domingo, 30 de agosto de 2026

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº1 GIMNASTIC 2-0 REAL ZARAGOZA

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº1 (30.8.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3743

GIMNASTIC 2-0 REAL ZARAGOZA 

1-0, min. 1: Bakis

2-0, min. 86: Segura

Ficha Técnica

Gimnástic de Tarragona: Ayesa; Menargues, Van Rijn, José Amo, Royo; Eugeni (Segura, 62), Montalvo; Shin (Subirats, 80), Babanzila, Prohens; y Bakis (Diego Gómez, 80).

Real Zaragoza: Westerveld; Gabilondo, H. Barrachina,Tachi, Escudero (Pereira, 55); Ander Herrera (Rubén D. Jamelli, 82), Terrer (Ademo, 82); Jardí (Tobajas, 71), P. Sans, Cuenca (Vadillo, 55); y Delgado.

Árbitro: Campos Salinas (Comité Murciano). Amonestó a Terrer (27), H. Barrachina (42), Eugeni (43), Escudero (44), P. Sans (58) y Ander Herrera (79).

Goles: 1-0, min. 1: Bakis. 2-0, min. 86: Segura.

Gimnastic 2-0 Real Zaragoza

31% Posesión  69%
6  remates totales 22
4 remates a puerta 9
2 remates fuera 13
 4 corneres 10
1 tarjetas amarillas 5
0 tarjetas rojas 0
 4 fueras de juego 2
15 tiros libres 15
16 saques de banda 20
11 faltas 13
 disparos efectuados bloqueados

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El Real Zaragoza indulta al Nástic y cae 2-0 en su triste estreno en Primera RFEF

Un gol inicial del ex Bakis y otro postrero de Segura abatieron a los de Ibai Gómez, que fallaron una retahíla de goles durante gran parte del partido. El dominio total de los aragoneses no lo supieron traducir en nada de nada.

Bienvenidos a la tercera división. Esta Primera RFEF amenaza con ser un territorio lleno de trampas para un Real Zaragoza que quiere pero no puede. Que pretende pero no acaba. Que tiene un modo de jugar ágil pero lleno de precipitaciones. Y, esto, sin calidad, parece ser carne de sufrimiento en un lugar tan inhóspito.

Como si la pesadilla del año último siguiera activada, como si el trimestre veraniego no hubiese incinerado el caos del año pasado que acabó en descenso y caída al infierno no profesional, el equipo zaragocista pareció hacer un pacto con los locales para salir del vestuario perdiendo 1-0. La bienvenida de la tercera división para los aragoneses fue encajar un gol lacerante, sangrante, cruento en el corazón blanquillo. Porque en el minuto 1 ya perdían los de Ibai Gómez. Y el tanto lo marcó de cabeza Bakis, ese ariete que dejó un poso de desastre en su trienio en la SAD de La Romareda. Y, por si esto no fuese lo suficiente doloroso, el centro se lo puso Eugeni, el otro ex que milita en el Nástic este año. Tremendo karma.

Fue una falta lejana, lateral, que Eugeni volcó al área con su buen pie y que se comieron los centrales por arriba, fallando en la marca Tachi, dejando solo al germano-turco para que se tomase una revancha que muchos se olían hace semanas, cuando se supo su llegada a Tarragona. Es el mal del despedido, que es endémico en el Real Zaragoza. A partir de ahí, el partido tuvo un guion lineal: dominio absoluto de los de Ibai Gómez, con el Nástic aculado en su área, empujado por su enfervorizada afición, con un inesperado 4-2-3-1 de los granas que no supo desactivar nunca el cuadro aragonés, pese a que lo intentó de mil maneras.

Si se llegó al descanso con ese tempranero 1-0 fue por culpa de los zaragocistas. Porque ocasiones crearon, y buenas. Mantuvieron un ritmo de juego alto, incisivo por las bandas, con llegadas nítidas al área del buen portero Ayesa. Pero lo fallaron todo. Otro mal viejo que pareció no cambiar pese al lapso estival y a la mutación casi completa del vestuario. Es algo pandémico, parece ser. El Real Zaragoza tuvo media hora de avasallamiento sobre la defensa catalana. Delgado, Pau Sans (en tres oportunidades), Cuenca y Gabilondo debieron hacer, no solo el gol del empate, sino alguno más.

En el minuto 7, el nuevo punta Delgado condujo en la frontal y su disparo duro lo sacó Ayesa por arriba a córner. En el 13, Sans lanzó de rosca en el área, tras un buen control, y el portero tarraconense empezó su recital de paradones con una estirada que echó la pelota a saque de esquina. De esa jugada a balón parado, de nuevo Sans voleó en el segundo palo y Ayesa volvió a sacar junto al palo derecho un gol que se colaba. Y en el 16, de nuevo Sans malogró un gol, tras dejada atrás de un activo Ander Herrera en el área, pero se interpuso el central Van Rijn y desvió por alto a córner. Se olía la igualada, pero no llegaba.

