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jueves, 4 de diciembre de 2025

COPA DEL REY 2025/26 2ª RONDA (4.12.2025)

COPA DEL REY 2025/26 2ª RONDA (4.12.2025)

PARTIDO OFICIAL Nº 3716

 REAL ZARAGOZA 0-1 BURGOS CF

0-1, min. 115: Mario González

Ficha Técnica

Real Zaragoza: Adrián Rodríguez; Juan Sebastián (Aguirregabiria, 61), Tachi (Radovanovic, 79), Gomes, Tasende (Saidu, 96); Paul Akouokou, Moya; Cuenca (Valery, 61), Pinilla (Soberón, 74), P. Sans; y Bakis (Dani Gómez, 74).

Burgos CF: Jesús Ruiz; Brais Martínez, Del Cerro, Iván Martínez, Buñuel; Morante (Mario Cantero, 46), Expósito (Atienza, 91); Mollejo (Ventosa, 82), Appin (David González, 60); Mateo Mejía (Íñigo Córdoba, 60) y Fermín García (Mario González, 60).

Árbitro: Etayo Herrera (Comité Vasco). Amonestó a Juan Sebastián (12), Fermín García (14), Cuenca (40), Tachi (44), Buñuel (58) y Radovanovic (111).

Gol: 0-1, min. 115: Mario González.

Incidencias: Noche muy fría y húmeda en Zaragoza, con 7 grados al inicio del duelo (las 21.00), con lluvia desde media hora antes del partido, intensa al inicio y que paró en el descanso. El césped, mojado y rápido, presentó un buen estado. En las gradas hubo alrededor de 7.000 espectadores. El Burgos vistió de negro.

 El Real Zaragoza pierde en la Copa con un gol cruel en el minuto 115, en la prórroga

Tras un partido de muy bajo nivel y sin goles ante el Burgos, con ambos equipos plagados de suplentes, un tanto de Mario González en la recta final del tiempo extra tumbó a los de Sellés. Ya solo queda la liga y el supremo mandato de eludir el descenso a Primera RFEF.

Se acabó la Copa. No habrá tercera eliminatoria en el Ibercaja Estadio ante un Primera. El Real Zaragoza, con una versión de cara B de Sellés, perdió en la prórroga por 0-1 tras un duelo para olvidar por su escaso juego y su aburrimiento general, al que también contribuyó el rival, un Burgos afortunado al final pero igual de gris oscuro toda la noche.

Terrible, bajísimo fue el nivel del fútbol exhibido por ambos equipos en toda la primera parte. Se podía barruntar algo así al ver dos equipos compuestos por sus entrenadores, Sellés y Ramis, por todos los miembros de la unidad B de sus plantillas, los actuales suplentes o menos utilizados en la liga. Siempre queda la esperanza, en tales casos, de que los jugadores que gozan de la oportunidad de mostrarse y decirle al técnico que son titulares y no reservas den todo de sí y aporten al partido brillos e intenciones. No fue así.

El dato es siempre concluyente cuando sucede algo así: ni Real Zaragoza ni Burgos remataron una sola vez a portería en los primeros 45 minutos. Ninguno de los dos porteros, Adrián Rodríguez y Jesús Ruiz, pararon una pelota en disparo del adversario. Entre este percal, la lluvia que acompañó la velada y el escaso público que acudió al descapotado Ibercaja Estadio, la noche resultó hostil para ver buen fútbol. Quedó claro que ni para aragoneses ni para castellanos, como es natural, esto de la Copa es un lamín para sus intereses de temporada. Tienen todos los huevos depositados en la misma cesta, la de la liga, los locales por eludir el descenso a Primera RFEF y los visitantes por mantener su posición de privilegio (5ª) en la zona del ascenso. Nadie habla de estorbo, pero luego no demuestra lo manifestado en contra.

Solo hubo escarceos en ambas áreas. Querer y no poder en el lado zaragocista de una línea atacante sui géneris, con tres mediapuntas como Cuenca, Pinilla y Sans y el ariete Bakis. Cuenca, en el minuto 4, disparó apresuradamente desde 25 metros, fatal, fuera. La réplica en el área de Adrián la dio Brais Martínez, tras el rechace de un córner, voleando en la frontal del área, mal, alto en el minuto 11. Hasta el 32, pasada ya la media hora (qué aburrimiento) no cupo anotar otra acción reseñable. La firmó Tasende, en una falta lateral con poco ángulo, que chutó directa de rosca cerrada pero que nadie tocó, ni rematadores ni defensores, para sorprender a Jesús Ruiz y se fue por el otro lado del portal, fuera.

La acción más parecida a una parada la tuvo que hacer Adrián en un golpe franco lejano que el Burgos colgó al área zaragocista en el minuto 40. El balón fue al segundo palo, lo volvió forzado Del Cerro y el portero rechazó lo que era un pase atrás en busca de alguien que no existía. Y la jugada con más peligro, por decir algo, que cuajó el Real Zaragoza la acabaron Juan Sebastián y Bakis en el área. El lateral, amonestado enseguida y mediatizado por ello todo el tiempo, pasó bien al delantero germano-turco cuyo remate de primeras se estrello en el cuerpo del central Iván Martínez y se fue a córner en el minuto 43. Con estos sorbos tan residuales hubo que conformarse. Cuando no hay pan, buenas son… obleas.

