PRETEMPORADA 2026/27 5º AMISTOSO (6.8.2025)
LIII Memorial Carlos Lapetra (Trofeo Ciudad de Zaragoza)
REAL ZARAGOZA 1-2 REAL SOCIEDAD B
0-1, min. 14: Astiazarán
1-1, min. 56: Jaume Jardí
2-1, min. 89: Ademo
Ficha técnica
Real Zaragoza: Anartz Peña (Westerveld, 46’); Gabilondo (Francho, 46’), Hugo Carrillo (Tachi, 46’), Barrachina (Diego González, 60’), Pereira (Escudero, 60’); Saidu (Terrer, 23’) (Ademo, 60’), Rubén Díez (Ander Herrera, 46’); Cuenca (Vadillo, 60’), Pinilla (Monzón, 46’), (Tobajas, 70'), Hansson (Liso, 60’); Edu Espiau (Jardí, 46’).
Real Sociedad B: Aitor Fraga; Garro, Agote, Ropero, Calderón (Larrañaga, 70'); Carbonell, Eceizabarrerna (Telletxea, 70'); Astiazarán, Gorosabel, Mariezkurrena (Orobengoa, 70'); Soroeta (Osazuwa, 70').
Goles: 0-1, min. 14: Astiazarán. 1-1, min. 56: Jaume Jardí. 2-1, min. 89: Ademo.
Árbitro: Alberto Fernández Nicolás (Comité Aragonés). Mostró tarjetas amarillas a Soroeta (18’), Ropero (49’), Fraga (52’), Garro (64’), Escudero (72'), Orobengoa (88'), Diego González (89')
Un Real Zaragoza aún descafeinado se lleva su trofeo (2-1)
El Real Zaragoza, con una muy mala primera parte y una mejorada versión posterior, vence con goles de Jardí y Ademo a la Real Sociedad B y conquista el Trofeo Ciudad de Zaragoza-Memorial Carlos Lapetra.
Con todavía más insinuación que fútbol, el Real Zaragoza se metió en el bolsillo su trofeo Ciudad de Zaragoza-Memorial Carlos Lapetra gracias a un gol a última hora cocinado por sus dos mejores futbolistas en el campo, Francho Serrano y Peter Ademo, autor del tanto vencedor contra una peleona Real Sociedad B. El Zaragoza aún es un equipo descafeinado, demasiado pobre en su versión de la primera mitad y algo más competitivo y luminoso en la segunda parte. Ganó el conjunto aragonés, pero su imagen y su fútbol están aún muy verdes. Es un conjunto de ideas aisladas, segmentadas y teóricas todavía sin vertebrar, sin coherencia, sin patrón alguno de un fútbol reconocible, o de unas señas de identidad consolidadas. Del Zaragoza protagonista, dominante, ambicioso y afilado pregonado por Ibai Gómez apenas hubo noticias más que en tramos sueltos de la segunda parte. Queda tiempo para que las haya, pero el equipo ni genera peligro ni progresa lo suficiente en el campo desde el juego. Es una colección de amagos sueltos, de roles demasiados indefinidos en posiciones y futbolistas clave, de fases del juego desconectadas entre sí. En rasgos generales, como se ha ido viendo en sus amistosos previos, su mayor problema es la falta de amenaza, la ausencia de focos creativos -colectivos o individuales- en el último tercio, de puntos reales de desequilibrio, de talentos productivos.
El Zaragoza no funcionó ni a medio gas ni a gas entero en la primera mitad. Fue un equipo de fútbol perezoso, inconsistente y tierno, incapaz de reconocerse, de hilar jugadas, de terminar lo que trataba de empezar. Ibai Gómez tiene un mapa, pero no parece tener aún el rumbo claro. Apostó por un doble pivote Saidu-Rubén Díez en el que solo el zaragozano trató de pulsar las teclas del juego, demasiado recostado en una pareja de centrales (Hugo Barrachina-Hugo Carrillo) con pocas hechuras para construir y para defender. La gente, los pocos aficionados que asistieron al campo, no tardaron en silbar ese fútbol descosido y ramplón del Zaragoza, dominado por el filial de la Real Sociedad de punta a punta. Ni cosquillas ni amago de hacerlas por parte del equipo de Ibai Gómez, que al cuarto de hora ya perdía. Astiazarán le cogió la espalda a Raúl Pereira -muy débil en esas acciones, como el otro lateral fichado, Jokin Gabilondo- y le pegó una volea que no salió ni muy fuerte ni muy colocada, más bien iba centrada. Anartz Peña debió pararla, pero las manos se le doblaron y la pelota se escurrió hacia la portería.
Al llegar a la pausa de hidratación, sin nada que sostener por parte del Zaragoza, Saidu se fue al banquillo. Salió Terrer por un centrocampista ghanés que lejos de ir hacia delante en su evolución va hacia atrás, imprudente, desbocado, demasiado reñido aún con los fundamentos del juego. Un pase sin mirar a su espalda -impropio de un mediocentro- casi le cuesta un susto a su equipo. El Zaragoza apenas inquietaba a los cachorros donostiarras, que manejaban el partido a placer, con comodidad, sin pasar apuros. El Zaragoza no terminaba nada de lo que intentaba, vacío en campo rival, donde Pinilla apenas unía líneas, Cuenca no ganaba metros y Hansson figuraba como un elemento de decoración, incapaz de exhibir nada del futbolista que el club, al ficharlo con notas internacionales, dijo que es. Tampoco Edu Espiau intimidaba, con una aportación muy pobre: más carrocería que amenaza. Un delantero centro con demasiadas costuras para lo que exige el Zaragoza.
Un tiro de falta de Marcos Cuenca en el minuto 35 fue el modo de descubrir que la Real Sociedad B tenía portero. Los visitantes replicaron con un mano a mano de Gorosabel, que aprovechó un mal salto a la presión de Hugo Barrachina. En esta ocasión, Anartz Peña sí puso las manos duras y desvió el disparo rival. Poco más sucedió hasta el descanso, con un Zaragoza dócil, inofensivo e insulso.
El equipo de Ibai Gómez maquilló su imagen en la segunda mitad. Jugó mejor. Reunió mejores jugadores en sus diferentes líneas, la Real Sociedad B se desinfló con menos cambios y fondo de armario, los espacios crecieron… Y así, el Zaragoza se fue apoderando de la trama, sin demasiada autoridad, pero amenazando más, siendo más profundo, con Cuenca como novedoso delantero y con Francho y Jardí dando vida a la banda derecha. El catalán anotó el empate tras una buena acción de Pereira, aprovechando un rebote y resolviendo con calidad. Diego González en un saque de esquina y Vadillo pudieron marcar. El Zaragoza, ya con un imponente Ademo en el campo, se acercó más y mejor al área rival, también mejorado en la salida de balón, con las líneas mejor cosidas y el juego más ordenado y racional. Un par de destellos de Monzón dieron luz al juego, con Ander Herrera con más gestos que peso real en los mandos del juego. En este aspecto, Rubén Díez dio más relevancia a la posición.
La Real Sociedad B se refrescó tras la pausa de hidratación, aunque permaneció lejos de Westerveld. El partido, en su tramo final, lo manejó el Zaragoza, y un centro de Francho no lo cazó Vadillo por milímetros. Sí lo hizo Ademo en la última jugada del duelo, primero con un irregular cabezazo, pero arañando el rechace. El centro de Francho fue formidable. Ellos -el capitán y el nigeriano-, más Rubén Díez, Diego González o Jaume Jardí son ya algunas de las certezas claras de un equipo aún en construcción.


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