viernes, 1 de mayo de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº38 (1.5.2026)

 

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº38 (1.5.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3738

 REAL ZARAGOZA 0-1 GRANADA

0-1, min. 98: Sola

Ficha Técnica

Real Zaragoza: Adrián Rodríguez; Aguirregabiria, Insua, El Yamiq, Larios; Saidu (Mawuli, 70), Francho (Pinilla, 86), Rober González, Moyano (Guti, 70); K. Kodro (Cuenca, 70) y Dani Gómez.

Granada CF: Astralaga; Lemos (Casadesús, 64), Diaby, Loic Williams, Diallo; Alcaraz, Trigueros (Izan González, 64), Alemañ (Sergio Ruiz, 89); Pablo Sáenz, Jorge Pascual y Arnáiz (Sola, 75).

Árbitro: Pérez Hernández (Comité Madrileño). Expulsó a Jorge Pascual (94), con roja directa. Amonestó a Trigueros (15), Aguirregabiria (31), Loic Williams (45+2), Alcaraz (57), Saidu (58), Lemos (61), Insua (84) y Sola (90).

Goles: 0-1, min. 98: Sola.

 Real Zaragoza 0-1 Granada

45.1 % Posesión 54.9 %
2 remates dentro 4
3 disparos bloqueados 3
2 remates fuera 4
11 disparos recibidos 7
3 tarjetas amarillas 5
0 tarjetas rojas 1
16 faltas recibidas 15
16 faltas cometidas 17
140 perdidas de posesión 112
38 recuperaciones de posesión 35
0 fueras de juego 2
xxxxxx


 
El Real Zaragoza firma su defunción ante el Granada por incapacidad manifiesta

Tras un partido impropio de tanto como había en juego, donde solo servía ganar para salir del descenso a Primera RFEF, el equipo aragonés encajó el tanto de la derrota en el minuto 98 y cayó abatido definitivamente.

Ni trenes que pasan seis veces sin que el Real Zaragoza se suba, ni esperas del Cádiz para que el Real Zaragoza lo alcance… No hay nada que hacer. El Real Zaragoza no puede seguir en Segunda División. Se cae del fútbol profesional porque es muy malo. Porque no tiene remedio al carecer de materia prima en todos los rincones de su SAD. La derrota ante el Granada, por lo que supone y por el formato de lo visto, es mortal de necesidad. Un disparo al corazón. Una cornada en la femoral.

La primera jugada del partido fue un engaño mayúsculo, esa fruta madura y dulce que se pone de cebo en la caja que esconde decenas de piezas pasadas de fecha y pansidas que, si un comprador no ve ni toca, acaba llevándose a casa bajo el trampantojo de la vista en el escaparate. Porque el tiro desde 20 metros de El Yamiq, un voleón potente al rechace de un centro al área del Granada cuando no se llevaban aún 40 segundo de juego y que echó a córner en un paradón Astralaga fue durante más de tres cuartos de hora de primer tiempo lo único potable de un Real Zaragoza flojo, nervioso, sin chispa. En ningún momento pareció estar jugándose la vida. Esa sensación que en el fútbol de siempre nunca faltó en los equipos que están al borde de un precipicio y mueren con todo.

No. El Real Zaragoza lleva ya varios partidos sin esa imagen de casta, de implicación mínima, que siempre se solicita en casos así. Seguro que David Navarro piensa lo mismo. Pero quizá no pueda hacer nada más de lo que se ve. El reactivo en el carácter de la gente, o se lleva en la sangre o no se lleva. Eso no se compra en grandes almacenes ni en tiendas de ultramarinos. Porque no se vende. Va en los cromosomas de cada ser humano. O no va. Eso que eufemísticamente se nombra como bemoles se echó a faltar un día más. Es lo que hay, desde agosto.

El 0-0 del descanso estuvo muy bien. Lamentablemente bien en una noche donde solo servía ganar desde los preámbulos. Porque la vida se está yendo por falta de cintura y margen de maniobra. Y estuvo fenomenal porque en el minuto 40 el Granada marcó lo que durante cinco minutos de revisión de VAR supuso en el marcador el 0-1. Fue una falta lateral, sacada por raso por Pablo Sáenz, que se paseó por toda el área zaragocista sin que nadie la restase, con hasta tres delanteros rojiblancos entrando al remate y Alcaraz, en el segundo palo, empujando a la red a puerta vacía. Increíble pasividad y falta de intuición de todo el sistema defensivo… algo gemelo a aquello del 2-2 letal del día del Ceuta en esa misma portería. Pero hubo fuera de juego posicional de Trigueros, que les costó ver a los de la cibernética, aunque era palmario. Se anuló ese tanto y eso evitó que la imagen final en el intermedio fuera patética.