La defensa inusual, Sebastián-Tachi-Gomes-Tasende sufrió poco por la candidez del exzaragocista Mollejo, del excanterano Mateo Mejía, de Fermín García (nada que ver con el otro Fermín), Appin, Morante, Expósito… El Burgos jugó en segunda velocidad, cortita y al pie siempre, fácil, sin riesgos. Metidos bien atrás, controlando los pases diagonales por alto de los de Sellés, única arma con la que el Zaragoza trató de hallar balones potables que culminar. Ni uno hubo. La línea medular blanquilla, con el insustancial Akouokou (no sale del pase de seguridad, de menos de 10 metros, atrás o lateral) y el pausado Moya al volante, fue siempre previsible.

Tras el descanso, el Burgos metió a Mario Cantero en el centro del campo en vez de Morante. Ramis quería algo más. El partido de los castellanos estaba siendo un peñazo insoportable. Sellés, sin embargo confió en los mismos. Les dio más tiempo para reivindicarse. De entrada, el primer susto lo dio el Burgos, en una acción rematada finalmente por Appin de semichilena en el segundo palo, que detuvo Adrián junto al poste a la altura del pecho, en el primer minuto. El paso de el primer tramo de la reanudación mostró a un bloque burgalés más enchufado, fruto de un atornillamiento seguro de su entrenador en la caseta. Metió al Zaragoza atrás y manejó la pelota con cierto ritmo. Era cuestión de eso, de poner más velocidad a la circulación, más ganas, en definitiva.

El cuadro zaragozano espabiló en el 54, en un pase de Moya al espacio que buscó Pinilla. Pero el canterano no remató con la zurda (era lo suyo), buscó acomodarse para la derecha y, claro, se adelantó el central Iván arruinando el posible gol. Indeciso, lento, Pinilla. En días así, este tipo de oportunidades no se deben desaprovechar. Hay pocas. A falta de media hora, el Burgos metió a tres titulares, Íñigo Córdoba, Mario González y David González. Contestó en un minuto Sellés poniendo a Aguirregabiria y Valery en vez de Sebastián y Cuenca.

En ese primer efecto coctelera de las sustituciones, el Zaragoza provocó una falta peligrosísima por parte del siempre espumoso Pau Sans en el pico del área. La lanzó Tasende en el 63, durísimo, y Jesús Ruiz echó el balón a córner por encima del larguero en un paradón. El balón parado, en partidos de este pelaje, suele ser el único desatascador. El saque de esquina lo cabeceó Tachi alto. Fue un breve despertar zaragocista, que no tuvo continuidad. Todo era a impulsos desde el principio. En ambos bandos.

Sellés cambió los puntas a un cuarto de hora del minuto 90, cuando ya olía a prórroga. Volvió a jugar Dani Gómez, en vez del desaparecido Bakis, y a Soberón, por Pinilla. De esa incorporación progresiva de titulares en las dos escuadras pareció más beneficiado el Zaragoza en la recta final. Valery estuvo a un metro del gol en el 77, con un disparo por alto de rosca en el área que se le fue por el palo lejano. Akouokou se fue en la segunda parte unos metros más arriba y eso tuvo algún rédito táctico en esos minutos postreros. El Burgos bajó el pistón claramente. Pero nadie supo como ver portería. El pestiño duró hasta que el árbitro dio paso a la temida prórroga. Media hora más de suplicio, de castigo visual, sentados en un sillón de clavos del 5.

Buena parte del público se fue a dormir, que venía día laborable y de escuela. No aguantó más. El envite entró en los 30 minutos de propina entre jugadores tocados, el sexto cambio en ambos equipos y errores por doquier. En el 96, de la nada, tuvo el Burgos el gol más cercano de la noche. Íñigo Córdoba, a bocajarro en el 96 tras dejada de cabeza atrás de Mario, chutó fatal, alto, con la portería a placer. Indultó al Zaragoza. Saidu acababa de relevar al lesionado Tasende. Y en el 106, repitió ocasión cristalina el cuadro castellano: David González estrelló un mano a mano contra el pecho de Adríán en su salida cuando todo el mundo creía ver ya el 0-1. Otro indulto a los zaragocistas.

Se embocó el segundo tiempo de prórroga sin control de nadie. Una moneda al aire. Los avisos burgaleses tomaron cuerpo a la tercera. El 0-1 llegó en el 115 en una desgraciada jugada en la que se lesionó Saidu a la vez que perdía el balón en ataque. De la contra nació el mano a mano de Mario González con el que superó en vaselina la salida de Adrián. Cruel final para el Zaragoza. Volvieron las desgracias. Se protestó que el árbitro no parase el juego. Seguramente no era lo suyo. De hecho, Saidu volvió al campo. No fue algo severo su mal.

