LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº40 (17.5.2026)
PARTIDO OFICIAL Nº 3740
REAL ZARAGOZA 1-3 REAL SPORTING
1-0, min. 22: Saidu.
1-1, min.29: Perrin.
1-2, min. 40: Corredera, de penalti.
1-3, min. 94: Amadou
Ficha técnica
Real Zaragoza: Adrián Rodríguez; Juan Sebastián (Gomes, 73), El Yamiq, Radovanovic (Kodro, 46), Tasende (Larios, 73); Saidu, Keidi Bare, Moya; Cuenca (Moyano, 46), Pinilla (Tobajas, 77); y Dani Gómez.
Sporting de Gijón: Yáñez; Rosas (Kevin Vázquez, 53), Cuenca, Pablo Vázquez, Perrin, Pablo García (Diego Sánchez, 85); Justin Smith (Bernal, 69), Corredera, Manu Rodríguez; Gelabert (Amadou, 69) y Gaspar Campos.
Árbitro: González Esteban (Comité Vasco). Amonestó a Adrián Rodríguez (38), Yáñez (64) y Bernal (79).
Goles: 1-0, min: 22: Saidu. 1-1, min. 29: Perrin. 1-2, min. 40: Corredera, de penalti. 1-3, min. 94: Amadou.
Real Zaragoza 1-3 Real Sporting
55.6 % Posesión 44.4 %
2 remates dentro 7
6 disparos bloqueados 0
8 remates fuera 3
10 disparos recibidos 16
1 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 0
18 faltas recibidas 8
10 faltas cometidas 19
129 perdidas de posesión 114
42 recuperaciones de posesión 52
0 fueras de juego 2
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El Real Zaragoza se inmola con otra vergonzosa derrota en casa con el Sporting de Gijón (1-3)
En el enésimo espectáculo indigno de los aragoneses en esta terrible temporada que los lleva a Primera RFEF, el equipo desperdició el gol inicial de Saidu y fue remontado por un rival que vino de vacaciones y sin ningún aliciente.
En una nueva dosis de incapacidad y falta de nivel de sus futbolistas, el Real Zaragoza dijo prácticamente adiós a la Segunda División este domingo tras caer en casa ante el Sporting de Gijón por 1-3 en un partido insoportable, indigno que resume la trágica temporada que va a hundir al viejo club aragonés en la tercera categoría.
El nivel de vergüenza que provoca en el fútbol del Real Zaragoza hace días que sobrepasó lo que cualquier aficionado medio puede aguantar. Este partido de la antepenúltima jornada de liga, la 40, un día más con las últimas opciones de salvación en juego, resultó de nuevo intolerable como elemento de análisis frío y sintético. Así no se disputa una final, así no se afronta un duelo a vida o muerte. Y, así, se mancha la historia de un legendario club del fútbol español y europeo.
Tras 25 minutos de ciertas intenciones, favorecidas porque el Sporting de Gijón (como semanas antes el Granada o el Ceuta) vino a Zaragoza de campo y playa, sin alicientes ni riesgos, ya de vacaciones mentales, sin delanteros sobre el césped, el equipo que dirige David Navarro perpetró otros 25, los del final del primer tiempo, dignos de un grupo de Regional, sin alma ni calidad en los toques, movimientos y conceptos básicos del fútbol profesional. Una tragedia que, por más que es repetida desde hace largo tiempo, no deja de doler a los ojos y al corazón del zaragocismo.
Porque, como hace mes y pico ante el Mirandés, el Real Zaragoza aprovechó ese flujo del principio del partido, donde todo está virgen y los futbolistas empiezan a romper a sudar y a pensar, para adelantarse en el marcador. Antes del 1-0, ya habían tenido oportunidades más o menos claras un desorientado Cuenca, en el minuto 5, el espeso Moya en el 8, el verde Pinilla en el 10 y el aturullado El Yamiq en el 21. Todo ello sin que el relajado Sporting diera señales de vida por el área de Adrián Rodríguez. O sea, en un partido de calidad infumable, no apto para el consumo humano, no potable para ser ingerido por cualquiera que ame y estime mínimamente el viejo balompié de siempre, resulta que los zaragocistas estaban haciendo algo más que un pésimo adversario.
Cuenca disparó mal dentro del área. Moya intentó una vaselina desde 40 metros tras un fallo en la salida del portero Yáñez pero se le marchó muy alta. Pinilla, solo en el área pequeña, acabó con el balón muy alto por precipitación. Y el cabezazo de El Yamiq a centro de Moya lo sacó Yáñez en una palomita de mérito. Estas opciones ofensivas tomaron valor cuando llegó, en el minuto 22, el tanto que adelantó al Real Zaragoza, un chut con la zurda de un alborotado Saidu que entró cruzado ante la pasividad del guardameta gijonés, ahí un amigo.
