sábado, 14 de febrero de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº26 (14.2.2026)

 

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº26 (14.2.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3726

 CyD LEONESA 0-0 REAL ZARAGOZA

Ficha técnica

Cultural Leonesa: Badía; Víctor García, Rodri Suárez, Barzic, Satrustegui; Maestre (Selu Diallo, 68’), Bicho (Ojeda, 85'); Calero (Homam, 85), Chacón, Tresaco (Collado, 59’); y Rubén Sobrino (Lucas Ribeiro, 59’).

Real Zaragoza: Andrada; Aguirregabiria, Gomes, Insua (Saidu, 79'), Larios (Tasende 76’); Mawuli (Terrer, 59’), Paul; Francho, Rober González, Cumic (Cuenca, 59’); Dani Gómez (Soberón, 59’).

Goles:

Árbitro: Jon Ander González Esteban (Comité Vasco). Mostró amarillas a Maestre (43’), Larios (76’), Insua (79’).

 CyD Leonesa 0-0 Real Zaragoza

46.4 % Posesión 53.6 %
2 remates dentro 3
4 disparos bloqueados 4
7 remates fuera 5
12 disparos recibidos 13
1 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 0
14 faltas recibidas 7
8 faltas cometidas 16
137 perdidas de posesión 149
48 recuperaciones de posesión 54
3 fueras de juego 0
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 Un empate entre pobres: el Real Zaragoza suma un punto contra la Cultural

Un penalti parado por Andrada pudo marcarle el partido al Zaragoza, aún alejado de las victorias, incapaz de imponerse, por su mala puntería, a un rival de poco fútbol y también muy mala pinta. 

Hay partidos a los que se les ve la cojera desde nada más comenzar, y más aún si los dos equipos juegan con patas de madera. El Real Zaragoza sacó un punto de León porque delante se levantaba un soldado con sus mismas calamidades. Eso sí, la tarde pudo ser un verdadero drama, pero Andrada paró un penalti a Sobrino que, quizá, en mayo, sea un tesoro. Fue un empate entre malos, un punto que al Zaragoza le sirve para poco. Si acaso, para no poner un pie aún en el cementerio y para esperanzarse con que, en este territorio de malditos que es la lucha por la supervivencia en Segunda, hay equipos, como la Cultural, que al menos están al nivel del Zaragoza. O por debajo. Los leoneses tampoco están para tirar cohetes.

En un partido de poca carne, ambos equipos calcularon riesgos en la primera parte, pero el Zaragoza creció tras el descanso. Se fue a ganar, dominó, se expandió en ataque… pero el equipo se ahoga en el gol. Sufre un grave problema de definición y concreción. Se le junta todo: la falta de talentos y de esa pizca de fortuna, los nervios, las malas decisiones… El Zaragoza, con todas sus limitaciones, padece los males propios de alma condenada. Por mucho que lo intenta, solo rasca miseria con su fútbol. Sigue alojado en las posiciones de descenso a la espera de que las rentas no crezcan más allá de los 5 puntos. Ahora, esa distancia es oro.

El Zaragoza se pegó toda la mañana de sábado esperando una paloma mensajera desde Madrid con el indulto a El Yamiq, pero solo llegó el silencio del TAD. A Sellés no le quedó más remedio que restaurar la defensa con Álex Gomes y con Insua, ambos de vuelta al equipo, pues Seidu pagó sus pecados de la pasada jornada. Hubo más pinceladas de trazo grueso: Paul Akouokou entró en el pivote y Dani Gómez irrumpió en la delantera. El madrileño, acallados ya los tambores del mercado, se estrenaba así como titular con Sellés, condición que no disfrutaba desde el 18 de octubre, en el catastrófico temporal desatado por el mismo rival, la Cultural, con aquel 0-5. Sellés mantuvo el 4-2-3-1, con Rober González tirado a la derecha y Francho por dentro, en la mediapunta, una decisión que, por hallarle una lógica, tiene que ver con las facultades físicas del capitán para repetir presiones. En la Cultural, lo más llamativo fue la entrada de Chacón y de Bicho en el centro del campo. Los leoneses buscaron parapetarse con su sistema habitual, con un 5-3-2 defensivo y asimétrico, con Calero de segundo punta y Tresaco a carril completo en la izquierda. En ataque, Calero tendía al extremo derecho y Satrustegui ejercía de falso central-lateral izquierdo.

