LIGA 2ªDiv. 2024/25 JORNADA Nº28 (22.2.2025)
PARTIDO OFICIAL Nº 3684
GRANADA 2-2 REAL ZARAGOZA
1-0, min. 22: Rebbach
2-0. min: 48: Tsitaishvili
2-1, min. 92: Marí
2-2, min. 94: Pau Sans
FICHA TÉCNICA
Granada: Luca Zidane; Rubén Sánchez, Rubio, Manu Lama, Loic Williams; Villar, Sergio Ruiz; Tsitaishvili (Rodelas, 78'), Rebbach (Hongla, 46’); Lucas Boyé (Bastón, 90') y Stoichkov (Trigueros, 78').
Real Zaragoza: Femenías; Calero (Cuenca, 59’), Arriaga, Jair Amador, Tasende (Aketxe, 73’); Liso, Francho Serrano, Bare, Adu Ares (Pau Sans, 59’) ; Soberón (Marí, 59’) y Bazdar.
Goles: 1-0, min. 22: Rebbach. 2-0. min: 48: Tsitaishvili. 2-1, min. 92: Marí. 2-2, min. 94: Pau Sans.
Árbitro: Cid Camacho (Castilla y León). Mostró tarjeta amarilla a Soberón (16’), Williams (18’), Jair Amador (58’), Liso (74'), Manu Lama (81'). Expulsó con roja directa a Gonzalo Villar (34’) y a Stoichkov (96’) -ya sustituido-.
Granada 2-2 Real Zaragoza
37.8 % Posesión 62.2 %
3 remates dentro 4
2 disparos bloqueados 1
3 remates fuera 7
12 disparos recibidos 8
2 tarjetas amarillas 3
1 tarjetas rojas 0
13 faltas recibidas 13
13 faltas cometidas 15
117 perdidas de posesión 132
42 recuperaciones de posesión 45
2 fueras de juego 1
xxxxxx
El Zaragoza desentierra un punto en Granada (2-2)
Dos goles de Marí y Pau Sans en la prolongación, después de una mediocre segunda mitad jugando con uno más, salvan un empate en Granada. La mala defensa sigue mermando la competitividad del equipo.
Menos mal. Menudo alivio. Vaya espadazo esquivado. El Real Zaragoza jugó mejor con diez hace una semana frente al Burgos que contra diez en Granada, donde pudo salir escaldado, si no es por estas cosas que tiene el fútbol, donde nada es lo que parece, ni parece lo que es: cuando no había hecho más fuerza para perder, el Zaragoza libró una derrota y sacó un punto con dos goles de Alberto Marí en el 92’ y Pau Sans en el 94’. Fue cosmética en el rostro horrible de un equipo incapaz de acercarse a la victoria cuando tenía fútbol, un rival con uno menos y tiempo para hacerlo. Al Zaragoza no le da para ganar ni cuando está jugando bien ni cuando se pone a hacerlo mal, como en Los Cármenes en una segunda mitad mediocre, inaceptable. El Granada se dedicó a hacer aquello que no hizo el Zaragoza: aprovechar sus momentos, golpear cuando debió, dominar el arte del remate y el gol. Ser determinante. En sus dos primeros disparos a puerta marcó. Rebbach primero y Tsitaishvili después. El Zaragoza fue superior en la primera mitad, con un plan muy afinado y atrevido, cercano a las esencias ofensivas del proyecto, pero no acertó en el último pase ni en la finalización. Ineficacia letal cuando el equipo no puede sostenerse en su defensa. Hay muchos problemas ahora en el Zaragoza, pero su cruz está en la insolvencia de esa zona del campo: no reforzarla en enero le puede salir muy caro. Menos mal que Marí y Pau Sans le pusieron el bozal al perro.
Agitó la coctelera Ramírez en su incesante búsqueda de la cuadratura del círculo, de una solución, con cinco cambios, devolviendo a su estatus titular a Bazdar y Bare, mermados hace una semana; rescatando para la causa a Soberón más de cuatro meses después y reformando el murete central de la defensa. Arriaga y Jair encarnaron la respuesta de Ramírez ante el fútbol de acoso exterior y centros al área del rival: un intento por sellar los cielos, dominar las marcas y subir la contundencia física y la estatura en esa zona tan crítica del equipo en el reciente serial de partidos. De los tres centrales explorados, según las circunstancias, por el técnico en sus primeros pasos, no quedó ninguno. El Zaragoza salió así con un clásico y vivo 4-4-2 que no tardó en poner en problemas al Granada, donde Escribá resolvió sus desvelos en el lateral izquierdo alterando su sistema habitual y adentrándose en un 5-2-2-1, con Tsitaishvili de carrilero izquierdo, Loic Williams de central zurdo y una doble mediapunta con Rebbach y Stoichkov.