Entre ese disparo citado de El Yamiq nada más empezar y el pitido de la mitad del duelo, el Real Zaragoza solo tiró con peligro otra vez más: en el aumento, en el 45+3, Dani Gómez falló uno de esos goles que no se deben fallar ni en Regional. Un cabezazo a placer en el área pequeña en una falta botada por Moyano que cruzó en demasía, fuera por un metro. Y, entremedias, hubo un larguísimo trecho de la más absoluta nada zaragocista. Ni una jugada ligada. Ni una. Todo improvisación y pérdidas constantes. Kodro, que fue titular junto a Gómez en punta, no se enteró de la fiesta. Moyano, novedad en vez de Cuenca en una banda, fue un cohete de toro de fuego, de esos que dan vueltas sin rumbo fijo y acaban apagándose al rato. En la media, Francho y Saidu compusieron un doble pivote ciego de balón e ideas. Rober no tuvo su día, alborotado. Los laterales, Aguirregabiria y Larios, nulos en misiones creativas u ofensivas. O sea, un equipo desvanecido y, lo peor, sin rasmia.

 De esa quietud zaragocista, el Granada pudo aprovecharse hasta en tres ocasiones, más allá de la que fue gol y se anuló ya citada. En el minuto 14, Trigueros voleó desde la frontal, solo, y Adrián Rodríguez, que volvía a la fuerza por la expulsión de Andrada, sacó una mano salvadora arriba cuando iba dentro. En el 27, Diaby cabeceó un córner (siempre igual, qué pecado defensivo siempre), alto por fortuna. Y en el 34, Arnáiz entró en el área, disparó de rosca y el balón se le fue un metro fuera por el palo lejano. Un equipo, el granadino, sin apenas iniciativas, muy pasota y a verlas venir desde el mismo inicio de todo. Pero que, aun así, fue capaz de ser mejor en ataque que el necesitado Real Zaragoza. Fue todo bastante decepcionante.

No se puede contar nada más de los blanquiazules. No se escamotea ni un átomo de información si se deja así lo ocurrido en la primera mitad. La presumible actitud de ir a muerte por parte de los zaragocistas no asomó por casi ningún lado. Predominó la imprecisión y la parsimonia. Esto no es lo que habitualmente se entendió siempre como acosar, rascar, comerse la hierba… Tal vez en el neofútbol alguien salga a explicarnos que sí, que los parámetros del GPS dicen que sí que hubo de esa materia, aunque no la viéramos a flote.

El segundo tiempo empezó con susto

En el refrigerio, David Navarro y Pacheta, los entrenadores, no hicieron cambios. O confiaban en reparar los muchos defectos o las piezas de recambio no eran para echar cohetes. El segundo tiempo empezó con otro susto mayúsculo para el Real Zaragoza. Otro córner pésimamente defendido, botado por Pablo Sáenz muy cerrado, se lo comió Adrián Rodríguez y, por fortuna, ninguno de los dos granadinistas que había en el segundo palo lograron conectar a gol la pelota muerta. Era el minuto 49. Fue un aviso ya muy claro de que, o espabilaba el cuadro zaragozano o iba a salir triturado de este partido.

El público se calentó, con el equipo, cuando el árbitro madrileño Pérez Hernández le perdonó la segunda amarilla y, por ello, la roja, a Loic Williams en el minuto 53 por un agarrón continuado a Rober González. Un criterio inentendible. Fue flagrante. En otros campos, es roja de libro. En Zaragoza, solo falta. A partir de ahí, al menos, subieron los decibelios en el ambiente. No así el nivel del fútbol. El primero que movió fichas, dos, fue Pacheta en el Granada, poniendo en juego a Izan González y Casadesús a falta de 25 minutos. Navarro esperó algo más y metió un triple cambio: Guti, Mawuli y Cuenca al campo en vez de Moyano, Saidu y Kodro en el minuto 70. Una mutación muy visible en busca de ese arreón final, a la desesperada, en día obtusos o llenos de imperfecciones. Y este lo era una vez más.

Faltaban 20 minutos para el final y el Real Zaragoza no había hecho una sola oportunidad de gol, ni un disparo a portería. Terrible. Inaceptable en un día tan culminante. El primer efecto de la medicina aplicada por Navarro fue una incursión de Cuenca por la izquierda que acabó en el área con un chut raso a las manos de Astralaga. Era el 72 y eso levantó el ánimo de la grada. Hacía falta apretar mucho más. El reloj iba a toda velocidad. Y, como en toda la noche, la sensación de insuficiencia del equipo zaragocista era tenebrosa, daba miedo. Dolía, más bien. Daba pena. Si surgía el gol de la victoria, ese 1-0 que en el fondo de cada cerebro zaragocista se soñaba en esta recta final del partido, iba a ser en algún arrebato esporádico, en algún milagro silvestre.

