LIGA 1ªRFEF. 2026/27 JORNADA
Nº8 (18.9.2026)
PARTIDO OFICIAL Nº 3749
REAL MURCIA 0-0 REAL ZARAGOZA
Ficha técnica
Real Murcia: Dani Jiménez; Jorge Mier (Olmedo, 77’), Alberto González,
Héctor, Cristo Romero; Palmberg (Moyita, 77’), Javi Mier, Chema Núñez (Bustos,
68’); Javi Moreno, Flakus (Álvaro Giménez, 68’), Jorquera.
Real Zaragoza: Westerveld; Gabilondo, Iranzo, Diego González, Escudero
(Sangalli, 55’); Terrer, Ademo, Rubén Díez (Ander Herrera, 68’); Jardí (Saidu,
85’), Ureña (Barrachina, 85’); Edu Espiau (Pau Sans, 68’).
Árbitro: Gerard Brull Acerete (Comité Catalán). Mostró amarillas a
Escudero (12’), Jorge Mier (64’), Ander Herrera (72’), Pau Sans (87’), Héctor
(95’). Expulsó a Ademo por doble amarilla (45’ y 81’)
Incidencias: Partido de la jornada 8 del grupo 2 de Primera RFEF jugado
en el Enrique Roca de Murcia, ante unos 22.000 espectadores, unos 400 de ellos
zaragocistas. El campo estaba pesado e irregular en varias zonas del campo
debido a las lluvias caídas durante el fin de semana en la Región de Murcia,
aunque durante el domingo apenas cayeron unas gotas a primera hora de la tarde
en la capital murciana. Antes del partido se realizó un homenaje al Ejército
del Aire y del Espacio, con salto de paracaidistas sobre el césped.
Real Murcia 0-0 Real Zaragoza
51 %
Posesión 49 %
9 remates totales 9
1 remates a puerta 3
5 remates fuera 3
3 corneres 4
2 tarjetas amarillas 5
0 tarjetas rojas 1
3 fueras de juego 0
13 tiros libres 26
24 saques de banda 21
26 faltas 13
3 disparos efectuados bloqueados 1
xxxxxx
Un punto baturro: el Real Zaragoza empata contra el Murcia (0-0)
El equipo aragonés sobrevive a
un intenso partido, jugado a mil por hora y con presiones encendidas que lo
marcaron. Amarra un punto y el coliderato tras resistir también a la expulsión
de Ademo.
En un día de más prosa que poesía, el Real Zaragoza amarró un punto y el
coliderato contra un envalentonado Murcia gracias a sus propiedades
competitivas. A un ejercicio de furia baturra y rasmia aragonesa. De
cabezonería y garra. De bravura y determinación. Porque el partido por la cima
de la clasificación le exigió un fútbol alejado de su genética, con un notable
rival que supo ahogarlo y desactivarlo, obligándolo a sudar sangre y resistir
cuando se quedó con uno menos por la doble amarilla a Ademo. El Zaragoza, de
algún modo, supo adaptarse a un contexto hostil, a un choque jugado en una ola
de intensidad, gobernado por un frenesí salvaje, dominado por las presiones.
Muy igualado. Un día, como en Alcalá de Henares, para recordarnos que hay
adversarios que también juegan e incomodan el camino.
Pero el Zaragoza sacó genio, esa capacidad para jugar como toca en su
momento, gestionando adversidades y moviéndose según el partido. Ya se sabe: si
no se puede ganar, no hay que perder. En este aspecto, el equipo es maduro y
rocoso. Tiene madera de líder. Por eso, por la severa tipología del encuentro,
por el tamaño del rival, su clasificación y el estadio, el punto es de los que
ahora suman uno, pero en mayo puede pesar un buen tonelaje. Fue el Zaragoza más
apagado a nivel ofensivo del curso, pero fue el Zaragoza. Nunca deja de serlo.
Siguiendo la senda de la continuidad de las últimas semanas, con un
bloque cada vez más estable de nombres y patrones de juego, Ibai Gómez conservó
las líneas maestras de sus últimas alineaciones, a excepción hecha de la
rotación ya establecida también en los códigos del entrenador en la posición de
lateral izquierdo, donde la amenaza del rival por ese carril aconsejaba oficio,
fundamentos defensivos y temple. Atributos que encarna Escudero, que volvía a
su cuna futbolística tras una vida de fútbol. Fue Raúl Pereira el sacrificado.
Además, ante un Murcia de abundante juego exterior, el técnico le dio también
una pincelada al lateral derecho, con la suplencia de Sangalli y la entrada de
Gabilondo. Así pues, con los flancos defensivos como novedad, salió al campo el
Real Zaragoza, en esta ocasión, con un 4-3-3 más posicional y fijo, con los
laterales más atados a sus puestos y Jardí y Ureña vigilando mucho cuándo
abandonar y cuándo no sus zonas.
Por su parte, en el Real Murcia, a las órdenes de Sergi Guilló, la
principal novedad, en su 4-3-3, fue la baja de última hora de Óscar Gil,
lesionado en la rodilla en el último entrenamiento previo al choque. Chema
Núñez, un mediapunta, fue la apuesta por elevar el tono creativo en el centro
del campo de un conjunto que no varió más piezas.
