PRETEMPORADA
2026/27-2º AMISTOSO (29.7.2025)
REAL ZARAGOZA 2-0
UTEBO FC
1-0,
min.35: Pinilla
2-0,
min. 87: Cuenca
Ficha técnica
Real Zaragoza: Anartz Peña; Gabilondo, Pereira, Barrachina, Carrillo; Ander
Herrera, Terrer, Pinilla; Pau Sans, Jardí y Espiau. También jugaron Tachi,
Diego, Escudero, Francho, Ademo, Saidu, Rubén Díez, Hansson, Cuenca, Laken,
Manolache, Monzón, David García, Tobajas, Lalo.
Utebo: Pereda, Cocián, Meseguer, Royo, Lasure; Casti, Reche, Llamas, Aparicio,
Lyubomirov. También jugaron Jorge, Adán, Pol, Navarro, Diego Suárez, De Pedro,
Ale Bueso, Tudela, Franco, Barrero, Sola, David, Lorao.
Goles: 1-0, min.35: Pinilla. 2-0, min. 87: Cuenca.
Dos goles de Hugo Pinilla y Marcos Cuenca dan la victoria al equipo de Ibai Gómez en un partido denso, propio de estas alturas de pretemporada.
En un equipo que viene de donde viene y que se ha alejado de toda costumbre a ganar, hay que tomar cualquier resultado victorioso como un triunfo sobre el que asentarse, crecer, reconstruirse y convencer. El Real Zaragoza ganó a un digno y combativo Utebo en su primer amistoso de temporada. Lo hizo con un fútbol en construcción, un boceto, con un ritmo denso y asfixiado, pero ganó. Si el Zaragoza quiere volver a donde debe, tiene que reaprender a ganar y en el campo de Boltaña -abarrotado de zaragocismo, con unas 800 personas- comenzó a sentir esa sensación, por mucho ensayo, por mucho amistoso que fuera.
Por eso, el triunfo, con goles de Hugo Pinilla en la primera mitad a
servicio de Raúl Pereira y de Marcos Cuenca con asistencia de un talentoso
Diego Monzón hay que darle el valor que realmente tiene. Un gol llegó con una
jugada exterior y otro con una acción desde zonas interiores, una buena señal
de un Zaragoza que destacó más por su presión alta y sus
contrapresiones tras pérdidas que por su dinámica ofensiva. Ahí le costó
un poco más, aunque tuvo llegadas y ocasiones, más en la primera parte, frente
a un Utebo que, en todo caso, fue el primero en avisar con un tiro de
Lyubomirov que despejó Anartz Peña.
En la primera mitad, Ibai Gómez sacó un once con Ander Herrera como
faro, en una posición de primer mediocentro. Dio cuajo, jerarquía y mando
mientras el Zaragoza crecía por la franja izquierda del campo, donde Pau Sans
empezó más cosas de las que finalizó en esa posición de extremo izquierdo en la
que recibió más al pie que al espacio, donde su juego gana veneno. El Zaragoza
comenzó a encadenar llegadas, siempre con un fútbol de bajas revoluciones
y rígido. Es parte del peaje a pagar en el modelo Ibai, un estilo muy
posicional, basado en mecanismos y automatismos colectivos que aún están por
engrasar.
El fuerte calor y la carga en las piernas tampoco ayudó. Con un un par de
tiros de Terrer y un par de amagos de Pau Sans, el Zaragoza se puso en
dirección Pereda, portero de un Utebo sólido, con hechuras pese a llevar solo
seis días de pretemporada. Un equipo que viene de ser puntero en Segunda RFEF y
pelear el ascenso: en realidad, no hay tanta distancia con el Zaragoza.
De los nuevos, destacó la garra y el cuerpeo de Edu Espiau, con más impacto lejos del área que dentro. La calma, temple y visión del portero-jugador Peña… Los gestos dúctiles de Ander Herrera… O la velocidad de Pereira, autor del robo, la carrera y el pase del que salió el gol de Pinilla, remachando sobre la línea.
El Real Zaragoza construía desde atrás, progresando cuando Ander entraba en
juego, con las ideas muy claras, pero las piernas aún muy cortas. Así se llegó
al descanso, con cambio general en ambos equipos, excepto en las portería.
En el Zaragoza cambió el eje, con Saidu y Rubén Díaz como doble pivote y
Ademo enganchando, más avanzado gracias a su capacidad mayor de presión.
El partido se adentró en una tierra de nadie en la que el Zaragoza gobernaba
sin mucho más que decir y el Utebo agazapado, mejorado con balón gracias a la
presencia libre de Diego Suárez y a las gotas de calidad de Barrero. Un mal
despeje de Tachi se fue al larguero de la portería de Peña, sin más
consecuencias.
El Zaragoza entró un momento de juego demasiado robótico, plasmando la teoría trabajado estos días, pero sin frescura ni ventajas reales. Faltaba algo de chispa individual, y esta llegó tras la pausa de hidratación de la segunda mitad. Entraron los chavales, sobre todo, Diego Monzón, un centrocampista total, aún juvenil, que dejó huella profunda en el partido. Su entrada como ‘10’ bajó unos metros a Ademo, y Jamelli ganó espacios en los que ofrecerse: las piezas se reordenaron, surgió la química, más poso, y el equipo fluyó mejor, con Escudero generando por dentro y fuera, con Diego González dividiendo… Y con Tobajas, como nueve, haciendo un fútbol de barrio, revolviéndose, acelerando y escapando como una lagartija. Estuvo muy bien el canterano. También Diego Monzón.
El hispano-ecuatoriano juega con velocidad, es rápido de mente y fino de pies, y apareció en el cuadrado donde se cuece el fútbol para filtrarle un pase de gol a Marcos Cuenca, que definió con suavidad. Un gol que reconoce también la innegable voluntad del extremo. Monzón ya había dejado en situación de gol a Rubén Díaz poco antes, y, desde su figura, el Zaragoza ganó fútbol en una zona en la que se amontonan los aspirantes: Saidu, Ademo, Terrer, Rubén Díaz, Ander Herrera, Pinilla, Monzón… Por esta nómina de centrocampistas conspiran los secretos del futuro Zaragoza, donde Hansson también dejó alguna pincelada de su fútbol de desborde. El Zaragoza ganó y exhibió una cosa que nunca ha perdido: la musculatura de su gente, con Boltaña plagada de aficionados de la zona y subidos desde la capital aragonesa. Si el fútbol aparece, la gente va a estar ahí.
