Y el crono llegó al final sin apenas novedades. Se acabó la corta andadura, un año más, del Real Zaragoza en la Copa. Torneo secundario, lamentablemente, hace 13 años. Los del calvario en Segunda

 

miércoles, 29 de octubre de 2025

COPA DEL REY 2025/26 1ª RONDA (29.10.2025)

COPA DEL REY 2025/26 1ª RONDA (29.10.2025)

PARTIDO OFICIAL Nº 3710

 UD MULTIVERA 1-3 REAL ZARAGOZA

0-1, min. 14: Roncal, en propia puerta

0-2, min. 25: Juan Sebastián

0-3, min. 78: K. Kodro

1-3, min. 88: Xabi Goñi, de penalti

Ficha Técnica

UD Mutilvera: Ojer; Roncal, Biesa, Morte, Lizarraga, Eloi Goñi (Galhardo, 80); Banzo (Arocena, 69), Terés (Goicoechea 86), Aranguren, Bujanda (Xabi Goñi, 69); y Tellechea (Iva, 80).

Real Zaragoza: Andrada; Juan Sebastián (Aguirregabiria, 46), Gomes, Kosa (Insua 71), Pomares (H. Barrachina, 46); Francho, Moya; Pinilla (P. Sans, 55), Bazdar (Bakis, 46), Moyano; y K. Kodro.

Árbitro: Palencia Caballero (Comité Vasco). Amonestó a Eloi Goñi (27), Roncal (45), Moyano (45), Bazdar (45+2), H. Barrachina (60) y Biesa (86).

Goles: 0-1, min. 14: Roncal, en propia puerta. 0-2, min. 25: Juan Sebastián. 0-3, min. 78: K. Kodro. 1-3, min. 88: Xabi Goñi, de penalti.

El Real Zaragoza saborea otra vez la victoria en el duelo menor de Copa ante la Mutilvera

El cuadro aragonés supera la primera ronda al derrotar a los navarros, de Segunda RFEF, por 1-3. Marcaron Juan Sebastián, Kodro y un defensor local en propia puerta.

El análisis de este partido hay que ponerlo enseguida al nivel correspondiente para que nadie se llame a engaño. Rival de Segunda RFEF, campo de Segunda RFEF, ambiente de Segunda RFEF. Ahí, un Real Zaragoza experimental, como era menester en este escenario mitad trampa, mitad incordio, decantó pronto en marcador a su favor tras pasar dos momentos de máximo peligro con el 0-0 inicial y vivió con cierta comodidad sin hacer nada del otro mundo. Conclusiones de cierta profundidad, las justas. O, mejor, ninguna. Fue una noche de cubrir el expediente, de salir pisando brasas sin más daños colaterales en un lugar hostil, como era previsible, donde lo mejor era ganar y marcharse pronto. Aquí, en este pueblo de las afueras de Pamplona, Mutilva, no está la miga de este Zaragoza agónico en la liga, con síntomas de lo peor hace muchos días.

En términos futbolísticos, muy pocas pinceladas cabe subrayar en un once inicial atípico, fuera de lo normal, que aún lo fue más cuando se supo que Saidu, que iba a ser titular en su puesto matriz, medio centro, se lesionó en el calentamiento sobre el césped sintético de Multinova. Francho, que iba a tener fiesta, acabó siendo el capitán en el once de inicio por sorpresa. Cualquier inconveniente que pueda surgirle al desgraciado Zaragoza del presente, emerge a la primera con contundencia. El mal fario de los gafados.

En el minuto 9, la Mutilvera había desperdiciado dos ocasiones clarísimas de gol. Primero, Bujanda (en el 8), disparó solo a placer tras un jugadón vertical de Aranguren en el área, pero Andrada sacó a córner con la yema de los dedos, rozando el poste derecho. Y en la salida de ese saque de esquina, el modesto club navarro le hizo a los de Sellés la misma acción del gol del Sporting en Gijón. Un aclarado en el punto de penalti para dejar solo a Tellechea, que voleó sin oposición y Andrada tuvo que salvar el tanto con buen tino. Increíble.

Cuando empezaban a pintar bastos, llegó el 0-1 de la nada. Porque el Real Zaragoza, con Kodro arriba, Bazdar de enganche, Pinilla y Moyano en las bandas, no había llegado nada de nada al área local y, sin embargo, en un centro al tuntún de Juan Sebastián, se encontró con un autogol de Roncal, en un rebote de un despeje inicial de Biesa. Se hicieron un lío los defensores de Mutilva y el balón acabó en la red en el minuto 14. Sonó el esquilo del ‘bote’ en la barra del bar, donde tocaba la maja charanga local que antes del descanso puso música a la tonadilla de “a Primera RFEF” que en el campo le cantaron al Real Zaragoza como deseo una vez se enturbió el juego por un rifirrafe de Moyano con Roncal. Las cosas de este tipo de bolos coperos. El fútbol de chascarrillos y piques de baja estofa y peor gusto, nada nuevo ni que no se esperase. La situación da para tragar bilis de estas a toneladas. Y lo que te rondaré...