Pudo llegar en el minuto 83, cuando Francho, solo en el área tras un pase de Dani Gómez, se lo pensó demasiado y, cuando tiró a puerta, ya estaba Diaby delante para taponarle el presunto gol. Mal resuelto un balón que en otro ámbito hubiese ido dentro. Tiemblan las piernas. El miedo atenaza los músculos… y el cerebro. Fue lo último que hizo antes de ser suplido por Pinilla. La última bala. En la recta final del duelo, con el equipo atrancado, costó al Real Zaragoza hasta meter balones al área del Granada, lo más básico, lo elemental. No se vivió nunca un ambiente ni un fútbol de presión máxima, de pelea con sangre hasta la úlima gota. Se vio a un equipo muy entregado, asumiendo su inferioridad, como en el boxeo cuando en el rincón tiran la toalla.

En el minuto 95, recién expulsado por piar el delantero granadinista Jorge Pascual, el Zaragoza metió una pelota en profundidad, le cayó a Pinilla que regateó al portero, se escoró en el área y, de nuevo con tembleque, remató al lateral de la red, fuera. Ahí pudo estar el famoso clic que nadie tiene ni encuentra hace mes y medio en el Real Zaragoza. El mismo mal de timidez e incapacidad que sufrieron los zaragocistas con una falta a favor en la medular en el minuto 98 que… ¡nadie volcó al área del Granada! Ni Guti, ni Mawuli, ni Pinilla. Un mal pase a Dani Gómez lo cortó la zaga visitante y montó una contra de tres para uno, el portero Adrián, vendido. Sáenz le regaló el 0-1 a puerta vacía a Sola. Y ahí acabó todo.

Una forma definitoria de morir. Una metáfora de este disparate que es el Real Zaragoza especialmente en los últimos cuatro años de esta propiedad. Seis partidos seguidos sin ganar cuando la liga ha puesto en bandeja la salvación al peor Zaragoza de la historia. Increíble. Inolvidable. Trágico. Letal. Nada que no esté escrito aquí desde agosto, con la evolución progresiva de las cosas.

El Zaragoza es carne de Primera Federación

Un gol dramático de Álex Sola en el minuto 98′ sella la salvación del Granada y deja sentenciado a un impotente equipo aragonés.

El Real Zaragoza es carne de Primera Federación. El equipo aragonés desaprovechó una nueva oportunidad de engancharse a la vida y dormir, al menos una noche, fuera del descenso y en la última acción de un largo descuento encajó un gol dramático que le deja ya sentenciado. Lo cierto es que prácticamente todo el partido fue un ejercicio de nervios y de impotencia del Zaragoza frente a un Granada que vino casi de vacaciones, dio mil facilidades y deja con esta victoria abrochada su permanencia en Segunda.

Adrián Rodríguez, sustituto del castigado Andrada, Sebas Moyano y Kenan Kodro fueron las tres novedades en el once de David Navarro, que aparcó el rombo y recuperó la doble punta, mientras Pacheta introdujo hasta cinco cambios en su alineación: Astralaga, Diaby, Trigueros, Pablo Sáenz y Jorge Pascual relevaron a Luca Zidane, recién operado, Hormigo, Oscar Naasei, Sergio Ruiz y Petit.

El Zaragoza entró bien al partido, con un rapidísimo obús de El Yamiq desde fuera del área y tres saques de esquina en los diez primeros minutos, pero el Granada no tardó en despertar y Adrián tuvo que atajar a una mano un gran disparo de Manu Trigueros. El partido entró entonces en una larga fase de equilibrio, sin ocasiones en ambas porterías, pero con la sensación permanente de inseguridad y de dudas defensivas en los dos equipos, hasta que, a tres minutos del descanso y tras revisión en el monitor del VAR, el árbitro le acabó anulando un gol a Rubén Alcaraz por fuera de juego previo de dos jugadores del Granada. Y como en el fútbol todo es imprevisible, casi acto seguido el Zaragoza pudo adelantarse en el marcador con un cabezazo picado de Dani Gómez en una falta templada de Sebas Moyano, demasiado poco para lo que estaba en juego para el conjunto aragonés, al que el gas inicial se le acabó enseguida.

La polémica no tardó en aparecer en la segunda parte, cuando en el minuto 51 Pérez Hernández, con el que no conoce la victoria el Zaragoza, le perdonó la segunda tarjeta amarilla a Loïc Williams por una falta sobre Rober, que se marchaba contra el portal de un nervioso Astralaga. Esa acción le metió más nervios y tensión al encuentro y desconectó al Zaragoza frente a un Granada que no dejó de crear peligro a balón parado.

A veinte minutos del final y con el reloj corriendo ya a toda velocidad, David Navarro metió un triple cambio y modificó el dibujo, pasando a un 4-2-3-1. Entraron Mawuli, Raúl Guti y Cuenca y se fueron a la ducha Saidu, Sebas Moyano y Kenan Kodro en un intento desesperado por inclinar el duelo. Con más corazón que cabeza, el Zaragoza se jugó el todo por el todo en el tramo final, pero ni Francho ni Pinilla acertaron con todo a su favor. Todo lo contrario que Álex Sola, que culminó en el 97′ un contragolpe definitivo del Granada, que llevaba tres minutos con un jugador menos por expulsión de Jorge Pascual.

 

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