Pero a este equipo zaragocista las neuronas no le deben de dar para más. Se apagó repentinamente. Como el día del Mirandés, patrocinó él solo, por sus barbaridades tácticas y técnicas en serie, el volteo del marcador desde ahí hasta el intermedio. Empezó una espiral de pifias mayúsculas que acabaron con el 1-2 en el tanteador. Justin Smith avisó en el minuto 28, en un mano a mano a espaldas de los centrales (Radovanovic y El Yamiq, horrorosos) que salvó bien en su salida Adrián. Pero en el 29, a la salida de ese córner (otra vez un saque de esquina), el central Perrin cabeceó a quemarropa un balón vuelto por Pablo García en el segundo palo. No defiende nadie. La zaga es una verbena, de fútbol laboral .
En el colapso mental que experimentó el Real Zaragoza en lo sucesivo, llegó enseguida el 1-2. Fue otro mano a mano, de Corredera, en otro agujero letal por el eje de la defensa local. Esta vez, Adrián llegó tarde y derribó con el pie al rojiblanco. El VAR tardó cuatro minutos en decidir con González Esteban que era pena máxima y amarilla para el portero, pues de entrada no se había considerado así y el linier indicó un fuera de juego que no era tal. El penalti lo tiró el propio Corredera, dos veces. En la primera, minuto 39, se lo rechazó Adrián, pero adelantándose sin pisar la raya, como dice el reglamento. Hubo que repetir y, en el 40, sí que engañó bien al cancerbero zaragocista. El chandrío estaba ya hecho una noche más.
El ambiente del Ibercaja Estadio, frío, lleno de desazón, con protestas repetidas pero sin demasiados decibelios, con más silencios y actitudes calladas que arrebatos de ira manifiestos entre la derrengada afición zaragocista, denotó en ese ínterin que llevó hasta la segunda mitad que la suerte está echada desde hace larguísimo tiempo. Lo de creer en la salvación ha sido más una pose que una convicción. Con este equipo es imposible tener una advocación. Es nulo en valores. De todo tipo, además.
David Navarro hizo dos cambios en la reanudación. Quitó a Radovanovic, que ya había amagado con una lesión a la media hora (la mil doscientas treinta y dos de la temporada en su cuerpo, entiéndase la ironía) y a Cuenca y metió a Kodro y Moyano, retrasando como central a Saidu. Este tipo de movimientos hace días que perdieron valor de divisa porque, realmente, suelen dar igual. Tanto monta, monta tanto… Y el balón echó a rodar a ver si de semejante galimatías futbolístico que es el Real Zaragoza surgía alguna casualidad. Porque, por méritos y aptitud, es imposible la mayor parte del tiempo que asome algo de enjundia. Este es un equipo muerto al que el destino de la liga guarda embalsamado hasta que el Cádiz quiera.
Empezó dominando la pelota el Real Zaragoza, como al inicio. Pero sin llegada. Sin combinaciones con ideas válidas, sin chispa en ninguna de sus piezas, sin encares, sin unos contra uno, sin desmarques a los espacios, sin pases que rompan líneas… Todo es mover el balón al tuntún, de patio de recreo, de reunión de solteros contra casados. Baja estofa. Impropio del fútbol profesional. Bare y Moya parecen dos retirados. El Yamiq cuenta los días para irse y para que empiece el Mundial con Marruecos. Los jóvenes, andan todos con el estigma de su insuficiencia permanente para dar la talla. Entre pitos de la grada, que se negaba a tragarse tanto aceite de ricino, Gelabert rozó el 1-3 en el minuto 58, tras quebrar a un frágil Tasende en el área chica y rematar alto rozando la escuadra izquierda.
Dani Gómez tocó ocho balones en tierra de nadie y protestó ocho veces al perderla. Le tienen tomada la matrícula los árbitros. Y también sus muchos puntos flacos todos los rivales. Así no sirve. Kodro empezó a bajar a tres cuartos para sujetar balones. Tasende se empeñó en centrar pelotas que siempre sacaban los centrales astures o se iban al limbo. Juan Sebastián no tenía una sola iniciativa válida. Se llegó al minuto 20 de la segunda parte sin nada que anotar en el apartado de acciones de gol del Real Zaragoza. Esto, perdiendo en casa en un día clave (el enésimo), es pecado mortal, claro está.
Si los córneres en contra son siempre mortales para este patético Real Zaragoza, ya puede tirar 20 a favor que es incapaz de hacer cosquillas a ningún contrincante. Este partido fue una nueva muestra de la candidez de esta plantilla en el balón parado y la estrategia. A falta de un cuarto de hora, una faltita lanzada por Tasende que detuvo sin moverse Yáñez en el 66 era el único bagaje atacante del cadavérico Real Zaragoza. Tocaba y tocaba en medio campo, también atrás con Adrián sin saber nadie que hacer con ese elemento tan extraño para ellos como es el balón, pero no pisaba jamás el área gijonesa.