Ese gol rebajó el gas de los locales, que se apagaron poco a poco. Mucho más al caer el 0-2 en el 25, enseguida, en una incursión de Juan Sebastián por la banda, apoyado por un activo Bazdar, que lo dejó solo ante el portero Ojer, al que superó por alto con un derechazo al primer palo. Buen tanto del lateral. Ahí se murió la emoción, si es que en algún momento la hubo en esta fría noche pamplonesa. De ahí al descanso, poca chicha. Un disparo de Tellechea tras dos recortes en carrera en el minuto 29, al que respondió Andrada en el centro del portal con una mano por encima del larguero y un tiro raso de Bazdar en el 31, tras una jugada individual, que obtuvo la respuesta abajo de Ojer para salvar el tercero.

 No cabe buscar demasiadas cuestiones interesantes. Sería demasiado presuntuoso. El partido tuvo valor residual en infinidad de parámetros. En noches así, o se da la sorpresa desagradable (esta vez no tocó), o se cumple con la obligación sin más carga de percusión. Es difícil, salvo alguna aportación individual muy llamativa, que estos eventos queden para los anales de la historia señalados en letras doradas.

En el intermedio, Sellés hizo tres cambios. Quiso ver más cosas. Si ya había dado los primeros minutos del curso a Kosa y había hecho debutar al juvenil Gomes, además de poner de inicio al ya más baqueteado Pinilla, el nuevo entrenador movió el género menos habitual a mitad de libreto. Se estrenó Hugo Barrachina, como lateral zurdo en vez de Pomares. Metió a Aguirregabiria y dio descanso a Juan Sebastián. Y, no por esperado fue menos sorprendente, introdujo al descatalogado Bakis en vez de Bazdar. El germano-turco comparte escudería de representación con Sellés. Esta apuesta más de uno la ganó esta noche, tras hacerla el día de la llegada del nuevo técnico valenciano.

En el inicio del segundo tiempo, como también era de prever, la Mutilvera buscó su último asidero al partido en un par de ataques con casta y fuerzas renovadas en la pausa. Un centro de Banzo lo remató al poste derecho Tellechea adelantándose a los centrales zaragocistas en el 49 y rozó el 1-2. Ahí pudo cambiar la presión para el Real Zaragoza, pero esta vez, en este envoltorio menor de Mutilva, este tipo de detallitos (el autogol local sobre todo) cayeron de su lado. Algo es algo. El lateral Eloi Goñi tuvo otra opción clara en el minuto 63, en una contra regalada por un lento Kosa, fuera de forma, que solventó Andrada en dos veces. Del Zaragoza, en ataque no había noticias. Moyano disparó fuera en el 57 un balón muerto, y nada más durante los primeros 20 minutos de la reanudación.

Cuando los locales entregaron la cuchara paso a paso, el juego les cundió más al apagado Moya y a Francho, los medios centros. De ahí surgió un cabezazo de Kodro a centro de Sans (sustituto de un oscurecido Pinilla) y un disparo de Bakis cruzado que, en los minutos 66 y 67, rozaron el poste izquierdo de Ojer. Fogonazos aislados, inconexos de cualquier plan de juego. Fueron, no obstante, el aviso de que el 0-3 estaba en fábrica. Lo firmó Kenan Kodro, en el 78, en una penetración muy potable de Aguirregabiria, con un centro preciso que el ariete hispanobosnio remató con precisión, solo.

Bajo un diluvio tremendo, los locales marcaron el gol para la estadística, el 1-3 definitivo, en el 88, tras un penalti discutible pitado para la galería por el árbitro (otro clásico en días de estos) por una mano en un disparo lejano. Con esto se acabó el protocolo de una eliminatoria que al menos le sirve al Real Zaragoza para recordar cómo es eso de ganar en este negociado del fútbol. Aunque nada tenga que ver con su patología real, la de la Segunda División.

Ejercicio de eficacia

Roncal, en propia puerta, Juan Sebastián y Kenan Kodro, autores de los goles de un Real Zaragoza en el que destacó sobre todos el portero Andrada.

Después de cuatro derrotas consecutivas y dos cambios de entrenador, el Real Zaragoza se reencontró con la victoria en su estreno en la Copa del Rey y regresa a casa con cierto consuelo y muchos deberes por delante. En un ejercicio de notable eficacia, el equipo aragonés encarriló la eliminatoria en la primera parte con dos goles, el primero de ellos en propia puerta, y cerró el compromiso con un tercer tanto en el tramo final de la segunda mitad. La Unión Deportiva Mutilvera, un rival en posición de descenso en Segunda RFEF, mantuvo el tipo hasta el final y puso al descubierto alguna de las principales debilidades del Zaragoza, que se vio seriamente amenazado después de cada pérdida, un problemón que deberá corregir su técnico lo antes posible.

Sellés puso en liza un once nuevo, incluidos los futbolistas del filial Hugo Pinilla y Ale Gomes -éste cumplió sobradamente en su debut oficial con la camiseta del Zaragoza-, un once con Bazdar y Kenan Kodro en ataque y en el que entró al final Francho, después de que en el calentamiento Saidu no superara unas molestias en el tobillo.

