sábado, 15 de agosto de 2026

PRETEMPORADA 2026/27 7º AMISTOSO (15.8.2025)

 

PRETEMPORADA 2026/27 7º AMISTOSO (15.8.2025)

 VILLARREAL B 0-2 REAL ZARAGOZA 

0-1, min. 32: P. Sans

0-2, min. 71: Cuenca

Ficha técnica

Villarreal B: Kinareykin (Quevedo, 68); Arnau Forés (Jan, 57), Diallo (Palomares, 57), Álvaro García (Alcaide, 57), Ortiz (Luque, 73)); Pascual (Valen, 68); Nizar, Baratucci (Manfa, 57), Bonafé (Fofana, 57), Gaitán (Barry, 68); y Albert García (Ayman, 68).

Real Zaragoza: Westerveld; Gabilondo, Tachi (Saidu, 42), H. Barrachina, Escudero (Lalo Arantegui, 79); Ander Herrera (Tobajas, 59), Monzón (David García. 79); Jardí, Ademo (P. Sans, 21), Hansson; y Cuenca (Laken Torres, 79).

Árbitro: Tárraga Lájara (Comité Valenciano). Amonestó a Ander Herrera (25), Jardí (29), Baratucci (48), Gaitán (66) y Manfa (80).

Goles: 0-1, min. 32: P. Sans. 0-2, min. 71: Cuenca.

Otra victoria del Real Zaragoza basada en fogonazos aislados: 0-2 en Villarreal

Sans en la primera parte y Cuenca en la segunda marcaron los goles de un equipo con más empaque que el del día anterior en Logroño, con el portero Westerveld en modo salvador, evitando tres goles de los locales en sus momentos de dominio claro. Tachi y Barrachina también sacaron dos balones en la raya.

La victoria del Real Zaragoza por 0-2 en el campo del Villarreal B tiene su punto de amarre ilusionante, si así se quiere ver, pero deja a la vista (y escondidos, que es lo más peligroso) diversos problemas de concepción futbolística de la actual plantilla. Fue otro triunfo basado en fogonazos, sin prestancia en el fútbol desarrollado y con el flotador del portero Westerveld en tres intervenciones salvadoras, a las que se añadieron dos balones sacados bajo palos por Tachi y Barrachina.

El nuevo once inicial de Ibai Gómez, totalmente distinto al de un día antes en Logroño, presentó en líneas generales los mismos trazos que su predecesor en el tiempo. Dificultades para salir desde atrás con el balón jugado desde el portero, esta vez Westerveld, con hilvanes constantes con los centrales (Tachi y Barrachina), con el medio centro que viene a buscar la pelota (Ander Herrera) y los laterales, esta vez Gabilondo y Escudero. La presión del Villarreal B impidió una evacuación rápida de los muchos saques de fondo zaragocistas, teniendo que recurrir como remedio último al pelotazo del agobiado de turno. Esto va a requerir muchas horas de ensayo, como una orquesta sinfónica para una ópera, solo que aquí cabe la duda de si los músicos están para tal encomienda o no.

En la medular, con el citado Ander y el joven Monzón, apenas un par de gambeteos del primero sin conclusión feliz al inicio del duelo y un buen pase al espacio del segundo hacia Cuenca que no llegó a su destino ideal fueron la fábrica futbolística de lo que se entiende como sala de máquinas. En la bandas, fallón Jardí e inexistente, hasta bien avanzado el partido, Hansson, al que no hay manera de encontrarle la gracia desde julio. En punta, el referido Cuenca no anduvo fino y, como enganche tras él, Ademo no tuvo tiempo de nada al caer lesionado en el minuto 20 y pedir el cambio. Su relevo, Pau Sans, acabó siendo el autor del único gol antes del descanso, o sea, con ese duende que casi siempre tuvo el zaragozano desde hace cuatro años largos.

El extracto de la primera parte fue parecido al de Logroño 24 horas antes. Mejor combinación y llegada del rival, el Villarreal B, que metió muchos minutos atrás del todo a la zaga zaragocista que blandeó por lo laterales, Gabilondo y Escudero, sufridores ante un gran Gaitán y Nizar El Jmili. Eso se tradujo en un carrusel de opciones de gol que, como otros rivales este verano, los castellonenses fueron errando una tras otras, con la buena actuación de Westerveld en dos paradones por alto de categoría.

El primer cuarto de hora fue de tanteo, con iniciativa local y repliegue aragonés en un correcalles sin control favorecido por el viento de tormenta que hizo un conejo del balón. La lluvia, recia por momentos, deslució muchas fases de ese periodo inicial. Hasta el minuto 16 nadie se movió en ataque con firmeza. Ademo lanzó desde 25 metros un disparo flojo, malo, y paró el portero ucraniano Kinareykin sin problemas. La respuesta amarilla tuvo dos disparos seguidos en el 17 y el 19 que Westerveld solventó para bien zaragocista. El primero, de Pascual desde la frontal del área, un voleón que echó a córner por encima del larguero en gran estirada. Y el segundo a cabezazo de Bonafé, en un centro de Nizar, que el holandés detuvo en dos veces.