El partido comenzó como la erupción de un volcán, con un ritmo, una
asfixia, un vértigo y una velocidad de otras ligas o categorías. La temperatura
del juego se disparó. Desde un principio, se vio claro el nudo principal de la
trama: las presiones. Ambos equipo se lanzaron a por el otro, embistiéndose
-más de lo que habían embestido a Morante de la Puebla un día antes en
Zaragoza-, peleándose por cada palmo de terreno, en una guerrilla de duelos,
enfrentamientos individuales y persecuciones que convirtió el choque en un
choque de trenes, de mucha lija, contactos y caídas. El Murcia iba con todo
arriba espoleado por el fervor de su grada, un estadio que vivió una de las
tardes más lujosas de la última década. El Zaragoza, con menos ímpetu y más
cálculo, también torpedeaba la construcción del rival. El Murcia cosió
defensores a cada jugador de Ibai, emparejándolos en esas presiones que
marcaron el tipo de fútbol que se vio, muy inconexo, desbocado y directo.
Ambos delanteros, talados en parecido bosque, Flakus y Espiau, se
convirtieron en protagonistas clave de sus respectivos equipos, como
respiraderos, como vías de evacuación. La presión a chorro del Murcia, en
cualquier modo, le ofrecía al Zaragoza oportunidades en largo. Fue así, como
casa por casa, como en una batalla urbana, el equipo de Ibai comenzó a
imponerse. Lo hizo gracias a su buena presión y una aseada circulación que le
acercó al gol. Primero, en una contra lanzada por esa bestia parda llamada Peter
Ademo, impresionante en esa primera mitad. La pelota la cogió Ureña pero su
tiro salió sencillo para Dani Jiménez. El Zaragoza comenzó a tocar rápido,
alumbrando su juego con Rubén Díez y Jardí, las dos bombillas que más luz dan
cuando la habitación se pone oscura. Otra buena combinación, pausada, digerida
y trenzada en una larga secuencia de pases, la finalizó, demasiado generoso,
Espiau en un intento de pase de cabeza, en lugar de buscar el remate.
El Zaragoza conseguía producir si se instalaba en campo rival. Pero le
costaba. Y le fue costando más porque el Murcia fue creciendo en el partido,
frenando a los aragoneses con su brío defensivo. Ya había avisado con un remate
alto de cabeza de Flakus, cuando Jorquera casi adelanta a los suyos tras un
buen robo en la presión. Luego Westerveld, en un día de mucho trabajo con los
pies, también sacó una mano con valor de gol a remate de Jorge Mier.
Ese lado derecho del Murcia generaba complicaciones, porque Ureña no
volvía y Escudero sufría con Javi Moreno. Los de Guill salían sobre una línea
de tres, y eso soltaba a Moreno a zonas interiores, donde dio problemas.
Afortunadamente para el Zaragoza, Ademo desactivaba bombas como un fino
artificiero, recuperándolo todo y llenando de aplomo el medio.
El Zaragoza, esta vez construyendo más sobre el portero y los centrales,
con sus cuatro defensas más contenidos, en un intento de atraer y estirar al
Murcia, abrir espacios y atacarlos, no encontraba soluciones ni continuidad. El
partido estaba muy parejo, pero el Murcia lo llevó mejor a los terrenos del
descanso gracias a su incansable modo de correr por todo el campo, a su
desgaste defensivo y a su buen planteamiento para neutralizar al Zaragoza,
atado de pies y manos en el centro por los marcajes rivales.
A la vuelta del intermedio, el encuentro permaneció con el mismo
encuadre. Ibai no tocó el banquillo, pero sí le dio más libertad a Ureña. Era
un movimiento con sentido. El dominicano tiene cintura viva para girar y
escapar de presiones. Era jornada para el desequilibrio. Empezó a pisar más
zonas del campo. El Zaragoza intentaba mandar, pero el día era de dispositivos
defensivos. El Murcia seguía con el motor a tope. Ibai metió a Sangalli en el
lateral izquierdo, una prueba más del carácter polifuncional de este jugador,
antes de que, ya, ambos entrenadores desplegaras los mapas: Ander Herrera y Pau
Sans entraron por Rubén Díez y Espiau, mientras en los locales Bustos y Álvaro
Giménez relevaron a Chema Núñez y Flakus. El Murcia seguía castigando la
derecha con las subidas de Jorge Mier y el juego dúctil de Moreno. Pero poco a
poco el Zaragoza fue encajonando al Murcia, ya con menos piernas, cada vez con
más dificultades para defenderle en campo rival.
Era un momento crítico del partido. Había que andarse con ojo. Medir el
pulso, leer las entrelíneas del choque. El Zaragoza tenía el control, el Murcia
se oxigenó con la entrada de Moyita y Olmedo. Pero el cálculo de riesgos no
debía descuidarse, por mucho que los locales apenas ganaran metros e
inquietaran a Westerveld. Ander comenzó a intentar gobernar el juego, pero el
Zaragoza apenas encontraba un sentido en ese circuito del juego. Su posesión
pasó a ser menos incisiva.
Entonces, Ademo, que llevaba toda la segunda mitad con amarilla
-demasiado tiempo en un partido tan rocero- metió un pie que le costó la roja,
por mucho que se revisara. Faltaban diez minutos, con todo lo que es eso en
esta categoría. Ibai lo vio claro: había que proteger el punto. Sacó a
Barrachina y Saidu para correrle las cortinas al partido. Ureña y Jardí se
fueron a descansar. Tres centrales, carrileros, Ander, Saidu y Terrer, y Pau
Sans como único puntas dieron forma al Zaragoza en inferioridad de los minutos
decisivos.
El Murcia se fue a por el triunfo. Lo tocó con las manos, en un cabezazo de Moyita que fue al larguero. Pero el Zaragoza había decidido no perder: le puso valor al asunto, coraje y orgullo. Demostró que es un equipo al que hay que coger en un día muy malo para poder ganarle. Una señal de líder.


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