domingo, 26 de enero de 2025

LIGA 2ªDiv. 2024/25 JORNADA Nº24 (26.1.2025)

 

LIGA 2ªDiv. 2024/25 JORNADA Nº24 (26.1.2025)

PARTIDO OFICIAL Nº 3680

 MALAGA 1-2 REAL ZARAGOZA 

1-0, min. 49: Dioni

1-1. min, 54: Tasende

1-2, min. 75: Pau Sans

FICHA TÉCNICA

Málaga: Alfonso Herrero; Puga, Monte, Pastor, Dani Sánchez (Baturina, 85’); Manu Molina (Enríquez, 76’), Luismi; Lobete (Ochoa, 76’), Larrubia (Kevin Medina, 76’), Antoñito Cordero (Chupe, 59’), Dioni.

Real Zaragoza: Poussin; Luna, Vital, Lluis López, Clemente, Tasende (Calero, 86’); Arriaga, Moya (Aketxe, 64’), Bare; Azón y Liso (Pau Sans, 64’).

Goles: 1-0, min. 49: Dioni. 1-1. min, 54: Tasende. 1-2, min. 75: Pau Sans.

Árbitro: De la Fuente Ramos (Castilla y León). Mostró tarjeta amarilla a Lluis López (20’), Dani Sánchez (52’), Aketxe (75’), Vital (86’).

Incidencias: Partido de la jornada 24 de liga jugado en La Rosaleda con unos 26.531 espectadores en las gradas. Tarde agradable en La Rosaleda, con unos 18 gradas y alguna nube. El césped presentó un perfecto estado. Unos 200 zaragocistas en la grada.

Málaga 1-2 Real Zaragoza

51.8 % Posesión 48.2 %
4 remates dentro 5
4 disparos bloqueados 1
4 remates fuera 5
11 disparos recibidos 12
2 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 0
28 faltas recibidas 18
18 faltas cometidas 28
144 perdidas de posesión 129
48 recuperaciones de posesión 52
1 fueras de juego 1


Un Real Zaragoza hecho y derecho conquista Málaga (1-2)

Primera victoria de Miguel Ángel Ramírez, un triunfo plagado de sacrificio, pelea y buen fútbol, con remontada incluida gracias a un golazo de falta de Tasende y otro, determinante, de Pau Sans.

El Zaragoza tiene vida, tiene tiempo, tiene esperanza y comienza a tener fútbol. Su triunfo en Málaga, donde solo había ganado un equipo, redondeó un partido de muchos registros, pero todos buenos. Dominó al rival, lo asfixió y ahogó en la presión tejida por Ramírez, y lo ajustició en la segunda mitad cuando peor color tenía la historia después del gol de Dioni en el único desajuste defensivo de la tarde. Un golazo de Tasende y otro de Pau Sans remontaron a un rival que no carburó, que no exhibió su frescura habitual, ni desarrolló su discurso. El Zaragoza dejó mudo al Málaga con una notable demostración táctica, pero, sobre todo, con mucho sacrificio, desgaste y cohesión. En un partido de trincheras, se sacó corazón, se ganaron los pulsos y batallas, se sudó sangre y se afirmó una notable mejora, crecimiento: lo hizo con los mismos cinco defensas con los que casi naufragó contra el Tenerife. No es el número, sino quiénes y cómo. Y el cómo fue otro, con más verticalidad, ambición y unos carrileros jugando más arriba. Y el quiénes también importó: los centrales estuvieron a la altura. Así, el Zaragoza despierta y mantiene sus aspiraciones.

Cuatro cambios le metió al equipo Miguel Ángel Ramírez, sacando al ruedo por primera vez de inicio a Kervin Arriaga, al que le acompañaron Toni Moya, Tasende y Liso en un Zaragoza con la misma base de tres centrales, aunque con algunos matices en la sala de máquinas, donde se configuró un doble pivote entre Arriaga y Bare que adelantó a Toni Moya a un espacio intermedio, por delante de ellos, en el que su juego de apoyos alimentó al fútbol del conjunto aragonés. Ese giro en el centro del campo marcó el sello de ese 5-2-1-2 de Zaragoza en La Rosaleda que mutaba a 3-4-1-2 en ataque. Por su parte, el Málaga se mantuvo fiel a su 4-2-3-1, con Lobete de mediapunta central y Larrubia de falso extremo derecho, en su posición habitual entre las sombras en la que tan bien se maneja este futbolista, el mejor del Málaga, su habitual vía de inspiración, creación y desequilibrio.

