sábado, 28 de febrero de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº28 (28.2.2026)

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº28 (28.2.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3728

REAL ZARAGOZA 0-1 BURGOS CF

0-1, min. 65: Appin

Ficha técnica

Real Zaragoza: Andrada; Martin Aguirregabiria, El Yamiq, Álex Gomes (Barrachina, 56’) Larios (Kenan Kodro, 77’); Mawuli, Terrer (Soberón, 71); Francho, Rober González (Cumic, 56’), Cuenca (Tasende, 56’); y Dani Gómez

Burgos: Cantero; Lizancos, Sergio González, Del Cerro, Miguel; Atienza, Morante (Galdames, 74’); David González (Oier Luengo, 82’), Curro (Fermín, 68’), Íñigo Córdoba (Mollejo, 74’); Appin (Mario González, 68’).

Goles: 0-1, min. 65: Appin.

Árbitro: Alejandro Morilla Turrión (Comité Navarro). Mostró amarillas a Alejandro Gomes (14’), Sergio González (24’), Larios (67'), Morante (70'), Mawuli (83’).

 Real Zaragoza 0-1 Burgos CF

46.4 % Posesión 53.6 %
7 remates dentro 3
3 disparos bloqueados 1
6 remates fuera 4
8 disparos recibidos 16
3 tarjetas amarillas 2
0 tarjetas rojas 0
13 faltas recibidas 10
10 faltas cometidas 14
137 perdidas de posesión 134
49 recuperaciones de posesión 57
0 fueras de juego 3
xxxxxx


 
 El Real Zaragoza no da de sí: derrota contra el Burgos (0-1)

Un Zaragoza impotente, y con una alineación en manos de chavales y secundarios, acelera su condena al descenso tras caer contra el Burgos. El gol de Appin castiga a los aragoneses, con la grada rebelada contra el palco

Más que no saber, más que no querer, el Zaragoza lo que es, es que no puede. No le da. Ni le dio, ni le da, ni parece que le vaya a dar para salvarse de la mayor deshonra de su historia. No le llega ni cuando juega mal, ni cuando lo hace un poco mejor, ni cuando el rival le somete, ni cuando se levanta sobre ellos… Si este Zaragoza debió salir mejorado del enero de Txema Indias, Mariano Aguilar y Fernando López, aquí están los resultados: una nueva derrota, contra un Burgos que parece menos de lo que es, después de un partido indigesto, poblado de impotencia, pobre de calidad (pases, controles, tomas de decisiones…) y, sobre todo, deprimente. No fue peor el Zaragoza que el Burgos, pero el Burgos jugó mejor de acuerdo a sus códigos. La derrota horada más la sepultura del equipo aragonés, hasta a nueve puntos puede crecer la desventaja a la salvación, y deja a Sellés muy tocado. El entrenador demostró en su día su validez, su capacidad para hacer del Zaragoza un equipo competitivo y hasta ganador. Lo condujo vivo a enero, pero el club y las lesiones clave le asestaron una puñalada mortal. De aquel Zaragoza apenas queda nada. La crisis puede llevarse todo y a todos por delante, pero, desde luego, el desfile de salidas, esta vez, no debería empezar por abajo, sino por arriba. Por el palco que tanto señaló un zaragocismo indignado y abatido.

La realidad de este Zaragoza es que su entrenador alineó a Lucas Terrer y Mawuli como doble timonel, dejó en el banquillo a los dos teóricos refuerzos ofensivos del mercado invernal de Txema Indias (Cumic y Agada) y ubicó en la delantera a un futbolista al que se empujó a salir hace solo unas semanas (Dani Gómez). El once de Sellés -con notas de medidas desesperadas tan propias de entrenadores en apuros- tuvo, además de Cuenca, a cuatro jugadores con licencia de canterano: sobran comentarios al respecto de la precariedad de la plantilla con la que debe lidiar el técnico después de enero. Fue Rober González el encargado de enlazar por dentro el juego, con Francho también, desde la derecha, pisando terreno interior, pues Martin Aguirregabiria volvió a su versión más atacante y proyectada en el carril derecho.

En el Burgos, Del Cerro suturó la baja de Grego Sierra como central izquierdo, con los pulmones de Appin como delantero centro. Es un mediocentro de cuna, pero su poderío atlético, su vigor y su vitalidad complicaron mucho las incertidumbres defensivas del Zaragoza. El Burgos, desde su 4-2-3-1, orbitaba sobre Curro, su sol, mientras planteaba el partido en el idioma de la velocidad. Disciplina defensiva, hermetismo táctico y manejo de lo tiempos, de los momentos y oportunidades.

