sábado, 31 de enero de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº24 (31.1.2026)


LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº24 (31.1.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3724

 ALBACETE 2-0 REAL ZARAGOZA

1-0, min. 4: Agus Medina

2-0, min. 56: Jefté

Ficha técnica

Albacete: Mariño; Fran Gámez , Vallejo, Neva (Javi Moreno, 69’), Jogo; Javi Villar, Pacheco, Meléndez (Capi, 85’); Valverde (Lazo, 69’), Jefté (Obeng, 69’) y Agus Medina (Puertas, 76’).

Real Zaragoza: Andrada; Aguirregabiria (Hugo Barrachina, 64’), Insua (Saidu, 52’), Tachi, Juan Sebastián; Paul Akouokou (Keidi Bare, 52’), Guti (Terrer, 78’); Francho, Rober González, Moyano; Kenan Kodro (Bakis, 52’).

Goles: 1-0, min. 4: Agus Medina. 2-0, min. 56: Jefté.

Árbitro: José Antonio Sánchez Villalobos (Comité Andaluz). Mostró amarillas a Paul (29’), Martín Aguirregabiria (33’), Carlos Neva (63’), Keidi Bare (63'), Pacheco (85').

 

Albacete 2-0 Real Zaragoza

36.5 % Posesión 63.5 %
4 remates dentro 3
3 disparos bloqueados 4
3 remates fuera 1
8 disparos recibidos 10
2 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 0
8 faltas recibidas 11
11 faltas cometidas 8
125 perdidas de posesión 155
47 recuperaciones de posesión 40
3 fueras de juego 2
xxxxxx

 
 Un Real Zaragoza sin respuestas: dura derrota en Albacete (2-0)

El Zaragoza se complica más la vida tras ponerle muy sencillo el triunfo a un Albacete superior y mejor sintonizado. Los goles de Agus Medina y Jefté fueron suficientes en un impotente partido aragonés. 

En un club silenciado, sin asunción de responsabilidades valientes, con un gobierno fatal de tantas cosas, sin respuestas a todo lo malo que se hace desde hace tiempo, no debe extrañar que el Zaragoza cuaje partidos tan pobres y mediocres como el de su derrota contra el Albacete. Fue un equipo sin respuestas de ningún tipo y que pagó, con un planteamiento, una lectura y unos cambios inauditos de su entrenador, los peajes de tener la plantilla en obras a 30 de enero viniendo de donde viene, con las hormigoneras girando todavía por los pasillos de Txema Indias y Fernando López, su pareja de reformistas.

La derrota, fraguada prácticamente desde la primera jugada del partido, fue dura por el fútbol, pero también por la mala imagen, por las malas sensaciones, por el mal sabor… Hasta el embrujo de Sellés se ha perdido en este mes de enero crucial. Un técnico que hizo equilibrios, ante un Albacete mejor, vibrante, cerebral y osado, para gestionar las posibles salidas del equipo de aquí al lunes. Lo que se vio fue muy preocupante. Un Zaragoza encallado, desnaturalizado, en franca involución. Pero, sobre todo, con una crisis de calidad abrumadora. El partido solo tuvo un escudo, un Albacete que lo ganó por puro peso de su fútbol, mientras el Zaragoza se queda de nuevo enterrado en el descenso, a tres puntos de la salvación a la espera de cómo acaba la jornada.

Sellés le dio una profunda vuelta al equipo, con jugadores muy fuera de plano como Moyano o Paul. Siempre es revelador que a estas alturas de enero se peguen estos volantazos. Debutó Rober, como mediapunta, con Juan Sebastián alojado en la banda izquierda ante las bajas de Tasende y Pomares. Fue un Zaragoza en 4-3-2-1 (con Francho y Moyano en zonas intermedias) que nunca supo interpretar los espacios que el Albacete dejaba a la espalda de los carriles de su variable y elástico 3-4-3 (o 5-4-1 defensivo), donde los jugadores son poco posicionales y muy intuitivos. Alberto González le ganó la mano a Sellés desde el reparto de las cartas.

La primera mitad del Zaragoza fue un espanto, a la altura de sus últimos episodios, cuestión que denuncia el punto de desorientación y bloqueo que sufre el equipo. Donde Sellés solía imponer sus normas en el partido, limitando las intenciones rivales, ahora surgen dudas, desconcierto, desorden y confusión. Al Zaragoza no le funciona la propuesta desde hace un tiempo, ni siquiera con las variadas variantes introducidas en el Carlos Belmonte por el entrenador, y el resultado fue un fútbol ‘gabificado’, sin identidad, de actitudes titubeantes, digno de los días más oscuros de la temporada. Plagado de pérdidas de balón, de fáciles pases imprecisos…. Despertaron viejos fantasmas del otoño.

