LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA
Nº10 (31.10.2026)
PARTIDO OFICIAL Nº 3752
REAL ZARAGOZA 2-2 VILLARREAL B
0-1, min. 64: Albert García.
0-2, min. 70: Álvaro García.
1-2, min. 85: Jardí.
2-2, min. 93: Diego González.
Ficha técnica
Real Zaragoza: Westerveld; Sangalli, Iranzo, Diego González, Escudero (Delgado, 71’);
Ander Herrera (Tobajas, 58’), Ademo, Rubén Díez (Saidu, 80’); Jardí, Ureña
(Vadillo, 58’); Edu Espiau (Pau Sans, 58’).
Villarreal B: Kinareikin; Arnau, Álvaro García, Eze Chukwuma, Eneko Ortiz; Thiam,
Pascual (Alcaide, 86’); Viveros (Fofana, 77’), Barattucci (Bonafe, 77’),
Joselillo Gaitán; Albert García (Ayman, 86’).
Árbitro: José Antonio Palomares Gutiérrez (Comité de Andalucía). Mostró
amarillas a Iranzo (7’), Escudero (44’), Tobajas (74’), Eze (82’). Roja directa
a Tobajas (97’).
Real Zaragoza 2-2 Villarreal B
63 %
Posesión 37 %
16 remates totales 10
8 remates a puerta 3
5 remates fuera 3
6 córneres 1
4 tarjetas amarillas 1
1 tarjetas rojas 0
0 fueras de juego 5
18 tiros libres 11
23 saques de banda 21
11 faltas 18
1 disparos efectuados bloqueados 6
xxxxxx
Un Real Zaragoza de acero: empate (2-2) contra el Villarreal B
El Real Zaragoza volvió a
salvar un partido que tenía perdido gracias a su casta y fe contra un
Villarreal B vivo y eléctrico que le complicó la noche. Dos goles finales de
Jardí y Diego González le mantienen en el coliderato.
De la tumba se levantó el Real Zaragoza cuando parecía ya sepultado por
la voracidad, el ritmo y la chispa de un Villarreal B que apunta a ser un hueso
de los buenos en la carrera por el ascenso directo. Volvía a tener perdido un
partido el equipo aragonés. Pero a casta y esperanza no le gana nadie. En el
minuto 85, la cosa estaba negra, imposible: 0-2. Sin embargo, no hay imposibles
para este grupo. Jardí y Diego González, en un desenlace épico, dejaron en
tablas un partido inescrutable e igualado, en el que el Zaragoza, de fútbol
racheado y aturdido, no estuvo cómodo, en el que confrontó al mejor rival del
curso y en el que tuvo sus momentos buenos y malos. El Villarreal B aprovechó
los suyos, impulsado por su energía y vivacidad, muy superiores a la veteranía
y las cicatrices que exhibía el once del Zaragoza, formado por sus piezas con
más kilómetros en el fútbol. Esto marcó las velocidades de los acontecimientos.
Sin embargo, si algo tiene este Zaragoza, es capacidad de sufrimiento. Sabe
pasarlo mal, reponerse, reconstruirse y estirar su último aliento hasta el
límite de los tiempos. Y así, salvó un punto que es vida, que le mantiene
agarrado en el coliderato a un equipo al que va a costar despegar. El Zaragoza,
si tiene algo, es una coraza competitiva que nadie sabe ni puede acribillar:
hay que matarlo dos veces.
La baja de Terrer -con una leve dolencia muscular de última hora en un
cuádriceps- mantuvo en el once a Ander Herrera, en un centro del campo en el
que regresó Ademo tras su partido de sanción. La otra novedad del equipo afectó
al lateral izquierdo, posición en rotación continua, en la que, esta vez,
accedió Escudero, baja hace una semana contra el Europa. Además, Rubén Díez
retomó la titularidad, primera vez que la compartía con Ander Herrera. Los
demás, fueron los habituales, el núcleo duro de Ibai Gómez, con su formato habitual
de 4-3-2-1, aunque con los matices posicionales habituales: línea de tres en la
salida de balón, Escudero solapado en el centro del campo en fase ofensiva...
El Villarreal B siguió formando con su once base, ordenado en un 4-4-2
al que llegaron tanto Thiam, su pivote, como Joselillo Gaitán, su punto de
desequilibrio en el extremo izquierdo. Ambos habían estado convocados el
viernes con el primer equipo en la derrota contra el Espanyol en Primera
División, aunque no participaron y se subieron en el autobús hacia Zaragoza.
Una de las incógnitas del Villarreal B era el modo en el que iba a defender. De
esa decisión dependería el mapa del partido. David Albelda acostumbra a variar,
aunque suele estabilizar a su equipo sobre un bloque medio, rocoso y esforzado
desde el que roba y ataca. Pero el técnico no fue esta vez por ahí: lanzó a sus
jugadores a presionar altos e intensos, y eso le erosionó la capacidad del
Zaragoza para construir su juego.
Los rivales tienen ya algo pillado el truco del equipo de Ibai en ese
punto. Lo limitan y le desnaturalizan atacándole su ataque. Y el partido
arrancó en esa dirección. El juego del Zaragoza se ahogaba en su propio campo,
estancado y sucio. Apenas podía escapar el equipo aragonés y avanzar más allá
de la salida directa sobre Edu Espiau. El plan del Villarreal era claro:
cortocircuitar esos primeros pases y encapsular a los aragoneses. En ese primer
tramo, los visitantes gobernaban, gracias a su fútbol vivo y vertical. Sus
ataques eran profundos, vertiginosos, mordiendo los espacios abiertos a las
espaldas del Zaragoza, donde Iranzo se cargó enseguida con una amarilla. Eso
marcó sus duelos.
