domingo, 31 de mayo de 2026

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº42 (31.5.2026)

LIGA 2ªDiv. 2025/26 JORNADA Nº42 (31.5.2026)

PARTIDO OFICIAL Nº 3742

 REAL ZARAGOZA 0-2 MALAGA

0-1, min. 33: Chupete

0-2, min. 76: Chupete, de penalti

Ficha Técnica

Real Zaragoza: Adrián Rodríguez (Obón, 46); Juan Sebastián, Saidu, Radovanovic (Pomares, 38), Larios (Tasende, 55); Keidi Bare, Moya; Cuenca, Cumic (Pinilla, 55); Dani Gómez (Terrer, 67) y Kodro.

Málaga CF: Herrero; Puga (Ramón, 82), Murillo, Galilea, Rafita; Izan Merino (Rafa Rodríguez, 69), Lorenzo (Adrián Niño, (69); Larrubia (Víctor García, 82), Dotor, Joaquín (Ochoa, 60); y Chupete.

Árbitro: Palencia Caballero (Comité Vasco). Amonestó a Cuenca (54) y Rafita (65).

Goles: 0-1, min. 33: Chupete. 0-2, min. 76: Chupete, de penalti.

Incidencias: Tarde muy calurosa, con 34 grados al inicio del partido (las 18.30, en horario unificado, por ser ya la última jornada, decisiva para todos). El césped presentó buen estado. En las gradas hubo 9.022 espectadores, de ellos, alrededor de mil seguidores del Málaga. La más baja de la historia del Ibercaja Estadio .

 Real Zaragoza 0-2 Málaga

43.3 % Posesión 56.7 %
17  disparos recibidos 5
1 tarjetas amarillas 1
0 tarjetas rojas 0
13 faltas recibidas 11
11 faltas cometidas 13
125 perdidas de posesión 115
40 recuperaciones de posesión 47
0 fueras de juego 1
2 remates dentro 7
2 remates fuera 6
1 disparos efectuados bloqueados 4

El entierro del Real Zaragoza en la tercera categoría llegó con otro vergonzoso partido

El Málaga ganó 0-2 en el Ibercaja Estadio y se clasificó así para la promoción de ascenso a Primera División en un duelo desigual, sin respuesta ni intensidad alguna en los zaragocistas. Una grada semivacía emitió las últimas protestas a un palco sin dirigentes de primer rango. El equipo acaba último. 

El Real Zaragoza fue sepultado este domingo 31 de mayo de 2026 en la tercera categoría del fútbol español tras perder 0-2 ante el Málaga en el último partido de liga y firmar así, definitivamente, su acta de defunción. El funeral significó el último martillazo sobre el mismo clavo de todo el año, desde agosto hasta esta fecha negra para los anales del viejo club, arrasado deportivamente por la actual propiedad.

El contenido del duelo transcurrió desde el primer segundo según lo previsto. Un equipo zaragocista pasota, rendido de antemano, sin presión defensiva, partido en dos porque los dos delanteros (Kodro y Dani Gómez) y los extremos (Cuenca y Cumic) apenas replegaban en actitud de contención, y, en frente, un Málaga netamente superior, sabedor de su condición de ganador del choque de manera anticipada por calidad libra a libra en cada una de sus piezas. No hizo falta esperar ni cinco minutos para saber por dónde iba a discurrir el guion de la calurosa tarde en el semivacío Ibercaja Estadio.

Fue un dominio total, por momentos aplastante de los malagueños. El toque, la técnica de los Larrubia, Chupete, Lorenzo, Dotor… la velocidad de Joaquín, eran argumentos más que suficientes para llegar al área de Adrián Rodríguez con suma facilidad una vez tras otra. El problema que mostró el Málaga fue su falta de definición. Sufrieron nervios los futbolistas andaluces, algo propio de estas jornadas definitivas donde todo se consuma. Veían que iban a marcar en cualquier momento, en cualquier fallo local, en cualquier resquicio por habilidad propia… pero fallaban en el último pase siempre, en los remates francos que se les presentaron uno tras otro.

Seis ocasiones de gol claras gestó el Málaga por ninguna del Real Zaragoza en la primera mitad. Solo atinó en la sexta ya en el minuto 33, nada más salir de la pausa de hidratación obligada ya en tiempo con temperaturas de verano. Lo hizo su pichichi Chupete, ariete con hechuras de Primera División, al empujar a puerta vacía un rechace de Adrián Rodríguez a disparo de Larrubia, que se impuso cien veces en los encares a un blando Larios, deficiente como siempre atrás. Ahí respiró la afición malacitana desplazada a Zaragoza, casi un millar, que se comían las uñas hasta este punto del reloj.

