
LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA
Nº6 (4.9.2026)
PARTIDO OFICIAL Nº 3747
REAL ZARAGOZA 4-1 CD TERUEL
0-1, min. 6: Sergio
Moreno, de penalti
1-1, min. 45 (+7):
Ureña
2-1, min. 47: Edu
Espiau
3-1, min. 77: Pau
Sans
4-1, min. 85: Jardí
Ficha
técnica
Real Zaragoza:
Anartz Peña; Sangalli, Iranzo, Diego González, Escudero (Raúl Pererira, 46’);
Terrer, Ademo (Delgado, 46’), Rubén Díez (Pinilla, 78'); Ureña Pau Sans (73'),
Edu Espiau (Saidu, 59’) y Jaume Jardí.
CD Teruel:
Zarco; Borge, Álvaro López, Nicholas, Joserra (Goyo, 61’); Relu, Albisua; Edu
Gallardo (Llácer, 61’), Hugo Redón (Romera, 78'), Sesé (Belevonis, 90'); y
Sergio Moreno (Moraitis, 61’).
Goles:
0-1, min. 6: Sergio Moreno, de penalti. 1-1, min. 45 (+7): Ureña. 2-1, min. 47:
Edu Espiau. 3-1, min. 77: Pau Sans. 4-1, min. 85: Jardí.
Árbitro:
Manuel Camacho Garrote (Comité Andaluz). Mostró amarillas a Sergio Moreno (7’),
Joserra (24’), Ademo (35’), Saidu (69'), Sangalli (74'), Llácer (88').
64 %
Posesión 36 %
17 remates totales 5
9 remates a puerta 2
7 remates fuera 3
5 corneres 2
3 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 0
4 fueras de juego 4
11 tiros libres 21
23 saques de banda 17
21 faltas 11
1 disparos efectuados bloqueados 5
xxxxxx
Paso al líder: el Real Zaragoza somete al Teruel en el derbi aragonés (4-1)
El Real Zaragoza ya manda en
la liga gracias a una goleada que tuvo que sudar contra un rebelde Teruel. Muy
superiores en fútbol y recursos, los de Ibai se apoderaron del derbi en una
imponente segunda parte.
Sin perder la perspectiva de dónde se está y por qué, el Real Zaragoza
tiene razones para celebrar, alegrarse y disfrutar: es líder. El primero. Es lo
que se le exige y es lo que, tras seis jornadas, ofrece el sólido, superior e
inteligente equipo de Ibai Gómez. Ganó el derbi aragonés a un rebelde y
crudo Teruel, un equipo que lo puso difícil de inicio, en un partido al que el
Zaragoza le costó encontrarle la partitura. Pero, por puro tonelaje de su
fútbol, lo sacó adelante en una segunda mitad en la que dio buena estatura a su
juego, poniéndolo a la altura de lo que es, el líder de la Primera RFEF. Ha
llegado ya, ahora lo difícil es mantenerse ahí, cumpliendo con las obligaciones
y expectativas, con ese examen que todos los domingos tiene que rellenar. Por
eso, porque queda mucho y porque se viene de donde se viene, el Zaragoza debe
disfrutar del momento y del proceso, celebrar todos los triunfos y todos los
días como este, en los que sufre y acaba dándose un homenaje: ganar en el
fútbol, sea la categoría que sea, ni es fácil ni debe amargar nunca.
El Teruel, por su parte, dio la cara mientras pudo defender su gol
tempranero. En cuanto el partido se le escapó del marcador tras su aguerrida
primera parte, el Zaragoza le pasó como un rodillo. El bloque de Ibai es
difícil de contener, muy complejo de defender, porque maneja infinitas
soluciones y recursos, y se mueve por los partidos como si ya hubiera estado
ahí, con un oficio, entendimiento y competitividad que expresan su, cada vez, fútbol
más rico y consistente.
