sábado, 9 de mayo de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº39 (9.5.2026)

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº39 (9.5.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3739

 REAL VALLADOLID 2-0 REAL ZARAGOZA

1-0, min. 3: Latasa

2-0, min. 86: Ángel Carvajal

Ficha técnica

Valladolid: Aceves; Iván Alejo, Pablo Tomeo, David Torres, Clerc; Juric, Ponceau (Marcos André, 71'), Lachuer (Maroto, 62’); Peter Federico (Sanseviero, 62’), Latasa (Carvajal, 85') y Biuk (Amath, 85').

Real Zaragoza: Adrián Rodríguez; Juan Sebastián, Insua (Pomares, 77), El Yamiq (Alex Gomes, 46’), Larios; Toni Moya, Keidi Bare; Francho (Kodro, 64’), Rober González, Cuenca (Pinilla, 56’); y Dani Gómez (Soberón, 77’).

Goles: 1-0, min. 3: Latasa. 2-0, min. 86: Ángel Carvajal.

Árbitro: Fuentes Molina (Comité Valencian). Mostró amarillas a Insua (14’), Biuk (24’), Torres (40’), El Yamiq (45+), Ponceau (57’), Lachuer (58’), Maroto (67'), Pomares (80') Larios (90’). Expulsó a Soberón con roja directa (81’).

 Real Valladolid 2-0 Real Zaragoza

43.9 % Posesión 56.1 %
3 remates dentro 5
0 disparos bloqueados 0
3 remates fuera 3
 disparos recibidos
5 tarjetas amarillas 4
0 tarjetas rojas 1
18 faltas recibidas 22
22 faltas cometidas 18
99 perdidas de posesión 124
46 recuperaciones de posesión 38
4 fueras de juego 1
xxxxxx

El Real Zaragoza es un alma en pena y cae contra el Valladolid (2-0)

Contra un rival de juego mínimo, el equipo aragonés da un paso casi decisivo hacia el descenso con una nueva derrota, plena de impotencia y desatinos, reflejo de un equipo condenado que puede bajar el próximo domingo.

El Real Zaragoza comenzó a rellenar su certificado de defunción en Valladolid con su mismo puño y letra, porque, aunque aún vive, y por eso sigue cometiendo errores injustificables, es un equipo muerto. La derrota en Pucela le deja ya maquillado para el ataúd, con el reloj de la boda en la muñeca y la foto de los nietos en el bolsillo, por mucho que el Cádiz y las matemáticas alimenten opciones. Pero llegará un día en el que ya será imposible estirar y retorcer la aritmética más allá de lo que tu propio fútbol te permite. Cayó el Zaragoza contra un Valladolid de mínimos, en un partido de nivel pobre de los dos equipos, muy espeso, insípido e igualado a la baja. La derrota fue un buen resumen de la temporada: fallos defensivos evitables, una nefasta protección del balón parado, incapacidad de marcar un gol e imponerse en área contraria… Al Zaragoza no le dio ni le da cuando juega mal, ni tampoco cuando juega algo mejor, como en la segunda mitad. Hace días que es un quiero y no puedo. Si las matemáticas a las que está agarrado desde hace meses se ponen crueles, con el Cádiz a cuatro puntos a falta de nueve por jugarse, el Zaragoza puede consumar su descenso la próxima semana en su estadio contra el Sporting.

David Navarro afrontó la última plaga de bajas con la novedad principal de un doble pivote refundado en los nombres de Keidi Bare y Toni Moya, una elección apoyada en la idea de mejorar las posesiones, darle poso y continuidad al juego, y, de paso, un pie especializado en el balón parado. Juan Sebastián y Cuenca, uno en el lateral derecho y el otro en el extremo izquierdo completaron los cambios principales en el regreso del 4-2-3-1. En el Valladolid, Fran Escribá perdió por lesión de última hora al clarividente Chuky, ausencia que el técnico aprovechó para encofrar su centro del campo con tres mediocampistas puros, sólidos y físicos, como Juric, Lachuer (segundo punta en la presión) y Ponceau, el motor del juego.

Ese triángulo devoró al Zaragoza desde el principio, fase del partido en la que el equipo de David Navarro volvió a dispararse al pie. Un despeje inaceptable de Insua regaló un saque de esquina, acción en la que es ya conocida hasta en los lugares más recónditos del planeta la incapacidad aragonesa para defenderlas. Lo sabía Escribá, cuya alineación estaba afilada de centímetros para la ocasión, en un Valladolid, además, fuerte en estas jugadas que llevan sembrando el pánico en el Zaragoza desde hace meses. Si no se sabe defender los córners, lo mejor es no regalarlos. Y de ahí nació el gol cuando apenas nacía el partido: Latasa, una grúa de ‘Megaconstrucciones’, le pegó un cabezazo portentoso al balón para adelantar a los pucelanos.