Porque antes, Dotor erró un mano a mano en el minuto 4 tras un error de Radovanovic al tocar la pelota hacia su propio marco, taponó Adrián con el cuerpo el que podía haber sido el gol tempranero. Y después, Larrubia enlazó dos marros de goles claros, en los minutos 14 y 22. En el primero, solo a placer tras un córner ensayado que la zaga aragonesa defendió con la mirada (lo de todo el año, vaya), se topó con una buena parada de Adrián junto al poste derecho. Y en el segundo, solo frente al guardameta, lo resolvió con una rosca que se fue fuera por milímetros. Y en el 24 fue Chupete el que, de nuevo encarando solo el portal zaragocista, falló en el empalme definitivo, dando la pelota en el lateral de la red. Y, la más nítida, la tuvo Joaquín en el 26 al aprovechar un regalo de Saidu en la salida del balón desde atrás, tras robale la pelota por indolencia y marcharse solo hacia Adrián. Se aturulló el exoscense y no hubo culminación a la red.

Del Real Zaragoza, en la primera parte, nada de nada. Un desastre. Una vergüenza de equipo. Dejadez, nula implicación. En las gradas, los simulacros de jugadas o conducciones provocaron varias veces cachondeo, sorna. Otras veces, insultos. Era el peaje de una tarde tan fea de afrontar por los autores del magnicidio que supone llevar al viejo club fuera del fútbol profesional. Radovanovic se marchó lesionado en camilla tras caer al suelo en el minuto 33. Un logo de lo que ha sido su temporada, el rigor de las desdichas. Pomares, un lateral fuera de tarifa, acabó de central (como empezó en agosto, curiosamente) junto a un devaluado Saidu. Nadie hizo nada destacable. Colectivamente, este Real Zaragoza del colofón al mayor desastre de la historia fue un grupo de zombis. Terrible observación de casi dos horas.

David Navarro, en su despedida del banquillo para volver a otras labores, le dio la alternativa al portero del filial Obón para que debutara tras el descanso. Otro más que se añade con extrema facilidad al elenco histórico de jugadores que han jugado con el Real Zaragoza en 94 años largos de vida. Esto, en los tiempos del fútbol de verdad, costaba mucho más, había que ganárselo con fuerza, era un privilegio que requería números clausus. Hoy es una tómbola.

El Málaga, con su gol y los marcadores que se conocían al descanso, era tercero, el mejor colocado para la promoción. Estaban cumpliendo su objetivo. La reanudación del partido no trajo grandes cambios a la trama del partido. El Real Zaragoza no existió jamás. Y el cuadro malacitano, sin padecimiento alguno atrás, tocó y tocó con pausa en busca de hallar de vez en cuando balones profundos hacia sus estiletes en punta para apuntillar cuando fuese oportuno y se terciase. La primera opción para ello la dispuso de nuevo el goleador Chupete en el minuto 57, tras controlar solo en el segundo palo un centro de Larrubia. Increíblemente, su disparo lo lanzó fuera, por querer tocar la pelota con exceso de filigrana. Tal era la sensación de superioridad de los sureños. En términos de intensidad y manejo del balon, era un partido de profesionales contra infantiles.

Realmente, el Málaga fue demasiado confiado al no ir a la yugular de tan paupérrimo Real Zaragoza. Hasta el minuto 71, Adrián Niño, recién entrado al campo, no amagó el segundo tanto. Se marchó en carrera mano a mano, ganándole en velocidad a Saidu y su remate cruzado lo sacó con una pierna el debutante Obón, a córner. Fue como una espoleta esa acción, pues en seguida llegó lo que tanto deseaba el equipo visitante, el 0-2. Fue de penalti. Una falta por detrás del atribulado Saidu sobre Niño que el VAR advirtió a Palencia Caballero, que no la había visto como pena máxima. Chupete hizo doblete, peleando con el almeriense Arribas por ser el máximo goleador de Segunda, y abrió la brecha en el marcador necesaria para finiquitar el asunto. Daba igual, realmente, pues el Real Zaragoza era incapaz de replicar a un adversario de Tercera Regional.

En la recta final del partido, ya sin la más mínima chispa por parte de nadie pues hasta el Málaga se dejó ir (Funes, su entrenador, hizo los cambios para reservar para la promoción a los advertidos de suspensión), llegó la anecdótica única ocasión zaragocista. En el 86, Keidi Bare remató forzado un centro de Tasende y el portero Herrero atajó cuando el balón iba lentamente adentro. En el 90, el citado Tasende lanzó una falta desde 25 metros y el portero malagueño sacó a córner para evitar riesgos. Fueron los dos coletazos de muerte del cádaver Real Zaragoza.

El partido acabó entre fuertes medidas de seguridad sobre el césped y el palco. Con gritos de reproches duros a los inexistentes y ausentes dirigentes del Real Zaragoza. También para los jugadores que han perpetrado el crimen deportivo de precipitar al Real Zaragoza a la tercera categoría. Eran menos de 9.000 los zaragocistas que se dieron cita en este duro trance del final de una era de 77 años en las élites. Muchos no quisieron ni estar presentes en el entierro.

 

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