El Zaragoza no tardó en tensionar esa estructura con dos armas: una presión alta, muy valiente, pero bien calculada; y ágiles y profundas combinaciones por su flanco derecho, allí justo donde el rival más debilidades presentaba. Liso, Calero, Francho y la movilidad de Soberón y Bazdar -una pareja que habla el mismo idioma a la que solo le falta hacerlo con más determinación en zona de remate- comenzaron a rasgar al Granada y a encerrarlo en su campo. Un tiro de Soberón lejano sencillamente resuelto por Luca Zidane y otro muy alto de Francho fueron las primeras notas de corneta del Zaragoza. El equipo de Ramírez, con su presión, obligaba al Granada a pegarle arriba, y allí Jair y Arriaga hicieron aquello para que lo que se les firmó acta en el partido: dominar los cielos y los duelos cuerpo a cuerpo contra Boyé o Stoichkov. Mientras tanto, un jerarca Bare y el oceánico Francho gobernaban la tierra media. El dinamismo de Soberón y Bazdar generaba dudas y problemas al Granada, el Zaragoza mandaba, controlaba las cosas, llegaba también por el lado de un incisivo Liso, pero le faltaba imponerse en el remate, le faltaba tino, finura, delicadeza, lectura, concreción y resolución y le sobraba precipitación, impulsividad, tosquedad y ruido en esas acciones de finalización. Eso explica que una gran internada de Bazdar desde la izquierda no encontrara rematador en su pase atrás o que una buena triangulación entre Calero, Soberón y Liso tampoco encontrara la ranura debida en el área de Luca Zidane.
A los 20 minutos era tal el dominio visitante que Escribá ordenó cambiar el sistema, sacando a Tsitaishvili del carril izquierdo para devolverlo al extremo derecho. Williams pasó así a lateral zurdo en el resucitado 4-4-2. En cuanto se ordenaron la piezas, el Granada marcó. No se sabe si por efecto o no de esa modificación, pero en diez segundos Rebbach agarró en su zona natural una pelota, Liso no llegó a la ayuda, y el extremo izquierdo, pero diestro se fue abriendo camino, evadió a Francho y le pegó a gol. Es una jugada clásica de este jugador y el Zaragoza no la desactivó. De nuevo, una vez más, el castigo en la primera acción peligrosa del rival fue demoledor. Al primer tiro a puerta, el Zaragoza ya perdía.
Liso intentó responder con un zurdazo muy abierto, cuando Gonzalo Villar abusó de circulación, se le escapó la pelota y al ir a por ella le plantó la bota en el tobillo a Francho. La roja directa le dio un nuevo giro al partido, y el Zaragoza, baleado en la isla desierta del gol del Granada, intentó seguir por donde estaba: un tiro de Tasende cuyo rechace no acertó a meter en la jaula Soberón y un disparo final de Bare no fueron suficientes para abrir la lata de Alhambra en pleno asedio aragonés.
Al descanso, Escribá tocó las piezas que aún no había tocado, sacando a Hongla para cerrar el doble pivote. El sacrificado fue Rebbach, cayendo Stoichkov a la izquierda. El Zaragoza se mantuvo igual, tenía el partido, de algún modo, al punto de sal: dominaba al rival, el Granada tenía un jugador menos, había tiempo por delante para explotar esa superioridad, su fútbol transmitía una idea y un plan… Pero, de nuevo, una mala salida del descanso, una acción aislada y fácil de controlar, le costó un gol. Segundo remate del Granada, segundo latigazo. Tasende fue blando, Ares se desentendió de la ayuda con apatía, Jair no llegó, y Tsitaishvili ajustició a Femenías, un portero que aún no ha estrenado los guantes.
Ni con uno más el Zaragoza sobrevive a su aquelarre defensivo, una línea de defensas impropia para según qué aspiraciones: el Zaragoza está donde está porque ese es el nivel real de las piezas de su defensa. El Granada, lejos de acurrucarse en su campo, se fue a por más. Con el Zaragoza en la lona, aún le marcó el tercero. Tercer remate a puerta, tercer gol. En un saque de esquina culminado por Manu Lama. Estaba en fuera de juego y el VAR levantó la bandera. Anulado.
El Zaragoza trató de encontrar fuelle, vida y respuestas con un triple cambio que puso en el campo a Pau Sans por Ares; a Marí por Soberón; y a Cuenca como lateral derecho largo, por un Calero muy gris e impreciso. El movimiento no surtió efecto. Tampoco tenía mucho más Ramírez en el banquillo. Salió Aketxe, por Tasende, poco después, transformándose Liso en lateral izquierdo.
Ni aun así. El Zaragoza no sabía por dónde meterse en el partido. Jugó mejor contra 11 que contra 10. El Granada la tuvo con Lucas Boyé -imperial, un bailarín de tango en la segunda mitad-, mientras el equipo aragonés se apagaba, golpeado, con los ánimos demolidos, víctima de su inconsistencia, de sus fantasmas, de la falta de resultados, de una dinámica abrasadora, de las que destroza de arriba abajo los equipos. Aketxe en una falta y en un saque de esquina que no leyó bien Arriaga acercó algo de peligro.
El partido estaba ya perdido, enterrado a cinco metros. Pero el Zaragoza encontró la luz cuando ni él mismo lo esperaba más allá del minuto 90: Marí en un saque de esquina y Pau Sans (según el acta), ya cuando se vaciaba el campo y con autorización del VAR, le dieron un punto a un equipo que lo encontró cuando menos lo merecía, porque, en Granada y donde sea, hasta el rabo todo es toro.


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