En el 24 fue Cuenca el que rozó el tanto, al acabar mal un centro raso atrás de Gabilondo, un puñal por su banda, más un extremo que un lateral. Estuvo hiperactivo el vasco. Incluso él fue el protagonista de la siguiente opción de gol malograda, en el minuto 33, cuando solo en el área chutó raso fuera, rozando la cepa del poste izquierdo. Parecía mentira, pero el Real Zaragoza estaba dejando con vida a un adversario que estaba grogui contra las cuerdas todo el rato.

Hasta el minuto 35 no logró desahogarse el Nástic del asedio zaragozano. De nuevo Bakis, extra estimulado como era de prever, se fue en conducción de un blando Tachi y chuto al poste derecho de Westerveld, amagando el 2-0 que hubiese sido aberrante según lo que se veía. Hasta en el último segundo de la primera mitad, Terrer tuvo en su bota derecha el 1-1, con un remate franco a placer tras rechace de los centrales en el punto de penalti que Ayesa rechazó con un brazo duro cuando el gol ya se cantaba.

Llegó el intermedio entre el alborozo de los del Nástic, locos de contentos, y de la decepción de los alrededor de 2.000 zaragocistas que acudieron a las gradas del Nou Estadi. El buen manejo del balón de Ander Herrera no fue suficiente. Ni la profundidad de Gabilondo. Ni los apoyos, a veces, de Terrer entre líneas. Ni la percusión constante de Cuenca por la zurda, de Sans por el centro, ni la lucha en el área de Delgado. De tanto ritmo que impuso el Real Zaragoza, muchas veces se pasó de revoluciones a la hora de definir el último pase o el remate. Un pecado serio a corregir. Atrás, en los pocos agobios que el Nástic generó, predominó la poca contundencia de Tachi y Barrachina y la sensación de que los laterales, Gabilondo y Escudero, no hacían raya con los exteriores granas.

No hubo cambios en la reanudación. Y el Nástic arrancó el juego como en la primera parte: un disparo de Bakis, solo en la frontal, que paró abajo Westerveld. La réplica zaragocista llegó en el minuto 47, enseguida, en un córner cabeceado alto por Barrachina, con todo a favor. De nuevo predominaba la velocidad de acción. Esto es una virtud, indudablemente. Pero que requiere concreción y pulso firme en los terrenos de la verdad. Y esto se echó a faltar. Ejemplo claro fue, de nuevo, un remate alto a bocajarro de Cuenca en el 50, tras jugada notable de Terrer y Gabilondo, que se fue al segundo anfiteatro. Era ya molesto ver cómo se iban al limbo tantas ocasiones. Ahí, el Real Zaragoza debería haber estado ganando por goleada. Y perdía 1-0.

El Nástic no se metió en la cueva tanto como en la primera fase. Su técnico, Xisco Campos, debió considerar que era un acto suicida y puso las líneas varios metros más adelante. Sans disparó rozando el poste, cruzado, en el minuto 55. Justo antes del primer doble cambio de Ibai Gómez: Pereira y Vadillo relevaron a Escudero y Cuenca. Sangre fresca para toda la banda izquierda, la menos aprovechada. El Zaragoza empezó a no llegar con la misma asiduidad arriba. Los nervios afloraron. Natural.

En el minuto 65 se revisó en el VAR un posible penalti sobre Vadillo en una incursión en el área del recién entrado. No lo consideró el árbitro murciano. A falta de 20 minutos Tobajas entró por el desdibujado Jardí. El Real Zaragoza echó a perder varios córneres por no sacarlos directos. Mal, la estrategia, favorecidos los marros por la precipitación. Las prisas son pésimas consejeras siempre. Se entró en el último cuarto de hora, tras la pausa de hidratación, con el equipo de Ibai sintiendo que su esfuerzo podía no tener ninguna recompensa. Y el Nástic empezó a romper el partido con los cambios.

Ibai cambio el centro del campo en el 82, dando paso a Jamelli y Ademo a la vez. Justo cuando Vadillo, en jugada personal, había disparado duro al larguero. Una pena. Otra muestra del mal fario zaragocista en el estreno de categoría. Demasiados perdones. Y el pago fue al contado y con más sangre: el defensivo Nástic, listo como un zorro en toda su estructura, logró montar una contra letal en el minuto 86, dejando a Segura solo ante Westerveld, al que superó por raso e hizo el letal 2-0. Una película de miedo.

El partido acabó con el Real Zaragoza reventado de correr sin provecho. Roto anímicamente por su falta de pegada que indultó a un contrincante que pudo haber caído con amplitud. El Nástic se pellizcaba por su amplia victoria. Nunca un marcador dijo tanta mentira sobre el desarrollo del juego. Pero el fútbol son aciertos y picardías. Y los de Ibai tuvieron cero de ambos asuntos.

 

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