Al partido se le vio rápido la matrícula: el Zaragoza iniciando sus operaciones sin conexión alguna con el islote Kodro, atacando a muchos metros de la portería, con un ritmo plomizo y sin ninguna amenaza. También muy tibio en las presiones. El Albacete, sobre esa composición aragonesa, desarrolló su fútbol tal y como marca su personalidad atrevida, vertiginosa, dinámica y moderna. Desde su camaleónica estructura, en la que Javi Villar bajaba y subía desde el pivote al eje de tres centrales, y con Valverde y Agus Medina liberados, móviles e indetectables, los manchegos pusieron la maquinaria a pleno rendimiento desde la salida. Cargaban el área con muchos futbolistas, se desplegaban con velocidad y verticalidad, enfocaban su juego a las bandas, inspiraban peligro en los centros… Y así, llevando la pelota de un lado a otro, le hicieron al Zaragoza el primero. Fran Gámez tiene tantos años como pundonor y orgullo, y, además, mantiene el tacto que ya lo convirtió en el mejor asistente del Zaragoza en los últimos tiempos… Hizo lo que quiso por el vulnerable flanco izquierdo aragonés, sobre cuyas piezas no cabe ya alimentar muchos debates...

De ese pie derecho de Gámez, bien algodonado, salió la pelota que Agus Medina zurció al Zaragoza en sus lamentaciones. No hizo falta mucho más, porque la frágil e inestable defensa que imaginó Txema Indias en verano da para lo que da… Estas acciones de defensa pura de área son trasparentes como el cristal. El VAR revisó la jugada, pues parecía fuera de juego, pero dio luz verde al gol. 

El Zaragoza empezaba como casi siempre, con el remolque aparcado en la puerta de casa. Trató de crecer desde la pelota, pero no le funcionó ningún patrón. Tenía dos problemas elementales: sus jugadores tocaban casi todos los balones de espaldas y nadie estiraba al equipo desde la profundidad… Sebas Moyano, Paul Akouokou, Rober… Demasiados jugadores estáticos y con dudoso físico. Un tiro en escorzo de Agus Medina y un cabezazo, tras un córner, de Jogo elevaron las alarmas, mientras el Zaragoza vivía cautivo en su campo. Al Albacete le hacen muchos goles, pero la realidad es que es difícil hacérselos. Saben dónde sí pueden defender y apenas dejaron al Zaragoza progresar. Solo ya en el tramo final, los de Sellés, gracias a la sociedad Francho-Aguirregabiria, comenzaron a respirar y aclararse. Sin embargo, apenas se finalizaban jugadas… Como le sucedió a Francho con Kodro en un par de situaciones… Solo había que ver la gestión y ejecución de los centros de uno y otro equipo para comprender muchas cosas. El Zaragoza se fue al descanso sin generar ocasiones claras, sin ni siquiera rematar… Tenía la pelota, pero todo eran pases mansos, un juego retórico, improductivo y desafilado… Un Zaragoza vacío, inofensivo y denso, un Zaragoza de hace muchos meses. Muy sencillo de limitar para un Albacete que tampoco se empleaba a fondo.

Tras el descanso, el guion apenas cambió, en gran medida, porque Bakis no resolvió frente a Mariño con todo para el gol. Bakis había salido un minuto antes por Kodro, en un relevo triple que también metió al campo a Saidu por Insua y a Bare por el amonestado -y, por lo tanto, peligroso- Paul. Hay cambios, con el mercado abierto, que son gritos de socorro de algunos entrenadores. Que Saidu ejerza de central porque su naturaleza física lo permita no quiere decir que lo sea. Además no solo pierde el equipo con él ahí, sino que también lo pierde en su posición innata, donde Raúl Guti, por ejemplo. A Saidu le faltan muchos fundamentos para defender tan atrás, y se apreció con nitidez en la segunda puñalada de la tarde, cuando Jefté, libre de marcajes, empujó a la red un pase del interesante y vívido Víctor Valverde, que pulverizó en carrera a Aguirregabiria. Jefté cumplió donde Bakis pudo alterar la historia. 

El 2-0, visto lo visto, con el Carlos Belmonte haciendo la ola, se intuía aún como un resultado incompleto. Sellés sacó a Barrachina porque Aguirregabiria no podía más. Tampoco parecía poderlo Juan Sebastián, mudado a su lateral derecho. Jefté tuvo el tercero, pero Andrada se lo negó. Contestó Saidu con un tiro en bote que sacó a duras penas Mariño. Y Bakis, pues eso, Bakis pudo marcar en un balón perdido en un saque de esquina, pero ni supo ni pudo empujarla. El Zaragoza tenía la pelota, pero no dominaba… Salió Terrer al medio, pasando el equipo a tres centrales… Otro cambio revelador, otro mensaje en una botella, con Dani Gómez, Moya, Valery o el recién llegado Agada en el banquillo.

El Zaragoza, la verdad, sabía mejor que nadie que no podía hacer mucho más. Transmitía impotencia, capitulación, desesperación… Síntomas aún inéditos con Sellés, con quien casi siempre, mejor o peor, se había exhibido diente competitivo. Los peores síntomas posibles en este punto crítico de la temporada, al que el Zaragoza ha llegado a lomos de una plantilla aún con demasiados andamios puestos y con un club decadente por dentro: el césped solo es el reflejo de una desatinada gestión

 

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