (92) y Ajegún (99).

Goles: 0-1, min. 35: Jardí. 0-2, min. 38: Diego González. 1-2, min 45+9: Dioni, de penalti. 1-3, min. 65: Jardí. 1-4, min. 81: Saidu. 2-4: min. 85: Laca. 3-4, min. 87: Ajegún.

Juv. Torremolinos 3-4 Real Zaragoza

48 % Posesión 52 %
6 remates totales 16
5 remates a puerta 7
1 remates fuera 3
5 córneres 5
3 tarjetas amarillas 4
0 tarjetas rojas 0
3 fueras de juego 0
17 tiros libres 16
14 saques de banda 19
16 faltas 17
4 disparos efectuados bloqueados 2

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El Real Zaragoza gana en Torremolinos 3-4 en un partido sin control ni rigor

Un brillante Jardí, con dos goles y dos asistencias a Diego González y Saidu, fue clave para la primera victoria fuera de casa. En defensa, las lesiones de Iranzo y Diego dejaron al equipo en evidencia y estuvo a punto de perder tres goles de ventaja.

Fútbol de barrio. Fútbol de categorías inferiores. Fútbol de barro. Sin un control claro, nunca, por parte del Real Zaragoza (ni del Torremolinos, claro). Sin un rigor táctico y de evolución de las cosas a través de las sustituciones. Fue como un partido de pretemporada, porque el campo de El Pozuelo ayudaba a considerarlo así, pero con puntos en juego. Y el descontrol vivido por momentos, en especial en el último tramo, evidenció que el marcador salió 3-4 como, según hubiesen sido las cosas en fogonazos puntuales, pudo haber terminado de un modo bien diferente.

El primer tiempo fue una sobredosis de Primera RFEF en toda la regla. Un atracón de sabores, olores y sensaciones nunca vistas en un partido de liga del Real Zaragoza. Ese espacio duró 58 minutos, casi una hora, algo muy propio de la división, como se advirtió desde el verano. Entre la pausa de hidratación (jugar en la Costa del Sol a las 4 de la tarde en verano solo se le ocurre al que asó la manteca), un cambio en el cuadro malagueño, un par de asistencias de jugadores, dos pasos por el VAR barato del árbitro y demás zarandajas, al murciano Béjar Caballero se le fue la romana.

Y en esa hora de incidencias pasó de todo. De entrada, el Real Zaragoza entró mal en el partido, despistado en un campo de cuarta o quinta categoría aún en obras de remodelación. Y pudo ponerse a remolque en el minuto 6, pues encajó un gol de cabeza, anotado por Dioni, que lo mismo que se pitó fuera de juego hubiese pasado sin demasiada polémica si se hubiese dado por válido. Ahí andaba la regla con el cartabón. El linier levanto la bandera y los árbitros aquí, en este nivel, difícilmente se rectifican a sí mismos. Fue un alivio, porque Westerveld estaba nervioso, se comió malamente el centro por arriba y ese 1-0, disuelto finalmente, podría haber generado un terremoto.

El equipo de Ibai Gómez, con la banda derecha totalmente cambiada (Sangalli y Jardí fueron sus opciones), con Pereira por la izquierda y Ademo junto a Ander Herrera en la medular, estuvo espeso hasta casi el cuarto de hora. Solo una acción de Delgado en el minuto 13, que paró Cuenca, el portero local, sin problemas, había dado señales de vida reales en el área andaluza. Dioni aún metió miedo en el minuto 17 en una llegada que resolvió mal, a las manos de Westerveld. El cuadro aragonés dominó siempre, tuvo la pelota muy al gusto de Gómez, pero sin encontrar finalizaciones potables. En terrenos estériles.

De un largo rato de querer y no poder, de un fútbol de hojalata y latón, surgió un arreón zaragocista que se transformó en dos goles seguidos. Del preocupante 0-0 al 0-2 en una horquilla que fue del minuto 35 al 38. El marcador lo abrió Jardí, con un buen zurdazo aderezado de fortuna. Dio en la espalda del central Grozdanic, le hizo la parábola al portero Cuenca, golpeó en el palo y entró mansamente, a cámara lenta, a las cortas redes de El Pozuelo. Y cuando los locales aún estaban groguis, el zaguero Diego González remató con un gran testarazo en el área chica un córner botado por Jardí. Gol y asistencia del catalán, buen balance en un plisplás.

En ese punto, parecía que el duelo estaba totalmente encarado por el Real Zaragoza, ante un Torremolinos siempre agazapado, a la espera de contragolpes que no encontró más allá de cuatro o cinco veces. Pero esa recta final del primer periodo, enorme, se le acabó atragantando a los aragoneses. En el minuto 50, una incursión del local Brandes, en pugna con Diego González, acabó con un toque del balón en el brazo derecho de este. Y los andaluces pidieron VAR. Tras tres minutos de disquisiciones, los árbitros sí que variaron su primer criterio y pitaron penalti. La pena máxima se acabó lanzando 9 minutos más allá del 45. Dioni engañó a Westerveld y, por arriba, hizo el 1-2 y metió a los del Juventud en un guion de partido que habían extraviado.

