domingo, 4 de octubre de 2026

LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº6 REAL ZARAGOZA 4-1 CD TERUEL

 
LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA Nº6 (4.9.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3747

 REAL ZARAGOZA 4-1 CD TERUEL 

0-1, min. 6: Sergio Moreno, de penalti

1-1, min. 45 (+7): Ureña

2-1, min. 47: Edu Espiau

3-1, min. 77: Pau Sans

4-1, min. 85: Jardí

Ficha técnica

Real Zaragoza: Anartz Peña; Sangalli, Iranzo, Diego González, Escudero (Raúl Pererira, 46’); Terrer, Ademo (Delgado, 46’), Rubén Díez (Pinilla, 78'); Ureña Pau Sans (73'), Edu Espiau (Saidu, 59’) y Jaume Jardí.

CD Teruel: Zarco; Borge, Álvaro López, Nicholas, Joserra (Goyo, 61’); Relu, Albisua; Edu Gallardo (Llácer, 61’), Hugo Redón (Romera, 78'), Sesé (Belevonis, 90'); y Sergio Moreno (Moraitis, 61’).

Goles: 0-1, min. 6: Sergio Moreno, de penalti. 1-1, min. 45 (+7): Ureña. 2-1, min. 47: Edu Espiau. 3-1, min. 77: Pau Sans. 4-1, min. 85: Jardí. 

Árbitro: Manuel Camacho Garrote (Comité Andaluz). Mostró amarillas a Sergio Moreno (7’), Joserra (24’), Ademo (35’), Saidu (69'), Sangalli (74'), Llácer (88').

 Real Zaragoza 4-1 CD Teruel

64 % Posesión 36 %
17 remates totales 5
9 remates a puerta 2
7 remates fuera 3
5 corneres 2
3 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 0
4 fueras de juego 4
11 tiros libres 21
23 saques de banda 17
21 faltas 11
1 disparos efectuados bloqueados 5

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                      Paso al líder: el Real Zaragoza somete al Teruel en el derbi aragonés (4-1)

El Real Zaragoza ya manda en la liga gracias a una goleada que tuvo que sudar contra un rebelde Teruel. Muy superiores en fútbol y recursos, los de Ibai se apoderaron del derbi en una imponente segunda parte. 

Sin perder la perspectiva de dónde se está y por qué, el Real Zaragoza tiene razones para celebrar, alegrarse y disfrutar: es líder. El primero. Es lo que se le exige y es lo que, tras seis jornadas, ofrece el sólido, superior e inteligente equipo de Ibai Gómez. Ganó el derbi aragonés a un rebelde y crudo Teruel, un equipo que lo puso difícil de inicio, en un partido al que el Zaragoza le costó encontrarle la partitura. Pero, por puro tonelaje de su fútbol, lo sacó adelante en una segunda mitad en la que dio buena estatura a su juego, poniéndolo a la altura de lo que es, el líder de la Primera RFEF. Ha llegado ya, ahora lo difícil es mantenerse ahí, cumpliendo con las obligaciones y expectativas, con ese examen que todos los domingos tiene que rellenar. Por eso, porque queda mucho y porque se viene de donde se viene, el Zaragoza debe disfrutar del momento y del proceso, celebrar todos los triunfos y todos los días como este, en los que sufre y acaba dándose un homenaje: ganar en el fútbol, sea la categoría que sea, ni es fácil ni debe amargar nunca.

El Teruel, por su parte, dio la cara mientras pudo defender su gol tempranero. En cuanto el partido se le escapó del marcador tras su aguerrida primera parte, el Zaragoza le pasó como un rodillo. El bloque de Ibai es difícil de contener, muy complejo de defender, porque maneja infinitas soluciones y recursos, y se mueve por los partidos como si ya hubiera estado ahí, con un oficio, entendimiento y competitividad que expresan su, cada vez, fútbol más rico y consistente.