Edu Espiau y Óscar Ureña, incendiarios de la victoria
de Ibiza, destacaron en la alineación de Ibai Gómez como novedades en un once
en el que resaltó también el debut en la portería de Anartz Peña ante la lesión
de última hora de Westerveld. También fue baja Vadillo, por lo que el Real
Zaragoza transformó el frente ofensivo de su flexible y poliédrico 4-3-3, un
3-4-3 atacando en el que la pincelada de entrenador llegó con las posiciones de
Ureña y Escudero en el sector izquierdo. El dominicano se sumó al pasillo
intermedio, cerrando así el cuadrado del centro del campo, con Escudero y Jardí
abiertos, y con Sangalli como falso central derecho en la construcción del
juego aunque con licencia para moverse.
En el Teruel, su técnico, Kiko Ramírez, dibujó en la pizarra un
5-4-1 que marcaría los designios de los acontecimientos. Relu se incrustó en la
defensa, línea en la que entró Nicholas. También Hugo Redón se ganó un billete
de titular, al igual que el bullicioso Sergio Moreno, protagonista por el ruido
de su comportarse y de jugar en la primera mitad, sacando de quicio a los
rivales. Hacerle la noche empalagosa, severa y quebrada fue la misión del
Teruel, que se encontró con el mejor caramelo para que esas milicianas
intenciones se endulzaran: un gol nada más empezar.
Decía el boxeador Mike Tyson que todos tienen un plan hasta que te dan
el primer puñetazo en la boca. Al Real Zaragoza la mandíbula
se la partió el Teruel en el primer minuto, cuando un desliz en la salida de
balón provocó una carrera de Joserra a la que Terrer no puso remedio. Su centro
al corazón del área se le encrespó a Anartz Peña, quien llegó tarde al balón,
por muy poco, pero tarde, y tocó lo suficiente a Sergio Moreno, futbolista de
los que no necesitan muchas palmas para ponerse a bailar. Después de la tediosa
revisión, él mismo marcaría el gol de penalti y él mismo quiso tener el momento
de gloria que nunca había tenido en el fútbol: en gesto impropio de la
elegancia de su equipo, se fue a provocar dos veces a la grada en su
celebración. No ha marcado muchos goles en su vida Sergio Moreno y se notó.
El árbitro Camacho Garrote le sacó una amarilla, pero el Zaragoza pidió, sin
éxito en el vídeo, la segunda porque se entendía que reincidió en los gestos al
fondo sur.
Sergio Moreno se quedó en el campo y su fútbol de roce, castigo y
polvorín contagió a un Teruel que se encontró con el partido donde quería.
Disciplinados, soportados por su muralla mudéjar, le intoxicaron el partido al
Zaragoza. Los locales no sabían por dónde encontrar la línea del partido. El
gol en contra les llevó a jugar precipitados, como si el choque estuviera ya en
el minuto 90. El guion exigía lo contrario: serenidad, calma, concentración.
Apenas se cuajaba fútbol. El Zaragoza se encontró con otro problema que su
entrenador, Ibai Gómez, no terminaba de detectar: su fútbol moría en la esquina
derecha de su ataque, donde se juntaba demasiada gente, componiendo un embudo
ante el dique turolense. El Zaragoza no tenía amplitud ni profundidad
suficiente, le faltaba también el orden ofensivo de otros días porque, en
parte, invertía roles, con Jardí ensanchando y Sangalli y sus piernas
doblándose por dentro en lugar de por fuera.
Ibai no supo limar esa aspereza, mientras el Teruel sacaba el balón
fácil, con el Zaragoza muy desajustado y separado en la presión: la línea de
tres centrales visitantes se le atragantó tanto como una primera mitad en la
que apenas amagaba. Escudero, de tiro lejano, lo había probado, hasta que Rubén
Díez, intuitivo e indetectable como nadie, comenzó a castigar las espaldas del
Teruel. Una buena combinación con Espiau y Ureña no la metió dentro el
zaragozano por un pelo. En el Teruel, la amenaza se escribía a campo
abierto. Pero Diego González se encargó de apagar posibles fuegos. Los
visitantes encontraron un saque de esquina en el que Nicholas estuvo a punto de
sacar petróleo.
