domingo, 29 de marzo de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº32 (29.3.2026)

 

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº32 (29.3.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3732

 REAL ZARAGOZA 2-0 REAL RACING

1-0, min. 73: Dani Gómez

2-0, min. 87: Sangalli, en propia puerta

Ficha técnica

Real Zaragoza: Andrada; Aguirregabiria, Insua, El Yamiq, Larios; Saidu (Mawuli, 82'), Keidi Bare; Francho (Tasende, 74’), Rober González (Toni Moya, 85’), Pinilla (Cuenca 74’); Dani Gómez (Kenan Kodro, 85’).

Racing: Ezkieta; Castro (Sangalli, 82’), Manu Hernando, Facu, Mario García; Damián (Diego Fuentes, 74’), Iñigo (Maguette, 46’), Aldasoro (Sergio Martínez, 46’); Andrés Martín, Íñigo Vicente; Santi Franco (Villalibre, 63’).

Goles: 1-0, min. 73: Dani Gómez. 2-0, min. 87: Sangalli, en propia puerta.

Árbitro: Jon Ander González Esteban(Comité Vasco). Mostró amarillas a Javi Castro (20’), Keidi Bare (20’), Íñigo Vicente (43’), Santi Franco (44’), Insua (83’), Aguirregabiria (91').

 

Real Zaragoza 2-0 Real Racing

38.7 % Posesión 61.3 %
7 remates dentro 2
4 disparos bloqueados 2
3 remates fuera 3
7 disparos recibidos 15
3 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 0
12 faltas recibidas 14
14 faltas cometidas 13
135 perdidas de posesión 145
55 recuperaciones de posesión 47
2 fueras de juego 6
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 Un puñetazo sobre la mesa: el Real Zaragoza tumba al Racing

Sobresaliente partido del equipo aragonés, superior al líder, al que castigó en la segunda mitad con goles de Dani Gómez y Sangalli en propia puerta. El Zaragoza gana un puesto y ya divisa la salvación a tres puntos.

Hay equipo, hay fútbol, hay estadio y hay vida. El Real Zaragoza le cantó a la vida una melodía preciosa y esperanzadora porque, señoras y señores, puede salvarse. De equipo en descenso queda la clasificación, que es lo que manda, pero todo lo demás es otra cosa. El Zaragoza tumbó al líder, un rival que había marcado 62 goles ni anotó ni dejó señales claras de poder hacerlo. Un Racing maniatado y congestionado por un plan de partido impecable del Zaragoza. Primero, se quitó el dominio de encima. Después, colapsó al rival. Y luego lo ahorcó. Fueron tres partidos en uno que el Zaragoza jugó como debía. No fue, en todo caso, un paseo de rosas. El partido hubo que madurarlo antes de ganarlo. Pero el Zaragoza se ha fortificado por completo: las victorias son el mejor psicólogo, el mejor preparador físico y el mejor entrenador. Todo fluye y todo esto explica una dinámica de 9 puntos de 12 en un tramo criminal, con tres rivales de ascenso directo. Esta musculatura competitiva pone en muy buen plano a David Navarro. A tres puntos queda ahora la salvación. Casi se toca con las manos.

El partido lo fue volcando a su terreno con mucha confianza y carácter el Zaragoza, con un fútbol estoico,  explosivo y vertical. Supo cómo dañar a un Racing mutilado por las bajas, pero que danzó en los primeros minutos. Ya en la segunda parte, Dani Gómez abrió el camino que completó Sangalli en propia puerta: dos goles para confirmar el crecimiento colectivo del Zaragoza, sus variables tácticas y estratégicas, y, sobre todo, para marcar un punto de inflexión.

Ante las fortalezas y condiciones del adversario, David Navarro reformó la arquitectura del equipo, aparcando el 4-4-2 de sus primeros partidos y, guiado también por la meritoria segunda parte de Riazor, fortaleciendo las zonas interiores con un 4-2-3-1 en el que Saidu y Keidi Bare ejercieron de perros guardianes en el doble pivote. El Yamiq regresó como centinela defensivo en un esquema en el que Francho cayó al extremo derecho para que su velocidad abriera puertas en ese sector. Rober González fue el nódulo central, una pieza clave para que el Zaragoza hilara el juego cuando el Racing perdía la pelota. El líder llegó con nueve bajas. Es un equipo en el que la ausencia de músicos se nota, pero cuyo secreto está en la partitura, más aún si sus dos mejores violines sí están sobre el escenario: Íñigo Vicente y Andrés Martín, su extremos que no lo son, porque son versos libres y poéticos.

Esos dos jugadores comenzaron a dictar las leyes del partido, en un arranque en el que al Zaragoza le costó reconocer los mecanismos y patrones en el juego corto del Racing. En cuanto lo hizo, dejó de perseguir sombras y a controlar los acontecimientos. La tarde, antes de entrar en el desarrollo de la trama, estuvo muy condicionada por el cierzo que sopló desde el costado oeste del estadio. Las operaciones, especialmente la aéreas, fueron muy complejas: los despejes, los cambios de orientación, los pases largos…

Decíamos que el Racing salió gobernando, fiel a su particular idioma de jugar: concentrando gente en las zonas de balón, vaciando las bandas, jugando en escalera, tejiendo maniobras diagonales, agrupándose por dentro… Tocaban con exquisitez creativa, con excelencia técnica, con toques dúctiles, veloces, intencionados… Un juego repleto de química, de memoria colectiva. Pero es un equipo que arriesga, que despeja zonas, que se expone, con su línea defensiva instalada en el centro del campo y sus laterales tan agresivos. O roba rápido gracias a que acumula mucha gente en la zona de la pérdida, o sufre. Y el Zaragoza comenzó a ejecutar así su plan, atacando profundo, explotando los espacios grandes gracias a la persistente intimidación de Dani Gómez, la endiablada rapidez de Francho y el cerebro gestor de Rober.