El gol fue un mazazo para este Zaragoza muerto en vida, caminando a paso de zombie durante buena parte de la primera mitad. Cada control, cada toque, cada pase, cada despeje eran una pesadilla. El Zaragoza temblaba como un flan, obtuso, bloqueado, frente a un rival acomodado en la ventaja pero con fisuras que no se sabían interpretar, sobre todo, en el flanco derecho. El juego posicional fue un naufragio.

La solución era balones a Rober, convertido por sí mismo, en un sistema de juego, cargándose el fútbol de su equipo en su espalda. Pero no es Michael Jordan. Demasiado poco apoyado, no terminaba de producir nada, mientras el partido se adentraba en un páramo desértico, pobre e inhóspito. Un duelo de bajo calibre, entre dos equipos con más problemas que virtudes.

Una falta a la que no llegó Keidi Bare fue la primera aproximación del Zaragoza, un equipo incapaz de conectar tres secuencias, de abrirse camino en el campo, de generar ventajas, superioridades, amenazas… El Valladolid solo tenía dos cosas que hacer: no perder el orden y atacarle la profundidad a su rival con juego directo a sus extremos o al imán que supone tener un delantero como Latasa, castigo insoportable para unos desbordados Insua y El Yamiq.

El Zaragoza no fluía y se perdía en cada duelo. El Valladolid era muy superior en lo físico: resistencia, velocidad, fuerza… Su centro del campo borraba cualquier trazo que pudieran dar los jugadores de David Navarro. Cada duelo, era un barco hundido en esa marea ácida en la que operaban los aragoneses, cuyo dominio plano, denso e improductivo no terminaba de ofrecer soluciones. Desde ese cuerpo a cuerpo, los pucelanos controlaban la situación. En ataque, la superioridad física de sus extremos, Peter Federico y Biuk, era su gran argumento.

Pasaban pocas cosas, más allá de alguna escaramuza local -un Valladolid de apreciable pobreza creativa también-. Dani Gómez se topó con Aceves en un tiro muy centrado. En esa recta final el acto inicial, el Zaragoza mejoró sensaciones, se pudo asentar más en campo rival, abrir el campo después de una tarde jugando en un embudo, y, al menos, ofrecer algo que llevarse a la boca. Dani Gómez no aprovechó un balón perdido en un envío de Toni Moya, justo antes de un descanso que le llegó al Zaragoza cuando menos mal estaba.

Al regreso al ruedo, el Zaragoza salió en la misma línea. Había tonificado su fútbol, no fortalecido, y eso le permitió encajonar cada vez más al Valladolid en su tercio defensivo. En el vestuario se había quedado El Yamiq, relevado por Álex Gomes. Por arriba, volvió a amenazar Juric, justo cuando el partido comenzó a inclinarse hacia la banda derecha del Zaragoza, territorio en el que las finuras de Rober González ofrecieron a su equipo una ventana de oportunidad. No era un dominio consistente pero sí geográfico, y el Zaragoza comenzó a generarse ventajas en esa zona. Insua la tuvo en un saque de esquina. Al campo salió Pinilla, mientras Toni Moya empezaba a carburar fútbol. Tuvo un tiro lejano que exigió a Aceves tras una cristalina jugada de Rober.

Escribá movió piezas con Maroto y Sanseviero. Y Navarro, aprovechando esa inercia ofensiva de su equipo, metió a Kenan Kodro por un Francho al que el físico apenas le permite competir. Y Francho sin físico no es Francho, es un corazón que no puede llenar de latidos a su equipo.

El Valladolid, empequeñecido, apenas sujetaba el balón. Aun con todo, Biuk probó a Adrián. El Zaragoza lo rozó poco después: Kenan Kodro chutó un pase al palo. Ese golpe a la madera dolió a todo el Zaragoza. El equipo aragonés sigue negado, ni marca cuando juega mal, ni marca cuando juega algo mejor.

Escribá metió a Marcos André, un punta, por Ponceau para cazar a un cada vez más abierto Zaragoza a la contra. Lo pudo hacer primero el delantero brasileño y luego Latasa, pero estuvo bien Adrián. Insua no pudo más, le sustituyó Pomares y, aprovechando la última ventana, Soberón entró por Dani Gómez.

El Zaragoza ya era completo dueño de los acontecimientos. Merecía el gol, pero los goles hace tiempo que este equipo no hay que merecerlos, hay que marcarlos. Pudieron hacerlo Kodro y Pinilla pero no se pusieron de acuerdo: fue un tira tú que yo no tiro. Luego, Soberón disparó a las manos de Aceves. El Zaragoza esta bien, sujetado atrás por Alejandro Gomez. Y así, Soberón, excedido de vueltas, pisó a Latasa y el árbitro le colgó una roja encima.

Fue una acción decisiva que le cortó el cable de la corriente al Zaragoza. Entraron Amath y Carvajal, máximo goleador del filial del Valladolid, debutante en el primer equipo. Apenas llevaba un minuto en el campo, y aprovechó un fallo de Gomes para ajusticiar al equipo de David Navarro, abatido, impotente, derrotado, condenado. No había manera: la afición del Zaragoza estalló contra todos, mientras Pucela entera les aplaudía su fe, su suerte y su destino. Un gesto de adiós.

 

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