Y el Sporting, pasota por definición, viendo que iba a ganar simplemente dejándose llevar como un surfista, sin mover un músculo, cada vez que salía de atrás con algún ansia, creaba una gran ocasión de gol. La tuvo para el 1-3 el recién salido Amadou, delantero tanque africano que cabeceó solo como la una en el área pequeña un centro de Gaspar y Adrián salvó en un paradón bajo palos, con redundancia, pues el mismo ariete acabó la jugada con un segundo remate sin éxito. David Navarro, inerme, había movido el árbol con Gomes y Larios saliendo del banquillo a los laterales (que perdiendo una final el técnico haga estos movimientos denuncia la descomposición de la plantilla y la falta de herramientas útiles que tiene) y más tarde dándole la alternativa a otro canterano, el mediocampista Tobajas. Nada sustancial. Esto es lo que hay. Se te ha roto el motor y has pinchado tres ruedas pero solo puedes cambiar los embellecedores de las puertas. Desolador. Denunciable. Históricamente intolerable.
La recaída muscular de El Yamiq en el minuto 86, con los cinco cambios hechos, fue la guinda a este pastel de miserias que es el Real Zaragoza de los últimos años. El partido acabó sin una sola opción de empatarlo jamás. Con Gaspar Campos perdonando a bocajarro otro gol y con el 1-3 lacerante de Amadou, corriendo a puerta vacía desde campo propio tras una falta botada por Moya sobre el único de la barrera rojiblanca cuando el portero Adrián había subido al remate. Impotencia superlativa. Repelente todo.
El Sporting cierra el ataúd del Zaragoza
El equipo aragonés desaprovechó su última oportunidad de engancharse a la vida y ya está virtualmente en Primera Federación.
El Real Zaragoza ya está virtualmente en Primera Federación. Envuelto en la fatalidad e incapaz de ganarle a nadie, desaprovechó su última oportunidad de engancharse a la vida y el Sporting le cerró la tapa de su ataúd. El descenso todavía no es efectivo, pero no tiene vuelta atrás y supone la culminación de la etapa más negra de la historia del club aragonés. Llevaba cuatro años jugando con fuego y al final se ha quemado y cae fuera del fútbol profesional. Lo nunca imaginado está a punto de suceder.
El Zaragoza empezó el partido en el fondo del fondo de la tabla y a cinco puntos del Cádiz, una situación absolutamente desesperada, pero salió a jugar encendido, como un cohete, y encerró al Sporting a base de nervio, empuje y rápidas combinaciones. Primero avisó Cuenca con un disparo cruzado, después El Yamiq con un cabezazo y a la tercera, Saidu enganchó un derechazo desde fuera del área que sorprendió a Yáñez. Corría el minuto 23 y el encuentro se le ponía de cara al equipo aragonés. Pero su alegría le duró muy poco. En el primer contragolpe asturiano Adrián Rodríguez tuvo que mandar a córner un mano a mano con Justin y en la acción siguiente llegó el empate. El Zaragoza, ya se sabe, es un completa ruina en la defensa de los saques de esquina y encajó el 1-1 al cabecear Perrin a bocajarro una pelota que había prolongado Pablo Vázquez.
Al Zaragoza se lo comieron entonces los nervios y, en otro error fatal de toda su organización defensiva, Adrián derribó dentro del área a Corredera y, aunque inicialmente el juez de línea levantó la bandera por fuera de juego de Gelabert, el árbitro acabó corrigiendo la decisión tras comprobar en el monitor que no había ‘orsay’. El portero detuvo el lanzamiento desde los once metros de Corredera, pero el colegiado ordenó su repetición al avisarle desde el VAR que Adrián no estaba pisando con ningún pie la línea de meta y Corredera ya no falló a la segunda. Conclusión: el Zaragoza pasó de ir ganando a perder con un córner absurdo y un penalti que había parado Adrián a la primera. La fatalidad completa.
David Navarro movió el banquillo en el descanso e introdujo un doble cambio: Sebas Moyano y Kenan Kodro por Cuenca y Radovanovic, éste con molestias musculares, pasando de un dibujo 4-1-4-1 a un 4-4-2, con Saidu ahora como central. Pero el intento de agitación resultó baldío, porque el Sporting, pese a estar también plagado de bajas, se defendió con orden y oficio y porque el Zaragoza fue siempre muy predecible. Ni tiene fútbol ni futbolistas. Con el reloj corriendo a toda velocidad, lo intentó a base de corazón y de centros laterales de Tasende, pero nada le salió. Y pudo ser peor, porque Adrián le negó dos cabezazos consecutivos de gol a Amadou, antes de que el delantero gijonés firmara en la prolongación el definitivo 1-3.
Debutó en los últimos minutos Jaime Tobajas, un juvenil con desparpajo, en la única nota de esperanza de otra noche negra para el Zaragoza y el zaragocismo.


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