El Zaragoza no encontraba su ritmo, ni su juego. Tejía el fútbol
demasiado lejos del peligro, con las alas cortadas por la banda derecha. El
Teruel, con mucha lija, conducía las cosas hacia su terreno. A Espiau le
anularon un gol por fuera de juego. Para una vez que acertaba el canario…
Después aún fallaría otro mano a mano anulado… Un precioso tiro de Jardí y
un cabezazo de Iranzo, ya en la embocadura del descanso, parecieron revivir al
Zaragoza… Hasta que, cuando quizá más neutralizados estaban los de Ibai
Gómez, una caída a banda de Rubén Díez fue como un claro de luz en la jugada:
recibió el pase, lo metió donde había que meterlo, Espiau falló, pero, como en
Ibiza, quizá sus fallos sean presagio de goles de otros. De nuevo, Ureña
apareció como un hurón para marcar ya al filo del intermedio.
Decíamos que el partido lo había cogido por la riendas ese futbolista
luminoso al que un día llamamos Jamelli (y que jugó en el Teruel cuando ya
debía hacerlo en el Zaragoza). Su equipo había cambiado piezas al volver al
campo, con Pereira por Escudero y Delgado por un tocado y amonestado Ademo. El
replanteamiento apuntaba a carga el área con otro delantero y ampliar las
opciones de centro con el lateral gaditano. Sonaban ya las sirenas aéreas
sobre Zarco, cuando, con otros protagonistas, el Zaragoza golpeó así: centró
Diego González, y esta vez sí, esta vez rematando con las luces encendidas,
Espiau dio ventaja a los suyos. Los dos goles del Zaragoza, en su remontada,
llegaron en momentos fatales para el Teruel, que se vio abajo sin apenas darse
cuenta. Su ejercicio defensivo ya no tenía mucho más recorrido. Relu subió
entonces al mediocentro.
A los de Kiko Ramírez les empezaron a salir agujeros en la tela, y Rubén
Díez, una altura más abajo en el mediocampo, comenzó a explorarlos y
dominarlos. Él se encargó de decir con sus pies y sus ojos cómo había que
jugar ese partido ahora. Delgado, Ureña… El Zaragoza pudo marcar el
tercero, mientras se inflamaba, en sus mejores minutos, los más clarividentes y
fluidos de su noche. Ibai Gómez metió a Saidu, poco antes de que Jardí, con su
bazuca, empalmara al larguero una falta servida de lejos. El Teruel movió el
banquillo: Llácer, Goyo y Moraitis intentaron ser solución. Pero el Zaragoza ya
tenía el mando claro de las operaciones, se jugaba a su ritmo, donde quería,
con el fútbol que más le identifica… Sometía, corría, se comprimía y se
extendía como un acordeón… A Joaquín Delgado le anularon un gol después de
varios remates fallidos…
Ibai dio un respiro a Ureña, y salió Pau Sans, mientras el Teruel no encontraba más caminos hacia el deshabitada área de Peña que alguna falta colgada. Con Pau Sans en el campo, el Zaragoza ganaba velocidad, vértigo y colmillo ante un rival cada vez más expuesto. Y así llegó el tercero: Jardí, de fútbol brillante pero también empecinado, luchó un balón dividido y sacó un pase exacto y profundo para que el canterano ganara la carrera hacia el tercer gol local. Fue el momento en el que Rubén Díez guardó su brújula y salió Hugo Pinilla al césped, debutando en la temporada. Jardí acabaría por redondear la noche, porque su zurda siempre ofrece una última bala. Este Zaragoza que siempre mira hacia delante ya manda en la categoría: si tienes varios de los mejores jugadores y uno de los mejores entrenadores hasta ahora es muy difícil que este momento se demorase mucho más. Ha llegado, como llega la felicidad.

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