Al intermedio se fue pidiendo una tarjeta roja a Brandes por un plantillazo a Sans. El Real Zaragoza perdió una tarjeta azul de las dos que tiene para el VAR. Y la gente se marchó exhausta por el calor rumbo a los vestuarios, con la impresión entre los zaragocistas de haberse metido, quizá, en un lío serio con ese gol postrero encajado sin saber bien cómo. Ahí, Ibai Gómez tenía programado un doble cambio: metió a Saidu y Ureña y retiró a Sans y Vadillo. O sea, quitó al mediapunta y colocó por primera vez un trivote en medio campo para meter cemento a costa de perder mordiente.

El segundo tiempo comenzó como el primero, con el Real Zaragoza de nuevo ido de órbita. No piso el campo rival con la asiduidad de la primera mitad. Enseguida pareció que lo del cambio táctico no daba resultados. Aun así, en una contra rápida de Jardí, su centro lo cabeceó en carrera Delgado, fuera rozando el poste derecho en el minuto 50. Ahí se pudo volver a ganar terreno claro hacia el triunfo, pero no tuvo tino el ariete sevillano. Y, pronto, llegaron dos desgracias en forma de lesiones musculares. La primera, de Ander Herrera en el minuto 52. Se fue al suelo y denunció la enésima reedición de sus males en un muslo. Y la segunda, tras un despeje forzado, la de Diego González en el 54. Aguantó un rato y acabó pidiendo la sustitución. Entraron Terrer y Barrachina y, de este modo, la propuesta del Real Zaragoza para la última media hora -larga- era bien distinta a la inicial.

El envite alcanzó el minuto 65 sin que hubiese nada que anotar. Poca chicha. Los del Torremolinos se fueron más arriba, pero en ningún momento lograron armar una sola jugada de peligro serio para Westerveld. Y ahí apareció el mismo protagonista que desatascó la cosa con el 0-0 en momentos de cierta zozobra. O sea, Jardí. Hubo una falta a casi 30 metros cometida sobre Saidu y el extremo no dudó ni un segundo. Una de sus especialidades son las faltas. Ya era hora, por cierto, tener alguien así. Jaume la colocó en la escuadra derecha con una rosca perfecta que pilló oxidado a Cuenca bajo palos. Fue el 1-3 a falta de 25 minutos, un bálsamo, mano de santo.

Mucho más porque el asunto muscular, las lesiones del demonio, volvieron a golpear en zona sensible: Iranzo, otro central, tuvo un problema en un muslo y acabó también sustituido por fuerza en el minuto 72, en su caso por Tachi, por lo que la tarde acabó con la misma defensa que padeció el primer día en Tarragona. De una fase que incluso causó sopor, llegó el 1-4 que pareció apuntillar al Torremolinos. En una buena jugada gestada por Ureña en el minuto 81, con un pase al espacio a Jardí excelente, el centro de este lo cabeceó picado Saidu y superó cruzado a Cuenca.

Pero la Primera RFEF, en una tarde tan pedagógica, reservaba más peripecias para el Real Zaragoza. A falta de 9 para el tiempo reglamentado el marcador era 1-4. A falta de 3 para ese minuto 90, la cosa se puso 3-4. Increíble desconexión de la zaga zaragocista, con Tachi y Barrachina de nuevo señalados (entre otros). Laca marcó el 2-4 a puerta vacía en el 85 tras ganarle la espalda a los centrales su colega Ajegún en una pelota larga. Y el mismo Ajegún, en el 87, cabeceó el 3-4 a centro de Moukele en una acción que se revisó en el VAR pidiendo fuera de juego preliminar. En las protestas del banquillo aragonés acabó expulsado el delegado Alberto Belsué. Y el aumento se fue a los 8 minutos. Otra barbaridad.

Los últimos minutos fueron un padecimiento tremendo para los zaragocistas. El Torremolinos achuchó sin cesar y los de Gómez se acularon sin rubor. Fue un epílogo propio del global de este inusual e inédito partido en El Pozuelo, fútbol de barrio, balompié de ambigú, público de pie tras la valla, una pareja de espectadores bajo una sombrilla de playa naranja que montaron en un córner y goles a gogó. Fútbol de serie C.

Lo más importante, sin duda, el triunfo. Este año, en Primera RFEF, al Real Zaragoza solo le sirve esto. Ganar y ganar y ganar y ganar… Da igual cómo. Este partido de Torremolinos será utilizado sin duda como paradigma de esta tesis durante cualquier momento del curso. Fue una cátedra de las hechuras de esta categoría.