El Real Zaragoza salió a jugar sin tensión, sin el brío que requiere un partido de estas características, y estuvo a punto de pagarlo muy caro frente a un rival que hizo del entusiasmo su divisa y que fue a cada disputa como si fuera la última. Y así antes de que se cumplieran los primeros diez minutos tuvo Bujanda una ocasión magnífica ante Andrada. Pero en el fútbol todo cambia en un instante. Y un centro al área sin ningún peligro de Bazdar lo acabó rematando con el hombro el lateral Roncal a su propia portería cuatro minutos después. Un verdadero golpe de fortuna para el Zaragoza, que enfrió los ánimos locales y permitió al equipo de Sellés bajarle las revoluciones al juego y hacerse con el control del encuentro, aunque sin mejorar su respuesta defensiva después de cada pérdida. Un asunto de máxima urgencia para el nuevo entrenador. Y producto de ese control a medias llegó enseguida el segundo gol, obra de Juan Sebastián, que resolvió su internada con un buen derechazo y le dedicó el tanto a Jorge Casado, el cadete fallecido este lunes con 15 años y que tiene al Zaragoza de luto. Mayor eficacia imposible: una oportunidad y dos goles.

Sellés, pensando ya en el Deportivo, metió un triple cambio tras el descanso y dio entrada a Aguirregabiria, Barrachina -otro que hizo su debut oficial- y Bakis -sí, leen bien- por Juan Sebastián, Pomares y Bazdar. Y muy pronto también entraría Pau Sans por un Hugo Pinilla que se dejó notar mientras le duró la gasolina. Prácticamente, el Zaragoza se pasó la segunda parte guardando la ropa, aunque tuvo otras dos ocasiones en las botas de Sebas Moyano y Bakis, a las que dio respuesta la Mutilvera por medio de Goñi, un avión por su banda y un peligro constante al que únicamente dio respuesta Andrada, el mejor de la noche en Multinova.

Kenan Kodro, a pase de Aguirregabiria, le puso firma al 0-3 a doce minutos del final, momento en que empezó a diluviar y, de paso, a encresparse los ánimos entre los jugadores, especialmente después de que Goñi acortara distancias de penalti y convirtiera el final del partido en un correcalles pasado por agua.

 

martes, 3 de diciembre de 2024

COPA DEL REY 2024/25 2ª RONDA (3.12.2024)

 

COPA DEL REY 2024/25 2ª RONDA (3.12.2024)

PARTIDO OFICIAL Nº 3673

 REAL ZARAGOZA 2-2 pp(4-5) GRANADA 

1-0, min. 17: Adu Ares

1-1, min 41: Weissman

1-2, min. 44: Clemente, en propia puerta

2-2, min. 45 (+2): Adu Ares

FICHA TÉCNICA

Real Zaragoza: Femenías; Calero, Vital (Lluis López, 46’), Jair, Clemente, Tasende (Luna, 61’); Marc Aguado (Bare, 76’), Toni Moya (Francho, 101'); Pau Sans (Liso, 61’), Adu Ares; y Alberto Marí (Mañas, 83’).

Granada: Luca Zidane; Ricard Sánchez, Manu Lama (Rubio, 81’), Loic Williams (Óscar Naasei, 100'), Lucas Pérez (Brau, 46’); Sergio Ruiz, Trigueros (Villar, 70’); Sergio Rodelas (Jozwiak, 81’), Theo Corbeanu (Tsitaishvili, 70’); Siren Diao, Weissman.

Goles: 1-0, min. 17: Adu Ares. 1-1, min 41: Weissman. 1-2, min. 44: Clemente, en propia puerta. 2-2, min. 45 (+2): Adu Ares.

Árbitro: Germán Cid Camacho (Comité de Castilla y León). Mostró amarillas a Marí (16), Pau Sans (39), Tasende (45), Mañas (90), Rubio (97), Weissman (108'), Calero (108').

Incidencias: Partido correspondiente a la segunda ronda de la Copa del Rey 24/25. La Romareda registró una entrada de 10.153 espectadores. Llovió antes del partido por lo que césped, dentro de sus buenas condiciones, estuvo rápido.

 Real Zaragoza 2-2 Real Zaragoza

41.5 % Posesión 58.5 %
7 remates dentro 4
4 disparos bloqueados 0
13 remates fuera 7
12 disparos recibidos 24
6 tarjetas amarillas 5
0 tarjetas rojas 0
19 faltas recibidas 28
28 faltas cometidas 21
156 perdidas de posesión 169
72 recuperaciones de posesión 72
2 fueras de juego 1


 
Pena máxima del Real Zaragoza: eliminado en los penaltis por el Granada en la Copa del Rey

Los once metros condenan y eliminan al equipo de Víctor Fernández: Alberto Marí, durante el partido, y Clemente y Mañas, en la tanda, erraron penaltis en un duelo de alternativas y pobres defensas en el que Adu Ares lideró a un Zaragoza irregular y vulnerable. 