Edu Espiau y Óscar Ureña, incendiarios de la victoria de Ibiza, destacaron en la alineación de Ibai Gómez como novedades en un once en el que resaltó también el debut en la portería de Anartz Peña ante la lesión de última hora de Westerveld. También fue baja Vadillo, por lo que el Real Zaragoza transformó el frente ofensivo de su flexible y poliédrico 4-3-3, un 3-4-3 atacando en el que la pincelada de entrenador llegó con las posiciones de Ureña y Escudero en el sector izquierdo. El dominicano se sumó al pasillo intermedio, cerrando así el cuadrado del centro del campo, con Escudero y Jardí abiertos, y con Sangalli como falso central derecho en la construcción del juego aunque con licencia para moverse.

En el Teruel, su técnico, Kiko Ramírez, dibujó en la pizarra un 5-4-1 que marcaría los designios de los acontecimientos. Relu se incrustó en la defensa, línea en la que entró Nicholas. También Hugo Redón se ganó un billete de titular, al igual que el bullicioso Sergio Moreno, protagonista por el ruido de su comportarse y de jugar en la primera mitad, sacando de quicio a los rivales. Hacerle la noche empalagosa, severa y quebrada fue la misión del Teruel, que se encontró con el mejor caramelo para que esas milicianas intenciones se endulzaran: un gol nada más empezar.

Decía el boxeador Mike Tyson que todos tienen un plan hasta que te dan el primer puñetazo en la boca. Al Real Zaragoza la mandíbula se la partió el Teruel en el primer minuto, cuando un desliz en la salida de balón provocó una carrera de Joserra a la que Terrer no puso remedio. Su centro al corazón del área se le encrespó a Anartz Peña, quien llegó tarde al balón, por muy poco, pero tarde, y tocó lo suficiente a Sergio Moreno, futbolista de los que no necesitan muchas palmas para ponerse a bailar. Después de la tediosa revisión, él mismo marcaría el gol de penalti y él mismo quiso tener el momento de gloria que nunca había tenido en el fútbol: en gesto impropio de la elegancia de su equipo, se fue a provocar dos veces a la grada en su celebración. No ha marcado muchos goles en su vida Sergio Moreno y se notó. El árbitro Camacho Garrote le sacó una amarilla, pero el Zaragoza pidió, sin éxito en el vídeo, la segunda porque se entendía que reincidió en los gestos al fondo sur.

Sergio Moreno se quedó en el campo y su fútbol de roce, castigo y polvorín contagió a un Teruel que se encontró con el partido donde quería. Disciplinados, soportados por su muralla mudéjar, le intoxicaron el partido al Zaragoza. Los locales no sabían por dónde encontrar la línea del partido. El gol en contra les llevó a jugar precipitados, como si el choque estuviera ya en el minuto 90. El guion exigía lo contrario: serenidad, calma, concentración. Apenas se cuajaba fútbol. El Zaragoza se encontró con otro problema que su entrenador, Ibai Gómez, no terminaba de detectar: su fútbol moría en la esquina derecha de su ataque, donde se juntaba demasiada gente, componiendo un embudo ante el dique turolense. El Zaragoza no tenía amplitud ni profundidad suficiente, le faltaba también el orden ofensivo de otros días porque, en parte, invertía roles, con Jardí ensanchando y Sangalli y sus piernas doblándose por dentro en lugar de por fuera.

Ibai no supo limar esa aspereza, mientras el Teruel sacaba el balón fácil, con el Zaragoza muy desajustado y separado en la presión: la línea de tres centrales visitantes se le atragantó tanto como una primera mitad en la que apenas amagaba. Escudero, de tiro lejano, lo había probado, hasta que Rubén Díez, intuitivo e indetectable como nadie, comenzó a castigar las espaldas del Teruel. Una buena combinación con Espiau y Ureña no la metió dentro el zaragozano por un pelo. En el Teruel, la amenaza se escribía a campo abierto. Pero Diego González se encargó de apagar posibles fuegos. Los visitantes encontraron un saque de esquina en el que Nicholas estuvo a punto de sacar petróleo.