El Zaragoza perdió la brújula por completo y estuvo a merced de las individualidades villarrealenses. La lesión prematura de Ademo, en el minuto 20 con un problema con pinta muscular, ayudó al desconcierto. Fue suplido por Sans. En eso, Gaitán dribló por enésima vez a Gabilondo, entró en el área en el minuto 24 y su remate colocado que iba dentro lo sacó con el cuerpo Tachi casi en la raya cuando todos cantaban el 1-0. En el 27, el argentino Baratucci lanzó con intención desde la corona y Westerveld evitó el tanto por encima del travesaño otra vez.

Cuando la lógica hacía pensar que, si alguien marcaba, iba a ser el Villarreal B, el fútbol demostró que es un deporte insondable, que no atiende al sentido común muchas veces. El que hizo el 0-1 fue el Real Zaragoza en una llegada aislada a balón parado. Una falta lejana, centrada, a 35 metros del portal local, la bombeó Ander Herrera, fue rechazada mal y en corto por la zaga filial y la pelota muerta en el punto de penalti la introdujo en la malla Pau Sans a la primera, a media altura pegada al palo derecho. Era el minuto 32 y se puso por delante el que menos méritos había adquirido y menos había propuesto.

De ahí al descanso, el Villarreal notó el mazazo pero aún tuvo en la pierna derecha de Bonafé el empate en el minuto 35, solo, con Westerveld fuera del marco tras un pase atrás de Nizar desde el fondo, remató a placer y el cruce de Barrachina con el cuerpo resultó providencial para abortar otro gol hecho. La desgracia en forma de lesión tuvo repetición en el minuto 40 cuando Tachi, al despejar por arriba un balón peligroso en una melé en el área zaragocista, recibió un punterazo de Albert García en la cara (sin querer) y sangró de manera aparatosa hasta que se le paró la hemorragia. Fue sustituido por Saidu en el 42. Sí, Saidu, que se fue lesionado un día antes en Logroño, fue el único que repitió viaje a instancias del área futbolística y, como se ve, para repetir minutos por fuerza.

En el intermedio no hubo relevos en ningún equipo. Y el segundo tiempo se reanudó con, otro día más, las mismas hechuras con las que se desarrolló el primero. No logra Ibai Gómez por ahora modificar e intervenir visiblemente en los tiempos de pausa. Todo es demasiado plano y previsible, reiterativo. La primera ocasión cristalina de gol la tuvo el Villarreal B, por medio de su ariete Albert García, a quemarropa en el área pequeña tras centro de Nizar en el minuto 51, pero se topó con otro paradón salvador de Westerveld en la raya, abajo del todo, que parecía un imposible por la cercanía del remate.

El Real Zaragoza intentó un par de jugadas de esas que tiene idealizadas Gómez, rápidas, verticales, con llegada en cuatro pases del área propia a la del rival. Pero la culminación de esos unicornios azules, obras casi imposibles en estos niveles, no la definieron bien Jardí y Cuenca, respectivamente. Eso sí, sirvieron para que quedase el poso de que, de vez en cuando, sí es posible ver una combinación decente que haga tilín al ojo del observador. Algo es algo, aunque no rente por ahora.

Se encaró la media hora final, bajo el agua tormentosa incesante, con cinco cambios en los locales y el descanso a Herrera, difuminado hacía rato, dando entrada a Tobajas. En esta fase de transición del guion general, en el minuto 62 el Villarreal rondó de nuevo el gol por medio de su mejor hombre, Gaitán, que condujo hasta la frontal ante una pasiva defensa zaragocista y remató raso rozando el poste derecho, fuera. Ahí acabó la iniciativa castellonense porque Albelda hizo otra tacada de cinco cambios más en el 68 y desmontó su chiringuito por completo.

Enseguida, en ese barullo amarillo, el Real Zaragoza encontró el 0-2. Lo hizo Cuenca en el minuto 71, tras recibir un pase al espacio de Hansson, que por fin apareció a gotitas en este segundo tiempo del séptimo amistoso del verano. Encaró al portero Quevedo, lo regateó en el área y chutó mordido, raso, muy lentamente, haciendo sin querer el contrapié al defensa Palomares que corría para tratar de evitar el tanto.

Este gol dejó la moraleja del día, que recoge todo lo visto en lo que ya va de pretemporada: el Real Zaragoza tiene muy poco fútbol, no gobierna los partidos, permite mucho a los rivales, sufre atrás, pero no encaja demasiado y, cuando llega arriba, está mostrando pegada con un porcentaje mayor a lo vivido en años precedentes. Esto, en amistosos de agosto. En la liga será otro cantar. Conviene no dejarse engañar por esta tendencia, que tiene cimientos de margarina de no mejorarse notablemente cuestiones nucleares.


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