Al Zaragoza le costó descifrar el dispositivo defensivo rival. Salió con mando el conjunto aragonés, protagonista con la pelota e intentando orbitar en su sector derecho, donde Francho, Rober y Aguirregabiria componían el mejor mosaico zaragocista del campo. Pero al equipo, en todo caso, le costó mucho extenderse desde la pelota, progresar y conectar con sus atacantes. Apenas manifestó peligro. Su plan de activar la profundidad de Dani Gómez o Cumic apenas se dejó ver. Un poco como la Cultural. Era un partido de débiles, de perros flacos, en el que podrían haber arrancado perfectamente las porterías y jugar sin ellas. Era un día para no equivocarse, y el Zaragoza empezó a hacerlo.

La Cultural planteó la cita para atacar desde el robo, y un par de malas entregas de Gomes le dieron las primeras oportunidades. Calero lo intentó con la izquierda desde lejos. Reinventado como atacante, el exjugador del Zaragoza, motivado, con los ojos en sangre, con ganas de mandar recuerdos, agitaba a su equipo.

El Zaragoza contenía bien, con su sexta pareja de centrales distinta de los últimos diez partidos, un dato muy revelador. El equipo estaba concentrado, con un Dani Gómez chocando contra todo, mantenía la compostura ante un rival que apenas inquietaba, pero tampoco abría las puertas del muro leonés, donde Rodri Suárez fue un baluarte. Tampoco el Zaragoza tenía llaves para ello. Rober González apenas cogía balones de cara. Lo mismo Cumic. El Zaragoza no giraba al rival, y eso facilitaba la defensa leonesa. Larios, en un córner perdido, lanzó lejos desde fuera del área. Y una contra conducida por el centelleante lateral no la completó Rober González.

Había igualdad dentro de la planicie que era el partido, con el Zaragoza incapaz de romper líneas, demasiado encorsetado en el juego paralelo de sus dos pivotes, Mawuli y un Paul que parecía estar en otro planeta.

Y así, cuando ya aparecía algún bostezo, el partido despertó. La tarde había nacido entre protestas de la afición local, con miles de cartulinas rojas para el colegiado, como protesta por los arbitrajes. Ese era el caldo de cultivo en el que metió los pies González Esteban al salir al campo. En esas, Calero fue a meter un centro… Lo protegía Francho, girado de espaldas. La pelota le pegó atrás y le salió rebotada a un brazo quizá demasiado extendido. Solo por eso, por el espacio que ocupaba el brazo al cortar el balón, puede entenderse que el árbitro, aun viéndolo en la pantalla del VAR, se corrigiera y señalara la pena máxima. El Reino de León le apretó las tuercas al límite. El asunto, más allá de que fuera o no, es que se ha llegado a un punto en el que nadie sabe ya lo que es un penalti.

Quien sí lo sabe es Andrada. Lo sabe porque los para, y a Rubén Sobrino le estranguló su tiro raso. El argentino rescató una situación que podía haber sido límite para el Zaragoza. Salvado el pescuezo, el Zaragoza se fue al intermedio con un tiro combado de Rober, con su bota izquierda, que trató de encontrar la escuadra. Sin mucho que haberse llevado a la boca ante la espesura ofensiva de los dos equipos, el duelo llegó al descanso.

A la vuelta, un intento de gol olímpico de Rober y un disparo de Víctor García muy desviado advirtieron de un partido con unas nuevas claves. El Zaragoza salió mejorado, con más sangre y fuego, más verticalidad y renovadas intenciones. Rober lo buscó abajo, Francho amenazó dos veces… El caudal atacante creció. Sin embargo, la contundencia, determinación, puntería y calidad en el arte del gol siguen alejando al Zaragoza de la felicidad. Ese es su problema. La pólvora mojada, mucho más que las barricas vacías de explosivo.

Al paso adelante, contribuyó el triple cambio de Sellés. Entraron Soberón y Terrer para refrescar a Dani Gómez y Mawuli, pero el impacto más notorio lo imprimió Cuenca. Su energía le dio metros al Zaragoza y casi un gol. Un vuelo de Edgar Badía, milagroso, lo evitó. Un error de Akouokou casi había costado poco antes un tanto de Chacón, pero su remate se marchó fuera.

Rober empezó a hilar juego. Es un chico distinto, con intuición, golpeo y rápido de mente. En este Zaragoza eso son proezas. A sus pies finos y a las galopadas de Cuenca se subió el equipo aragonés, dueño del partido, contra una Cultural cada vez más alejada de Andrada. Los locales movieron la baraja de los cambios, con la peligrosa entrada de Ribeiro, pero el Zaragoza se protegió bien. 

Sellés optó por Tasende y Saidu en lugar de Larios e Insua (tocado) para los minutos finales, en los que la Cultural se atrevió a más. Y tuvo la suya, muy clara, de Chacón, solo en el corazón del área. Por fortuna, le pegó con el pie duro. Cuenca también insistió... Pero al partido no se le escarbó ya ni un ápice más de fútbol. A veces, de donde no hay, no se puede sacar

 

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