El Zaragoza salió al campo con su presión más avanzada, menos contemplativo y con una buena actitud general. Eran evidentes la desconfianza y las dudas propias de su gravedad, pero el equipo trató de llevar el partido a su terreno. Ocurrió que el Burgos juega precisamente a eso, a responder todas las preguntas del juego del adversario. Gracias a su calidad defensiva y su ventaja física, le taponó todas las vías de respiración a un Zaragoza débil en los duelos, con el brío de Terrer y Mawuli como argumento principal para superar líneas. Pero al equipo de Sellés los minutos le agujereaban la vida: fue deshinchándose porque no terminaba casi nada. La falta de remates le fue quitando oxígeno, en un tramo inicial en el que Andrada salvó un centro de gol, Mawuli contestó con un tiro lejano y desviado e Íñigo Córdoba desaprovechaba una mala salida del portero argentino.

Fueron las primeras ocasiones apreciables del envite. El Burgos parecía no estar pero estaba, y fue, pasito a pasito, segundo a segundo, conduciendo la trama a sus intereses. Su incesante gama de desmarques (con Appin en la cima del ataque y David González y Córdoba desde la segunda línea) y su inteligencia en la gestión de los contragolpes le dieron el control. Fútbol sencillo, pero astuto. Un equipo que conoce sus límites pero que exprime sus fortalezas.

El Zaragoza, muy desajustado en las pérdidas de balón y la defensa interior, comenzó a sufrir a la espalda, en el sector de un tierno Alejandro Gomes y en el patio trasero de Larios. Sobre esos espacios profundos, lanzó el Burgos sus cargas de caballería, con verticalidad, rapidez y agilidad. Curro cruzó demasiado un disparo, antes de que Mawuli, providencial, tapara un tiro de Atienza. Andrada debió emplearse ante Córdoba, y David González elevó demasiado tras ganar metros desde el desmarque. La defensa adelantada del Zaragoza se resquebrajaba, con El Yamiq insuficiente en velocidad como guardaespaldas de Larios. 

El Burgos estaba avisando, y la grada estalló, ante la evidencia de lo que veía. El palco del Ibercaja Estadio se convirtió en una diana (“Directiva, dimisión”, se cantó). Y así, los castellanos, en silencio, agazapados, como un lobo con piel de cordero, marcaron. Appin remató un centro con las coordenadas precisas de Curro, metiéndose solo entre las filas aragonesas. Fue gol, pero el VAR lo tiró abajo: Miguel estaba en fuera de juego en el pase e intervino en la acción.

Esa acción marcó un punto de inflexión, pues el Zaragoza comenzó a crecer. Lo hizo por su sector derecho, allá donde mejor fútbol ha cocinado este año, con Aguirregabiria, Francho y el apoyo de Rober Gónzález. También desde una de sus armas de pobre: los saques de banda. Cualquier charco calma la sed del sediento. El Yamiq peinó uno, pero Terrer no le dio la fuerza necesaria al cabezazo. Una buena acción en la derecha, con centro de Francho y dejada de Dani Gómez, no se atrevió a coronarla Aguirregabiria. Un remate de El Yamiq en un córner y otro intento de Francho consolidaron ese paso adelante del Zaragoza. En cuanto el equipo de Sellés aseguró sus posesiones, comenzó a finalizar jugadas y el Burgos no pudo correr, todo mejoró.

El descanso le había llegado al Zaragoza inoportunamente. Volvió al campo bien, con mando, metiendo al Burgos en su campo. Eso no siempre es buena señal ante un rival que exige no equivocarse. El Burgos se alimenta de los errores ajenos, como no tardaría en verificar el Zaragoza. Antes, un fallo de Cantero y un cabezazo de El Yamiq dieron sustancia a los aragoneses. También un centro de Francho que no encontró rematador. Sellés agitó el equipo, con un triple cambio que puso en el terreno de juego a Barrachina, Tasende y Cumic por el amonestado Alejandro Gomes, Rober González y Cuenca. Tasende ejerció de extremo.

El Zaragoza quería, pero no podía. Es su tónica habitual. En esas, el Burgos pudo hacer su maniobra ganadora. Appin estaba en el partido para atacar la espalda en los achiques de los centrales aragoneses. Y allí se fue: se metió entre los zagueros, esperó el pase y aprovechó, además, la salida en falso de Andrada. Le batió desde lejos, con un tiro raso y lánguido. El Burgos no marcaba gol fuera de casa desde mitad de diciembre, cuatro partidos, pero visitaba el sitio ideal para volver a hacerlo.

