LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA
Nº5 (25.8.2026)
PARTIDO OFICIAL Nº 3746
UD IBIZA 0-2 REAL ZARAGOZA
0-1, min. 57: Ureña.
0-2, min. 62: Ureña.
Ficha
técnica
Ibiza:
Prieto; Busto, J. Blasco, Curbelo, Víctor García; Genaro (Ismael Fadel, 39’),
Pedro Ortiz (Íker Varela, 67’); Astalls, Theo Valls (Nsukula, 79'), Lazo
(Yoldi, 46’); y Manu Justo (Eslava, 67’).
Real Zaragoza:
Westerveld; Sangalli, R. Iranzo, Diego G., Escudero (Ureña, 56’); Ademo, Terrer
(Saidu, 46’), Rubén Díez (Monzón, 70’); J. Jardí (Cuenca, 85'), Raúl Pereira; y
Vadillo (Edu Espiau, 56’) .
Goles:
0-1, min. 57: Ureña. 0-2, min. 62: Ureña.
Árbitro:
Juan Francisco Roca Robles (Comité Murciano). Mostró amarillas a Terrer (22’),
Rubén Díez (35’), Fadel (40’), Jardí (48’), Ademo (50’), Saidu (60’), Monzón
(76'), Varela (96').
44 %
Posesión 56 %
8 remates totales 8
2 remates a puerta 6
2 remates fuera 1
2 corneres 5
2 tarjetas amarillas 6
tarjetas rojas
fueras de juego
13 tiros libres 15
20 saques de banda 18
15 faltas 13
4 disparos efectuados bloqueados 11
xxxxxx
El Real Zaragoza va viento en popa: gran victoria en Ibiza (0-2)
El Real Zaragoza, en un
partido de plan y desarrollo impecable, abrocha en Ibiza con doblete de Ureña
un triunfo de prestigio y crédito, el cuarto consecutivo, que le pone ya en
situación destacada en la tabla.
El Zaragoza aún no es líder, pero ya tiene cuerpo de líder, de gerifalte
de la categoría. Su victoria sólida, de calidad, prestigiosa y valiosa, con un fútbol
incontestable, maduro e inteligente, en Ibiza, le pone ya batiendo las alas en
Primera RFEF, confirma su expansión competitiva y su evolución futbolística, y
pone luz sobre la figura de su entrenador, Ibai Gómez, cuyo sello en el triunfo
no lo imprimió en Can Misses, sino unas horas antes en Zaragoza: el partido fue
el partido que imaginó, intuyó y preparó Ibai. El partido que pintó en la
previa que sucedería: un primer tiempo riguroso y táctico contra un rival de
presión incandescente, y una segunda parte para meterle el veneno al rival. Dos
partidos en uno debía jugar el Zaragoza para ganar, y los jugó, tal y como
entrevió su entrenador. Ureña fue su bala de plata para tumbar al Ibiza con dos
goles en una ráfaga de fútbol y elevar a cuatro en raya -de triunfos- su
dinámica esplendorosa. Fue una victoria bordada, hilada con suficiencia,
muestra de un equipo con muchos recursos: los tiene individuales, pero también
tácticos. No hay mejor prueba de ello de que el Zaragoza jugara el partido que
su entrenador pronosticó.
Ibai Gómez ya ha demostrado que es entrenador con un catálogo
flexible y diverso, un técnico que observa cada partido como una batalla
nueva que hay que afrontar, luchar y ganar, y elige, más que los soldados, la
estrategia que, según su criterio, mejor se adapta a las circunstancias del
partido y las debilidades -o fortalezas- del adversario. Siempre dentro de unos
principios inalterados que reflejan la esencia de su modelo: jugar hacia
adelante, construir desde atrás, tocar para fabricar ventajas, dominar,
atacar... En Ibiza, el entrenador no tocó más tecla que Escudero por Ureña,
pero sí modificó las alturas y la organización del equipo con balón. Aparcó la
base de tres jugadores y el 3-4-3 ofensivo sobre el que edificó la victoria
contra el Cartagena, y armó un inicio de juego más precavido y prudente, con
los laterales más bajos y contenidos (también para controlar las transiciones
rivales), y una clara línea de cuatro atrás. Un 4-3-3 en el que Pereira,
lateral, ejerció esta vez de extremo, pegado a la banda izquierda.
Más que una pincelada reservona del entrenador, la razón cabe buscarla
en las características del Ibiza, cuya fisonomía y comportamiento estuvo muy
presente en el plan del Zaragoza. Es un equipo que también dobla lateral en la
derecha, con Astalls (lateral ubicado en el extremo por delante de Busto)
pisando, encima, zonas interiores. Es un equipo que, además, acumula gente en
esas zonas intermedias desde su 4-3-3 de partida en el que Lazo opera con
libertad desde la izquierda. Y es un equipo, el de Raúl Llona, que presiona a
todo campo, al hombre, a pares, tal y como advirtió Ibai en la previa.
Estos rasgos del Ibiza, sobre todo esos emparejamientos defensivos,
obligaban a tener pies vivos en el campo, jugadores ligeros, ágiles, rápidos
y técnicos, de ahí la apuesta por Pereira más arriba o la pervivencia de
Vadillo en punta.