Adiós a la Copa del Rey. El Zaragoza cayó eliminado, víctima de un Granada más preciso en la tanda de penaltis de un partido interminable, empatado a dos y resuelto en la sexta pena máxima con un tiro al cielo de Aitor Mañas, delantero del filial zaragocista. Siguen las notas grises en un equipo aragonés incapaz de ganar también en la Copa, por mucho que su juego recuperase color, sustancia y credibilidad en muchas fases del encuentro. Pero es un equipo demasiado inconstante y vaporoso porque su debilidad defensiva es estructural. En el pecado lleva la penitencia, en su ataque desmelenado, vertiginoso y desbandado, como el que palpitó en sus mejores momentos, residen la raíces de sus problemas. El Zaragoza expuso muchos de sus rasgos habituales, jugó bien cuando corrió y cogió al Granada abierto, pero no tanto cuando debió controlar su área. Con cinco piezas atrás, el Zaragoza defendió peor de lo que atacó, en un contexto del que salió redimido Adu Ares, autor de dos goles. El que abrió el marcador y el que puso el empate, después de que el Granada le diera la vuelta con tantos de Weismann y Clemente en propia puerta. Entre medio, Alberto Marí falló un penalti, clave en el devenir de un partido de defensas bajas, en el que casi hubo más goles que ocasiones.

Sin Cristian Álvarez, Víctor Fernández suavizó las rotaciones manteniendo a Vital, Tasende y Toni Moya, un indicio de que quizá alguno de ellos -o algunos- no salga de inicio el sábado en liga contra el Deportivo en Riazor. Lo más novedoso de los ochos cambios fue el nuevo lienzo del técnico aragonés, su composición táctica, con una apuesta por cinco defensas. Pero, como muchas veces sucede en el fútbol, lo importante no son solo los números, las posiciones o el dibujo; sino las intenciones, la filosofía o la vocación. Con cinco defensas se puede atacar más que con tres delanteros. Y el Zaragoza desarrolló su 5-4-1 con un talante animado y atrevido: Calero y Tasende situaban los carriles muy arriba, a la altura de Marí prácticamente, y de Pau Sans y Adu Ares, encargados de gestionar los espacios intermedios ofensivos, plegándose entre zonas interiores y exteriores, dándole al Zaragoza una apariencia de 3-4-3 en ataque.

Por su parte, el Granada, ampliamente modificado con diez cambios respecto a su once del pasado fin de semana en la derrota contra el Almería, se organizó con un 4-4-2 de corte clásico, aunque con sus extremos, Rodelas y Corbeanu situados también muy altos, en un intento de que sus atacantes, en el juego directo, se impusieran en los duelos. Pero el Zaragoza neutralizó bien, desde los primeros pasos del partido, ese juego sencillo -casi simple- y pragmático salido del laboratorio de Fran Escribá.

El Zaragoza salía ganador de esos lances, una de las obsesiones de Víctor Fernández en el último mes. Conteniendo bien la franja central frente a un Granada muy directo, que explotaba la amplitud, que sacaba todo el fútbol por fuera, con sus centrales gestionando el juego en media y largas distancias. En esos tanteos iniciales, tras un cabezazo inofensivo de Weissman, Toni Moya filtró un pase interior a Tasende al que Luca Zidane dio ágil respuesta raseando su cuerpo por el césped mojado por la lluvia.

El nudo de la historia se escribía en la banda derecha aragonesa. Ahí colisionaba el flujo de juego del Granada con la resistencia del Zaragoza, bien protegido a lo ancho con su defensa de cinco. Calero, vibrante y veloz, daba mucho contenido a su equipo en ese lado, y un centro suyo no lo cazó por poco Marí. Por ahí, por donde el Granada trataba de hacerse fuerte, surgió la oportunidad, ante los jóvenes y dóciles Lucas y Rodelas. El Zaragoza no desaprovechó los desajustes de ese lado de la maquinaria nazarí.

El partido, en ese periodo, tenía un pulso bajo, muy condicionado por los duelos individuales. No había grandes secuencias de fútbol, ni asociación ni fluidez, pero el Zaragoza encontraba las situaciones que más le gustan, su caramelo preferido: atacar corriendo. Calero, imponente, ganó una pelota arriba a Rodelas, la metió a la espalda de Lucas, y ahí Pau Sans estiró una conducción que fue de nuevo a Calero. Su centro, dulce y algodonado, lo remachó de cabeza Adu Ares.

En ese punto, el partido dio su primer giro. A lomos del futbolista cedido por el Athletic, eslabón conector de todo el entramado aragonés, el Zaragoza se puso a carburar. Ares tiene condiciones para lo que quiera. Lo demostró ayer: un físico elástico, un talento vivo, cualidades técnicas en espacios reducidos y en carrera, un pie juguetón… Su toma de decisiones, su índice de esfuerzo y el modo de competir dirán lo que acaba siendo. Tiene aquello que la naturaleza da y le falta todo lo que la profesionalidad le debe enseñar.