Al Zaragoza le explotó así el partido en las manos. El zarpazo fue irreversible. Sellés sobrecargó de delanteros al equipo con las entradas de Soberón y Kodro. El mensaje era claro. Pero el Burgos se maneja bien defendiendo en pocos metros, en su área, soportando asedios.

A la desesperada, Kodro no atinó por unos centímetros, Cantero le hizo un paradón a Soberón en un barullo en el área pequeña… La grada estaba en silencio, acallada por la pesadilla, y porque sabía que, aunque su equipo estuviera jugando hasta la próxima semana, no iba a levantar el partido. Ramis incrementó las defensas con Oier Luengo, y a Fermín aún le anularían el segundo burgalés, mientras la gente estallaba, miraba al palco, lo intentaba asaltar y señalaba a los culpables, ahí arriba sentados, los pocos que había, más que en el césped.

El Burgos sentencia al Zaragoza y a Sellés

Un gol de Appin le pone un nuevo clavo al ataúd del equipo aragonés y dispara a los de El Plantío hasta la sexta plaza. El zaragocismo explota contra el palco.

El Burgos le puso un nuevo clavo al ataúd del Real Zaragoza. Acaso el definitivo, aunque queden todavía tres meses de competición. Su suerte está echada. Y es la peor. El equipo aragonés recuperó la aplicación y la actitud que no tuvo en Andorra, pero no le alcanzó frente a un rival con cara y ojos, estrecho y compacto, al que le resultó sencillo contener las desesperadas intentonas de un Zaragoza sin calidad y rebajado a la mínima expresión por su situación clasificatoria y su montaña de urgencias. El partido era una última bala para Rubén Sellés y la derrota le deja ya sentenciado, en una situación absolutamente indefendible, con una serie de 18 puntos de 54 posibles y hundido en el fondo de la tabla. Todo lo contrario que el Burgos de Ramis, que va a dormir en la sexta plaza y refuerza su candidatura a la promoción.

Sellés, ya sin margen, volvió a mover el árbol: prescindió de los más señalados en el oprobio de Andorra, como Akouokou, Valery -éste ni siquiera entró en la convocatoria- y Soberón, y presentó una alineación con cuatro novedades: Gomes, relevo del sancionado Insua, Mawuli, Terrer, en su primera titularidad del campeonato, y Cuenca. Ramis, por su parte, introdujo dos cambios en el once del Burgos: Del Cerro y Appin suplieron a Grego Sierra y Mateo Mejía.

En medio de un clima de máxima tensión social, el partido comenzó después de una protesta mayúscula al palco presidencial, con gritos de “¡fuera, fuera!”, gestos airados a los ‘principales del club’ y hasta alguna pancarta –“Mas, go home”-, en alusión al presidente representativo, que no pisa Zaragoza desde hace seis meses, pese a la crítica situación del equipo aragonés.

El Burgos se hizo enseguida con el control del juego y dio varios avisos serios, especialmente en un centro de Íñigo Córdoba que salvó bajos palos El Yamiq y en un disparo ajustado del mismo jugador que mandó Andrada a córner. El Zaragoza, agarrotado por sus circunstancias, por un plan de partido reservón y por su propia falta de recursos y soluciones, anduvo a remolque durante casi toda la primera parte y sólo el VAR le salvó de irse al descanso por detrás del marcador, al anular un gol de Appin a la media hora por fuera de juego posicional de Florian Miguel.

En un duelo de ritmo bajo, el equipo de Sellés tuvo sus mejores minutos en el tramo previo al intermedio, pero únicamente amenazó de verdad en un cabezazo de Terrer, que conjuró el portero del Burgos, después de un saque de banda largo que prolongó El Yamiq. Demasiado poco, y todo a balón parado, para un equipo que se juega la vida en cada encuentro.

El Zaragoza intentó dar un paso adelante en la segunda mitad, pero no le alcanzó ni para llevarse un punto. Se desordenó en un repliegue y el Burgos le castigó por medio de Appin a media hora del final, aprovechando una salida precipitada de Andrada, hasta entonces impecable.

Lo demás ya fue un quiero y no puedo de un equipo sentenciado, carne ya de Primera Federación y con su afición en pie de guerra y pidiendo a coro dimisiones al más alto nivel.

 

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