La presión del Ibiza marcó las pautas de los primeros minutos. El
Zaragoza tenía delante un espejo exacto, con parecidas intenciones y mecanismos
tácticos. Esto llevó el pulso a una partida de ajedrez, en la que, como
siempre, el control del centro resultaría elemental. El Ibiza lo tenía
bloqueado. El Zaragoza, con más posesión, trataba de atraer sobre sus cuatro
defensas esos emparejamientos del rival para abrirlo en canal, dividirlo y
conquistarle los espacios medios. Pero el Ibiza no entró ahí al trapo. No así
en el centro, donde el Zaragoza apenas respiraba gracias a la exuberancia de
Ademo y su implacable manera de enfrentarse a los duelos. Sus rivales chocaban
contra él como quien se choca con un camión.
Ortiz, con un zurdazo, avisó de peligro, pero respondió bien Westerveld.
El Zaragoza contestó con una incursión de Terrer y un disparo de Vadillo. Ambos
equipos buscaban mandar, hacerse señores del juego, pero sus defensas se
imponían. La del Zaragoza estaba bien sujeta por Iranzo y el frenesí de Diego
González. La del Ibiza con superioridad de número, porque Vadillo quedaba muy
aislado. El Zaragoza no estaba incómodo pero tampoco cómodo. Pero fue abriendo
el apetito gracias a su buen nivel defensivo en campo rival. Convirtió el robo
en su principal arma. Poco a poco, fue emboscando esos pases iniciales del
Ibiza y abriéndose camino hacia Prieto, quizá no con mucho remate, pero sí con aproximaciones
cargadas de picante: una contra canalizada por Ademo concluyó mal entre
Rubén Díez y Vadillo; una buena combinación con Terrer de protagonista se
perdió en los metros finales; Jardí tiró rasó y flojo; Vadillo no llegó por un
pelo a un centro de Pereira; y Jardí dejó solo a Vadillo en una acción que pudo
parecer penalti pero que el Zaragoza no quiso revisar… Vadillo estaba para
hacer gol… El Zaragoza no gastaba muchos cartuchos en forma de disparo ni subía
su contador de tiros en las estadísticas, pero sí enseñaba los colmillos.
El partido se había agitado tras su rigidez inicial y todo parecía ser
cuestión de no equivocarse más que el rival. Pasó de ser un choque de peones a
ser un duelo de alfiles. El Ibiza también dejó alguna nota de peligro, como un
tiro de Lazo muy débil y sobre todo un centro de Ortiz al que no llegó Manu
Justo. Pero, a peso, el Zaragoza pisaba más zona de remate. Llona se vio
obligado a meter Ismael Fadel, zaragozano y canterano de la Ciudad Deportiva,
al lesionarse Genaro, su ancla. Central, con pasado de pivote, esa fue su
demarcación. Al descanso, se llegó, de este modo, en paz.
A la vuelta, el Zaragoza presentó a Saidu en el campo en lugar de
Terrer. Y el Ibiza también movió la reserva con la entrada de Yoldi por
Lazo. Pero el cambio gordo, el gran truco que cambió los acontecimientos, el
movimiento que hizo saltar la banca, fue el doble cambio que, al poco, metió
Ibai: Ureña por Escudero y punta por punta, Espiau por Vadillo. Pereira pasó
así al lateral. Este relevo modificó por completo las reglas del partido,
su guion, sus protagonistas, sus estructuras, su naturaleza. El Ibiza tuvo un
código nuevo que descifrar. Y cuando supo, ya era tarde.
El Zaragoza sacó su nueva piel de camaleón, porque esa es una de sus
virtudes, su variedad y amplitud de registros, y con Ureña, su chispa y su
revolución, todo fue distinto, sobre todo, para el Ibiza, al que, sin darse
cuenta, le habían cambiado los dados de la partida. En su primer contacto con
el balón, Ureña recogió un balón metido al área por Jardí con un toque de
exterior magistral y lo subió a gol. Una ventaja que no se quedó ahí: una mala
entrega atrás del Ibiza, le dejó a Espiau la carretera del segundo asfaltada.
Falló el mano a mano, pero Ureña, un relámpago en la noche ibicenca, fue al
quite y colocó otro gol en el partido.
El Real Zaragoza le había asestado la puñalada definitiva, mientras a
Ibai le salía la sonrisa del que se ha sacado un as de la manga. La renta
permitió la entrada de Monzón por Rubén Díez. El Ibiza trató de ir para arriba,
vio anulado un gol en fuera de juego, y rozó otro con Yoldi.
El partido se metió más en campo visitante, pero el Zaragoza resistió, concedió poco. Y tuvo ocasiones para más, como otro mano a mano que se le atragantó a Espiau. Allí se le fue la sentencia, pero no el control de la situación. El Zaragoza estaba jugando como un grande de la categoría contra uno de sus rivales directos, anulado y reducido. Ibiza era suya, tras una navegación perfecta e Ibai como timonel. De momento, el velero va viento en popa.