No tardó mucho Ares en provocar un penalti que falló Alberto Marí, negado cuando la portería, sus medidas reglamentarias, a lo alto y a lo ancho, cosida por sus redes y defendida por un guardameta, se le pone delante. Luca Zidane le adivinó la apuesta.

Al Zaragoza, le surgieron ahí las fiebres. El Granada, en un práctico ejercicio de eficacia, muy al estilo Escribá, le dio la vuelta al marcador. Primero, con un gol de Weissman a centro de Rodelas. Una acción de inexplicable defensa en un equipo con cinco zagueros. El ariete israelí apenas tuvo oposición ante el nulo dominio del área de los aragoneses. En la siguiente aproximación, otro balón nacido en la derecha del Zaragoza, en esa franja de terreno donde el partido condensó todos los litigios, acabó dentro de la portería de Femenías. Fue Rodelas quien centró dirección a gol, y Clemente, dándole la espalda a la jugada no se sabe cómo, soltó una espuela que mandó el balón al peor sitio posible. Una maniobra temeraria que acabó como acaban estas cosas.

Aperecieron los pitos en La Romareda, pero el partido había decidido desbocarse hace mucho. El Zaragoza ahí, en esos contextos, es realmente peligroso. Adu Ares, corriendo -cómo si no- se fue a por Ricard Sánchez y lo aplastó con un giro de cintura del que salió uno de esos goles que dicen muchas cosas, un zarpazo colocado, sacado de un toque sutil e invisible de tobillo como si se sacara de una chistera. El gol de Ares fue la firma final de la primera mitad.

La reanudación siguió bajo las mismas claves. El Granada procuraba tener la pelota, amasar la posesión, pero sin generarle complicaciones a un Zaragoza agazapado, enfocado a las carreras, al vértigo, a esas esencias que, principalmente, acentúan su identidad esta temporada. Cogió así a contrapié al Granada y avisó con dos tiros lejanos de Toni Moya y en una especie de chilena retorcida de Clemente. Había salido Lluis López en el Zaragoza por Vital y Escribá relevó su lateral izquierdo, un superado Lucas, con Brau.

El partido fue reafirmándose en su formas, con un Granada reposado, pero poco profundo, y un Zaragoza afilando el cuchillo, a la espera, con metros para la carrera. Clemente pudo marcar en un cabezazo en una acción de balón parado, cuando el carrusel de cambios metió en el partido a Luna. Liso (Calero pasó al carril izquierdo), Keidi Bare y el debutante Mañas (Marí se fue silbado con dureza). En el Granada, salieron Gonzalo Villar, Tsitaishvili, Rubio y Jozwiak.

Aunque el Zaragoza lograba desplegar las velas, especialmente, con Ares, no terminaba de darle claridad a su zona de finalización, faltaban ideas, chispa, clarividencia, exactitud… Muchas superioridades se desperdiciaron así, como un lanzamiento alto de Ares y una falsa volea de Alberto Marí. El Zaragoza, en esa fase, hacía más ruido que melodías y el Granada, por así decirlo, ni lo uno ni lo otro. Las áreas desaparecieron del mapa, mientras ambos equipos empezaron a hacer cálculos, recordando que esto no era un partido de 90 minutos sino de 120 en caso de empate, con sus dos mitades correspondientes de la prórroga, aunque un zapatazo de Ricard lo porfió sobre la bocina. El duelo se vino abajo, nada quedó de la euforia en la que se movió durante la irregular noche y fue al tiempo de desempate.

Fue el Granada quien salió más furo, con un toque de Weissman que mandó a saque de esquina Femenías. De ahí salió otra jugada peligrosa, con un remate a la media vuelta de Diao. Liso y Adu Ares se cambiaron de banda, pero el Zaragoza, aun con más mando, no terminaba casi nada de lo que empezaba. Solo Mañas inquietó con un remate de cabeza. Después de un partido desarbolado en las defensas, los equipos manejaron la prórroga con más miedo a encajar que hambre de marcar. 

Tras el trago al botijo y una leves indicaciones, el Zaragoza se apoderó de la historia, encajonando al Granada y mezclando el juego corto, recuperando rápido, presionando con energía, imponiéndose en el campo rival… Ni Mañas, ni Bare ejecutaron cuando debían a Zidane y Liso le pegó muy alta en esos momentos de gobierno aragonés. El Zaragoza estaba a un toque, a un rayo de lucidez, a un gesto de precisión, del gol. Pero fue Diao, delantero con una zancada descomunal, quien lo lamió tras ganarle en velocidad a Lluis López, pero sobre todo con un cabezazo que conjuró Femenías ya en el filo del 120. Llegó así la eliminatoria a ese juego de psicología, acierto y análisis donde el fútbol y los hombres se igualan, una tanda de penaltis con el telón de fondo de la Copa del Rey. 