El equipo de Ibai había reunido a Ander Herrera con Rubén Díez, en un
intento, en parte, de juntar pases, darle control y estabilidad a las
posesiones. La premisa era guardar la pelota, no comprometer pérdidas. Tener
seguridad en una zona en la que los robos del Villarreal son carne de ocasión.
El Zaragoza evitaba transiciones, pero sufría para encontrar la senda del
encuentro. Un tiro de falta de Barattucci rozó el gol. Fue el primer aviso. Los
"amarillos" estaban mejor, pero el Zaragoza halló en el balón parado
una fuente de peligro. En un saque de esquina, Diego González, agazapado en el
área pequeña, no le dio dirección a un balón que Iranzo ya había bajado del
aire. Paró Kinareikin. De nuevo, desde el rincón, el Zaragoza amenazó. Fue su
ocasión más rotunda, con un cabezazo de Iranzo al larguero.
Poco a poco, los de Ibai fueron consolidándose en el partido, un duelo
disputado y muy complejo. Albert García había puesto en alerta a Westerveld
ganándole una carrera a Iranzo, avisado de expulsión y muy expuesto en esos
lances. El meta holandés, con un rival tan puntiagudo con espacios, destacó
defendiendo muchos metros, atento y preciso con los pies.
El Villarreal, en cuanto podía, corría. Era su modo de expresarse en el
partido, con Josellilllo Gaitán como flecha más afilada: una carrera de punta a
punta del campo, con el balón imantado al pie, dejó con la boca abierta al
estadio y nos recordó que en esta categoría hay también alguna piedra preciosa.
El minisubmarino agrupa futbolistas con vitalidad, finos, rápidos, atléticos,
clarividentes, briosos y hábiles… Un torrente de juventud ante el que el
Zaragoza confrontaba con experiencia, con su versión más veterana: Ander
Herrera, Escudero, Sangalli, Rubén Díez.... Ese pulso entre frescura y oficio
representó otra de las tramas secundarias del partido. Ese tipo de jugador
debía darle al Zaragoza poso y serenidad ante un rival de energía y lozanía.
El partido no tenía gran volumen ofensivo, signo de que ambos equipos se
contenían. El Zaragoza, en todo caso, generaba ruido cuando se instalaba en
campo rival, mezclando pases, principalmente, en su sector izquierdo, con un
Ademo muy inspirado. Jardí chutó con furia en un derechazo que Kinareikin
despejó. El Villarreal B contestó con un tiro desviado de Baratucci. Así se
alcanzó el descanso. Un partido, hasta entonces, nivelado, en el que el
Zaragoza permaneció maniatado en sus primeros pases, en el que fluyó mejor
cuando lograba escapar de las tenazas de esa presión y asomaba cerca del área
adversaria, donde movía y agrietaba al rival. Por ahí debía seguir su camino el
equipo de Ibai Gómez.
De la segunda mitad, el Zaragoza salió con ímpetu, con una ocasión de
Jardí, tras buen pase de Ademo, y con un remate en un saque de esquina de
Escudero. Pero también con un susto gordo, pues el Villarreal B anotó un gol
que se fue al limbo por fuera de juego de ese diablo llamado Joselillo, que
tiene nombre de torero y de artista. Ibai había movido el equipo justo en ese
pasaje. Metió a Pau Sans, Vadillo y Tobajas, por Espiau, Ureña y Ander Herrera.
La apuesta parecía enfocarse hacia la velocidad. Pero el Villarreal B también
la tenía.
El partido exigía toda la atención. En un ataque del Zaragoza, Sangalli
liberó espacio a Joselillo. Salió disparado y le entregó, con un pase
maravilloso, un balón a la carrera de Albert García, lanzado a Westerverld, a
quien no perdonó. No hubo fuera de juego esta vez.
Al Zaragoza se le puso crudo el asunto. Debía asumir ahora riesgos que
el Villarreal B podía castigar con su caballería. Todavía con la sangre en la
herida, una falta que Eneko Ortiz tocó con un efecto letal la metió dentro
Álvaro García, entrando como un mercancías y empujando a gol.
Al Zaragoza se le puso así el partido muy cuesta arriba. No veía el modo
de desbordar y tensar al rival. Comenzó así a jugar con las prisas. Ibai Gómez
sacó a Delgado por Escudero, pasando Sangalli al lateral izquierdo. El
Villarreal se refrescó con Fofana y Bonafe. Y el Zaragoza agotó su relevos con
Saidu por Rubén Díez. El Zaragoza lo intentaba, con Pau Sans cargando por el
centro con Delegado, con Vadillo en una banda y unos buenos minutos de Tobajas
al timón (sería expulsado en el minuto 98 tras un partidazo). La tuvo Delgado
pero Kinareikin volvió a aparecer justo a tiempo.
El reloj corría, como corrió Saidu hacia el área, empujado por Eze. Un
penalti que Jardí falló, pero que supo reciclar al gol. Había tiempo. Vadillo
se fue como un avión y pudo marcar en una penetración. Quedaba la heroica, ese
terreno mágico donde este Zaragoza ya ha demostrado que conoce los códigos y
secretos. Donde exhibe fe, mentalidad, voluntad y duende. De donde ya casi nada
se podía sacar, sacó: Diego González, imponente, hizo bueno un pase de Pau Sans
al corazón del área, al lugar de los momentos desesperados. Así vino el empate
de un partido en el que el Zaragoza sufrió y no perdió. Porque es un equipo de
acero.