El Zaragoza no encontraba su ritmo, ni su juego. Tejía el fútbol demasiado lejos del peligro, con las alas cortadas por la banda derecha. El Teruel, con mucha lija, conducía las cosas hacia su terreno. A Espiau le anularon un gol por fuera de juego. Para una vez que acertaba el canario… Después aún fallaría otro mano a mano anulado… Un precioso tiro de Jardí y un cabezazo de Iranzo, ya en la embocadura del descanso, parecieron revivir al Zaragoza… Hasta que, cuando quizá más neutralizados estaban los de Ibai Gómez, una caída a banda de Rubén Díez fue como un claro de luz en la jugada: recibió el pase, lo metió donde había que meterlo, Espiau falló, pero, como en Ibiza, quizá sus fallos sean presagio de goles de otros. De nuevo, Ureña apareció como un hurón para marcar ya al filo del intermedio.

Decíamos que el partido lo había cogido por la riendas ese futbolista luminoso al que un día llamamos Jamelli (y que jugó en el Teruel cuando ya debía hacerlo en el Zaragoza). Su equipo había cambiado piezas al volver al campo, con Pereira por Escudero y Delgado por un tocado y amonestado Ademo. El replanteamiento apuntaba a carga el área con otro delantero y ampliar las opciones de centro con el lateral gaditano. Sonaban ya las sirenas aéreas sobre Zarco, cuando, con otros protagonistas, el Zaragoza golpeó así: centró Diego González, y esta vez sí, esta vez rematando con las luces encendidas, Espiau dio ventaja a los suyos. Los dos goles del Zaragoza, en su remontada, llegaron en momentos fatales para el Teruel, que se vio abajo sin apenas darse cuenta. Su ejercicio defensivo ya no tenía mucho más recorrido. Relu subió entonces al mediocentro.

A los de Kiko Ramírez les empezaron a salir agujeros en la tela, y Rubén Díez, una altura más abajo en el mediocampo, comenzó a explorarlos y dominarlos. Él se encargó de decir con sus pies y sus ojos cómo había que jugar ese partido ahora. Delgado, Ureña… El Zaragoza pudo marcar el tercero, mientras se inflamaba, en sus mejores minutos, los más clarividentes y fluidos de su noche. Ibai Gómez metió a Saidu, poco antes de que Jardí, con su bazuca, empalmara al larguero una falta servida de lejos. El Teruel movió el banquillo: Llácer, Goyo y Moraitis intentaron ser solución. Pero el Zaragoza ya tenía el mando claro de las operaciones, se jugaba a su ritmo, donde quería, con el fútbol que más le identifica… Sometía, corría, se comprimía y se extendía como un acordeón… A Joaquín Delgado le anularon un gol después de varios remates fallidos…

Ibai dio un respiro a Ureña, y salió Pau Sans, mientras el Teruel no encontraba más caminos hacia el deshabitada área de Peña que alguna falta colgada. Con Pau Sans en el campo, el Zaragoza ganaba velocidad, vértigo y colmillo ante un rival cada vez más expuesto. Y así llegó el tercero: Jardí, de fútbol brillante pero también empecinado, luchó un balón dividido y sacó un pase exacto y profundo para que el canterano ganara la carrera hacia el tercer gol local. Fue el momento en el que Rubén Díez guardó su brújula y salió Hugo Pinilla al césped, debutando en la temporada. Jardí acabaría por redondear la noche, porque su zurda siempre ofrece una última bala. Este Zaragoza que siempre mira hacia delante ya manda en la categoría: si tienes varios de los mejores jugadores y uno de los mejores entrenadores hasta ahora es muy difícil que este momento se demorase mucho más. Ha llegado, como llega la felicidad.

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