Fue el Granada quien comenzó a girar la ruleta. Marcó Gonzalo Villar. Contestó Francho Serrano con un misil. Pero a Sergio Ruiz le salió el engaño. Calero congeló el tiempo y puso el 2-2, cuando Femenías se lo paró abajo a Weissman. La ventaja la tomó el Zaragoza con Luna. El Granada se mantuvo vivo con Luca Zidane, pero no parando, sino marcando. El francés paró y metió penaltis en el mismo partido. Porque le detuvo también uno a Enrique Clemente. Tablas. Faltaban los quintos lanzamientos. Casi se lo para Femenías a Tsitaishvili. Muy suave empató Bare. La tanda continuó: Rubio no tuvo piedad y Mañas, el debutante, valiente y decidido, como tiene que ser, porque solo falla quien lo tira, la mandó al cielo. La Copa del Rey dijo así adiós a La Romareda, con el Zaragoza eliminado. 

El Granada elimina al Zaragoza en la tanda de penaltis

El tiempo reglamentario y la prórroga finalizaron con empate a dos goles. El equipo aragonés desperdició un máximo castigo en el minuto 27 cuando ganaba 1-0.

La tanda de penaltis decidió la eliminatoria entre el Real Zaragoza y el Granada, después de que el tiempo reglamentario y la prórroga finalizaron con empate a dos goles. También en la primera serie de cinco lanzamientos desde los once metros prosiguió la igualada, al anotar cuatro el equipo aragonés y otros cuatro el andaluz, pero en la muerte súbita Miguel Rubio batió a Femenías y Mañas, debutante en el Zaragoza, mandó la pelota a las nubes.

Ésta es la primera vez que el Granada elimina al Zaragoza en la historia de la Copa, ya que en los cinco precedentes anteriores (1962, 1976, 1977, 2013 y 2018) el conjunto aragonés había superado siempre al Granada, que ahora espera en el sorteo el regalo de un primera división.

Mezcla de titulares y suplentes en el Real Zaragoza, con novedosa disposición táctica de Víctor Fernández, con tres centrales, dos carrileros largos, dos mediocentros, dos mediapuntas y un delantero centro, y un Granada pleno de reservas y ordenado en torno al 4-4-2 clásico de Escribá.

El cambio de dibujo le sentó inicialmente muy bien al equipo aragonés, que percutió con decisión por los costados y puso rápidamente a prueba a Luca Zidane, primero con un zurdazo de Tasende y después con un derechazo de Calero, tras no llegar Marí a un centro medido de Pau Sans, activísimo toda la primera parte.

El Zaragoza fue encontrándose cada vez más cómodo y suelto y a la tercera obtuvo premio a su dominio: Calero centró en carrera desde la banda derecha y Adu Ares cabeceó en plancha en el segundo palo lejos del portero del Granada. Un gol de excelente ejecución que debería darle a Ares un empujón futbolístico definitivo, después de tres meses de extravío en el laberinto de la indolencia. Al menos anoche el extremo cedido por el Athletic pareció otro y en otra combinación con Calero forzó un penalti, por derribo de Sergio Ruiz, que Luca Zidane le atajó a Marí y que pudo haber sentenciado la eliminatoria antes de la media hora.

El Granada se estiró en el tramo final de la primera mitad, aprovechando, sobre todo, la acostumbrada relajación defensiva del Zaragoza, y, a tres minutos del descanso, en su primera aproximación con peligro, Toni Moya dejó centrar a Rodelas desde la izquierda y Weissman, libre de toda marca, empalmó un remate inapelable desde dentro el área. Y casi seguido, en plena desconexión del Zaragoza, Clemente acabó metiendo con un taconazo en su propia portería un córner sin ningún peligro, pésimamente defendido y que retrata por enésima vez, por su inconsistencia, a los centrales del equipo aragonés. Y esta vez también a Femenías. Pero Ares, en su mejor noche, quiso decir la última palabra de este primer periodo y, tras recibir un gran pase de Marc Aguado, otro de los destacados, firmó un golazo de bandera que significó el momentáneo empate a dos en otra noche de enormes contrastes futbolísticos.

El Zaragoza renovó su dominio en la segunda parte y Toni Moya, con un disparo desde fuera del área ajustado al poste, y Clemente, con una chilena forzada y un cabezazo bombeado, tuvieron el tercer gol en sus botas frente a un Granada que también mostró sus notables debilidades defensivas y que sólo amenazó en este periodo con un disparo con efecto de Tsitaishvili en el minuto 90.

La prórroga comenzó con un cabezazo envenenado de Weissman que salvó providencial Femenías y dio paso a un monólogo del Granada, más entero que un Zaragoza que en la primera mitad se limitó a defenderse y a correr detrás de la pelota. Pero el equipo de Víctor Fernández se levantó en la segunda parte del tiempo suplementario y entre Keidi Bare y Liso, desacertadísimo, tuvieron la clasificación antes de que Diau marrara una ocasión para el Granada.

En la tanda de penaltis, Gonzalo Villar, Sergio Ruiz, Weissman y Luca Zidane marcaron para el Granada y Francho, Calero, Luna y Keidi Bare lo hicieron para el Zaragoza, con errores de Weissman y de Clemente, en noche negra. En los lanzamientos al fallo, Miguel Rubio batió a Femenías y Mañas envió su disparo a las nubes.