El Zaragoza comenzó a dar sensación, dentro de la complejidad general del duelo, de amenaza. El robo se convirtió así en la base de su juego, orientándolo hacia el lado débil del Racing, sobre todo, a la franja derecha, a la teórica espalda de Íñigo Vicente. También saliendo rápido al galope con el objetivo de aprovechar los instantes de desorden rival.

El líder había avisado con tiros lejanos de Mario y Castro y con Andrés disparando al lateral de la red, cuando el Zaragoza comenzó a ganar terreno. Manu Hernando casi se la mete en propia puerta, obligando a Ezkieta a una buena parada. Más clara la tuvo Francho, a pase raseado de Rober, pero su tiro fue centrado, lo sacó el portero cuando ya entraba. Una mala salida de Andrada permitió a Castro tener una ocasión clara que tiró muy arriba.

Mientras tanto, el Zaragoza cada vez conseguía contener mejor al Racing, apenas le permitió progresar -la base de su fútbol- y rematar en el área , y hurgaba sus fisuras en los costado, con un Dani Gómez al que le faltaba temple para matar. Le taparon un disparo que había cogido trayectoria de gol, y Francho también lo tuvo a las puertas del descanso. El Zaragoza había jugado un partido muy inteligente y completo hasta aquí, con madurez, concentración y claridad de plan. Solo le faltó decidir y precisar un poco mejor en las zonas de peligro. Pero el partido lo tuvo todo lo controlado que un adversario de esta calidad permite.

El Zaragoza había neutralizado al Racing y José Alberto López intervino en su sala de máquinas, relevando a Íñigo y Aldasoro, por Maguette y el joven Sergio Martínez. El duelo varió poco, igualado aún en fuerzas, abierto. Una buena acción colectiva comandada por Pinilla lo completó Rober, cuya comba con la izquierda cogió demasiado ángulo. Rober representaba la ventana del Zaragoza hacia todas las oportunidades. Dominó el arte de enlazar y encauzar los ataques, pero también se dejó la piel en labores más oscuras. Al Zaragoza, en este sentido, se le comenzaron a apreciar signos prometedores de sociedad y compenetración entre jugadores como Rober, Pinilla o Dani Gómez.

Poco a poco, el duelo se fue emboscando. Se adentraba en el terreno en el que la grada juega y en el que los errores menos convenientes son. Había que jugar con templanza, clarividencia y cautela. El Racing no inquietaba, su caudal productivo estaba embalsado por la presa defensiva del Zaragoza y su compacto bloque medio. Pero metió a Villalibre para hacerlo. David Navarro aguardaba para mover piezas. Su equipo estaba bien dentro de los niveles lógicos de fatiga a esas alturas del choque, a veinte minutos para el final.

Tuvo la mencionada templanza y la serenidad Navarro del mismo modo que, en el momento justo, la tuvo Francho. Pinilla había roto los guantes de Ezkieta, pero el rechace lo cogió el capitán. Levantó la cabeza, bajó pulsaciones, y le entregó el gol a Dani Gómez, de nuevo, artillero. La explosión de alegría fue mayúscula. El Zaragoza había ido poco a poco desarticulando al líder y el gol ponía en valor ese trabajo y ese esfuerzo.

David Navarro movió en el tablero, con el doble lateral Larios-Tasende, y con Cuenca refrescando a Francho, con la rodilla castigada. El Racing apretó, pero el Zaragoza comenzó a jugar con las manecillas del reloj. Mawuli entró por Saidu sin que el equipo perdiera tonelaje muscular. Han crecido las alternativas en muchas zonas del campo y eso ensancha el equipo.

Una de las claves fue esa: el Racing empeoró a cada minuto que pasaba. El Zaragoza, al contrario. Su fondo de armario se apreció para dominar esa fase caliente en la que e conjunto aragonés remató al líder: mezcló juego en la banda derecha, la pelota la cogió Keidi Bare, pasó al corazón del área, donde tanto duelen esos balones botados, y Sangalli, de la inercia, se la metió en su puerta. Parecía de Tasende, pero puso rápidamente cara de que a él no le abrazara nadie. Al igual que contra el Almería, el Zaragoza se impuso en ese tramo final decisivo. Tiene también su explicación: su grada ha entrado en las alineaciones, es uno más, y el zaragocismo sabe cómo jugar esos raticos.

Entre unas cosas y otras, el partido languideció, pero el colegiado González Esteban decretó diez minutos más. Casi podía haber ordenado un duelo de vuelta. El segundo entrenador, Néstor Pérez, se fue expulsado por protestarlo. En ese tiempo, Toni Moya, que había entrado por un aclamado e imperial Rober González, probó fortuna con un tiro colocado. Había entrado también Kenan Kodro, importante en la estrategia defensiva. También él tuvo un cabezazo en ese periodo en el que el Racing apenas generó preocupaciones, en parte, porque El Yamiq fundó su califato en defensa. En diez minutos, contra todo un Racing, ni se padeció. Algo ha cambiado. Algo nos ha vuelto a remover por dentro: se llama esperanza.

 

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