Sin embargo, el Zaragoza lo contuvo bien. Desde los primeros pasos del partido se observó el porqué: Miguel Ángel Ramírez le puso encima a Arriaga y puso de relieve el nudo del planteamiento aragonés: marcas al hombre y persecuciones individuales. Esto condujo al duelo un paisaje de estructuras monolíticas, muy posicional, pero en el que el Zaragoza, poco a poco, sin grandes alarde, puso el partido hacia su gusto. Dentro de esa igualdad, el equipo aragonés mezcló mejor el juego, con más fluidez y nivel asociativo que en las dos jornadas previas. Una de esas buenas combinaciones la aceleró Luna en el flanco derecho, poniendo un pase de la muerte al que Liso no alcanzó. Dos tiros lejanos de Toni Moya constataron esa entrada con ritmo, autoridad e intenciones del Zaragoza.

El Málaga estaba bien atornillado en su campo, encapsulado por la presión ordenada, precisa y alta del Zaragoza. Solo respiraban en largo los locales, pero los centrales del Zaragoza, apoyados en esa defensa de cara por Arriaga, manejaron la situación. También estuvieron más serenos: son unos jugando en casa y otros fuera, asunto que ofrece muchas lecturas y reflexiones.

El Zaragoza buscaba atraer al Málaga y atacarlo por los espacios intermedios. El plan funcionó relativamente porque faltó finura y porque esas ofensivas partían desde muy lejos. No es mal recurso con Liso y Azón, pero la pareja de delanteros estuvo densa. Liso y Azón pueden correr, pero no templar ni hilar el juego, ahí estaban imprecisos y precipitados, ellos sienten el fútbol de otro modo, y eso estuvo impreso en el juego del Zaragoza, al que le faltaba asentarse más en campo contrario. Quería hacerlo todo muy rápido y con muchos metros hasta Alfonso.

El Málaga tuvo las suyas en un cabezazo de Luismi y un tiro malo de Larrubia. Un mal pase atrás de Liso -el pase de seguridad está tan interiorizado en el fútbol de Ramírez que provoca estos sustos- le brindó la pelota a Dioni, pero Poussin se hizo enorme. Entre tanto, el colegiado pitó un penalti por manos en el área del Zaragoza que el VAR sacó del guión. Por lo demás, el partido era áspero, con el equipo aragonés muy intenso y ganador en los duelos, muy concentrado y pendiente de llevar las cosas al cuerpo a cuerpo, a la disputa, a la pierna dura… 15 faltas le pitaron al Zaragoza antes del descanso. Un tiro de Liso al lateral de la red por darle con la derecha y una exquisita falta de Moya fueron las últimas advertencias aragonesas antes ir a vestuarios.

De allí, el Zaragoza salió con un gol a cuestas. Así fue: una mala administración de las marcas en el área, un mal endémico en este equipo, lo aprovechó Dioni para abrir el marcador. Esta solo Dioni, más solo que la una. Como en otros días, al Zaragoza le penalizó mucho su primer descuido defensivo. Esta es su cruz. En un equipo necesitado, con el ambiente enrarecido, con angustias, nervios y temores, el impacto emocional de ese zarpazo podía tener un alcance mayor. Pero Tasende se sacó un misil con su zurda al que Alfonso le fue a poner el escudo del peor modo posible en esos zambombazos: los puños. Pocas faltas ha tirado Tasende para el mortero que gasta en el pie izquierdo.

El partido, desde ese gol, rompió su corsé. El Málaga pudo correr, avisó con disparo que repelió Poussin y con un tiro desviado de Molina. Fue el momento de los entrenadores. Chupe le puso picante al ataque del Málaga. Y Ramírez sacó a Aketxe y Pau Sans. Fue un movimiento ganador.

El Zaragoza siguió recalentando su presión, corriendo, persiguiendo y luchando. Dio sus frutos esa agresividad: Azón le quitó el reloj al Málaga, se lo dio a Aketxe y lo puso en hora con un gran pase al vuelo alto de Tasende, quien se lo entregó a Pau Sans para que lo bañara en oro de gol.

Aun pudo meter Azón el tercero, pero Alfonso despejó, en una fase en la que el Zaragoza mantuvo viva su amenaza, mientras Arriaga -inmenso- y Bare levantaban muros de ladrillos. El Málaga metió todo lo que tenía, pasando, con la entrada de Baturina, a tres defensas. Eran minutos en los que Pau Sans proclamaba su crecimiento constante como futbolista y en los que Azón exhibía su tesón, su compromiso, sus músculos y sus pulmones. Fue la mejor forma de defenderse que tuvo el Zaragoza en el largo descuento: intimidar. Ni siquiera Ramírez alteró con más cambios un equipo que estaba ordenado, sereno y funcionando: algo aprendió en Elche.

 

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